2.6 DATA GATHERING
2.9.7 Management of the data
Estar en una parte en paz, que no haya rencor, para mí quiero… que no hubiera más derrame de sangre que lo que uno ha vivido. Entonces veo que no se hace
mucho porque para mí todas las ilusiones ya se me están apagando. Todo lo que yo quiero soñar y seguir hacia delante, siempre esa gente me las pagan de una manera que yo no veo, porque… como yo les dije a ellos: las autodefensas me ma- tan a mí esposo, ahora ustedes siendo la guerrilla vienen a quitarme los hijos que es lo único que yo tengo para seguir hacia delante. Ahora ustedes vienen a apagar esa ilusión. ¡Ya no más! Yo le dije a ellos, ¡ya no más, yo he sufrido mucho! Que usted no sabe qué es el sufrimiento de uno de mujer. Vereda la Petronila, Quindío, 1997, P.776.
La injusticia de la guerra
La injusticia del abandono del Estado y de la dinámica de la guerra teje los hilos de los testimonios de las mujeres entrevistadas. Muchas de ellas hacen reflexiones sobre el cos- to de la violencia para las mujeres, y de la injusticia de los hechos sufridos. También en algunas ocasiones incluyen reflexiones más generales sobre el impacto de la guerra en sus comunidades y en el país, donde sucesivas generaciones, muchas veces de las mismas familias, han sido afectadas. Y donde las mujeres han enfrentado sus consecuencias de manera dramática una y otra vez.
Y en estos días que yo hablaba con ella, yo le decía, mami, porque será la vida así tan terrible, tan dura, mira que tú fuiste sacada de allá de tu familia, te alejaron de tu familia de una manera miserable, por quitarte tus hijos. Y mire, se repite nuevamente ahora, matándome mi esposo, y alejándolo de mis hijas. Mire que es
algo que de alguna manera se ve diferente, pero a la final, termina con lo mismo: el conflicto armado. Termina en las mismas personas. Entonces ella me decía,
mija hay que seguir adelante, mire yo como he luchado, los crie a ustedes, les di
estudio, mire aquí estoy. Ella ha sido una mujer muy fuerte, muy valiente, muy
trabajadora. El Dovio, Valle del Cauca, 2010, P.828
La amplitud de la violencia sufrida, las violaciones y abusos de derechos humanos come- tidas por los distintas partes del conflicto y la represión contra la población civil, suponen
un cuestionamiento general del país y de la descomposición del conflicto y del sin sentido al que ha llegado la guerra.
Lo que menos esperábamos nosotros como comunidad o el país colombiano de que en una casa santa como esa, iba a haber un desastre como el que hubo, matar semejante cantidades de niños, adultos y no sabemos él por qué. Mocoa, Putumayo, P.449.
También reivindican un papel activo de las mujeres para enfrentar las situaciones de marginación e injusticia que están en la base de la guerra y de las violaciones de dere- chos humanos cometidas hasta hoy en día. La esperanza de muchas de ellas es que estas situaciones se conozcan. Que las mujeres puedan contar sus experiencias y denunciar la violencia de que han sido objeto. Y que eso contribuya al cambio social en Colombia.
Creo que es necesario que muchas mujeres nos levantemos porque esa es la injus- ticia que hay en el país. A mí me han pasado todas las situaciones de violencias de violaciones de derechos humanos, las formas habidas y por haber me han pasado. Pero eso que siento que le ha pasado a muchas mujeres que quizá son mucho más vulnerables, porque no han podido siquiera hablar o decir la verdad. Tierraden-
tro, Cauca, 2008, P.317.
Las mujeres que viven especialmente en las zonas de mayor presencia del conflicto arma- do, señalan también algunos de los mecanismos que han seguido haciendo posible esta violencia que para muchas carece de sentido. En sus explicaciones se mezclan la necesi- dad de tener un desarrollo y una buena vida en sus comunidades con la falta de expectati- vas de los jóvenes, y cómo las estrategias de la guerra han supuesto un mayor involucra- miento de la población civil, a través del reclutamiento, los medios proporcionados por los actores armados o el uso de la violencia en el medio local como una forma de poder.
Me afectaron mucho porque en el mundo que vivimos unolucha por una causa. Uno no quiere que nuestros hijos, ni el vecino ni aquel pelado se meta en el con-
flicto, ni que los utilicen por su situación económica que allí les dan 20 mil que allí 50 mil, porque en la casa tiene muchas necesidades y uno los levanta con
un respeto y una prudencia. Y luego se le salen de las manos y la mamá, por la situación económica, acepta que el hijo le traiga muchas veces cosas que no es-
tán contempladas trabajando honradamente. En estos barrios populares llegan y
utilizan estos pelados y los ilusionan. Son muchachos que no tiene cultura, viven
en una situación económica de pobreza por falta de oportunidades. Entonces el pelado se involucra en cosas. En mi caso yo decía uno sí es bobo fortalecer una
familia en la vida y decirles que al ejército al que cumplirle la ley. Y mi hijo fue al estadio y se lo llevaron en un carro a prestar servicio militar porque “era la ley”.
Manrique, Antioquia, 2002. P.16.
Frente a esa situación, las mujeres reclaman justicia como un mecanismo de preven- ción. En este caso se trata de los casos de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por
miembros del ejército, y publicitadas posteriormente como “falsos positivos”. Parte de los mecanismos que hacen posible el horror sigue siendo el uso del lenguaje para tapar las responsabilidades o minimizar los hechos. Hubieran sido “positivos” si eran guerri- lleros muertos en combate, aunque ese lenguaje minimiza el hecho de que pudieran ser ejecutados cuando estaban detenidos o indefensos. Fueron “falsos” porque fueron civiles secuestrados y ejecutados después de ser vestidos y aparecer como guerrilleros para co- brar las recompensas y mejorar las estadísticas de la guerra. Todo ello produce también un cuestionamiento del Estado y de la confianza de la gente en las autoridades, que tiene efectos a largo plazo. En este caso se señala la limitación de la investigación, en un con- texto donde miembros del ejército simularon pruebas y donde había numerosos testigos de los hechos.
Entonces, yo no creo, en justicia no creo. No. Pero yo lo único que pido es justicia.
Porque yo sé que, que a uno le den plata, la vida de mi hija no valía la plata, y nunca va a valer, yo sé que la plata se gasta, pero no, yo pido justicia, que haya justicia para todos los treinta. Porque no es el que los tres que dispararon, que
no sé qué, que no sé cuántos. El comandante no está incluido, ni el teniente, ni el
sargento, que comandaba ese grupo, nada, entonces ¿cómo es eso? Simplemente son los campesinos, a los que les obligan hacer eso, los que tiene que pagar, y las grandes cabezas se quedan riéndose, entonces, pues... Peruanza de Garzón,
Huila, 2006, P.859.
Esta ignominia, que parece sacada de una película de terror, es parte de lo sucedido en Colombia, y de lo que, más allá de los responsables de menor nivel, las víctimas reclaman que el país tiene que investigar y cambiar para prevenir la violencia.
Nunca me imaginé que me iba a encontrar en esta situación, pero desafortuna- damente esa es la vida que estamos llevando en Colombia y…aquí estoy en una lucha para demostrarle al mundo entero y a Colombia que mi hijo no era un subversivo, que mi hijo no era ningún guerrillero, que mi hijo era un joven como cualquier joven de Colombia, lleno de ilusiones, lleno de proyectos de vida, pero estos militares…primero, estás personas sin escrúpulos, eh…los reclutadores sin escrúpulos, personas que de pronto no tienen hermanos, no tienen sobrinos, no tienen nada, eh…sacaron a estos chicos con engaños y luego traerlos a Ocaña, entregárselos a los…a los militares para que ellos hicieran con estos muchachos lo que ellos quisieron. Qué triste. Ocaña, Norte de Santander, 2008, P.788.
Nunca nos iba a tocar
A pesar de que el conflicto armado colombiano lleva activo desde hace cinco décadas, una buena parte de la población no se vio afectada directamente por el mismo hasta la gene- ralización de la guerra, el uso de estrategias de implicación de la población civil, las ma- sacres colectivas y el desplazamiento forzado especialmente de los últimos quince años.
La injusticia de la violencia contra la población civil se dio durante muchos años contra miembros de colectivos políticos, sindicatos u organizaciones que luchaban por un cam- bio social.
Empieza a funcionar la UP con un comité aquí, en el departamento de Risaralda,
muy bien. Se hacían actividades diversas, movilizaciones, encuentro con los cam- pesinos, con los trabajadores de las fábricas, con los maestros…los estudiantes
también en las Universidades. Hubo mucho entusiasmo. En 1987, el 11 de octu- bre, fue el asesinato de Jaime Pardo Leal. Para mí, fue el primer hecho donde, mejor dicho, me dolió el alma, no solamente desde el punto de vista político sino personal. Jaime Pardo Leal ya había estado con nosotros en estas tierras, un hombre profundamente alegre, visionario, un hombre que sabía y que tenía metido el país en su cabeza, que sabía qué era lo que se quería, que venía haciendo una denuncia de una serie de funcionarios y de personas militares, del cuerpo… de la
élite militar de este país, ¡Hijuepúchica! Y cuando el 11 de octubre lo asesinan, ¡Eso fue un golpe aterrador! Pereira, Risaralda, 1987, P.691.
El desplazamiento de la guerra a múltiples lugares y regiones del país, las estrategias de control territorial y de la población civil, y la generalización de la violencia especial- mente en las áreas rurales, hizo que cada vez una mayor parte de la población se viera directamente afectada. Mientras otros sectores de la población han visto la guerra como “cosa de otros”, que se ve en la televisión o que sucede en lugares lejanos de la propia cotidianeidad.
Creo que lo que sucedió fue por el conflicto que estamos afrontando aquí en el
país, y que a nosotros nos tocó vivir. Vivir esa situación que nunca uno pensó que
le iba a tocar, pero nos tocó. Eso sí me cuestiono yo, y uno dice cómo es que nos
pasa a nosotros, esto a mí por qué. Uno veía las noticias y veía que le pasaba a los demás, pero uno nunca piensa que le va a pasar a uno y de eso que uno está
prevenido. Yo me volví más prevenida y desconfiada. Entonces ya cuando los mu- chachos van salir, les dice: acuérdense muchachos, vayan acompañados, no estén solos mire tal cosa. Granada, Antioquia, 2002, P.46.
Muchas víctimas nacieron en contextos donde esa violencia, a pesar de que se fue agu- dizando, llevaba décadas, y vivieron con el riesgo y la amenaza durante años. Otros mu- chos, han ido sufriendo sus consecuencias y la sevicia y amenazas contra la población de forma creciente, sin ser consciente de lo que pasaba en el país. Los estereotipos sobre los “terroristas” que se utilizaron en el pasado para criminalizar o justificar la represión contra diferentes sectores de oposición o grupos de población, se han ido generalizando como parte de los mecanismos que contribuyen a justificar la violencia.
Claro, eso nos afectaba mucho porque las compañeras, por ejemplo, empezaron a preguntarme y a decirme: “Ay, pero mire lo que está diciendo el periódico, que us- tedes tenían armas guardadas, que ustedes eran guerrilleros, que ustedes estaban
apoyando los miembros de las FARC, y nosotros pensando pues que ustedes eran personas honorables”, entonces, para desmentir eso es una cosa muy tremenda, como decía mi mamá: “Después de la calumnia, queda la duda”, y entonces para
uno volver a que le devolvieran su buen nombre ¡Eso costó mucho! Para que las
personas volvieran a creer en nosotros, porque nosotros hacíamos parte de la Unión Patriótica, pero de manera legal, siempre tuvimos nuestros trabajos lega- les, o los unos eran maestros, otros ingenieros, u otros profesores universitarios…
Pereira, Risaralda, 1987, P.691.
La insensibilización frente al sufrimiento de otros sectores genera una justificación de las agresiones y una falta de respeto a los derechos humanos que pierden su valor en una sociedad. Esta insensibilización es parte de la deshumanización que conlleva la guerra, pero también es utilizada políticamente para justificar las acciones. Para mucha gente estos estereotipos incluyen etiquetas que suponen una marca moral sobre las víctimas, y formas de sospecha o justificación.
Todo eso a nosotros nos tocó porque eso desorganiza una familia desde abajo has- ta arriba y uno no sabe en ese momento cómo responder, qué decir, porque lasti- mosamente estamos en una sociedad donde a veces le matan a uno un ser querido y la respuesta de la gente es: ¡por algo sería! ¡Por algo sería que se lo mataron! Pero cuando le toca a uno, le toca a uno la carne que le duele a uno, que sabe que es sangre de su sangre, cuerpo de su cuerpo, ahí es donde llega uno a preguntar y uno dice: ¿por qué? (sollozos). Barrancabermeja, Santander, 1999, P.719.
Entre la responsabilidad y el buen nombre
Al referirse a sus seres queridos asesinados, muchas mujeres señalaron esa injusticia di- ciendo “era una buena persona”. En esa expresión se concentra el cariño por sus hijos e hijas o esposos, pero también el sentido de injusticia y la reivindicación de su buen nombre. Expresan la percepción de que sus vidas estaban al margen de la guerra, y de que quien no está involucrado directamente no debería verse afectado por sus consecuencias.
Si me acuerdo de él como que me da tristeza. Cuando una persona es mala y está en algún grupo armado, uno espera la muerte, pero una persona que no se meta con nadie simplemente no, no. Mi hermano no se metía con nadie. Una muerte inocente a uno le duele mucho eso. Turbo, Antioquia, 2002, P.240.
El impacto del sentimiento de injusticia es mayor también en los procesos de duelo, dado que supone una mayor conciencia de lo absurdo y sin sentido de los hechos.
Mi vida cambio mucho después del asesinato de ellos, porque nunca pensé en la muerte de mi papá ¡tan triste! un hombre que era trabajador honrado, nunca se robaba nada, eso es muy duro para uno. Y mi hermanito también era un hombre
trabajador, no le quitaba nada a nadie y quitarle la vida así no más. Chigorodó,
Antioquia, 1989, P.36.
Estas percepciones y experiencias ponen al descubierto la falta de “proporcionalidad” o de relación entre la conducta propia y el riesgo vital en un contexto como el colombiano. Estos sentimientos se centran entonces en la reivindicación de la inocencia de la persona, aunque la injusticia de las violaciones de derechos humanos va más allá de la relación de las mismas con una posible conducta de la víctima. Esta falta de sentido, a pesar de los intentos de entender lo inexplicable, aumenta la frustración y el impacto de los hechos.
Pues rabia con ellos cierto, pero pues uno no puede hacer en ese momentico ahí nada porque como esa gente todo es que ellos cogen la gente y no se ponen a preguntar esta persona si es buena o es mala si no que ellos de una lo van desapareciendo porque si a mi hermano le hubieran dado una oportunidad que él hubiera hablado pues alguien había dicho: no este es un buen muchacho; pero mi hermano no tenía vicios, mi hermano era un hombre trabajador. Jamundí, Valle del Cauca, 2000, P.372.
En otros casos, las mujeres reivindican el sentido de justicia, y que esta opere como me- canismo para enfrentar en todo caso el delito si se trata de investigar a sus familiares, pero que se aplique también contra los perpetradores de tan graves hechos. Muchas víctimas esperan una explicación de los perpetradores que les ayuda a salir del sin sentido, aunque tales expectativas no sean realistas ni respondan a otra razón más allá de las acusaciones o señalamientos que ya conocen.
Me gustaría saber por qué me tocó salir así, por qué mataron mi hermano, qué era lo que él debía porque para mí era un muchacho muy trabajador, juicioso, nosotros no nos metíamos con nadie, entonces si sería bueno que le digan a uno y que le hagan entender las cosas, bueno esto pasó por esto y por esto. Y que los juzguen también, porque mire que, uno paga cosas que uno nunca ha hecho y se quedan por ahí riéndose, no más no es justo, es bueno que los juzguen también, que tengan sus sufrimientos como uno también ha sufrido, porque yo digo que si una persona de esas la mandan a una cárcel, la familia sufre y eso que una cárcel no es que sea bueno para lo que ellos han hecho tampoco. Sucre, Cauca, 2002, P.390.
Todo ello supone para muchas mujeres ampliar también su visión de la violencia y sus causas, pasando de una mirada centrada en su propia experiencia y en la búsqueda de una lógica a los hechos que no comprenden, a una visión más amplia que les ayude a ver cómo la guerra se hace tratando de ganar control sobre el tejido social, y en muchos casos las “razones” para convertirse en una víctima más, y también en una víctima única, sean más bien banales o absurdas: “nos dijeron que eran guerrilleros”, “fue casualidad”, “cosas que pasan en la guerra”, son explicaciones frecuentes por parte de los perpetradores, como mostraron las llamadas audiencias libres de paramilitares bajo la Ley de Justicia y Paz.
Tuve mis hijos, para que me colaboraran a mí, me acompañaran, para muchas
cosas, nunca para que los tuvieran en ese conflicto que hay aquí en Colombia,
como lo hay en otros países. ¿Por qué tiene que ser así? Y que llegan y los matan, inocentes los matan, y las muertes se quedan así. No le reparan a uno, si viene uno a pedir una ayuda se la niegan ¿por qué eso así? Caseríos de Frías, Tolima,
2000, P.164.
En otros casos, la reivindicación del buen nombre de muchas de las víctimas conlleva no solo algo centrado en el carácter de la persona o el sinsentido de los hechos, sino también un reconocimiento de su contribución a la sociedad. Como señala el testimo- nio de la esposa de un militante de diferentes organizaciones sociales en Medellín, la huella que los muertos y desaparecidos dejan, también tiene a veces una dimensión colectiva. Y esas muertes, que tienen el mismo valor que todas las demás como misma es la dignidad de la persona, tienen un enorme significado colectivo que atentan contra el sentido de la humanidad.
Creo que eso siempre va a doler, eso no es fácil de decir que ya pasó y listo. No, eso no es cierto. Cuando una persona dejo una buena imagen, una huella linda y positiva y no solamente en mí, sino que dejó impacto en la comunidad. Fue un daño muy grave a la sociedad. Yo creo que fue un crimen contra la humanidad, porque