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Local Luminosity Functions

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5.5 Luminosity Functions

5.6.1 Local Luminosity Functions

http://apps.americanbar.org/natsecurity/patriotdebates/206-2#rebuttal). Por otra parte, encontramos a defensores de la interceptación de los mensajes de voz (voicemails). Según, por ejemplo, OrinKerr (http://apps.americanbar.org/natsecurity/patriotdebates/209-212-and-220-2#rebuttal), tales intervenciones son muy razonables, puesto que con la legislación anterior se conmina a los cuerpos de seguridad a realizar registros en lugares físicos para obtener una información que podría obtener con otros medios menos invasivos y más sutiles. Así, que la ley anterior a la USAPA impele a la policía a “invadir los hogares” y “revolver los dormitorios de la gente”.

Se nos vuelve bastante difícil, por no decir imposible, responder a la cuestión de cómo se vivencia la dialéctica de la subjetividad norteamericana entre la posible sensación de pérdida hegemónica (cuestión a investigar por sí misma) y las políticas autoinmunitarias de la protección ciudadana que han llegado al paroxismo con la vigencia de la USAPA. El texto jurídico, sin duda, es una clara muestra de una subjetividad que ya está configurándose, no aquella a la que vemos nacer. A su vez, el USAPA no ha de verse alejado de un contexto estratégico que desea mantener la hegemonía. Así las cosas, nos encontramos con una situación de control intra y extra-estatal (global) que retroalimenta una serie de consecuencias en la conformación de la subjetividad de la población estadounidense que, en algunos elementos, escapa a la propia planificación de sus consecuencias: “Although the stated goal was fighting terrorism, the effect was the creation of the disaster capitalism complex –a full- fledged new economy in homeland security, privatized war and disaster reconstruction tasked with nothing less than building and running a privatized security state, both at home and abroad” (Klein, 2007, p. 299). Quizás sea demasiado arriesgado achacar una posible patología depresiva o masoquista ante tal situación de control sobre sí misma, dado que estamos hablando de la nación que se considera el nuevo occidente, que ha cortado sus raíces en el s. XIX con la decadencia europea. A EEUU le pertenece más bien un proceder maníaco e hiperoptimista que, si bien en algunos aspectos da muestras evidentes de incluir en sí elementos clave de un nuevo mitsein globalizado, habla aún la lengua imperial de principios del siglo XX: “A la translatio actionis a Estados Unidos –tras la renuncia de Europa después de 1945, un hecho consumado– se añade la translatio passionis, que desde el september eleven representa un nuevo color en la bandera americana. Desde que el superautor potencial puede presentarse también como supervíctima no hay nada que impida la movilización del país hacia el, así llamado, hacer historia universal; nada, excepto su tradición democrático- escapista” (Sloterdijk, 2007, pp. 288-9).

El mayor problema, a ojos de la política internacional moderna, es la contradicción patente entre el modelo clásico de hacer política un poco a la vieja usanza norteamericana, que parece buscar encubiertamente una reactualización del dispositivo inmunitario del katechon, y un modelo de circulación del capital del que pretende ser vaso comunicante principal pese a derivas contrarias a tal tendencia. Nos encontramos más bien en un marco de gobernanza global, en palabras de Hardt y Negri, es decir, en un marco de “estructuras reguladas que funcionan y producen normas, a menudo con arreglo a modalidades variables y ad hoc, en ausencia de una autoridad política general como una potencia hegemónica o un sistema internacional” (Hardt&Negri, 2011, p. 231). No queda tan claro, pues, que el unilateralismo estadounidense beneficie al capital en general (cfr. Hardt&Negri, 2011, p. 223-5). Todo esto, sin embargo, no nos arrastra necesariamente a una suerte de necesidad histórica que daría una muerte segura a un sujeto agonizante. El problema de ciertas interpretaciones de tal sesgo

Luis Javier Gálvez Aguirre y Pedro Perales Martínez

es atribuir la mortalidad a elementos que detectan como patológicos, asumiendo una suerte de presupuesto: que tales patologías han de entenderse en clave de negatividad y, además, tal negatividad implica la condena a la autodestrucción total del sujeto que la padece. No es este el caso completamente de Hardt y Negri, por ejemplo, conscientes ambos de la necesidad de establecer un suelo para la multitud que, aunque compartido con el suelo del capital, debe hacerlo salir del terreno de juego de un modo consciente y activo,

Han pasado ya 14 años desde la promulgación del Acta, y en contra de lo que la población tiende a pensar, ni tiene un carácter provisional ni supone una serie de ligeras modificaciones al US Code. Pese al decaimiento de la figura de George Bush hijo y sus políticas neoconservadoras de corte imperialista (cfr. Arrighi, 2007, p. 276), la USAPA, que presuntamente respondía a la urgencia del 11- S, ha sido mantenida y prorrogada por el gobierno de Obama. La USAPA ha venido para quedarse y para evidenciar una serie de características de la política contemporánea, quiera ser ésta entendida en términos de biopolítica o de psicopolítica. Desde el 2001 ha habido tiempo de sobra para analizar la UPA, sus modificaciones y sus consecuencias prácticas, y en cualquier caso, que una serie de representantes de la ciudadanía no estén bien informados acerca de una ley que se les insta a firmar por mor de la seguridad de su país es una muestra de hasta qué punto el dispositivo inmunitario se impone sobre la semántica y la pragmática de la democracia. En pos de esa llamada seguridad, la discusión parlamentaria queda echada a un lado, poniéndose con ello de manifiesto su carácter teatral (de puesta en escena, de escenificación de un conflicto deliberativo que en verdad no tiene lugar).

No es de extrañar que la política norteamericana, especialmente aquella de corte neoliberal, tope con impedimentos propios a la hora de aceptar un marco globalizador: siguen una lógica de exportación de un modelo simbólico cada vez más separado de su legitimidad moral y su potencia económica. Este despliegue de seguridad nacional no sólo ha de entenderse de puertas afuera en términos de injerencia que reinterpreta el casus belli medieval y la legítima defensa contemporánea: afecta por igual a la constitución de un ideal de comunidad que tiene más de bomba de relojería que de proyecto civilizatorio universalizable (dentro de la propia dinámica de lo que constituye un ideal): “para devenir objeto de «cuidado» político, la vida debe ser separada y encerrada en espacios de progresiva desocialización que la inmunicen de toda deriva comunitaria” (Esposito, 2009, p. 199). Con el declive del modelo soberanista se perdió a su vez el motor de su legitimación basado en el fear of death (cfr. Sloterdijk, 2001, pp. 31-41 y Esposito, 2003, pp. 55-7), pero han surgido otras modalidades de subjetividad, como la del “seguritizado”, que vive “con el miedo de una combinación de castigos y amenazas externas”, cuyo miedo más determinantes lo es “a los otros peligrosos y a las amenazas desconocidas, un miedo social generalizado” (Hardt&Negri, 2012, p. 31). Nos

resulta difícil aceptar sin más, no obstante, la idea de que “los poderes legislativos tienen ahora una capacidad muy debilitada, casi inexistente, de proponer proyectos sociales, gestionar presupuestos y, por encima de todo, controlar los asuntos militares”. Tales aseveraciones se llevan a cabo desde una propuesta de lo legislativo no sólo marcada por un esfuerzo de racionalidad jurídica y social, sino también regido por el presupuesto de que pueda existir una ideología a la que no le sean inherentes una serie de patologías no extirpables de la misma. Dicho de otro modo: la legislación no tiene el poder fáctico a día de hoy de elaborar proyectos del común, es cierto, pero tampoco genera proyectos de subjetivación sometida desde cero; más bien representan un punto cualquiera de una retroalimentación sintomática que ya estaba en juego, pues el USAPA, como ya vimos, no es una mera respuesta histérica.

Por supuesto, también hay un trabajo de fondo en toda formación de subjetividades, que son llevadas a cabo por el propio gobierno frente a respuestas contrarias a la situación legislativa planteada. Sin ir más lejos, “government will begin to promote the notion that dissent shold become increasingly unpopular. It does mean that there would be state and federal initiatives to make ‘patriotism’ a greater priority” (Michaels, 2005, p. 396).Tal situación conlleva la desventaja de aislar a la ciudadanía estadounidense del resto del mundo, dado cuán socavada ha quedado su imagen moral en política internacional en las últimas dos décadas. Esa cerrazón autoinmunitaria no sólo posee consecuencias de puertas para adentro: la percepción desde fuera podrá dejar con el tiempo a los EEUU una imagen menos carismática con la que ha justificado una serie de intervenciones militares y económicas internacionales.

En la frase tan manida que Heidegger recoge a su manera de Hölderlin se puede apreciar gran parte del espíritu de los pensadores de la ontología política: desde Negri a Agamben, desde Esposito a Sloterdijk. Dijimos que la USAPA puede entenderse según una lectura autoinmunitaria. Pues bien, “Inmune – señala Esposito – es el «no ser» o el «no tener» nada en común. Pero precisamente esta implicación negativa con su contrario indica que el concepto de inmunización presupone aquello mismo que niega, No sólo se muestra lógicamente derivado de su propio opuesto, sino también internamente habitado por él” (Esposito, 2006, p. 83). Esta noción del común implícita, que respira aires a la multitud preconizada por Hardt y Negri (si bien con tintes más trágicos en Categorie dell’impolitico) puede interpretarse poniendo el acento no tanto en el potencial liberador que hay desde dentro del problema, sino en el arrastre de lo “negativo” que se mantendrá tanto en una situación estable como en el mismo proceso liberador. El reto, por tanto, sería pensar la efectividad de la liberación sin la ilusión de ningún tipo de pureza ontológica de lo libre. Ni siquiera con el pueblo estadounidense, a quien le serían muy gratas tales elucubraciones.

Luis Javier Gálvez Aguirre y Pedro Perales Martínez

Bibliografía citada

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ROSENZWEIG, P. Terrorism is not just a crime

http://apps.americanbar.org/natsecurity/patriotdebates/206-2#rebuttal [Consulta: 12 de septiembre de 2015]

III Congreso Estética y Política: Metáforas de la multitud Universitat Politècnica de València

El Laboratorio di Comunicazione Milintante como ejemplo de

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