En distintos momentos el concepto de internacionalización se ha confundido con el de globalización. Si bien existe ―una relación compleja‖ entre globalización e internacionalización, el debate llevado a cabo al respecto de ambos conceptos, sumado al reciente y rápido desarrollo de las actividades internacionales de la universidad, ha fortalecido la tendencia a explicar, definir, y por lo tanto diferenciar ambos fenómenos (De Wit, 2011).
En este sentido mientras ―La globalización, una realidad clave en el siglo XXI, ya ha influido de forma profunda en la enseñanza superior. […] Definimos globalización
como la realidad formada por una economía mundial cada vez más integrada, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, la aparición de una red de conocimiento internacional, el papel de la lengua inglesa y otras fuerzas más allá del control de las instituciones académicas […]. La internacionalización se define como la variedad de
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políticas y programas que las universidades y los gobiernos implantan para responder a la globalización‖ (Altbach, Reisberg y Rumbley; 2009, p.7).
En la misma línea diversos autores, de distintas procedencias geográficas consideran, que la internacionalización universitaria es una respuesta que la institución da al proceso de globalización (De Wit, 2011; Altbach, 2008, 2009; Reisberg 2009; Rumbley, 2009; Gacel Avila, 2000; Corti, Oliva, De la Cruz, 2015, Beneitone, 2008; Siufi, 2009; entre otros). Precisamente se dice que: ―la internacionalización universitaria debe ser entendía como una de las más importantes y coherentes respuestas al fenómeno de la globalización‖ (Gacel Avila, 2000, p. 1).
La internacionalización es por tanto una respuesta a las necesidades planteadas por el escenario global y las exigencias a la educación superior (y la universidad) orientadas a responder a las presiones de la globalización económica (Garcia Guadilla, s/f).
Es por esta razón, y según la misma autora que los conceptos de globalización e internacionalización educativa son diferentes pero están dinámicamente interconectados. Globalización educativa es el flujo de conocimiento, valores, ideas, acreditaciones más allá de las fronteras nacionales, teniendo lugar interacciones en espacios extraterritoriales. La internacionalización, por su parte, es una de las maneras en que un país o una institución responden al impacto de la globalización (Garcia Guadilla, s.f, p. 36).
Tan importante es la globalización para abordar la internacionalización que, tal como mencionamos en el capítulo I, algunos autores han sugerido definir el concepto de internacionalización en relación directa a la globalización. Tal es el caso de Albatch (2004) quien define la internacionalización como políticas y programas específicos emprendidos por los gobiernos, sistemas académicos, instituciones, y aun departamentos individuales para bregar por la globalización o explotarla favorablemente, o Zarur, Miranda y Xiomara (2008) cuando hace referencia a la internacionalización como ―una de las formas en que la educación superior reacciona a los desafíos y posibilidades de la globalización‖ (p. 8).
Ahora bien, para relacionar ambos conceptos en el sentido de los autores, es necesario que nos preguntemos, cuales son los desafíos, así como oportunidades que la globalización como fenómeno externo a las instituciones universitarias le imprime a las mismas, a tal punto que la internacionalización entendida como proceso interno sea considerada la respuesta ―más importante y coherente‖.
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El proceso de globalización que tiene lugar en los diferentes planos de la vida social ha impuesto nuevos retos a la universidad latinoamericana (Krostch, 1997). El planteo realizado por el autor deja entrever que la universidad debe responder a estos retos impuestos desde ―afuera‖, más específicamente del escenario internacional.
Por un lado diversos autores consideran que se debe responder a la formación de los recursos humanos cualificados para desempeñarse en los ―nuevos tiempos‖. De esta manera durante la globalización las Casas de Altos estudios, se encuentran obligadas a desempeñar un ―papel fundamental‖; el formar cuadros profesionales capaces de operar con eficacia, adaptarse y desempeñarse en la nueva realidad global (Gacel Avila, 2001). En la misma línea Norberto Lamarra planteaba que es necesario preparar adecuadamente a los egresados con el perfil internacional, intercultural y global que requiere el nuevo siglo (Lamarra, 2014). Este nuevo desafío que debe asumir universidad, es fijado en parte, debido a las nuevas demandas requeridas por el mercado de trabajo global (Gacel Avila, 2001; Corti, Oliva, De la Cruz, 2015).
Por otra parte; y desde una concepción ―humanista‖, se plantea que el proceso de
internacionalizar la universidad responde a la mayor exposición y el contacto más frecuente e inevitable a nuevas culturas y formas de vida, que deriva de habitar ―el mundo globalizado‖. En este sentido el nuevo rol de las universidades también tiene que ver con
―procurar una educación humanista, de vocación social, que permita conocer y respetar las diferencias culturales del orbe, con el fin de lograr mayor equidad y paz‖ (Gacel Avila, 2000, p. 1). Desde esta perspectiva la internacionalización funcionaria como un medio que permitiría la vinculación de la comunidad universitaria con pares de otros países, naciones y culturas permitiendo un intercambio amistoso, que en base al mutuo conocimiento contribuiría a lograr la paz.
En línea con lo anterior la internacionalización sería un proceso que prepara a la comunidad para la participación en un mundo cada vez más interdependiente, promoviendo el entendimiento global y desarrollando habilidades para vivir y trabajar eficientemente en un mundo multicultural.
Si bien se coincide con los puntos de vista citados con anterioridad, esta tesis considera que la globalización no es neutral. Por lo que no puede ser analizada en su complejidad (tanto el concepto como sus efectos), observando solamente una conjunción
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de hechos que escapan a nuestro control (total), dejando de lado las consideración e interpretaciones políticas.
Por otro lado, desconocer las nociones políticas dentro del fenómeno de globalización no nos permite definir correctamente de que hablamos cuando hablamos de ―internacionalización como respuesta a la globalización‖.
Estamos de acuerdo con que la internacionalización universitaria es una respuesta a la globalización, pero es fundamental tener en cuenta que la interpretación que se haga de la globalización, determinara la forma en que las universidades responderán a ella mediante la internacionalización.
Resulta menester retomar los conceptos de De Sousa Santos, de ―globalización neoliberal o hegemónica‖ y de ―globalización contra-hegemónica‖, para entender, más claramente, de qué forma se puede referenciar a la internacionalización universitaria como una respuesta a la globalización.
De Sousa Santos (2008) plantea que desde la llegada de la ―globalización neoliberal‖, impuesta internacionalmente desde la década de los ‘80; como resultado de la ―pérdida de prioridad‖ que el Estado ha dado en ese contexto a todas las políticas públicas (tales como: la salud, educación y seguridad social), la universidad ha sido fuertemente afectada. Esta ―pérdida de prioridad‖, traducida en disminución de financiamiento, ―sirvió para justificar la apertura generalizada del bien público universitario en bien para la explotación comercial‖ (p. 169).
Siguiendo la línea del autor la internacionalización universitaria, aggiornada a la concepción de la ―globalización neoliberal‖ buscaría dar respuesta a los ―baches‖ existentes entre el financiamiento adquirido a través del Estado y el requerido para garantizar sus funciones.
De esta forma el proceso de internacionalización universitaria, en Latinoamérica, respondería a la búsqueda de financiamiento externo, por sobre todas las cosas, generándose las condiciones necesarias para la privatización de la Educación Superior, la creación y difusión de conocimiento que no interpele el statu quo internacional, servil a los intereses de los países centrales, despreocupado a dar respuesta a las problemáticas que sufren nuestros países derivadas principalmente de la desigualdad que existe hoy en día tal
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cual está ―el mundo‖. Tendencias todas, asociadas al desarrollo del proceso de internacionalización que se caracterizó como ―hegemónico‖ en el Capítulo anterior.
En contraposición a lo anterior De Sousa Santos (2008) plantea que la universidad como actor de la escena internacional debe contribuir a gestar la denominada ―globalización contra-hegemónica‖, entendida esta como una alternativa y solidaria, basada en la universidad como bien público, que tiene como objetivo central responder positivamente a las demandas sociales para la democratización radical de la universidad.
La nueva transnacionalización se apoya ahora en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, y en la constitución de redes nacionales y globales donde circulan nuevas pedagogías, nuevos procesos de construcción y de difusión de conocimientos científicos y otros, nuevos compromisos sociales, locales, nacionales y globales. Desde esta perspectiva el objetivo de la formación de recursos humanos debería ser que promuevan el desarrollo sostenible y la equidad, por sobre la formación en materias del mercado (De Sousa Santos, 2008).
Desde este punto de vista la internacionalización universitaria constituiría una herramienta a disposición de las universidades indispensable para formar estos espacios, o redes desde las cuales se deberían criticar el actual orden económico, que presupone desarrollos asimétricos así como condiciones de vida entre países y ciudadanos del ―Norte‖ y ―Sur‖, en pocas palabras, siguiendo el razonamiento de De Sousa; la internacionalización terminaría por ser una herramienta para oponer a la ―globalización neoliberal‖ una ―globalización contra-hegemónica‖.