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MATERIAL AND METHODS 2.1 BIOLOGICAL MATERIAL

Hay también otra serie de técnicas que la gente con suerte utiliza sin tener conciencia de sus ventajas. Estas técnicas no se refieren tanto a la creación de golpes de fortuna, sino a la capacidad de ver y aprovechar las oportunidades que surgen espontáneamente. Un sen- cillo truco de cartas nos servirá para ilustrar mi teoría. Imagínese que he invitado a varias personas a cenar y que he colocado cinco cartas boca arriba sobre la mesa. Le pido a uno de mis invitados que mire las cartas, que elija una y la recuerde.

Después, le ruego que salga de la habitación unos minutos. Cojo las cartas, las miro y guardo en mi bolsillo la que creo que mi invi- tado eligió. Luego dejo las otras cuatro sobre la mesa. A continua- ción, invito a mi amigo a que vuelva a la habitación, que mire las cartas y me diga si la elegida por él no está. He hecho este juego montones de veces y nunca me falla.

Pensé que sería divertido traerlo aquí. Hacer un truco de cartas en un libro no es fácil, pero vamos a intentarlo. He reproducido cinco cartas en la siguiente página. Mírelas, elija una, recuérdela y vuelva de nuevo aquí.

¿Ya lo ha hecho? Bien. Ahora imagine que ha salido de la habi- tación y yo he guardado en mi bolsillo la carta que creo que usted ha elegido. Le invito a volver, y le muestro las otras cuatro. La suya no está. Las cuatro cartas están en el Apéndice A. Vaya y comprue- be si su carta ha desaparecido.

¿Cómo lo he hecho? ¿Estaba su carta allí? Tengo que ser since- ro con usted. Como habrá imaginado, el juego no tiene nada que ver con mis habilidades mágicas sino con la psicología.

Este truco funciona debido a un sencillo principio psicológico: sólo tendemos a fijarnos en las cosas que nos importan de verdad. Si no ha descubierto todavía el secreto que se esconde detrás del truco, eche una segunda mirada a las cartas. En vez de elegir sólo una, fíjese en todas ellas. Ahora, vuelva al Apéndice A y mire las cartas que hay allí. Como habrá podido comprobar, todas son dife- rentes.

Cualquiera que sea la carta que elija de la selección de la pági- na anterior, nunca estará entre las del Apéndice 1. Le pedí que se con- centrara y que recordara sólo una carta. A los efectos del truco, esta carta se convierte en importante y las otras cuatro no. Cuando mira las cartas del Apéndice, la mayoría de la gente se da cuenta de que la suya no está, pero no repara en que el resto ha cambia- do también. Es una sorprendente demostración de cómo tendemos a concentrar nuestra atención en lo que nos importa exclusivamente y solemos ignorar otros aspectos circundantes.

Es una idea muy simple, pero tiene mucho que ver con las opor- tunidades y la suerte. A menudo sucede que no nos damos cuenta de las oportunidades que nos ofrece la vida porque estamos dema- siado preocupados en buscar otras cosas.

no. Le di a una serie de personas un periódico y les pedí que le echaran un vistazo y me dijeran cuántas fotografías contenía. Apa- rentemente no había ninguna segunda intención. Yo sólo quería saber el número de fotografías que había en el periódico. A todos les pareció muy fácil y a la mayoría sólo les llevó unos dos minutos averiguarlo. Hubo algunos que tardaron un poco más porque dieron una segunda pasada para comprobar la cifra.

En realidad, todos podrían haber contestado en unos pocos segun- dos y sin tomarse el trabajo de contar las fotografías. ¿Por qué? Sencillamente porque en la segunda página del periódico había un mensaje que decía: «NO SIGA CONTANDO, HAY 43 FOTOGRAFÍAS EN ESTE PERIÓ- DICO.» Y no era un anuncio pequeño colocado en una esquina. Ocu-

paba media página y estaba escrito con un tipo de letra grande. Realmente llamaba la atención, pero nadie lo vio porque todos esta- ban demasiado preocupados en buscar las fotografías.

También se dejaron en el tintero algo más importante: la oportu- nidad de ganar 100 libras. Hacia la mitad del periódico coloqué un segundo anuncio, también bastante llamativo. Igual que el anterior, ocupaba media página y proclamaba, en un tipo de letra grande: «NO

SIGA CONTANDO. DIGA A LA PERSONA QUE DIRIGE EL EXPERIMENTO QUE HA VIS- TO ESTE ANUNCIO Y GANE 100 LIBRAS.» Una vez más, no hubo nadie que

reparara en el mensaje. Igual que antes, todos estaban demasiado preocupados buscando las fotografías. Es interesante analizar su reac- ción al final del experimento. Les pregunté si habían visto algo raro en el periódico. Cuando dijeron que no, les pedí que le dieran una segunda pasada. En pocos segundos vieron el primer mensaje. La mayoría se echaron a reír y dijeron que no podían entender cómo no se habían dado cuenta. Cuando vieron el segundo mensaje, la sorpresa fue mayúscula, y sus palabras todavía más expresivas.

Todos los que tomaron parte en el experimento fallaron a la hora de ver las interesantes y obvias oportunidades que tenían ante sí porque no las estaban buscando.

La cuestión es saber qué clase de gente es la que se da cuenta de este tipo de cosas. ¿Quién percibe que todas las cartas han cam- biado en el truco mágico? ¿Quién ve que puede ganar 100 libras en un experimento de un periódico? La respuesta está en un segundo rasgo de la personalidad en el que difieren las personas con suerte

y sin suerte: el neuroticismo. Los que obtienen una baja puntuación en este rasgo son personas tranquilas, con una actitud relajada, mientras que los que la obtienen alta suelen tener también un gra- do elevado de tensión y ansiedad.

Como muestra el gráfico, la puntuación de la gente con suerte en lo que se refiere al neuroticismo es mucho más baja que la de la gente sin suerte5 y esto puede ser algo importante a la hora de ver

las oportunidades que la vida nos ofrece.

Nivel de neuroticismo de las personas sin suerte y con suerte

30 i

25 -

2 0 -

15 -

Sin suerte Con suerte

Los psicólogos han realizado muchos estudios sobre los efectos de la ansiedad en nuestra capacidad de percepción. En un experi- mento muy conocido, se pidió a una serie de personas que se fija- ran en un punto que se movía en el centro de la pantalla de un ordenador. Sin previo aviso, los experimentadores hicieron aparecer grandes puntos en los bordes de la pantalla. Casi todos los partici- pantes los vieron. Los psicólogos llevaron a cabo el mismo experi- mento con un segundo grupo de personas, esta vez les ofrecieron un premio importante en metálico si descubrían el punto central. En estas condiciones, la gente estaba mucho menos relajada y su preocupación por encontrar el punto central era tal que una tercera parte no percibió los que aparecieron alrededor de la pantalla. Cuan- to más miraban, menos veían.

De igual forma, las personas con suerte tienden a estar más rela- jadas que la mayoría de la gente y, por tanto, están más predis- puestas a que no se les escapen las oportunidades que el azar les ofre- ce, incluso cuando no están a la expectativa. Serán quienes verán también los anuncios en el experimento del periódico y los grandes puntos alrededor de la pantalla del ordenador. Y esta capacidad suya tiene un importante y positivo efecto sobre su vida.

Para ilustrar este punto, comencemos por analizar la influencia de este factor en algo tan simple como encontrar dinero en la calle, que también tiene que ver con la suerte. Como Huckleberry Finn seña- ló, disfrutamos más del billete que encontramos en la calle que del que ganamos con nuestro trabajo. Richard, un hombre de sesenta y siete años, suele encontrar monedas, e incluso billetes, cundo sale a dar un paseo. Hace ocho años decidió poner este dinero aparte, en un bote con un letrero que dice «dinero encontrado». Guarda el bote en su cocina y está sorprendido de lo rápido que se llena. En una entrevista, contaba cómo se había dado cuenta de un extraño fenó- meno: la cantidad de dinero encontrado estaba en relación directa con lo feliz que se sentía en ese momento. Richard ha llegado a esta conclusión porque, durante algún tiempo, tomó nota de su esta- do de ánimo -feliz, relajado, ansioso o triste- y el dinero que encontraba. Los resultados le demostraron el papel tan importante de estos factores a la hora de percibir las oportunidades que surgían a su alrededor:

«No encontraba dinero cuando estaba un poco bajo de tono o pensando: "¡No puedo estar así de preocupado! ¡Tengo que levan- tar el ánimo!" Si estaba de buen humor, relajado, paseando, tenía muchas más probabilidades de encontrarlo porque mis sentidos estaban agudizados. Es curioso. La verdad es que no voy bus- cando dinero pero, precisamente por ello, lo encuentro.»

La habilidad de la gente con suerte para ver las oportunidades es el resultado de su forma relajada de enfocar la vida. No es que esté al acecho, más bien es que se da cuenta de ellas cuando se cruzan en su camino. Por contra, la gente sin suerte tiende a estar en un mayor estado de ansiedad. Es ese tipo de personas que está tan ocu-

pado contando las fotografías del periódico que no ve el anuncio que ofrece ganar cien libras en un momento. En la vida real, puede concentrarse en llegar a tiempo a una reunión, encontrar un nuevo trabajo o darle vueltas a cualquier problema. El resultado es que su radio de atención se estrecha, provocando la pérdida de las oportu- nidades que surgen diariamente a su alrededor.

La gente con suerte a menudo comenta cómo ha encontrado, en periódicos y revistas, en anuncios y en Internet, las oportunidades que tanto han hecho cambiar su vida. En el Capítulo I, describí la vida afortunada de Lynne. Todo cambió para ella cuando cayó en sus manos un artículo de un periódico que hablaba de una mujer que había ganado montones de premios en concursos. Muchas otras per- sonas con suerte narraron la misma experiencia. Veamos el caso de Diana, profesora de la Universidad de Cambridge, de treinta y nue- ve años. Me contó cómo un episodio muy importante de su vida llegó a través de un artículo del periódico que leyó por casualidad: «Cuando leí una referencia en la prensa sobre alguien que habla- ba de los problemas relativos a la educación preescolar en Gran Bretaña escribí y dije que no podía estar más de acuerdo con la opinión de esta persona. Inmediatamente recibí una invitación para hablar con ella. La acepté, y dio la casualidad de que estaba relacionada con un comité asesor del Gobierno en materia de educación. Lo siguiente que supe es que me nombraron directo- ra de un programa del Gobierno para la educación preescolar.» Otras personas me contaron que encontraron su oportunidad en la televisión y en la radio. Elizabeth, una profesora de yoga de sesenta y dos años, achaca buena parte de su buena fortuna a su «radio mágica»:

«Enciendo la radio y más veces de lo que parece verosímil oigo algo sobre un tema que es justo lo que necesito. No hace mucho tiempo, estaba en plenos trámites de divorcio y mi abogado me aconsejó que contratara a un detective privado. Al día siguiente, escuché en la radio una entrevista con el presidente de la aso- ciación de detectives privados. Le telefoneé y le pedí consejo. Me

recomendó uno que vivía cerca de mi casa. Contacté con él y le contraté. Resultó excelente. En otra ocasión, en un momento de mi vida en el que sentía la necesidad de ampliar mis conoci- mientos, escuché un programa en el que una mujer hablaba de un fascinante curso de sociología que acababa de hacer. Llamé a la emisora, pedí detalles y unas pocas semanas después estaba matriculada en un amplio curso de sociología en un maravilloso campus. Mi radio mágica consigue muchas cosas como éstas.» La actitud relajada no sólo ayuda a las personas con suerte a encontrar dinero en la calle, a descubrir cosas interesantes en los periódicos, en las revistas, o en la radio. El mismo principio se apli- ca a las relaciones sociales. No van a fiestas y reuniones pensando en encontrar a la pareja de su vida o a alguien que les va a ofrecer el trabajo perfecto. Simplemente van relajadas y, por tanto, más predispuestas a aprovechar cualquier coyuntura. Escuchan a la gen- te, ven lo que hay, no tratan de encontrar lo que quieren ver. El resultado es que son mucho más receptivas a cualquier oportunidad que suija de manera natural.

John, un afortunado contable de Nevada, también comentaba todas las ocasiones que había aprovechado por estar relajado en vez de tenso a la hora de buscar algo:

«Creo que parte de mi suerte se debe a que estoy más relajado y receptivo. No busco ansiosamente cosas muy concretas. Hace algún tiempo, quería un coche bueno de verdad; un modelo recien- te, con pocos kilómetros. Si yo hubiera pensado: "Quiero un Mer- cedes usado, con pocos kilómetros, y un montón de cosas más", seguramente no lo habría encontrado. Compré un gran coche mirando los anuncios por palabras. No es un Mercedes, pero es perfecto para mí. Cuando me trasladé a Las Vegas, en febrero, tenía que buscar casa. Vi sólo dos y conseguí también la que deseaba. Si hubiera empezado por poner muchas exigencias, no habría teni- do esa suerte. En cambio, como estaba muy relajado las cosas se me dieron bien. Me he dado cuenta de que si busco algo muy concreto, no tengo tanta suerte. Sin embargo, si estoy tranquilo y dejo el tema abierto todo va mucho mejor.»

En resumen, las personas con suerte son expertas en darse cuen- ta de las oportunidades que surgen a su paso. No las buscan direc- tamente, pero su actitud relajada les ayuda a ver, a darse cuenta de lo que sucede a su alrededor. Es un tanto irónico, pero al no buscar las cosas con demasiado interés, acaban por ver mucho más.

El Cuaderno de la Suerte: ejercicio 5

¿Qué ocasiones providenciales ha desaprovechado a lo largo de su vida?

Piense en una situación reciente en la que haya tenido ocasión de charlar con alguien que le hubiera gustado cono- cer mejor y la ha desaprovechado. Quizás en una reunión vio a una persona que le pareció especialmente atractiva o agra- dable, y su timidez le impidió iniciar un acercamiento. O qui- zás escuchó una fascinante charla, pero no fue capaz de hablar con el conferenciante. Puede que haya asistido a una reunión en el trabajo y viera a una serie de gente de la que había oído hablar mucho, pero desapareció justo antes de que usted pudiera presentarse. Posiblemente alguien llamó su atención en una tienda, pero no era ni el momento ni el lugar para iniciar una conversación.. O un amigo o colega le iba a pre- sentar a una tercera persona que usted tenía interés en cono- cer, pero tenía tanta prisa en ese momento que no pudo dete- nerse unos minutos más para iniciar ese contacto.

Tómese unos momentos, cierre los ojos y repase los hechos. La forma en que la persona estaba vestida, cómo se compor- taba y la razón por la cual usted perdió la oportunidad de cono- cerla. Haga una breve descripción de estos detalles en su Cua- derno de la Suerte.

Ahora, quiero que se dé una segunda oportunidad e ima- gine que sucede algo completamente diferente. Usted conoce a una o más personas y no deja pasar la ocasión de charlar

con ellas. Quizás hasta tiene el coraje de ser el primero o la primera en romper el hielo en esa fiesta. O es posible que se dé de bruces con el conferenciante en el rellano de la escale- ra, después de su fascinante charla. O bien, usted y la perso- na de la tienda compraron la misma cosa al mismo tiempo y comenzaron a charlar. Quizás se haya presentado antes de que sus colegas abandonaran la fiesta. O puede que usted no tuviera tanta prisa cuando su amigo le presentó a esa perso- na y se fueron a tomar un café. Anote en el Cuaderno de la Suerte los detalles de ese primer contacto.

Después, imagine que ha encontrado a alguien accesible y abierto con quien es fácil hablar; que la reunión fue tan bien que ha tenido un efecto muy positivo en su vida. Quizás encon- tró a su pareja ideal y se han enamorado perdidamente. Qui- zás el encuentro en la escalera resultó ser una increíble opor- tunidad para su carrera profesional. O la persona de la tienda puede haberse convertido en uno de sus mejores amigos. Qui- zás la conversación en la fiesta de trabajo acabó siendo la base de un estupendo negocio. Deje volar su imaginación y piense cómo podría haber cambiado su vida ese encuentro casual. Luego, apunte en su cuaderno una breve descripción de sus efectos.

Este ejercicio está concebido para ilustrar el poder de estas casualidades providenciales, de estas oportunidades. Para que veamos cómo los más pequeños acontecimientos y decisiones, si se aprovechan, pueden tener un gran impacto en nuestra vida. No hay forma de saber lo que habría sucedido si hubie- ra conocido a esa persona misteriosa. Obviamente, no pode- mos volver al pasado y cambiarlo. Sin embargo, es posible cambiar el futuro. Hay varias técnicas que incrementarán enor- memente la posibilidad de que experimente el tipo de encuen- tro providencial que ha descrito en su Cuaderno de la Suerte. El primer paso hacia la incorporación de estas técnicas en el día a día es conocer a fondo las teorías, sencillas pero alta- mente eficaces, que hay tras de ellas. Y estas teorías se des- criben en detalle en este capítulo.

SUBPRINCIPIO 3: LA GENTE CON SUERTE ES RECEPTIVA Y