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5.5.2.1.1. Factor Económico.

El Salvador como muchos países de Latinoamérica no está ajeno a la problemática que actualmente afecta en cuanto muchas familias no son sujetas de crédito, y es que normalmente los grupos con menores ingresos económicos que subsisten dentro del sector informal de la economía se han visto desprovistos del apoyo de la banca comercial; y al ser marginados dentro del sector bancario tradicional se pierde oportunidad de que estos puedan generar empleo y en consecuencia se profundiza la brecha del desarrollo del país, considerando que en

El Salvador, y especialmente en el sector informal se genera la base para el sostenimiento de las familias.

Las microfinanzas son instrumento eficaz para combatir la pobreza, puesto que los programas de microcrédito proporcionan servicios financieros a hogares de bajos recursos, logrando así que estos obtengan la base para emprender una acción que les permita estabilidad y productividad en un negocio que genere ingresos al núcleo familiar.

5.5.2.1.2. Factor Político.

En El Salvador en el mes de julio de 2015 Fitch redujo la calificación de riesgo de pasando de “BB- con perspectiva negativa” a “B+ con perspectiva estable”. La agencia calificadora de riesgo señaló que la carga de la deuda, el deterioro de las finanzas públicas y el lento crecimiento económico son los principales factores de riesgo para la economía salvadoreña.

El país tiene además el desafío del crimen y la violencia, que amenazan el desarrollo social y el crecimiento económico los cuales afectan negativamente la calidad de vida de sus ciudadanos. Después de un incremento sostenido en los índices de delitos violentos a partir de 2000, se alcanzó la cifra de 71 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2009. Si bien una tregua establecida entre las pandillas callejeras en 2012 contribuyó a reducir las tasas de violencia en el país a menos de 25 homicidios por cada 100 mil habitantes, en 2015 se ha reportado un nuevo aumento de la violencia.

5.5.2.1.3. Factor Social.

Si allá en el siglo XIX, o siquiera en el siglo XX, hubiéramos hecho una apuesta nacional a la educación ciudadana, a la solidez de las instituciones y al equilibrio social pacificador, muy distintos escenarios hubiéramos visto a lo largo

del tiempo. Ahora, cuando ya el nuevo siglo lleva corrida su primera década, estamos ante el imperativo categórico de acelerar todos nuestros procesos ordenadores, y hay que hacerlo en medio de desafíos de la más alta intensidad; entre ellos, el de las estructuras antisociales y criminales que han venido ganando cada vez más espacio tanto en el país como en sus entornos.

Está visto y probado hasta en la sociedad que para controlar y erradicar las conductas antisociales y criminales no bastan las acciones provenientes de las instituciones encargadas de perseguir y atacar sus consecuencias, como son las instituciones policiales, fiscales y judiciales; es imperioso descender a las raíces de los fenómenos que alimentan dichas conductas, con lo que se llaman políticas, estrategias y programas preventivos.

A estas alturas, el trabajo en este campo es de gran complejidad. Al respecto, FUSADES está haciendo otra propuesta muy oportuna: el contar con una ley de peligrosidad, que justamente pueda regular las conductas antisociales que afecten la normalidad de la vida comunitaria, como son las que provienen del accionar de las pandillas o sean resultantes de la desintegración familiar que padecemos. Según bien dice FUSADES, la situación actual se habría evitado de haber habido, desde la institucionalidad, un trabajo serio y responsable de prevención.

Estos escenarios afectan a la población en general y a las empresas de toda índole, ya que la delincuencia marca y limita el estilo de vida de las personas, así como también el desempeño de estas en la sociedad, el miedo a las extorciones y crímenes hace que todos vivan a la expectativa de los sucesos sociales que les puedan afectarles de manera directa o indirecta sus trabajos, familias y su integridad física y emocional.

5.5.2.1.4. Factor Tecnológico.

Aunque El Salvador no es un país productor de innovaciones tecnológicas, tampoco está exento de personas, empresas e instituciones que permanecen atentos a las posibles aplicaciones de los avances más importantes en la informática, el tratamiento digital y la transmisión a distancia de la información, datos, imágenes y otras formas de presentar piezas de conocimiento y comunicarse entre los seres humanos.

Podemos apreciar un poco de estas aplicaciones de la tecnología cuando realizamos alguna transacción en un banco, un almacén, un centro comercial, un supermercado, una institución pública y muchas empresas de todo tipo, tamaño y sector que cada vez más incorporan computadoras, redes, impresores, proyectores, cámaras digitales, sensores, lectores de código de barra, y varios otros dispositivos y accesorios basados en tecnología digital.

Existen diferentes alternativas tecnológicas de las cuales la empresa puede hacer uso para dar a conocer los servicios que ofrece, debido a que hoy en día en su mayoría las personas tienen acceso a los diferentes medios de comunicación, en los cuales se puede dar publicidad la empresa dando a conocer los diversos servicios y las promociones a las cuales pueden participar sus clientes actuales y potenciales.

Mediante el uso de estas herramientas la empresa puede penetrar nuevos mercados e informar a los clientes de las diferentes formas en las cuales pueden obtener información de los montos, requisitos y los plazos de los créditos ofertados, además de brindar la información general de la empresa.