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Longitudinal semi-structured interviews (complemented by documentary data)

4.3 With a critical angle

4.5 Fieldwork: Data gathering

4.5.1 Longitudinal semi-structured interviews (complemented by documentary data)

Los términos no son equiparables —"simbólico" no es equiparable a "adentro", ni "real" es equiparable a "afuera"—; sustituyen, sin equipararse. Pero implican un primer

deslizamiento hacia lo que va a estar en el centro de este texto de los Escritos, y en el centro de la manera en que ha sido leído ese texto. Y es que en este texto «De una cuestión preliminar...», lo que encontramos es que no es ni de lo simbólico, ni tampoco de un "adentro psíquico", que va a ser verworfen, forcluido, rechazado, el significante del Nombre-del-Padre, sino del Otro, del lugar del Otro.

Ahora bien, este Otro no puede ser identificado sin más al orden simbólico. Este Otro es el lugar donde "ello habla", por un lado, es el depósito del significante, donde han precipitado todos los términos de la lengua, donde son ingresadas también las

novedades de la lengua, etc., y además, en este momento de Lacan —esto lo podemos ver analizando el llamado esquema L—, comporta una especie de bifidez, porque, al mismo tiempo en que se postula como sede del código, es decir, un lugar, algo tan desubjetivado como un lugar, en todo caso una instancia virtual del propio sujeto, si me permiten este modo impropio de hablar, es también postulado como el Otro-sujeto, un sujeto que es Otro para el sujeto. Punto importante a tener en cuenta al leer este escrito de 1958, en la medida en que sobre este escrito todavía no han caído las afirmaciones relativas a que no hay intersubjetividad y a la inexistencia del Otro. Pero de todas maneras, el esquema sigue siendo prácticamente el mismo, en este sentido: que el Nombre-del-Padre va a ser forcluido, verworfen, del lugar del Otro:

lo que retorna Nombre-del-Padre el lugar del Otro

Ahora bien, el problema es éste: lo que retorna, ¿a dónde retorna? No se podría

verdaderamente decir que retorna al Otro, precisamente en la medida en que el Otro no es equiparable a lo que está en juego en estas divisiones entre "adentro" y "afuera" o entre "simbólico" y "real". La fórmula sigue valiendo: lo rechazado de lo simbólico retorna en lo real — pero con esta precisión, a saber, que el Otro no puede sustituirse sin más al registro de lo simbólico. El Otro es el lugar del significante, donde "ello habla" — y "ello" va a seguir hablando, va a seguir hablando, digamos, en la neurosis y en la psicosis — la diferencia es que, en la psicosis, hay algo otro —lo digo ya: una falla en la función de lo imaginario— que impide apropiarse de esa palabra de "ello" en el Otro; lo digo de otra manera: que implica la imposibilidad de desconocer la radical exterioridad constituyente por la que el sujeto, antes de hablar, es hablado.

Bien. Este era un punto importante que me parecía necesario destacar en este esquema, malo, pero que no obstante nos permite seguir interrogando las dificultades que puede presentar este escrito: que hay una serie de deslizamientos que conviene precisar, en la medida en que Lacan pasa insensiblemente de un plano a otro, sin avisar. Pasamos así del plano de la Bejahung, opuesta a la Ausstossung, que remite a la afirmación o no, a la incorporación o no en el cuerpo de lo simbólico, al plano de la existencia, o no, del rechazo, Verwerfung, o no, de un significante particular en el lugar del Otro. Este es un primer punto.

Segundo punto. Lo que retorna de este rechazo no es homogéneo a lo rechazado. El Nombre-del-Padre está forcluido, pero lo que retorna no es el Nombre-del-Padre. Y entonces esto nos deja una interrogación relativa a: ¿qué retorna? Entiendo que el escrito responde a esta pregunta.

Tercer punto, ya se los he mencionado. Que a este esquema conviene ya agregarle algo que está muy cerquita en la enseñanza de Lacan, y es que la estructura del Otro —lo empezamos a leer en el Seminario 6, sobre El deseo y su interpretación— comporta un agujero, una ausencia en el Otro, la inherencia de un (-1) de significante al hecho de que el sujeto debe contarse en el Otro y no llenar en él otra función que la de falta. Por lo tanto, la forclusión del Nombre-del-Padre, que consiste en la ausencia contingente de un significante, de este significante del Nombre-del-Padre, no es lo que, sólo eso,

descompleta la estructura del Otro, sino que esta estructura del Otro está ya

descompletada, no contingentemente descompletada, sino por la inclusión del sujeto, y entonces el estatuto del Nombre-del-Padre ya no puede ser leído en términos de aquello cuya ausencia agujerea al Otro — lo que con el tiempo va a implicar que Lacan pueda pasar a los nombres del padre, y al estatuto ya él mismo de suplencia y suplementario del Nombre-del-Padre.(14)

No obstante, también —estoy un poco desordenado, discúlpenme— me parece importante señalar que la palabra suplencia no tiene el mismo estatuto —me estoy peleando con las maneras reductoras de entender las cosas, que suelen complicarlas más a poco que uno se detenga en ello— la palabra suplencia no podría tener el mismo estatuto en este primer período de Lacan que en el período nodal, aunque la palabra se mantenga. Porque... a ver cómo lo puedo decir: porque en este período la palabra suplencia remite, vamos a decirlo así, a lo que viene en el lugar de un agujero, de una falta. Allí donde hay algo del orden de un agujero, la suplencia, lo que suple, viene de alguna manera a compensar, a colmar ese agujero. En este sentido, no muy preciso, a esta palabra ya la podemos localizar por ejemplo en los desarrollos de Lacan sobre

Juanito, en el curso del Seminario 4, sobre La relación de objeto. En ese Seminario, la tesis es que hay una carencia del padre real —no se trata de una forclusión, no es el padre simbólico, el Nombre-del-Padre, el que falta en el complejo—, y entonces el caballo, ese objeto en posición de significante, suple, hace suplencia, y así introduce una especie de metáfora paterna ad hoc. Un poco después, en este escrito «De una cuestión preliminar...», tenemos que el Nombre-del-Padre falta —aquí sí estamos en el terreno de la forclusión—, y lo interesante es esto: que si el delirio estabiliza(15) —pero no

conviene confundir la estabilización con la suplencia, como hacen algunos autores demasiado frecuentados—(16)la palabra suplencia, que aparece en este escrito, aunque relacionada al agujero, parece lejos de la única función "correctiva" que suele

acordársele:

No cabe duda que la figura del profesor Flechsig, en su gravedad de investigador [...], logró suplir el vacío bruscamente vislumbrado de la Verwerfung inaugural... (17)

En fin, para terminar con este resumen del primer período, si consideramos el agujero propio de la estructura, también podemos plantear ya al Nombre-del-Padre, cuando está, como una de las suplencias posibles para ese agujero.

No obstante —esto lo van a entender mejor quienes siguieron mi seminario de 1995, (18) porque ahora no me puedo detener en esto— no obstante, el cambio de perspectiva aportado por el período nodal de Lacan es que la suplencia, si en el primer período la suplencia es lo que viene en el lugar del agujero —para "remediarlo", digamos, aunque ese "remedio" sea peor que la "enfermedad", como suele ocurrir con los remedios, porque si la "enfermedad" es el agujero de la estructura donde anida la función del sujeto, el "remedio" es el síntoma—, en ese último período, nodal, pasamos a otra lógica, porque ahora de lo que se trata no es de tapar un agujero, sino de introducir un agujero, porque es un agujero nuevo, el agujero sinthomático —un agujero consistente, y también ex-sistente— el que produce el anudamiento de los registros. ¿Se entiende esto? En los Seminarios nodales, hace falta una suplencia, porque falta un agujero, no porque haya un agujero. Este agujero cuarto, agujero consistente del Nombre-del-Padre o del sínthoma, anuda, hace cadena, cadena borromea, eventualmente borromea.

Está bien, veo algunos rostros que reflejan cierta incomprensión. Pero aunque los que no están al tanto de los Seminarios nodales, el R.S.I., El sínthoma, no lo entiendan, se los digo para que les quede como algo que alguna vez podrán retomar. Previo al planteo nodal, lo que tenemos es: agujero, y suplencia para remediar o compensar el agujero. El problema es el agujero: agujero en la cadena, agujero en el Otro, etc... En los

Seminarios nodales, tenemos que es preciso un agujero más, porque lo que hace nudo, cadena, es un agujero más: llámese a éste Nombre-del-Padre o sínthoma.

Un punto más, dentro de este contexto, en parte polémico. Todo el planteo de este período —el correspondiente al de este escrito «De una cuestión preliminar...», que es el período de la primacía de lo simbólico— es el siguiente: el significante tiene una

función de mortificación de lo vivo del cuerpo, o también: de vaciamiento del goce. En relación a este punto, quisiera hacer dos observaciones.

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