fetal movements
5.3 Study design, population and data collection
5.5.3 Log-binomial regression
La primera de las perspectivas hace re�erencia a una corriente más tradi- cional donde la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) es vista como una legitimación de las organizaciones. Dentro de esta perspectiva, las no- ciones o definiciones de RSE abundan y no se puede establecer un punto de unificación.
Algunos autores sostienen que, bajo esta primera corriente, se considera que la RSE ha su�rido una evolución conceptual, pasando por tres etapas:
1. Filantropía empresarial. El primer estadio de la evolución del con- cepto de RSE hace re�erencia a aquellas acciones unilaterales de las organizaciones que tienen por objeto mostrar una cara amable de las firmas a través de inversiones concretas que son escogidas de acuerdo con los interés de las propias compañías, teniendo en cuenta los beneficios que se pueden obtener con respecto a distin- tos �actores como mejoramiento de imagen corporativa, re�orza- miento de marca, entre otros.
Algunos exponentes importantes han hecho su aporte dentro de esta tendencia evolutiva del concepto de RSE. Así, de acuerdo con
Porter (2003, p. 11): “La filantropía puede ser a menudo el me- dio más rentable, y en ocasiones el único, para mejorar el contexto competitivo. Permite que las empresas utilicen no sólo sus propios recursos, sino también las iniciativas y las in�raestructuras existen- tes de organizaciones no lucrativas y otras instituciones”.
Porter, como principal exponente y de�ensor de la adquisición de ventajas competitivas y análisis estratégicos, califica la RSE como filantropía, la cual representa unos beneficios a futuro, si se le ve como una herramienta para mejorar la posición competitiva. 2. Responsabilidad Social Empresarial. En este estadio se han vinculado
la mayor cantidad de definiciones y preceptos sobre lo que este concepto realmente debe significar.
Para Valenzuela (2005, p. 239) la RSE significa:
Compromiso con la satis�acción de las necesidades del medio am- biente, de la sociedad y de los trabajadores, con una intensidad si- milar a la generación de valor para los propietarios, que se refleja tanto en las estrategias, como en las acciones de la empresa, en cuya construcción participan activamente mediante el diálogo, todos los grupos de interés, en un escenario de justicia y responsabilidad. Como es evidente, esta definición hace referencia de manera ge- neral a la satis�acción de las necesidades de tres actores: el medio ambiente, la sociedad y los trabajadores.
De acuerdo con Cegarra y Rodríguez, “las prácticas de gestión so- cial, son acciones tomadas por la empresa para llevar al máximo el impacto de sus contribuciones en dinero, tiempo, productos, ser- vicios, influencias, administración del conocimiento y otros recur- sos que dirige hacia las comunidades en las cuales opera” (2004, p. 55).
Por su parte, para el Centro Colombiano de Responsabilidad Em- presarial (CCRE), la RSE es “la capacidad de respuesta que tiene una empresa o una entidad, �rente a los e�ectos e implicaciones de
sus acciones sobre los di�erentes grupos con los que se relaciona (stakeholders o grupos de interés)” (2007).
3. Ciudadanía corporativa. Como su nombre lo indica, hace re�erencia específicamente a las organizaciones, y el significado básico es que las firmas deben ser “buenos vecinos”.
En este sentido Zadek propone un modelo de curva de aprendi- zaje en cuanto a la capacidad de desarrollar responsabilidades corporativas. El concepto implica que cuando una organización intenta establecer algunas prácticas socialmente responsables, ésta pasa por una serie de etapas: de�ensiva, cumplimiento, gestión, estratégica y civil (2005, p. 5).
Para Waddock la ciudadanía corporativa “representa los es�uer- zos de los líderes de los negocios para ‘hacer el bien’ voluntaria y abiertamente en la sociedad, con la esperanza de crear confianza y una buena reputación entre los clientes, empleados e inversionis- tas, así como con los activistas, comunidades y el gobierno” (2005, p. 21).
Ahora bien, dentro de esta primera corriente se han hecho di�e- rentes aportes que de una u otra manera impulsaron el desarrollo de la investigación y la aplicación de los resultados obtenidos en el mejoramiento de las relaciones empresa-sociedad. Uno de los principales aportes en este sentido �ue el realizado por Freeman (1984) a través de su construcción de la teoría de los stakeholders o grupos de interés. Como lo plantea Wood (1991, p. 389), dicha construcción teórica ayudó a proveer “una respuesta a la pregun- ta, ¿hacia quiénes debe ser socialmente responsable la empresa?”. Su definición responde claramente a dicha pregunta: “Cualquier individuo o grupo que puede a�ectar o es a�ectado por las activi- dades de las empresas” (Freeman, 1984, p. 46).
Sin embargo, no �ue sino hasta el trabajo de Mitchell, Agle y Wood (1997) cuando realmente se sentaron las bases para una construc- ción mucho más aplicada y pragmática del concepto de stakehol- ders. En este trabajo, los autores buscaron responder al problema de cómo identificar a esos individuos o grupos que Freeman (1984)
había logrado determinar como esenciales para las consideraciones operacionales y de subsistencia de la organización en el largo plazo. Así, la teoría de los stakeholders, y más concretamente la combina- ción de tres elementos constitutivos (como mecanismo de identifi- cación) –poder, legitimidad y urgencia–, se ha convertido en un hito re�erencial en el estudio de la RSE. De la misma manera, la metodo- logía de identificación de esos grupos de interés se ha constituido en una herramienta gerencial imprescindible para el sostenimiento competitivo de las firmas en el entorno global actual.