No hay lenguaje sin ritmo. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Es una imposibilidad
lingüística y lógica. Sin embargo, nuestra capacidad de reconstruir el ritmo del lenguaje griego está profundamente limitada por la carencia de evidencia directa sobre éste. Aunque sabemos que el griego tenía una oposición básica entre sílabas largas y breves, no sabemos cómo se organizaba esa oposición en las emisiones particulares, ni cómo
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Sobre la cuestión del ritmo lingüístico, cf. Cumming (2010) y van der Hulst (2014b). Los debates particulares sobre la descripción adecuada del ritmo son obviamente importantes en el análisis del griego antiguo, pero en líneas generales se puede decir que con respecto al ritmo hay un grado de acuerdo mucho mayor que con respecto al problema del acento.
interactuaba con el acento tonal, ni si el lenguaje utilizaba la duración o la intensidad como marcadores de algún tipo.
En las últimas décadas, se han presentado tres grandes posturas para resolver estas cuestiones: una que considera que el acento tonal griego era una manifestación de superficie determinada por reglas subyacentes de organización rítmica del idioma, otra que considera que el ritmo del lenguaje estaba determinado por la posición del acento en las palabras y una última que considera que el ritmo del lenguaje griego era completamente independiente del acento, pero no por ello un fenómeno fonético insignificante o menor.
La discusión sobre este tema ha sido inaugurada fundamentalmente por Allen (1966), que propuso que, aunque el acento griego era tonal y que el testimonio antiguo no habla en ningún punto de un componente de stress en el lenguaje, era altamente probable que semejante componente existiera en función de la evidencia comparada. El argumento se basa en tres puntos: primero, es innecesario postular un componente intensivo para el acento griego, porque no todas las lenguas de acento tonal tienen semejante componente y porque algunas lo tienen pero no asociado a un tono alto (con lo cual, se haría difícil determinar qué parte de la contonación tiene el componente intensivo). Segundo, es improbable que el acento griego tuviera un componente intensivo, porque entonces se esperaría una distribución en el metro que hiciera coincidir las partes prominentes con los acentos, y eso no es lo que se observa. Tercero, si el acento tonal no tenía un componente intensivo, pero la evidencia comparada sugiere que la intensidad debía cumplir algún rol en el lenguaje, entonces se deriva que este aspecto debía ser independiente del acento y regirse por un sistema propio.
Para ubicar ese componente intensivo, Allen apeló a un análisis de la distribución de las palabras en el metro, que lo llevó a postular las siguientes reglas:
1. Una matriz de stress se constituye con (a) una sílaba larga o (b) dos sílabas breves.
2. Las palabras (o secuencias equivalentes) más largas que una matriz tienen contraste interno de stress/no-stress.
3. Si la sílaba final es larga, está intensificada.
4. Si la sílaba final es breve, la matriz inmediatamente precedente está intensificada (…)
5. Una matriz que precede y está separada [por al menos una sílaba] del stress primario está intensificada. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
A estas reglas se suman dos más que modifican las anteriores en palabras en posición pre-pausal, que omito.
Aunque la teoría de Allen es plausible, las pruebas que utiliza para defenderla han sido criticadas por Newton (1969). El autor analiza la distribución de palabras en Homero y Sófocles, y demuestra que las conclusiones de Allen no se basan en una metodología adecuada de análisis de los datos. En otras palabras, que los resultados a partir de los que deduce sus reglas no son más que los que se derivan automáticamente de las exigencias del metro. A pesar de que la teoría de Allen no es necesariamente falsa, la falta de soporte evidencial la hace inadecuada. Esto, sin embargo, no afecta al núcleo de la cuestión: es perfectamente posible que el ritmo del lenguaje griego fuera independiente del acento tonal, aunque la descripción de Allen de ese ritmo no sea correcta. Esta es la postura de Devine y Stephens, sobre la que volveré más adelante.
Como se ha mencionado, existe una postura que deriva el acento tonal griego de la organización métrica del lenguaje, esto es, del ritmo lingüístico. Esta postura, inaugurada por Kiparsky (1967) pero elaborada por primera vez en forma completa por Steriade (1988) sugiere que el tono en el acento griego es en realidad un fenómeno secundario que surge a partir de reglas que interpretan una prominencia fonético-rítmica tonalmente. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Para ello, un aspecto fundamental es la regla
de limitación del acento, NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT que inevitablemente vincula la
estructura silábica de las palabras con el tono.
El trabajo de Steriade (1988), por lo demás, debe considerarse un punto de inflexión en la discusión sobre la fonética del griego, en la medida en que es el primero
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Una lengua de estas
características es considerada de “acento tonal” [tonal accent] por van der Hulst (2011), frente a la clasificación tradicional del griego como lengua de “acento melódico” [pitch accent], que para el autor debe ser reservada para aquellas donde el indicador central del stress es un tono alto.
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Sobre la cual cf. Jakobson 1971 [1937], Allen (1973: 236-9), Sommerstein (1973: 131-2), Devine y Stephens (1994: 152-6) y Probert (2006: 60-69). La formulación de Allen (1987: 124) es la que aquí se considera la más adecuada: no más de una mora vocálica puede seguir a la contonación.
en introducir el modelo métrico de fonología en la disciplina NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT :
Se considera usualmente que el griego antiguo era un lenguaje de acento tonal. Las regularidades mayores en su sistema acentual se piensa involucran referencias a contornos tonales y a unidades portadoras de tonos (moras) más que a nociones relacionadas con el
stress como sílabas, cantidad silábica, ritmo o constituyentes rítmicos
(pies). Este estudio muestra que el griego antiguo tenía un sistema acentual mixto: la localización de la sílaba acentuada está determinada por un procedimiento métrico, que cuenta sílabas, es sensible a la cantidad silábica más que al número de moras y construye constituyentes métricos. Reglas posteriores interpretan las prominencias métricas tonalmente. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
A partir de esta premisa metodológica, la autora se propone dar una descripción completa de las reglas acentuales del griego, basada en la idea de que la prominencia métrica coincide con el tono alto marcado por el agudo. Sauzet (1989: 88-90) y Golston (1990: 68-72) critican suficientemente la teoría de Steriade, por lo que aquí no elaboraré sobre el tema.
El mismo Sauzet (1989) propone una segunda descripción métrica para derivar el acento tonal, basada en la idea de que en realidad la prominencia métrica no se asocia a un tono alto marcado por agudo, sino a un tono bajo que no está marcado gráficamente (excepto en el circunflejo). Como el de Steriade, el sistema de Sauzet tiene dos partes: la primera determina métricamente la sílaba prominente de la palabra y la segunda asocia la melodía HB (tono alto – tono bajo), con B asignado a la sílaba prominente y H a la mora inmediatamente anterior. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Pueden hallarse las
críticas a este enfoque en Golston (1990: 73-5). En general, el problema con las reglas NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Sobre la prosodia-métrica (que no debe confundirse con la métrico-prosodia), cf. Kager (1996) y Gussenhoven y Jacobs (2011: 214-245).
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Steriade (1988: 271).
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT De Lacy (2002) propone la idea de que hay una restricción en las lenguas del mundo contra la asociación de un tono bajo y una prominencia. Aunque esto es plausible, debe notarse que el propio autor reconoce la existencia de lenguajes en donde esta restricción es sistemáticamente violada. El griego antiguo muy probablemente debería incluirse en esa lista.
de Sauzet es que fallan en predecir la posición correcta del acento en algunas palabras y grupos de palabra+clítico.
La última propuesta en esta línea de investigación es la de Golston (1990), fundada sobre la de Sauzet. Golston presenta dos diferencias: asocia los enclíticos exclusivamente al tono H (y no a HB) y limita los pies métricos a dos moras (en lugar de dos sílabas). Esto mejora significativamente la capacidad de predecir la posición del acento en los casos de acento recesivo. Sin embargo, Golston (1990: 77) mismo reconoce la persistencia de algunos problemas, y es bastante claro que aun con la mejora todavía permanece la necesidad de aplicar una serie de reglas relativamente ad
hoc para dar cuenta de algunos fenómenos.
En general, la idea de que la posición del acento en griego es predecible a partir de la estructura métrica del lenguaje choca muy claramente con el carácter libre del acento. Los autores deben dividir las palabras en al menos dos categorías (con acento recesivo y con acento fijo) para poder proceder a sus explicaciones, lo que complica sustancialmente las teorías. No hay hoy una propuesta completamente aceptable que permita derivar la posición del acento de la estructura métrica de las palabras. Esto, a su vez, tiene consecuencias inevitables en la interpretación de la relación entre acento y ritmo: si ninguna teoría puede de hecho derivar el primero del segundo, entonces resulta improbable (en el presente estado de la investigación) que la relación entre ambos sea de dependencia, por lo menos en el sentido implicado por los críticos analizados. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
Existe, sin embargo, la posibilidad de invertir la relación, es decir, de determinar el ritmo a partir de la posición del acento. Es lo que propone David (2006: 52-75) partiendo de la correlación entre las partes que él identifica como prominentes en la contonación en diferentes contextos (cf. sec. 0.3.1.1 y 0.3.1.3) y las sílabas intensificadas en la teoría de Allen. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT David sugiere así
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Esto no va en detrimento de que una revisión del enfoque no sea admisible. La pluralidad de posturas sobre el acento y el ritmo de los lenguajes naturales permite nuevas versiones de las ideas de Steriade, Sauzet y Golston más compatibles con su aparente independencia mutua.
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT La observación se halla ya en Allen (1967), que la considera accidental.
que el acento tonal griego tendría un componente intensivo, pero que dicho componente estaría determinado contextualmente.
David encuentra apoyo para su hipótesis en los análisis de Sommerstein, Sauzet y Golston, que en sus trabajos asocian el tono descendente (el barítono) de la contonación a la prominencia rítmica. El autor es original en dos puntos fundamentales: el orden en la determinación de la prominencia (el acento antecede al ritmo) y el carácter contextual de ésta.
Aunque la teoría de David es interesante, no ha sido verificada y está sometida a las mismas dificultades que la de Allen. No es necesaria para conservar la oposición ξύς/βαρύς, por lo que tampoco es un requisito inevitable de sus otras propuestas. En ὀ
última instancia, su utilidad estará determinada por su capacidad de explicar fenómenos rítmicos del lenguaje que se reflejan en el metro (puentes, resolución) igual de bien o mejor que otras teorías. No habiendo llegado todavía a este punto, es preferible esperar a que otras investigaciones resuelvan la cuestión. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
Por ello, aquí se toma como base para la interpretación del ritmo del lenguaje griego la teoría de Devine y Stephens (1984 y 1994), que siguen a Allen en considerarlo independiente del acento, pero se apoyan sobre la tradición generativa de Kiparsky, Steriade, Sauzet y Golston para explicarlo a partir de un modelo métrico. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Esto evita los problemas de predictibilidad que
debilitaban las otras teorías y, al mismo tiempo, conserva sus ventajas con respecto a la NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT He intentado defender la propuesta de David en Abritta (2010 y 2013 [presentado originalmente como ponencia en 2011]), con una metodología que hoy consideraría discutible, y Abritta (2014), que, aunque ofrece resultados válidos, podría reinterpretarse como una prueba del rol del acento tonal en el metro, sin consecuencias sobre el ritmo del lenguaje. La dificultad con estas pruebas (como con todas las otras) es que todas dependen de una serie de axiomas metodológicos que resultan invariablemente muy problemáticos.
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT La idea de un ritmo
independiente del acento (incluso en lenguajes con stress) ha sido recientemente defendida por van der Hulst (2014b). Es necesario analizar si la propuesta de este autor (que pretende reemplazar la prosodia-métrica) es aplicable al griego antiguo, lo que facilitaría defender la hipótesis de un acento tonal predecible conviviendo con un ritmo predecible pero independiente.
explicación de ciertos fenómenos. Especialmente en su trabajo de 1984, Devine y Stephens apelan a su teoría de mapeo para dar cuenta exitosamente de numerosos puentes métricos en diversos tipos de verso y de las características de la resolución en el trímetro yámbico.
El rasgo más peculiar de la teoría de Devine y Stephens es que descartan la idea de la intensidad como base del ritmo del griego antiguo, y consideran que el elemento fonético clave es la duración relativa de los elementos dentro de cada pie métrico- lingüístico (en analogía con la estructura de los metros griegos). Los autores reducen la cuestión del rol de la intensidad a una fundamentalmente terminológica:
Si la prominencia rítmica en griego puede apropiadamente ser llamada “stress” depende en parte en la adecuación teorética del término para describir el fenómeno y, en parte, en lo que estaría implicado por el término “stress”, dado el uso actual. La necesidad de distinguir la prominencia intensiva, la prominencia duracional, la prominencia tonal y la función acentual ha sido reconocida por más de un siglo (…). Los exponentes de la prominencia son todos colocados en la palabra potencialmente en forma independiente y cualquier combinación de ellos puede tener función acentual. En el uso actual, el término “stress” normalmente implica (1) función acentual y (2) uno o más exponentes de la prominencia prosódica, excepto que la prominencia acentual tonal por sí misma es denominada “acento tonal” y “acento focal”. Para muchas personas, “stress” puede tener también la implicación fisiológica de un grado de energización adicional de la musculatura vocal. Así, “stress” no es un término muy adecuado para una prominencia duracional no-acentual. Sin embargo, hay señales de que está empezando a ser usado en este último sentido en la literatura tipológica, y si este sentido del término se volviera corriente, no habría muchas razones para no hablar de “stress” en griego. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT
Aunque el comentario citado soluciona un problema, no da cuenta de un aspecto fundamental: qué sucede con la intensidad en griego. No siendo éste un trabajo sobre lingüística, no puedo dar cuenta de la cuestión aquí. Sin embargo, más adelante propondré algunas respuestas posibles que podrán ser investigadas en otros lugares. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Devine y Stephens (1994: 214- 5). A pesar de que las observaciones que realizan sobre el estado de la cuestión no son (del todo) válidas hoy en día, transcribo el pasaje porque es clave en la descripción que los autores hacen del griego. La discusión sobre el uso del término “stress” sigue abierta (cf. las referencias en la sec. 0.3.1 n. 42). Sobre los indicadores fonéticos del stress, cf. Gordon (2011).
El sistema se basa en una serie de reglas (con numerosos corolarios) que los autores presentan en Devine y Stephens (1994: 127):
Una sílaba larga puede ser mapeada como tesis Una sílaba breve puede ser mapeada como arsis
Una secuencia de dos sílabas breves puede ser mapeada como arsis
Naturalmente, cada pie está constituido por una tesis y un arsis. A estas reglas deben agregarse tres más (p. 129), que permiten mapeos especiales en determinados contextos:
Prolongación de sílaba breve: Una sílaba breve puede ser mapeada como tesis
Subordinación: Una sílaba larga puede ser mapeada como arsis Formación de matrices: Una secuencia de dos sílabas breves puede ser mapeada como tesis
Prolongación de sílaba larga (…): Cuando una sílaba larga es mapeada como tesis, cero puede ser mapeado como arsis en el mismo pie, esto es, un arsis antes o después dentro del mismo pie puede ser eliminado [en pronunciación lenta una palabra como σωθήσομαι puede ser mapeada [T] [T A] [T], donde σω y μαι son prolongados para conformar pies métricos por sí mismos].
Por supuesto, todas estas reglas permitirían, si no estuvieran estrictamente reguladas, generar prácticamente cualquier tipo de secuencia. Los autores dedican, por ello, las páginas 129-141 de su libro a establecer el marco normativo de las reglas auxiliares. A los fines del presente trabajo, lo importante es que las reglas básicas permiten reconstruir la base de los ritmos fundamentales del metro griego: el dáctilo () y el yambo ().
La teoría de Devine y Stephens, sin embargo, no carece de problemas. NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Su insistencia en la base yámbica del ritmo
lingüístico (sobre la base de un mapeo de derecha a izquierda) choca claramente con la abundancia de formas trocaicas en el idioma y en particular en el metro, y con la base dactílica del ritmo del hexámetro, que es incompatible con un ritmo lingüístico fundamentalmente yámbico. Un análisis de la evidencia comparada es necesario, pero resulta difícil entender cómo el mismo idioma tiene al mismo tiempo un sistema rítmico organizado sobre una oposición 1:2 (el yambo) y sobre una oposición 1:1 (el
NOTEREF _Ref460397528 \h \* MERGEFORMAT Entiéndase “problemas
internos”. Los cambios en las últimas décadas en teoría prosódica son problemas externos a la teoría.
hexámetro). Por lo demás, es sintomático de cierta problematicidad del enfoque que ninguno de los seis (o siete, si se cuentan por separado los dos posibles para el análisis
del crético μβροτοι) análisis de formas de palabra que presentan (pp. 122, 124, 130,ἄ
134, 138 y 140) tiene un final trocaico, a pesar de la frecuencia de este tipo final en el lenguaje.