3.2 Fabrication
3.2.1 Lithography
En concordancia con la teología latinoamericana y la nueva moral cristocéntrica planteada por el Vaticano II, el seguimiento a Jesús es el camino propio de todo y toda cristiana que desea responder al llamado de Dios, al mismo tiempo “seguir a Cristo es el fundamento
esencial y original de la moral cristiana”129, lo cual lleva al hombre y a la mujer a la plena
realización de sí130. A partir de esta premisa moral cristocéntrica también se fundamenta la
soltería por el reinado de Dios, puesto que el célibe anhela profundamente adherirse a Jesús mediante el discipulado auténtico que se realiza en el seguimiento fiel a Él y su mensaje de liberación131.
129
Veritatis Splendor, 19.
130
Cfr. Novoa, Carlos, “Una perspectiva latinoamericana de la teología moral”, Pontificia Universidad
Javeriana, Facultad de Teología, Colección Teología Hoy Nº 30, Bogotá, 2ª Edición, 2005, 15.
131
A partir de la propuesta moral cristocéntrica, la teología latinoamericana ha promovido una moral teológica propia para su contexto social y religioso, la cual propone diferentes categorías teológicas que sirven a todos los cristianos y cristianas en su deseo de seguir a Cristo. Sin la más mínima intención de reducir la moral latinoamericana a un determinado modo de ser, para este trabajo se reflexionarán las diferentes categorías que aportan a la realidad existencial de la soltería por el reinado de Dios, desde las cuales se esperan obtener luces que ayuden a comprender la fundamentación ético teológica del celibato por el Reino- justicia en América Latina.
En el capítulo anterior se ha mencionado aquella experiencia profunda y encarnada del Señor traspasado quien habita en el mismo acontecer de la historia, la cual transforma a aquel que lo ha contemplado, moviéndolo a luchar por la liberación del empobrecido, oprimido y excluido de la sociedad. Al mismo tiempo, el célibe ha participado de la cadena transmisora de amor propia de la Santísima Trinidad, y puesto que se ha sentido amado por el Padre por medio del Hijo, desea seguir transmitiendo aquel amor que ha recibido a todos los demás. Es la experiencia de amor aquello que mueve al soltero consagrado a buscar vivir en comunión con Dios, con los hombres, las mujeres y la creación; es a partir de allí que se origina el deseo de salir de sí para dejarse tocar por Dios y así servir a la realidad en
la que vive132.
La soltería por el reinado de Dios para que realmente llegue a ser comprendida desde el seguimiento de Cristo, es necesario que configure la totalidad de la existencia y praxis del sujeto que desea responder a la invitación de la vida célibe. La soltería consagrada es un estado de vida totalizante que no se reduce a un mero funcionalismo, sino más bien, a una manera de ser en el mundo que responde a una experiencia concreta de fe que lo mueve a
ponerse en camino hacia el Padre en la búsqueda de hacer el Reino-justicia133.
132
Ibid., 25‐27.
133
De esta manera, el soltero por el reinado de Dios se identifica con Cristo, quien se encarna y se entrega a la humanidad. El célibe se asume igualmente hijo del Padre Eterno en la medida que responde al seguimiento de Jesús. Esto es lo que genera la fraternidad cristiana que despierta en él aquel amor incondicional y caritativo para con todos y todas, pero especialmente con aquellos y aquellas que han sido víctimas de las estructuras opresoras de
los modelos económicos, políticos y culturales de América Latina134.
El amor de Dios que nos dignifica radicalmente, se vuelve por necesidad comunión de amor con los demás hombres y participación fraterna; para nosotros, hoy, debe volverse, principalmente obra de justicia para los
oprimidos, esfuerzo de liberación para quienes más la necesitan135.
Pues bien, se ha determinado que la soltería por el reinado de Dios es fruto de una experiencia de fe e invitación concreta del Señor, quien anima al célibe a seguirlo, ofreciendo la totalidad de su persona a Dios y a su Reino-justicia. Es a partir de allí desde donde se podrá identificar la fundamentación ético teológica del celibato en el contexto de América Latina.
En Latinoamérica el célibe por el reinado de Dios se compromete con la lucha a comunicar los valores del Reino en aquellos lugares en los cuales han sido parcial o totalmente reemplazados por los anti-valores de la injusticia, desigualdad, intolerancia, entre otros. Puesto que el soltero consagrado responde a aquella invitación de seguir a Jesús, necesariamente la fundamentación ético teológica del celibato se identifica con el Señor. Ahora bien ¿Cuál realidad de Cristo es aquella que interpela al soltero consagrado en su lucha por instaurar el Reino-justicia de Dios en América Latina? ¿Cuál sería la
134
Cfr. Novoa, Una perspectiva, 25‐ 27.
135
fundamentación ético teológica que valida el ser y hacer del célibe para la liberación del empobrecido, oprimido y excluido social de este subcontinente?
Puesto que ha sido aceptada aquella relación intrínseca de la soltería por el reinado de Dios y la teología latinoamericana presentada en el capitulo anterior, se abordará toda la presente reflexión a partir de las afirmaciones teológicas y morales de la teología latinoamericana, con el fin de responder a las preguntas antes mencionadas.
Sin duda, hay un considerable número de experiencias y dimensiones de Cristo que alimentan las diferentes formas de seguimiento a Él. Ahora bien, solo se pretenderá identificar aquella experiencia cristológica latinoamericana que está a la base de la soltería consagrada para una América Latina justa.
En el continente latinoamericano, gracias a las experiencias liberadoras del pueblo y la sistematización teológica en contexto, ha sido posible descubrir una figura de Cristo propia de este subcontinente. El contexto social, político, y cultural de los empobrecidos ha posibilitado ver la estrecha relación existente entre los pobres y Jesús, para quienes dirige su buena nueva. A partir de allí nacen algunas características de Cristo que animan e interpelan al pueblo tercermundista, y más aún, a la soltería por el reinado de Dios que se historiza y desarrolla inserto en este continente.
La experiencia de fe del pueblo en situación de empobrecimiento, opresión y exclusión social ha hecho propia la encarnación de Jesús, es decir, Él no es entendido como un espectador más entre tantos, sino más bien, es uno más que se compromete y sufre con aquellos y aquellas que están siendo vulnerados y pisoteados por el sistema opresor imperante. La imagen que brota a partir de esta experiencia de encarnación es aquella de un Jesús cercano que se compromete con la realidad de los sin voz; es por eso que para el
pueblo latinoamericano Jesús es considerado como un hermano más, el cual también vive la
agonía de la injusticia, opresión, intolerancia, etc.136.
Otra de las figuras cristológicas propias, más no exclusiva, del pueblo latinoamericano es aquella del Jesús liberador que es identificado con el pasaje bíblico de Lucas 4, 18-19, el cual dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres. Me ha enviado para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor”. Esta manera de identificar a Jesús reluce aquella comprensión liberadora de Cristo, quien dedica su vida al servicio del Reino-justicia, para la transformación de la sociedad
opresora a una humanidad fraterna y justa137.
Ese Jesús sigue siendo hoy captado y querido como liberador; sigue generando dignidad entre los pobres, lo que les posibilita y mueve a organizarse como pueblo y pueblo de Dios; sigue generando compromiso, generosidad, lucha y entrega sin límites por la liberación de los pueblos; sigue generando la esperanza de que la liberación vendrá, aunque las dificultades sean ingentes y el reino de Dios no llegue cuando uno lo desee ni con la plenitud utópica
deseada138.
También es posible reconocer la figura de Jesús presente en la historia actual mediante su Espíritu que obra y se inserta en los signos de los tiempos. Aquel Cristo que continúa su pasión en el sufrimiento del empobrecido, oprimido y excluido social: “Lo que hicisteis con
estos más pequeños conmigo lo hicisteis” (Mateo 25, 40b)139. Aquel texto bíblico evidencia
136
Cfr. Sobrino, Jon, “Liberación con espíritu”, Sal Terrae, España, 1985, 204‐206.
137 Ibid., 206‐207. 138 Ibid., 208. 139 Ibid. 209‐210.
que Jesús habita en el débil y todo lo que se haga a favor de ellos ha sido realizado en Él,
quien está presente en la historia actual del pueblo latinoamericano140.
Otra característica de Cristo para el pueblo latinoamericano y para los célibes de este continente, es aquella que ve a Jesús como la buena noticia, quien vino a anunciar el Reino, y de manera especial a los pobres. Jesús invita al Reino, pero también interpela a los hombres y mujeres a hacer vida el anuncio de éste y la buena nueva, aun cuando la integridad física se pueda ver amenazada. Ha sido así como muchos y muchas se han
entregado a dicha misión y han reconocido a Jesús como la buena noticia141.
Los diversos aspectos de Jesús reconocidos por el pueblo latinoamericano sin duda marcan la experiencia cristológica y la fundamentación ético teológica del celibato en América Latina. Ahora bien, el célibe, tras la experiencia de reconocer a Jesús en el rostro del pobre, fundamenta su praxis ética cristiana en el Señor traspasado que habita en el rostro
concreto de tantos y tantas que están siendo víctimas del sistema opresor imperante142, los
cuales revelan los rasgos sufrientes de Cristo que indudablemente cuestionan al cristiano, y
para el caso, al célibe143. “Cristo se hace presente en los pobres y así nos interpela;
aliviando sus dolores y sirviéndoles a ellos, los cristianos servimos y amamos al mismo Jesús”144.
Aquella experiencia de ver a Cristo en el rostro de los más vulnerables es lo que despierta en los célibes por el Reino-justicia el deseo a decir, al igual que San Alberto Hurtado,
“Amen a los pobres, porque el pobre es Cristo". En definitiva esto es la fundamentación
ético teológica que mueve el ser y hacer de la soltería consagrada en América Latina; es la fuente espiritual que transforma e invita a la total y dedicada atención a los demás.
140
Cfr. Novoa, Una perspectiva, 99.
141
Cfr. Sobrino, Liberación, 210‐211.
142
Cfr. Novoa, Una perspectiva, 95.
143
Cfr. Puebla, 31.
144
“Nos hallamos avocados, pues, a realizar una práctica de amor preferencial hacia nuestros hermanos más pobres, en la ejecución de la liberación integral, como parte de nuestra vida
de fe y de nuestro seguimiento de Jesús”145. Estas palabras del P. Carlos Novoa, iluminado
por el P. Ignacio Ellacuria, invitan a todos los cristianos a vivir interesados y apasionados por la liberación integral de los más vulnerables, lo cual no deja de ser central también para aquel o aquella que desea vivir el celibato por el Reino-justicia en América Latina.
Como ya ha sido mencionado anteriormente, el soltero por el reinado de Dios ha vivido una experiencia del Señor traspasado, el cual se manifiesta en el rostro del empobrecido, oprimido y excluido de la sociedad: “No nos seducen ni tareas ni causas sino el rostro de Jesús donde ha aparecido la solidaridad y la ternura del Padre Dios. Un rostro, con todo,
machacado, ultrajado, «traspasado»”146. Esto es, sin duda, aquello que invita a vivir el
seguimiento de Jesús mediante la vida célibe, la cual desea ofrecerse gratuita y efectivamente a la realización del Reino-justicia.
3.1.2 Espiritualidad de la liberación, fuente de la fundamentación ético