inmediata del individuo con lo universal. Antigüedad. Eticidad inmediata.
En ese tiempo sólo había agua, un agua espesa y en constante movimiento; los animales, los árboles y la gente todavía no existían (Mito U’wa)
Hemos visto que el movimiento histórico concreto de la eticidad tiene una estructura lógica. El punto de partida es la unidad lógica inmediata. El movimiento ético es motivado por la interacción de los elementos lógicos de la intuición y el concepto. En esta primera etapa lógica del desarrollo de la eticidad lo que prima es la unidad indiferenciada de concepto e intuición o de universalidad y particularidad. Estamos en el reino de la indiferenciación, de la inmediatez, en el reino de la identidad inmediata. Aún no se ha llegado al momento de la escisión, momento en el que la intuición y el concepto adquieren un carácter manifiestamente diferencial. En el principio es el lÒgoj, el Espíritu, la Sustancia que aún no ha salido de sí.
El momento lógico que estamos presenciando tiene como correlato histórico la Antigüedad. El concepto —que será tomado como lo universal— y la intuición —que será tomada como lo particular— habitan en el universo de la identidad. Esta identidad se refleja en la relación antigua del individuo con la comunidad.
He dicho que éste es el momento de la unidad de lo universal y lo particular. No obstante, en este momento hay ya una diferenciación de lo universal y lo particular así como una prevalencia de lo universal. Pero esta prevalencia no implica aquí que lo particular esté en relación de servidumbre frente a lo universal sino que lo universal contiene en sí lo particular. “(…) la diferencia entre unidad [universalidad] y pluralidad [particularidad] se presenta como el predominio de lo Uno, como identidad de un sistema que no deja nada fuera de sí”1. Como lo que hay es unidad, lo universal y lo particular viven en una armonía inconsciente. Sin embargo, el hecho de que éste sea el momento de la identidad, de la indiferencia no significa que los elementos, que con la escisión adquieren un carácter propio no existan ya en la unidad indiferenciada. Es importante recordar que cuando Hegel habla de indiferenciación no se refiere a lo absolutamente indeterminado, pues con ello estaría cayendo en aquella visión
1 Adorno, Theodor W. Dialéctica negativa. Taurus. Madrid, 1975. Pág. 313. El material entre corchetes es mío.
23
schellingiana que le resultaba tan cuestionable. Cuando Hegel habla de unidad, de identidad o indiferenciación como el punto de partida del movimiento lógico de la eticidad, no está queriendo decir con ello que sus elementos (el concepto y la intuición, la universalidad y la particularidad) estén absolutamente indiferenciados. Pues si no hay algo que los distinga mínimamente entre sí no se sabría de dónde o por qué surgirían más adelante. Éste es el eterno hecho paradójico de que la diferencia provenga de la identidad y la multiplicidad, de la unidad. Sin embargo, para Hegel, descubrir que en el origen de la eticidad y, más aún, de todo lo real, yace una paradoja o contradicción no resulta tan problemático como para la tradición que lo precede. Antes bien, la contradicción es, para Hegel, el principio y motor de todo2. Esta identidad en la que existe la diferencia, todavía no está mediatizada por el desarrollo de sus momentos, por su expansión en el elemento de la diferencia3. Por eso nos referimos a ella diciendo que es la identidad inconsciente y originaria.
La unidad de la que parte el movimiento lógico es una unidad contradictoria pues es indiferencia en la que habita la diferencia, es unidad en la que yace la dualidad de lo universal y lo particular. Pero precisamente porque la unidad es en sí contradictoria hay algo que la fuerza a escindirse y a radicalizar la contradicción hasta que la unidad o identidad ceda a la dualidad y diferencia de manera que se instituya el reino de la oposición entre lo universal y lo particular. Sólo cuando la contradicción, a su vez, se agote completamente y se hayan enfrentado los elementos diferenciados se conquistará de nuevo la unidad pero, a diferencia de la unidad inicial, esta última unidad hará consciente su carácter contradictorio y acogerá en su interior su propia contradicción. De este modo, la contradicción ya no será tal y se habrá convertido en armonía consciente de lo universal y lo particular, del concepto y la intuición. Esta nueva unidad también es identidad en la que subsiste la diferencia, sólo que allí se trata de una identidad consciente. De modo que el “espíritu tiene que progresar hasta la conciencia de lo que es de un modo inmediato, tiene que superar la bella vida ética y alcanzar, a través de una serie de figuras, el saber de sí mismo”4.
2
“La contradicción es la raíz de todo movimiento y de toda manifestación vital” (Science de la logique. G.W.F. HEGEL. Tomo II, Págs. 67-70. Citado en GARAUDY. Pág. 126).
3
Cfr. El pensamiento político de Hegel. Bernard BOURGEOIS. Traducción de Aníbal C. Leal. Amorrortu. Buenos Aires, 1969. Pág. 96.
4
24 Antigüedad
Perspectiva histórica
En este capítulo estudiaremos el correlato histórico del primer momento del proceso lógico descrito anteriormente, a saber, el momento de la unidad, de la identidad o de la indiferenciación originarias. Según Hegel, la época que representa esta figura o momento del desarrollo de la eticidad es la Antigüedad. Es justamente en la Antigüedad cuando se da la unión de lo universal y lo particular, y la primacía de lo universal, primacía que, como sabemos, no significa la esclavización de lo particular a lo universal sino su inconsciente comunión con lo universal.
Nuestra misión es examinar el modo en que los elementos lógicos concepto e intuición, universalidad y particularidad se hacen concretos en la historia. El individuo será lo particular. La comunidad, el Estado y la ley representarán lo universal. Para comprender la eticidad antigua y descubrir que es la unidad no desarrollada de lo particular y lo universal es necesario conocer la relación que se vivió en la época antigua entre el individuo y la comunidad. Al usar el término ‘Antigüedad’ estamos refiriéndonos específicamente al periodo de la historia de Grecia anterior a Sócrates5.
Sin embargo, es posible imaginar que aquella identidad originaria de lo universal y lo particular o de la comunidad y el individuo con la consecuente prevalencia de la universalidad o comunidad, que se concentra en la Grecia presocrática, no se limita a dicha instancia histórica sino que también representa el estadio inicial del desarrollo de la humanidad.
Eticidad antigua
Hegel fue un gran admirador de la eticidad propia de la Antigüedad. Piensa que ésta es la época en la que se hace más clara la presencia del Espíritu en la historia6, pues la Antigüedad es la instancia en la que lo universal y lo particular, la polis y el individuo son una unidad y el Espíritu es unidad. “El espíritu dominaba, sin duda; pero la unidad de lo dominante y lo dominado era todavía una unidad natural”7. Por ello, con todo lo especial que pudo resultar a los ojos de Hegel la Antigüedad, no tardó en descubrir que
5
Más adelante veremos que con Sócrates se da inicio al proceso de desarrollo de la subjetividad, proceso que repercutirá en la decadencia de Grecia. Sócrates es el punto de referencia de dos de los momentos históricos del devenir de la eticidad.
6
“Entre los griegos nos sentimos como en nuestra propia patria, pues estamos en el terreno del espíritu”. Cita tomada de la Fil. Hist. Pág. 399.
7
25
es tan sólo otro de los momentos del despliegue del Espíritu y de la eticidad y que, en consecuencia, con la Antigüedad apenas se da comienzo a un proceso que necesitará siglos para realizarse completamente.
Recordemos ahora algo de lo dicho en la exploración rheomódica de la palabra ‘ética’. De la raíz swe se deriva el término griego œqoj (ethos), término que se usa para designar la costumbre o los hábitos de la comunidad8. La comunidad instituye ciertos criterios para determinar y evaluar las acciones individuales. El comportamiento individual debe estar circunscrito dentro de lo que la comunidad juzga como comportamiento adecuado. La tradición que vive en la comunidad impone los patrones de conducta. Sólo será buena la acción que esté en consonancia con el criterio y voluntad generales. Aquí la eticidad justamente se revela en el sentir de la comunidad. “La eticidad se funda en efecto en el ethos, en el hábito ético de un grupo humano como unidad de la voluntad universal y de la voluntad individual (…)”9.
En la Antigüedad, debido a que aún no ha surgido la subjetividad ni tampoco el punto de vista moral —en el sentido kantiano del término— según el cual es la razón del individuo la última instancia de apelación a la hora de evaluar una acción, no se puede hablar propiamente de mal sino únicamente en el sentido de lo que contraviene el orden de la comunidad10. A los individuos de la Antigüedad no se los puede valorar
8 Cfr. Págs. X y XV de esta monografía. 9
COLOMER. Pág. 366. 10
Es importante que tengamos presente de aquí en adelante la distinción hegeliana entre eticidad y moralidad. El lector será testigo de los problemas que trae consigo esta distinción. Empezaré por hacer una recapitulación kantiana para llegar a la definición hegeliana de moralidad. La conducta humana es el objeto de la moral. Para Kant, es necesario apelar a la naturaleza racional del hombre para determinar el valor de sus acciones. Cada individuo posee la facultad de la razón. Haciendo uso de su razón, el individuo es capaz de determinar la bondad o maldad de una acción. Desde el punto de vista de la moralidad kantiana, la razón es el juez último de la conducta. La moralidad kantiana, como se sabe, está influida por la concepción moderna del hombre y contribuye a su configuración. Hay una preocupación por encontrar una moralidad que tenga el estatus de la universalidad pero al mismo tiempo ocurre que la interioridad y la capacidad racional del individuo han cobrado interés a los ojos de los hombres. Así pues, Kant llega a una moral cuyo fundamento es la autonomía de la voluntad. El sujeto es el criterio para evaluar la moralidad de una acción. El sujeto, la subjetividad en general es el centro de la moralidad kantiana. Cuando Hegel usa el término “moralidad” piensa en la moralidad kantiana.
La eticidad está vinculada con las costumbres (œqoj) de un pueblo. Eticidad significa armonía entre lo que una comunidad ha instituido como universalmente bueno y malo por la costumbre y lo que el individuo en su particularidad juzga, a su vez, como bueno y malo con la ayuda de su razón. La eticidad es la conciliación de la subjetividad del individuo con la objetividad de la costumbre.
De lo dicho hasta ahora podemos concluir que la eticidad subsume a la moralidad pero de tal manera que ella siga existiendo en su determineidad. Al sostener que en la Antigüedad todavía no ha surgido la moralidad, Hegel está mostrando simplemente que, en esta primera etapa de la eticidad, no se cuenta con una subjetividad plenamente diferenciada. Hay una unidad intuida de la voluntad subjetiva (individuo) y la voluntad objetiva (comunidad); reina la indiferenciación. La eticidad antigua en cuanto unidad inconsciente, intuida, sentida de lo subjetivo y lo objetivo debe pasar por el dolor de la escisión y dar lugar al desarrollo de la subjetividad para convertirse en unidad consciente, pensada, para convertirse en concepto y, con ello, avanzar a la eticidad absoluta.
26
como buenos o malos sino en la medida en que dirijan su existencia hacia la satisfacción del interés general. “Los ciudadanos todavía no tienen conciencia de lo particular, ni por consiguiente del mal. La voluntad de los individuos que pertenecen a la comunidad es aún la voluntad objetiva; Atenea es el espíritu real del ciudadano individual”11. Como en la época antigua no existe la noción de individuo como ser autónomo, a éste, por tanto, no se lo puede responsabilizar de su conducta:
(...) ni la subjetividad se ha aprehendido todavía en su infinito derecho, ni la conciencia moral es la que da el impulso a la voluntad. (La conciencia moral impera cuando el sujeto busca y toma en su interior la decisión sobre lo justo, sobre lo que debe ser válido para él.) La voluntad particular, el interés particular, no debe haberse constituido todavía por sí, sino ser idéntico con la primera unidad, con lo sustancial como fin del Estado. Tan pronto como aparece la reflexión, surgen las opiniones y convicciones particulares, que pueden ir en contra de lo universal, en contra del deber; surge entonces la posibilidad del mal en general y de que los individuos hagan prevalecer sus fines e intereses particulares12.
Cuando leemos a Platón y a Aristóteles, dos de los grandes representantes del pensamiento antiguo, pronto se despliega ante nuestros ojos la concepción que tenían los antiguos de la comunidad. Los antiguos (y junto con ellos, Hegel) defendieron una visión orgánica de la sociedad. La sociedad es un gran organismo cuyas partes son los órganos o individuos. El trabajo de cada individuo al igual que el de los órganos de un cuerpo debe orientarse hacia el bienestar del organismo. Los individuos, las partes sólo adquieren valor por su pertenencia a la comunidad, al todo. Aristóteles piensa que el Estado o lo general es la esencia de los individuos ya que el individuo, separado del todo, no es en y para sí, como no lo es cualquier parte orgánica cuando se ve separada del todo13. Los individuos forman parte de un sistema que además de trascender su individualidad, es el que los determina en su misma individualidad. Desde esta perspectiva, el fundamento y causa final del individuo es el organismo social en el que
En la Filosofía del derecho, Hegel ahonda en esta subsunción de la moralidad bajo la eticidad. Allí, por supuesto, habrá un tercer elemento en juego, el derecho. La eticidad será la síntesis de derecho y moralidad.
Al principio de esta ya no tan corta presentación de la distinción entre moralidad y eticidad, dije que se trataba de una distinción que nos conduciría a numerosos problemas. Me es imposible no prestar atención a las preguntas que ahora me vienen a la mente. ¿Un individuo podría ser moral sin ser ético? Si la respuesta es afirmativa, qué valor podría tener una moralidad divorciada de la eticidad, es decir, una moralidad que se limita a la particularidad individual, como lo es la moral kantiana? Si la eticidad contiene a la moralidad, en qué consiste ese contenerla? ¿Es que acaso la eticidad al hacerse concreta se transforma en moralidad? ¿O es que el individuo es un ser moral y un ser ético a la vez? ¿O bien, será que el individuo en tanto eticidad particularizada, se hace moral y al hacerse moral expresa su carácter ético? No es mi intención responder a estas preguntas aquí pues, como sabemos, el tema central de este capítulo es la Antigüedad. Sólo espero que mi actitud mayéutica invite al lector a hacerse partícipe en la construcción de la temática que exploramos en este trabajo.
11
Fil. Hist. Pág. 454. 12
Ibid., pág. 455.
13 Cfr. Lecciones sobre la historia de la filosofía. Tomo II. Traducción de Wenceslao Roces. FCE. México, 2002. Pág. 316.
27
está inserto. “(…) los hombres habían visto la vida colectiva en su ciudad como la esencia y el sentido de sus propias vidas, habían buscado su gloria en la vida pública [de su ciudad], sus recompensas en el poder y la reputación dentro de ella y la inmortalidad en su memoria”14.
La eticidad antigua se vive como costumbre. “En la simple identidad con la
realidad de los individuos, lo Etico aparece como el modo universal de obrar de los
mismos —como costumbre—”15. Esto significa que lo que se juzga como bueno o malo no es producto de la reflexión interior del sujeto sino es, más bien, lo que la tradición ha convertido en éticamente aceptado por la repetición en el tiempo de una conducta. “La eticidad es en su primera forma costumbre, hábito”16. El uso define el valor ético de las acciones individuales. La voluntad de la comunidad se refleja en la costumbre y la comunidad, en tanto œqoj (ethos) y en tanto œqnoj (ethnos), constituye al sí mismo como entidad individual. En la Antigüedad, la costumbre y las leyes determinan, en consecuencia, el comportamiento individual. “(…) las leyes valen porque existen como leyes de la patria. No las obedezco por estar convencido de que son buenas, sino que constituye una simple costumbre, conforme a la cual vivo y que no admite otro fundamento y que yo acepto como buena, porque es la costumbre”17.
El Espíritu universal se materializa en los pueblos particulares y la eticidad es la sustancia de su historia. “La comunidad es una encarnación del Geist [Espíritu]”18. Desde el punto de vista de la universalidad, el Espíritu se hace concreto en el pueblo. Desde el punto de vista de la particularidad, el Espíritu se manifiesta en los sujetos miembros del pueblo19. “El espíritu, como universal por sí, es el espíritu político. Aparece en su individualidad libre como el espíritu de los sujetos, los cuales están penetrados de él y constituyen su eticidad. Este espíritu del pueblo es la polis (...)”20. La comunidad griega o polis (pÒlij) es la objetivación de la voluntad general. En ella aún no hay plena diferenciación del interés general y el interés particular. Las voluntades subjetivas están fundidas en la voluntad objetiva del pueblo. “(...) la individualidad ética forma de un modo inmediato y en sí una unidad con este su universal”21. Como el
14
TAYLOR. Pág. 378. La traducción y el material entre corchetes son míos. 15 Fil. Der. § 151. 16 Fil. Hist. Pág. 456. 17 Ibid., pág. 453. 18
TAYLOR. Pág. 378. El material entre corchetes y la traducción son míos. 19
“La comunidad es el espíritu que es para sí, en cuanto se mantiene en el reflejo de los individuos —y que es en sí o sustancia en cuanto los mantiene a ellos en sí. Como la sustancia real, es un pueblo, como conciencia real, ciudadano del pueblo. Esta conciencia tiene su esencia en el espíritu simple, en todo el pueblo, e inmediatamente en ello su verdad, y no en algo, por tanto, que no sea real, sino en un espíritu que tiene existencia y validez”. Cita de la Fenomenología. Pág. 263.
20 Fil. Hist. Pág. 452. 21
28
pueblo es la razón de ser del individuo, la polis es el lugar privilegiado en el cual el individuo se siente en su «ámbito propio», como dice Bourgeois22.
El Espíritu universal, en tanto sustancia ética viva que habita en el pueblo, se materializa en el Estado. En el Estado tiene su existencia lo universal. El Estado es, por consiguiente, la eticidad en cuanto universalidad concreta. Justamente porque el Estado es la máxima expresión de la sustancia ética y porque la Antigüedad es el momento de la identidad de lo universal y lo particular, con la consecuente primacía de lo universal, el Estado es el fin al que tiende toda individualidad. La patria viviente es el fin para los individuos23.
En el mundo griego, el Estado está por encima del individuo. Pero puesto que el