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6 CONCLUSION AND FUTURE WORK

6.2 Limitation and future work

La educación a distancia implica el ejercicio de la autonomía y la independencia, por parte de los estudiantes (Herrera, 2005). La autora comenta que estas no solo se refieren a la forma cómo el estudiante utiliza ciertos métodos de estudio sino, además, a cómo opera su ritmo de aprendizaje y especialmente a cómo se autorregula para llegar a la meta académica.

Coley (1997) asevera que el cambio en la concepción del aprendizaje en la medida en que deje de preocupar la memorización de grandes cantidades de contenido, y por el manejo de destrezas y habilidades, implicará necesariamente un replanteamiento del papel del estudiante. Esto significa que tendrá que afrontar su proceso de aprendizaje como un trabajo de investigación y no como una simple repetición de lo que le enseña el profesor. Será un trabajo académico autónomo y permanente, que no solo lo vincule con las necesidades de la vida, sino también con las actividades científicas de la comunidad académica. El estudiante tendrá que desarrollar su capacidad para disentir, formular hipótesis, presentar propuestas creativas y enfrentar situaciones y problemas nuevos.

Los estudiantes de programas a distancia no solamente se enfrentan a los problemas de los estudiantes convencionales sino también a los que genera el sistema mismo y que casi siempre se relacionan con técnicas de estudio y dificultades de aprendizaje, con la calidad y el tipo de

interacción y con la autorregulación del proceso mismo (Herrera, 2005).

Entre las competencias básicas que debe asumir un estudiante a distancia, se encuentran las siguientes:

¾ Realizar procesos de reconocimiento de material didáctico.

¾ Diseñar planes de trabajo académico para generar procesos de aprendizaje, profundización y apropiación de los contenidos didácticos de las asignaturas pertinentes.

¾ Establecer líneas de trabajo para el desarrollo de actividades académicas de transferencia de conocimiento desde situaciones conocidas hacia situaciones desconocidas.

¾ Definir procedimientos para la caracterización de sus ritmos de aprendizaje, estilos cognitivos y metodología de estudio con el propósito de mejorar y cualificar el tiempo de estudio.

¾ Desarrollar estrategias, métodos, técnicas y herramientas para la cualificación de los métodos de aprendizaje que se utilizan en las diferentes asignaturas académicas, aplicadas en el fortalecimiento del estudio independiente.

¾ Definir las necesidades específicas de interactividades con el tutor y con sus compañeros, con el propósito de socializar los procesos y resultados de aprendizaje.

¾ Autoevaluar de manera permanente y sistemática los procesos de aprendizaje, estudio independiente y trabajo colaborativo para diseñar estrategias que le permitan su cualificación y la obtención de mejores resultados.

¾ Determinar procesos de búsqueda personal de información diferente a la establecida en el material didáctico.

¾ Emplear procesos sistemáticos para generar rutinas de trabajo académico, disciplina, responsabilidad, dedicación y compromiso ético y científico en su propio proceso de formación.

¾ Elaborar dentro de los términos establecidos institucionalmente los informes y documentos de trabajo académico de cada una de las asignaturas.

¾ Participar de manera activa en la constitución y sostenimiento de comunidades

académicas virtuales relacionadas con temáticas de interés personal o con temáticas relacionadas con los objetos de las asignaturas.

¾ Participar en redes colaborativas de temáticas afines a sus intereses para intercambiar experiencias y desarrollar nuevas estrategias que fortalezcan las interactividades mediadas con los tutores y la creación de ambientes y escenarios productivos de aprendizaje a distancia.

¾ Actualizar de manera sistemática y sostenida las estrategias y procesos cognitivos para acentuar el dominio de competencias centradas en el aprendizaje autónomo.

La educación centrada en la persona o en el estudiante surge como una aplicación de la técnica psicoterapeútica de Rogers (1982) centrada en el cliente. En esta relación los alumnos deben cumplir ciertas funciones:

¾ Estar dispuestos a aprender, responsabilizarse y actuar de manera independiente en su aprendizaje.

¾ Participar responsablemente en definir sus objetivos, selección de los contenidos, su evaluación y las normas de grupo.

¾ Participar con libertad para expresar tanto su creatividad en el aprendizaje como en la expresión de sentimientos.

¾ Esta obligado a realizar un trabajo independiente y autónomo para lograr su adaptación y permanencia en el sistema.

¾ Debe ser un joven o adulto susceptible de cambios en su formación personal, consciente de la posibilidad de cambio tanto en lo personal como en lo social … capaz de identificar … y utilizar los recursos necesarios para su formación personal y profesional (Universidad Nacional Abierta 1977).

La capacidad de aprender a aprender de manera flexible y autónoma es una competencia esencial para el éxito en cualquier sistema de estudios pero particularmente en educación a distancia.

Estudios llevados a cabo con estudiantes universitarios pusieron en evidencia que aquellos estudiantes con creencias de autoeficacia académica positiva, se asocian con resultados de éxito académico (Oliver, 2000).

Instituciones públicas y privadas

En el marco de la globalización, la educación superior en América Latina enfrenta la necesidad de una convergencia y articulación de sus sistemas, así como la construcción y consolidación del espacio latinoamericano de educación superior, que son importantes desafíos ante la fragmentación, diversificación institucional y disparidad que se presenta en la educación superior desde la década de 1990. Otra tendencia en la era de la globalización es el aumento en la

demanda por educación superior. En respuesta a esta situación, se crean diferentes instituciones de educación superior; muchas de ellas de carácter privado, lo que ha ido en detrimento de la calidad y la pertinencia social (Lamarra, 2004). Para el caso América Latina, en la segunda mitad del siglo XX, el número de instituciones y la matrícula anual experimentaron un incremento sostenido y en la década de 1990 creció un 6% (8% sector privado y 2,5 sector público).

Daniel et al. (2002), afirman que la economía mundial ha experimentado grandes cambios, en particular en el área de las tecnologías de la información. Estos cambios requieren que los Gobiernos presten especial atención al desarrollo de la educación y de los recursos humanos. A pesar de que durante las últimas dos décadas el mundo ha experimentado un considerable crecimiento de la educación y la capacitación, todavía existen desigualdades intolerables, tanto en el ámbito internacional como dentro de cada país. Muchos países luchan contra un acceso limitado de niños y jóvenes a la educación, al mismo tiempo que deben cubrir las necesidades básicas de las generaciones anteriores. La baja calidad y la insuficiente relevancia de la

educación, constituyen otros motivos de preocupación. El origen de este problema generalmente radica en la falta de fondos y en estructuras educativas y de formación docente obsoletas.

En Colombia, el marco normativo que rige la educación superior desde 1991 viene dado por la Ley General de Educación, donde la educación superior es definida como un proceso

permanente que posibilita el desarrollo de las potencialidades del ser humano de una manera integral, que se realiza con posterioridad a la educación media o secundaria y que tiene por objeto el pleno desarrollo de los alumnos y su formación académica o profesional (Gonzáles y Schmal, 2005). La misma ley define la naturaleza jurídica de las universidades oficiales como entes autónomos con régimen especial y les ordena que se organicen como un sistema, el Sistema de Universidades Estatales. También determina la normatividad aplicable a las instituciones de educación superior de carácter privado, al exigirles ser personas jurídicas de utilidad común, sin ánimo de lucro, organizadas como corporaciones, fundaciones o instituciones de economía solidaria.

Existen diferencias enormes en lo que se refiere a la educación privada y pública; en esta última el número de alumnos que se atiende es mayor así como el monto de los recursos que se le

de mejores equipos, tecnología, edificios; mientras que en la educación de las instituciones privadas se tienen más recursos, los cuales son pagados generalmente por los padres de familia.

En Colombia, los presupuestos de las universidades oficiales están constituidos por aportes del presupuesto nacional para funcionamiento e inversión, por los aportes de los entes territoriales y por los recursos y rentas propias de cada institución. Las universidades oficiales o estatales reciben anualmente aportes fijos del presupuesto nacional y de las entidades territoriales. Los recursos educativos en Colombia están concentrados en muy pocas regiones y ciudades, precisamente, las más industrializadas del país. La responsabilidad de ofrecer algún tipo de educación superior en muchas partes del país ha sido asumida por una serie de pequeñas instituciones de carácter local, públicas y privadas.

El valor de la matrícula en las universidades públicas fluctúa entre los 70 y los 500 dólares, el cual es diferenciado según el estrato socioeconómico del alumno y representa un 32% del ingreso que se estima percibe la familia, de acuerdo con el estrato al cual pertenece. En las universidades privadas el valor promedio de la matrícula es del orden de los 750 dólares y no se diferencia según el estrato socioeconómico al cual pertenezca el alumno. Si bien existe un sistema de becas en pregrado, éstas sólo alcanzan el 2% del total de matriculados y el crédito público disponible para contribuir al financiamiento de la matrícula únicamente es capaz de cubrir el 5% de la matrícula total. La educación superior ha sido afectada por los problemas que padece el país, en especial los derivados de la violencia.

Al respecto, Sánchez (2002) considera que las universidades públicas deben tener en cuenta los factores que determinan la reproducción de las desigualdades sociales en los procesos educativos. Estos factores son entre otros los relacionados con el funcionamiento del sistema educativo, las políticas y programas de las distintas instituciones públicas de educación superior y por supuesto, las diversas desigualdades sociales y económicas de la sociedad colombiana.

Según el autor, el Banco Mundial señala que en Colombia la educación es la variable más importante para entender la desigualdad en el ingreso. De hecho, las diferencias en la educación de los padres repercuten en la desigualdad social, lo que a su vez determina la distribución de oportunidades educativas, y por ende, las posibilidades de equidad y movilidad social.

Para el 2000, tres de cada cuatro estudiantes matriculados provenían del 40% más rico de la población, mientras que uno de cada treinta y tres proviene del 20% más pobre. Esto implica que los excluidos del sistema son las familias de peores condiciones socioeconómicas y

culturales, con niños de menor rendimiento académico, lo que lleva a que se reproduzca el círculo de pobreza e inequidad (Sánchez, 2002).

Este autor afirma que dentro del subsistema nacional de universidades, la mayor cobertura en la matrícula es de origen privado, aunque existen importantes diferencias en la distribución de la matrícula en educación superior según el origen de las instituciones, entre los departamentos.

Sánchez (2002) menciona que a la universidad pública le compete un compromiso de democratización social de las oportunidades de acceso. Buscar la equidad en estos términos obliga a reconocer las diferentes condiciones sociales, económicas y culturales de los aspirantes a las Instituciones de Educación Superior. El acceso a las Universidades Públicas Colombianas está formalmente abierto para quienes tengan título de bachiller y hayan presentado el Examen de Estado para el ingreso a la Educación Superior. Adicionalmente, la autonomía universitaria permite la definición de mecanismos propios de selección.

Según Garbanzo (2007), posibles factores asociados al rendimiento académico en estudiantes universitarios, y su vinculación con la calidad de la educación superior pública en general se agrupan en tres categorías: determinantes personales, determinantes sociales y determinantes institucionales que, a su vez, poseen sus propios indicadores.

Dentro de los propósitos de las universidades públicas está el aportar las trasformaciones que la sociedad requiere mediante el aporte de profesionales idóneos, lo cual supone un tiempo racional en su formación.

La diversificación es una de las tendencias mejor recibidas en la educación superior y deberá ser apoyada por todos los medios disponibles; no obstante aquí radican las posturas que visualizan la diversificación con sentido de confrontación, en cuanto a que se observa que la creciente diversidad de instituciones privadas, en muchos casos, no guarda concordancia con el

instituciones y sus programas, la equidad respecto al acceso y la preservación de la misión y función de la educación superior, con total respeto por la libertad académica y la autonomía institucional; si esto se garantiza, la diversificación representa una salida respetuosa por enfrentar la demanda creciente de la sociedad.

Sobre el particular hay autores que afirman, que una universidad que debe rendir cuentas frente a públicos externos y un sistema de educación superior, donde autores tradicionales excluidos (bajo el concepto de autonomía) ahora son partícipes o hasta protagonistas del cambio. Frente a esta realidad las universidades privadas se erigen en el contexto latinoamericano como una oportunidad de oferta diferenciadora de las instituciones universitarias públicas, en las cuales la rendición de cuentas y los procesos de cambios, encuentran mayores oportunidades de respuesta (Nieves y Castillo, 2000).

Estos autores afirman que Colombia es uno de los países en América Latina que tiene el sector privado con mayor proporción de matrículas que el público. La coexistencia entre los dos sectores público y privado es bastante diferente entre los países latinoamericanos. Colombia tiene un sector privado llamado de absorción de demanda”, mayor que otros dos subsectores privados (católico y secular de élites).

Como punto de referencia, Levy (1995), ideo una categorización del sector privado, que ha sido bastante útil para el análisis de este sector en América Latina. Esta clasificación de lo privado establece tres modelos:

¾ El modelo secular de élite: surge como demanda de las élites económicas. Ofrece mayor contacto con el sector empresarial y el mercado de trabajo, aspecto que a veces no se encuentra en el modelo católico tradicional y tampoco en el sector público, por considerarlo masificado.

¾ El modelo católico: reúne a las instituciones que más se parecen a las universidades nacionales del sector público, pero que últimamente están tendiendo a incluir características menos tradicionales y más orientadas hacia metas de eficiencia y de calidad académica, entre otras cosas, como una manera de poder competir con el sector secular de élite.

¾ El modelo de absorción de demanda: tiene como característica fundamental responder rápidamente a las demandas del mercado. Este modelo absorbe al grupo de población menos privilegiada, ya que si bien ha logrado sobrevivir a la cadena de exclusión de la trayectoria escolar anterior a la educación superior, no puede pagar una educación privada costosa y la mayoría de las veces ha sido excluido de los sistemas de selección del circuito de los públicos; estas universidades muchas veces no alcanzan la calidad debida, por el alto número de profesores de dedicación convencional y la baja preparación que muchas veces tienen, además de las no adecuadas condiciones de infraestructura con que cuentan los establecimientos.

En entrevista, Roberto Rodríguez del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México indica que debido a la limitada oferta pública universitaria, América Latina pasó a ser la región del mundo con la mayor proporción de matrícula privada. Los recursos, los objetivos, el público, los profesionales y las culturas de estas instituciones son tan distintos que muy poco de lo que se puede decir o proponer para una hace sentido para las demás.

Para que la educación contribuya efectivamente al progreso científico-tecnológico y al desarrollo humano sostenible, en el contexto de la sociedad del conocimiento, es preciso que se produzcan logros de aprendizaje en términos de competencias, de habilidades o de valores que satisfagan los requerimientos de desempeño y de aportes a la sociedad. Esto coincide con la exigencia de rendición de cuentas para que las IES muestren a la sociedad y al Estado lo que realizan, cómo lo realizan y los resultados que obtienen.

En el trabajo realizado por Miranda (2008), se observa que existen unos factores que se perciben como obstáculos para el avance de los estudios, y que se relacionan con el trabajo, para el grupo de varones, y los problemas familiares en el grupo de mujeres. Con estos datos se observa la importancia que tiene el rol social en el desarrollo escolar de la persona; es mayor el porcentaje de hombres que trabajan, los problemas que ellos consideran importantes son los laborales en contraste con los problemas domésticos que ellas enfrentan, y, en general, los hombres tienen mayor apoyo de parte de la familia para continuar estudiando. A pesar de esta situación resulta paradójico que la mayoría de estudiantes en el plantel donde se realizó el estudio, sea del sexo femenino, lo cual sugiere que el hombre probablemente tenga más opciones para

Según Krawczyk y Vieira (2007), a lo largo de los años 90, se instaló en América Latina, un nuevo modelo de organización y gestión del sistema educativo y de sus instituciones. Según las autoras, en el umbral del siglo XXI, esta perspectiva presenta un escenario educativo que, sobre el fetiche de la modernidad y de la democratización, respondió a la necesidad de adecuación de la gestión de la educación pública a los cambios de la lógica de regulación instaurada por la nueva etapa del capitalismo. Este escenario, permite sostener la hipótesis de que el centro de la reforma no fue la institución escolar, tal como es proclamado, sino la lógica y las instancias de regulación social. De esta manera se acentúan problemas que supuestamente se pretendían eliminar como, por ejemplo, frente a la intencionalidad explícita de socialización equitativa del conocimiento se observa el aumento de la desigualdad.

Los mismos autores mencionan que es bastante presente en la investigación en México la preocupación del comportamiento institucional de las escuelas frente a la desigualdad social, teniendo como referencia el principio de equidad educativa. El resultado de las investigaciones apunta que la casi universalización aún presenta problemas serios de repetición y deserción y que la calidad de la enseñanza está distribuida de forma desigual entre las regiones y clases sociales (Quiroz 2000; Bracho 1997). Una de las cuestiones destacadas por algunos investigadores es que la segmentación en el interior de la escuela pública no es resultado de la implementación de estrategias homogéneas en situaciones heterogéneas. La situación es mucho más grave; lo que sucede es que el sistema educativo, en su funcionamiento cotidiano, está proporcionando, tanto en términos cuantitativos cuanto cualitativos, insumos diferentes a los distintos contextos sociales, reproduciendo y consolidando la diferenciación (Schmelkes, 1995).

Las investigaciones muestran que la idea de que la equidad en el sistema educativo podría ser garantizada por la inversión pública que regulase las diferenciaciones sociales e institucionales no es algo concreto, aunque los gobiernos de países latinoamericanos realizaran inversiones en políticas de discriminación positiva, extendidas gradualmente a todo el sistema educativo.

Por ejemplo, las universidades estadounidenses son financiadas con fondos públicos o privados. Ya que los estados operan las instituciones públicas y se financian en parte con los impuestos del estado, en general cuestan menos que las universidades privadas. Además, las instituciones públicas suelen tener más alumnos y clases más grandes que las privadas.

Las Universidades privadas, por otro lado, se financian con matrículas, cuotas y donaciones privadas y de corporaciones. Por eso, son más caras que las universidades públicas, aunque tienden a ofrecer más becas y tener menos alumnos y clases más pequeñas que las públicas.

La equidad está profundamente relacionada con el acceso de los miembros de la sociedad a la educación en general y a la educación superior en particular. Es esta última la que impulsa la movilidad social, que es una de las condiciones de una mayor equidad en la sociedad. La

educación superior incide en la ampliación de la inclusión social, distribución del ingreso, inserción

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