V. Deep Design: Product Aesthetics for Heterogeneous Markets
5.5 Contributions and Limitations
5.5.2 Limitations
La definición del concepto competencia traductora es variable, en la mayoría de los casos presenta ciertas similitudes, pero también diferencias. Los cambios se deben a que los contextos donde se desarrolla son diferentes y tienen características que le otorgan ciertos elementos particulares. García-Izquierdo (2011) señala que si bien cada institución establece las competencias a desarrollar en la formación en traducción algunas de ellas son de carácter general, pues son necesarias para convertirse en traductor o intérprete. Los estudiantes reconocen aspectos generales del concepto de competencia traductora, señalan determinados elementos que provienen de la teoría, pero también muestran otros puntos que consideran se insertan dentro de la misma.
De manera general, los estudiantes conciben a la CT como una capacidad o como un conjunto complejo de habilidades que el traductor adquiere, por ejemplo, para Karina (EE4LF) la CT “son todas las habilidades y aptitudes que tiene una persona para convertirse en traductor” mientras que para Anastasia (EE3LI) es “la habilidad que vas ganando a través de tus experiencias anteriores, a través de cada documento o material que traduces vas adquiriendo más competencia de traducción”, es decir, la CT es visualizada como una unidad que se fortalece mediante la práctica constante. González & Wagenaar (2003) indican que una competencia se encuentra conformada por diversos atributos teóricos y prácticos provenientes de un proceso de aprendizaje de un área de estudio. Para Melisa (EE5LI) la CT incluye elementos lingüísticos y extralingüísticos en combinación, ella señala que la CT
Es la capacidad que uno tiene como traductor, qué tanto sabes de la cultura que vas a traducir o de tu propia cultura, el tipo de texto que estás traduciendo, es qué tanto conocimiento de la lengua tienes, de lengua materna y también de la otra lengua y pues no sé, muchos, son muchos factores a tomar en cuenta para la competencia, pero más que nada es que tan capaz eres de traducir.
En otras palabras, la CT se encuentra conformada por diversos conocimientos y habilidades que se transforman constantemente, su carácter no es estático y está compuesta por el conocimiento de al menos dos lenguas, los aspectos culturales que las rodean, los aprendizajes previos en diversos campos de estudio, etc., tal como lo señalan Izquierdo (2011), PACTE (2011) y Kelly (2002).
La CT puede desarrollarse de manera autónoma mediante el aprendizaje no formal, el
Estudio de encuesta sobre la traducción y la interpretación en México 2017 indica que una cantidad de traductores mexicanos no ha recibido formación académica en traducción, no obstante, de manera particular en esta investigación, la educación universitaria ocupa un lugar importante,
puesto que es en la Facultad de Idiomas donde los estudiantes tienen contacto con la teoría y la práctica de la traducción. Sin embargo, se descarta que sea el único espacio de la universidad donde se realiza investigación al respecto, ya que existen otras instancias universitarias interesadas en la traducción, como se ha señalado anteriormente. Un ejemplo claro del impacto de la institución en la adquisición de la competencia traductora de los estudiantes son las palabras de Sara (EE6LI) quien al reflexionar sobre la CT se remite a su formación universitaria y señala que:
Bueno, como hemos aprendido en la facultad, traducir no es solamente saber un idioma y otro y simplemente pasar porque no se traducen solo palabras, traduces ideas, mensajes y siempre hay un objetivo al hacer una traducción, entonces en la escuela nos enseñan, además del idioma, nos enseñan estrategias, la ética del traductor, todo lo que conlleva ser un traductor.
La respuesta de la estudiante permite dar cuenta de que sus conocimientos sobre traducción se remiten a la educación formal, por lo tanto, se reconoce que la institución da pie a la adquisición de la CT. Es decir, la Facultad de Idiomas cumple con la función de capacitar y formar al estudiante en los estudios en traducción. Es la institución quien ayuda a que el estudiante de lengua inglesa o lengua francesa reconozca que para traducir existe todo un andamiaje teórico-metodológico que se debe considerar al momento de realizar una traducción.
La Facultad de Idiomas contempla y busca desarrollar las competencias específicas relacionadas con la formación en traducción, consideradas por García-Izquierdo (2011), las cuales hacen referencia a diversos aprendizajes lingüísticos y extralingüísticos. Asimismo, es importante señalar que Sara (EE6LI) reconoce la diferencia entre dominar dos lenguas y saber traducir, al respecto, Tricás (2003) menciona que no se debe confundir el dominio de una lengua extranjera con la competencia traductora, puesto que son diferentes, ya que la CT incluye conocimientos lingüísticos, pero además requiere de otros conocimientos y habilidades, actitudes y aptitudes especializados.
Para Eduardo (E3LF) la CT es “la capacidad para poder traducir de acuerdo con habilidades o competencias que has desarrollado a través de un proceso de educación en la traducción.” En otras palabras, en la traducción y su didáctica, como en cualquier otra disciplina, se establecen objetivos, se realizan tanto ejercicios teóricos como prácticos y se retroalimenta al alumno, todo con el apoyo de las diferentes áreas de estudio. Hurtado (2015) resalta la importancia de prestar atención al proceso de aprendizaje de la traducción y hace hincapié en contar con diferentes recursos didácticos e informáticos durante la clase de traducción.
Sara (EE6LI), en relación con la CT, alude a la presencia de conocimientos teóricos y ético- axiológicos, estos últimos representan un eje central en la actividad del traductor, puesto que deben estar presentes en toda acción o decisión contemplada al traducir. González & Wagenaar (2003) señalan la relevancia del aspecto ético durante la formación por competencias, Hurtado (2008) lo retoma y señala que las competencias interpersonales, las cuales incluyen el comportamiento ético, posibilitan las relaciones personales.
A partir de lo expresado por Sara (EE6LI), se reconoce que los estudiantes se apropian y transforman, en cierta medida, los discursos y los conocimientos de sus profesores, por ejemplo, para la profesora Esther (EM1), “la competencia traductora […] es el conjunto de habilidades, aptitudes, actitudes y valores que desarrolla el traductor para realizar la tarea de traductor de la mejor manera, con pertinencia, con ética, con calidad.” Entre las palabras de Sara y las de la profesora Esther existen similitudes, pero destaca la importancia que ambas le otorgan a la ética en la traducción como una subcompetencia que se inserta de forma obligada en la actividad del traductor. Lo cual también se vincula con lo expresado por la profesora Leonor (EM4) quien resalta la perspectiva teórico –axiológica, pero también otros elementos, pues señala que:
La competencia traductora, digo, según la teoría, verdad, [ríe] tiene siete subcompetencias y es un saber hacer ¿no?, que incluye saberes teóricos, heurísticos y axiológicos de cómo proceder para realizar una traducción de manera profesional, ¿no?, incluye conocimientos, por descontado por lo menos de dos lenguas a un buen nivel, pues temática, instrumental, extralingüística, cultural, por supuesto, eh profesional, todas las subcompetencias que ya están descritas en la literatura ampliamente [ríe nuevamente].
La profesora Leonor (EM4) muestra familiaridad con la teoría en competencia traductora, principalmente con el trabajo de Kelly (2002), puesto que esta autora es quien reconoce y estipula la existencia de siete subcompetencias, número que difiere de la propuesta trabajada por PACTE a través de los años. Asimismo, se hace hincapié en que la profesora ha estudiado la propuesta de Kelly, puesto que al enlistar las subcompetencias se remite a los conceptos de la teórica y porque hace referencia a la competencia cultural que en las investigaciones de PACTE es incluida dentro de la subcompetencia extralingüística.
La profesora Leonor, al reflexionar sobre sus conocimientos de la CT, indica que estos parten de la teoría, es decir que los adquirió y que se manifiestan en su práctica docente y la didáctica en traducción que aplica. Con lo cual se reconoce que la CT se ha ido transformado y enriqueciendo a través de la oralidad y su estudio constante. En otras palabras, los aportes de Kelly
han sido retomados por diversos profesores, quienes a su vez, los incorporan a sus discursos y clases y, posteriormente, son adquiridos por los estudiantes quienes los reinterpretan e incorporan a su práctica traductora en formación. Al respecto, la profesora Olivia (EM5) indica que la CT es:
Una habilidad, producto de la familiarización con el ejercicio de la traducción, es decir, yo lo comparo un poco con lo que los pilotos llaman horas de vuelo [ríe], es esa experiencia de haber realizado de manera constante, sistemática y bajo la guía de un maestro o maestra, la actividad de traducción.
La adquisición de la CT de los estudiantes se realiza través de la práctica traductora y del contacto constante con la disciplina, pero también con la orientación de un profesional en traducción, quien a su vez, funge como profesor y guía, es decir, como un facilitador. La presencia del profesor de traducción, en la adquisición de la CT, es muy importante, ya que los estudiantes señalaron que su contacto con la traducción y su aprendizaje se realizó hasta ingresar a la universidad, antes de la educación superior desconocían la disciplina y todos los retos que esta implicaba. Kelly (2005) indica que estos dos actores, los estudiantes y los profesores, son los elementos centrales en el proceso de enseñanza y aprendizaje, estos últimos si bien fungen como orientadores también entrenan al estudiante en el campo temático de la traducción.
Para los estudiantes, la CT se visualiza como un conjunto complejo, algunas veces difícil de definir, no porque se desconozca lo que incluye, sino por la gran cantidad de elementos que puede abarcar. En palabras de los estudiantes, la CT es reconocida, en primera instancia, como una capacidad que adquiere el traductor, pero también puede ser una habilidad o un conjunto de habilidades y conocimientos que el traductor posee, es en sí un poder hacer que lo faculta para realizar la actividad traductora de manera adecuada y satisfactoria.
De acuerdo con los estudiantes, para poder desarrollar la CT son necesarios diversos conocimientos, aptitudes, actitudes, estrategias, saberes y formas de actuar, de los que destacan: el dominio de la lengua materna y la lengua extranjera, la comprensión lectora en ambas lenguas, el uso y dominio de técnicas de traducción, los conocimientos culturales o bagaje cultural, el reconocimiento de la ética y los valores durante todo el proceso de traducción, el conocimiento de la tipología del texto, la capacidad para investigar, los conocimientos de lingüística general, la capacidad para reconocer y seguir procedimientos, los conocimientos sobre lexicografía, el dominio de tecnologías de la información, la capacidad para interpretar y plasmar ideas o mensajes y, por supuesto, la capacidad de poder trasladar un mensaje de una lengua a otra.
A partir de lo anterior, se reconoce que la CT está conformada por diversas competencias denominadas generales, pero también por otras especializadas en torno a la traducción, es decir que como lo indican González & Wagenaar (2003) una área de estudio en específico, por ejemplo, en este caso la traducción, se encuentra compuesta por múltiples competencias específicas y genéricas, antes mencionadas en el apartado teórico.
Es importante señalar que pueden existir otros elementos que se incluyan dentro de la CT, ya que como se ha mencionado anteriormente esta comprende diversos componentes y siempre existe la posibilidad de encontrar nuevos o redefinir los elementos de la CT. Tricás (2003) indica que “los mecanismos que entran en juego en la traducción no son nada simples y la diversidad de soluciones ante un problema concreto es una demostración de que, en esta actividad, no existen los esquemas precisos ni las sistematizaciones rigurosas” (p. 27), por lo tanto, se reconoce que la CT continuará reformulándose de forma paulatina, asimismo, se debe mencionar que cada traductor, profesor de traducción y estudiante de traducción concibe a la CT a partir de su formación y de los preceptos teóricos a los cuales recurra y decida adherirse.
Los profesores, en sintonía con las palabras de los estudiantes, conciben a la CT como un conjunto de conocimientos, habilidades, actitudes, aptitudes y valores necesarios para traducir, el cual se logra mediante la familiarización con el ejercicio de la traducción; todos estos elementos han sido acumulados e internalizados a través del transcurso del tiempo y están disponibles para enfrentar y solucionar problemas relacionados con la disciplina y su práctica, es decir, se adecuan, en cierta medida, a las necesidades y los requerimientos del traductor.
Al respecto, Hurtado (2017) identifica a la CT como un conjunto de conocimientos y habilidades que el traductor posee y que utiliza al momento de traducir, la autora reconoce que en la CT se presenta el conocimiento declarativo y procesual, no obstante, resalta la importancia de este último. Los profesores señalan que este conjunto de elementos incluye elementos lingüísticos y extralingüísticos, al igual que Hurtado (2017), los cuales son desarrollados dentro y fuera del salón de clases, en repetidas ocasiones con el apoyo y orientación de un profesor de traducción, conocedor de lenguas, lingüística, cultura y traducción.
Los componentes de la CT, es decir, las competencias o subcompetencias según los preceptos teóricos de los cuales se parta, son vastos, incluso podría afirmarse que se requieren diversas investigaciones para analizarlos a profundidad desde una perspectiva teórico-práctica. Esta investigación busca aportar elementos que permitan la interpretación y el análisis de la
competencia traductora y los estudios de la traducción, desde una situación particular, por tal motivo, es posible que los intereses investigativos se centren en determinados puntos o subcompetencias, debido a que los procesos de enseñanza-aprendizaje de los participantes así lo requieren.