Resulta interesante para los propósitos de la investigación visualizar la noción de dignidad humana en contexto y a partir de los profundos cambios que ha experimentado la sociedad durante los últimos años. Uno de estos cambios es la gran
diversidad cultural que caracteriza a Latinoamérica y por qué no decirlo también a Chile.
La multiculturalidad:
“como su nombre indica, refleja una diversidad cultural, lingüística, religiosa, entre otros aspectos en una misma sociedad. Plantea el reconocimiento de las diferencias y el gran desafío del diálogo intercultural, entendido como un proceso que abarca el intercambio abierto y respetuoso (experiencia intersubjetiva) de opiniones entre personas y grupos con diferentes tradiciones y orígenes étnicos, culturales, religiosos y lingüísticos”63.
Tomando en cuenta la prevalencia del concepto, cabe preguntar ¿Cuál es la relación que los trabajadores sociales visualizan entre dignidad humana y multiculturalidad?. En los párrafos que siguen se presentan algunas de las más importantes conclusiones al respecto:
“Lo relaciono con el respeto a la diversidad, porque uno puede pensar que mi modo de ver, siendo etnocentrista es lo correcto, y la dignidad es entender que los seres humanos somos distintos, que tenemos razas distintas, historias, culturas distintas, eso es multiculturalidad y que en cada una de ellas desde sus propias especificidades está la dignidad. Pienso en la monogamia nuestra como cultura de país, y uno se encuentra con tribus de África y Asia que son poligámicas. Para mi podría ser distinto, chocante u opciones sexuales distintas. Creo que la relación es entender que la multiculturalidad significa que esas dignidades son también tan valiosas y respetables como las mías. Movimientos políticos, blancos y negros, asiáticos y caucásicos, gente que come focas en el ártico y los veganos, gente absolutamente respetuosa digamos de no comer ningún tipo de carne, entonces a mi modo de ver la multiculturalidad se liga con la dignidad en entender que en cada una de estas distintas culturas, miradas, historia y todo lo demás, tiene una dignidad que siempre permanece que es la noción fundamental del ser humano, por eso para mí la dignidad es un principio inherente al ser humano”.
La dignidad para dicha concepción conlleva el respeto a la diversidad, el entendimiento de las diferencias existentes entre las personas y grupos humanos. Se plantea que a nivel de las diferencias y propias especificidades la dignidad está presente, como se plantea al final del párrafo en cuanto principio inherente al ser humano.
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63Bortolotto, I (2011). El diálogo intercultural, una mirada desde el mundo de las migraciones.
Según el planteamiento, Charles Taylor señala que con el advenimiento de la modernidad el antiguo concepto de honor fue reemplazado por el concepto de dignidad, que hoy se emplea en sentido universalista e igualitario cuando dice: “hablamos de la inherente dignidad de los seres humanos o de la dignidad del ciudadano. La premisa subyacente es que todos la comparten”64.
No obstante, se debe tener presente que después de Rousseau adquiere una importancia crucial el ideal de autenticidad y con Herder se plantea la idea de que cada uno de nosotros tiene un modo original de ser humano: cada persona tiene su propia “medida”, esta idea va penetrando muy profundamente en la conciencia moderna (principio de originalidad).
El autor aplicó su concepción de originalidad en dos niveles, no sólo a la persona individual entre otras personas, sino también a los pueblos que transmiten su cultura entre otros pueblos.
Para Taylor, la sociedad supuestamente justa y ciega a las diferencias no sólo es inhumana (en la medida que suprime las identidades) sino también, en una forma sutil e inconsciente, resulta sumamente discriminatoria.
Por lo anterior, postula la necesidad que la política de la dignidad igualitaria de paso a la política de reconocimiento de la diferencia, donde se intenta que la identidad única de cada individuo o grupo sea reconocida, a partir de lo que le hace distintivo o como señalaba Herder original respecto a los demás.
“Lo que está claro es que independiente de la cultura la noción de dignidad al estar sustentada en principios más bien universales, uno debiese suponer que todas las personas tienen la posibilidad de ejercer su dignidad, ser reconocidas como personas independiente de su cultura. En Chile hay una invisibilización de las culturas, entonces la cultura dominante invisibiliza a las otras culturas, nosotros estamos viendo en televisión modelos que responden a una elite, o parte de una elite. Pero claramente hay una incapacidad de mirar al otro como un ser digno y se le visualiza como un ser distinto, que es de otro planeta, con un estereotipo súper marcado que no precisamente se hacen cargo de su dignidad, todo lo contrario se le muestra como algo extraño, como algo anormal, algo ilegal…”
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64Taylor, Ch(s/f ). El multiculturalismo y la política del reconocimiento” Ensayo de Charles Taylor,
“Tenemos Multiculturalidad en Chile pero tenemos igual no más una cultura dominante, es como con los mapuches, ni siquiera hemos sido tolerantes con los mapuches, tiene que ver con la tolerancia, con el respeto. Por lo tanto, Chile nunca ha sido un país inclusivo y dignificante desde la multiculturalidad…, tiene que ver con un reconocimiento mínimo”.
En esta versión sobre el tema, ambas trabajadoras sociales señalan que existiría una cultura dominante haciendo alusión a Chile, la que no permite el reconocimiento de otras culturas; a lo anterior, agregar el problema del estereotipo y la escasa consideración de aquel distinto como alguien poseedor de dignidad. Esta tesis se correlaciona con la idea de Taylor cuando señala:
“precisamente, esta condición de ser distinto es la que se ha pasado por alto, ha sido objeto de glosas y asimilada por una identidad dominante o mayoritaria. Y esta asimilación es el pecado cardinal contra el ideal de autenticidad”65.
Pero esta condición predominante en la sociedad chilena se enlaza también con la política del universalismo que subraya la dignidad igual de todos los ciudadanos. Por largo tiempo en nuestra historia el contenido de esta política fue la igualación de los derechos y de los títulos, sin perjuicio que en más de una oportunidad se haya admitido la existencia de ciudadanos de “primera y segunda clase”.
A continuación, se presentan algunos relatos que abordan el establecimiento de una relación entre ambas nociones, a partir de cuyo análisis se plantean algunas interrogantes:
“Que pueden haber necesidades distintas y por ende, no sé si una dignidad humana distinta pero algunas opciones para cierta diversidad, el desglose de dignidad humana debería abordar también a ciertas minorías, casos puntuales como diversidades en cuanto a sexualidad, religión u otras, pero si siento que no todas están incluidas. Yo siento que quizás eso falta, está en debe, el concepto más antiguo está en debe con esta diversidad que tenemos hoy en día y que va a seguir apareciendo”.
En directa relación con lo que ya había sido mencionado en alguno de los párrafos anteriores, el antiguo o tradicional concepto de dignidad vinculado a la política de la dignidad universal, no lograría abarcar e incluir las crecientes diferencias culturales. ____________________________________
Se plantea también la posibilidad de incorporar alguna redefinición al término dignidad frente a necesidades y realidades distintas.
A partir de lo enunciado por la profesional cabría preguntar, si resulta pertinente a los nuevos tiempos y a la evolución que van experimentando las sociedades, detenerse a revisar la noción en toda sus dimensiones, a objeto de prevenir el ejercicio de prácticas opresivas y discriminatorias que atentan contra el valor del ser humano y más aún contra su particular identidad. Una de las vías posibles que posibilitaría lo señalado, sería el abordaje de la dignidad desde una perspectiva dialógica, es decir, que a partir del diálogo y de una ética discursiva e intercultural se posibilite la integración de diferentes mundos de vida en la búsqueda de soluciones colaborativas a los problemas que surgen en sociedad. En el siguiente relato, se continúa con el mismo punto de reflexión:
“Bueno con el tema de la multiculturalidad cambia un poco el concepto de dignidad, por suerte he tenido la suerte de acercarme no tanto en la condición de las etnias, yo lo entiendo así, más amplio que sólo lo de las etnias, porque yo tuve la posibilidad de trabajar con pescadores artesanales y ciertamente que ellos son de una cultura distinta. No son de una cultura del trabajador común y corriente, el obrero, no tienen esa condición, y por eso sus condiciones de vida, su forma de entender la cultura, la vida y la forma como se desarrolla no es la misma que nosotros tenemos, por lo tanto, uno no le puede pedir a un pescador que viva en las mismas condiciones que uno, porque ellos no entienden la vida de la misma forma que uno, lo mismo que la cultura carcelaria, y por lo mismo entiendo el tema de los mapuches. Los mapuches tienen una cultura y una cosmovisión muy distinta a la nuestra y por lo tanto su condición de dignidad no tiene nada que ver a la condición de dignidad que nosotros podemos apostar vivir, por lo tanto yo a una persona de una población viviendo en una rancha y con el sueldo mínimo entiendo que no vive en condiciones de dignidad, pero no puedo ver desde esa perspectiva a un mapuche viviendo en una rancha en su tierra, que nadie le pueda invadir su tierra y que él pueda desarrollar todas las herramientas que su cultura le da. Por eso te decía mi concepción de dignidad tiene que ver con que esa persona se pueda desarrollar y un mapuche necesita su tierra, su ruca y que nadie lo moleste, vivir en armonía con la naturaleza y ahí está su dignidad, entonces su dignidad está atravesada, mediada por esta sociedad, porque nosotros estamos invadiendo esa cultura…”.
En síntesis y a partir del habla profesional, la dignidad humana concebida tradicionalmente a partir de ciertos parámetros universales, sustentados desde la cultura dominante occidental, requiere incorporar las diferencias culturales existentes
entre las personas y los grupos sociales, así como también el reconocimiento de sus derechos ciudadanos.
Cabe señalar, que el tema de la multiculturalidad debería ser abordado en términos más amplios, como ha sido señalado de cierta forma por el autor Honneth, lo cual según él se lograría superando el exclusivo abordaje de la dimensión étnica.
La dignidad humana se enlaza con el respeto y reconocimiento de las particulares cosmovisiones y formas de vida de personas, grupos y comunidades, lo cual se vincula asimismo con el ideal de autenticidad y con la definición de la propia identidad individual y comunitaria. Lo contrario representaría según lo señalado en el relato, un tipo de opresión de una cultura dominante a otra. Esta última además, no dispone de los mecanismos jurídicos y sociales que le permitan hacer valer su dignidad, en concordancia con su autenticidad e identidad particular. Este, por ejemplo sería el caso emblemático de la comunidad mapuche, la que lleva siglos luchando por el reconocimiento de su particular cosmovisión de vida y cultura ancestral.
Surge la pregunta en torno a la siguiente consideración, a partir de lo analizado y aportado por los profesionales, ¿cómo pueden los trabajadores sociales incorporar en sus respectivos repertorios profesionales un cambio o ampliación de la noción de dignidad humana, si han sido formados tradicionalmente en el paradigma que sustenta la política de la igualdad universal?, ¿cómo pueden lograr transitar hacia una concepción que incorpore el respeto a la diferencia, sin que ello se traduzca en la idea de amenaza o pérdida del orden o estabilidad social?. Indudablemente, estas son interrogantes que requieren ser revisadas a nivel disciplinar y profesional, pero advirtiendo que el Trabajo Social debiese ir evolucionando a la par de los cambios sociales, al parecer debe comenzar urgentemente a trabajar en ello, pues los cambios se avecinan con gran celeridad.
En el párrafo siguiente se aproxima algún tipo de respuesta a las interrogantes antes planteadas:
“Haber, obviamente la dignidad está por sobre la multiculturalidad, las diferentes culturas en tanto son humanas en cualquier parte, digamos, la dignidad debiera estar…, es que yo insisto en relacionarlo más con el respeto porque es lo que está más cerca de mí, obviamente desde esa perspectiva sí, en la complejidad de las
relaciones, por las diferencias con el otro, yo veo más bien un tema de respeto por el otro, de la aceptación del otro como legítimo otro, de la línea de Maturana. Pero insisto que la dignidad queda más arriba, para mí esas son expresiones de la dignidad humana. Yo creo que lo que nos hace humanos es el lenguaje, por tanto también buscaría la interacción y buscando la interacción y en la aceptación del otro a mí me parece más claro el tema del respeto”.
Sin lugar a dudas, dicho planteamiento resulta ser muy interesante y atingente a las inquietudes que surgen en torno a los desafíos que se avecinan para la profesión en torno al tema.
Se señala que la dignidad estaría sobre la multiculturalidad, desde esta perspectiva la noción reconocería la natural humanidad de las diferentes culturas, agregando algún aporte a esta idea aquella cualidad intrínseca inalienable estaría presente en forma universal en todas las personas y grupos humanos, cualidad que tendría un valor superior de primer orden a cualquier otro. Posteriormente la dignidad en cuanto cualidad intrínseca decanta en términos prácticos en el respeto a los otros, en sus similitudes pero también en sus diferencias, lo cual conlleva la aceptación del otro, “como un auténtico otro”. A partir de ello se genera la triada aceptación- reconocimiento-respeto por el otro. Siendo esto así y según los postulados de Habermas, la dignidad se construye a partir de una comunidad de diálogo.
En relación a las anteriores consideraciones emerge la perspectiva dialógica de la dignidad humana, el reconocimiento de valores y principios universales y otros de índole operativa debe resultar de un esfuerzo y práctica habitual de diálogo entre las comunidades y la sociedad en su conjunto, para el establecimiento del consenso y la promoción de la paz social, donde todos y cada uno de los integrantes tenga algo que decir a nivel del discurso ético. Para la consecución de lo anterior, se requerirá recuperar y generar nuevos espacios de reunión y diálogo a nivel institucional, grupal y comunitario, donde los trabajadores sociales tienen mucho que aportar a nivel del rol educador y mediador.