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Maximum Diameter (Dmax) change analysis

6.1 Geometry

6.4.1 Maximum Diameter (Dmax) change analysis

Hasta ahora se ha visto que una parte importante de la minería fue una actividad estratégica para el Estado. Éste contó con una serie de mecanismos que le permitieron controlar y organizar la producción de acuerdo a sus intereses, los cuales no estuvieron definidos por criterios netamente económicos, sino que respondieron también a la imbricación de elementos político-ideológicos. De hecho, la economía no puede entenderse como una esfera independiente de los procesos de configuración del poder imperial o de articulación de las redes de poder estatal. A su vez, estas estrategias no se mantuvieron inmutables a lo largo del tiempo, sino que se fueron definiendo y desarrollando como parte de los procesos históricos que marcaron el desarrollo de la República y el Imperio.

Este capítulo se centrará en las estrategias concretas desarrolladas en torno a la minería, analizando los distintos regímenes jurídicos de explotación de las minas de oro y los sistemas de gestión a los que se acogieron. Éstos formaron parte de los marcos institucionales generados de forma específica para explotar los recursos mineros y respondieron a las distintas estrategias que trazó el Estado en cada momento. De esta forma es posible comprobar que existieron varios sistemas de gestión que reflejan cómo Roma adaptó las formas de explotación provincial a sus necesidades. Pero esta adaptación no respondió a criterios de racionalización económica u optimización de beneficio, tal y como son entendidos hoy en día. No hay que pensar en programas calculados y sistemáticos de lo que Weber llamó racionalidad económica. Detrás de los sistemas de gestión no existía un objetivo de maximización productiva a largo plazo. Los metalla publica fueron parte del dominio de Roma y su explotación respondió a la lógica imperialista, que llevaba a los emperadores a explotar el conjunto de los recursos imperiales.

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6.1. La definición de los regímenes de explotación minera.

En realidad, los diferentes regímenes de explotación se empezaron a gestar en época republicana, a medida que Roma fue conquistando nuevos territorios y se fue enfrentando a la administración de distintos yacimientos. Su expansión por el Mediterráneo le llevó a integrar nuevas regiones, muchas de las cuales contaban con minas que ya habían sido trabajadas con anterioridad a su llegada, lo que le permitió aprovechar la experiencia previa, a la vez que fue adaptando los sistemas de gestión y explotación a sus propios intereses. Así, en el transcurso de las Guerras de Macedonia desde finales del siglo III a.C., entró en contacto con algunas minas destacadas, entre las que se incluían las de Tracia y la península Calcídica. Estas labores habían tenido ya una larga trayectoria en la explotación del oro y la plata, asociada en ocasiones a otros metales como el cobre y el hierro (Healy, 1978: 45-47). De hecho, estas minas desempeñaron un papel imprescindible en el desarrollo de la monarquía macedónica desde mediados del siglo IV a.C. (Liv. 42, 12, 8-10 y 45, 17-18). De acuerdo a un texto de Livio (45, 29, 11), Roma, tras asumir el control de estas minas en el 167 a.C., decidió cerrar las de oro y plata, dejando las de cobre y hierro arrendadas en manos de macedonios (Domergue, 1990: 241-244). Su explotación pudo reiniciarse tiempo después, pero parece que en el siglo I d.C. el oro y la plata estaban agotados.

También las minas griegas, que habían sido muy importantes para el desarrollo de algunas póleis, cayeron bajo control romano. Este fue el caso de las famosas minas de plata de Laurión (Larsen, 1959: 261-435; Jones, 1982; Vassilopoulos et al. 2003), relacionadas con el importante papel que desempeñó Atenas en el Ática (Hornblower, 2011: 129). Sin embargo, estas explotaciones estaban ya en decadencia a finales del siglo II a.C., tal y como confirma Estrabón (9, 1, 23) al referirse al agotamiento de estas labores. Por lo demás, el resto de minas griegas se

Imagen 28.- Reverso del célebre tetradracma de

plata ático, que se convirtió en la moneda griega más difundida del mundo antiguo. Fuente: Vassilopoulos et al. 2003.

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limitaron a explotaciones de pequeña escala, como las de hierro en Beocia y Laconia, de estaño en Delfos y de varios minerales en las islas del Egeo. Entre ellas destacan las explotaciones de cobre chipriota, isla de la que también se obtuvo algo de oro, además de otros metales como plomo, hierro o el conocido lapis specularis47 (Str. 14, 6, 5).

Aparte de este sector greco-macedonio, a inicios del siglo II a.C., también pasaron a control romano las minas de Asia Menor. Varias de estas explotaciones, a las que se refiere Estrabón, estaban ya agotadas o, por los restos documentados, no fueron labores de enorme envergadura. Así, el geógrafo cita la existencia de minas antiguas de oro o plata en Astyra (Helesponto) y el monte Tmolus (Str. 13, 1, 23), Pactolo (Str. 13, 4, 5), Atarneo (Str. 14, 5, 28), Lidia, Armenia (Str. 11, 2, 19; 11, 14, 9) y Ponto (Str. 12, 3, 19; 12, 3, 23). Esta última región del Ponto tuvo especial relevancia en el período helenístico y parece que siguió en explotación en época romana cuando, según Estrabón (12, 3, 40), las minas fueron explotadas por publicanos. En referencias tardías del Codex Theodosianus (10, 19, 12), aún aparecen los aurilegi de las diócesis del Ponto y de Asia. En el Mediterráneo Oriental, Egipto fue otra gran zona de interés para la extracción de materias primas, entre ellas, minerales (Healy, 1978: 52). El oro fue explotado desde época faraónica, tal y como indica el Papiro de Turín con las minas de Umm Fawakhir, datado entre el 1300 y el 1250 a.C. (Healy, 1978: 70; Meyer, 2011: 161-176). Algunas de las técnicas utilizadas para la explotación de estas minas, pudieron luego aplicarse en labores posteriores romanas. En este sentido destacan los dispositivos para machacar, triturar y moler el mineral que se han conservado. Fundamentalmente éstos sirvieron para obtener un concentrado fino que sería posteriormente lavado, para obtener el oro por decantación de densos. El empleo de esta técnica ha dejado restos en los morteros de abrasión y de percusión egipcios que, posteriormente, incluyeron canales de lavado inspirados en las minas griegas de Laurión (Conophagos, 1980: 220, fig. 10-3 y 10-4; Vassilopoulos et al. 2003; Klemm et al. 2001). Morteros semejantes han sido localizados tanto en Limusín (Francia), como en el Noroeste de la Península Ibérica, destacando los de Três Minas (Portugal) y los espectaculares conjuntos de cazoletas de Pino del Oro (Zamora) (Sánchez-Palencia y Currás, 2010, vid. Img. 29). Estos restos arqueológicos confirman que se desarrolló un proceso de tratamiento mineral similar en todas estas regiones, técnica que ya fue

47 De acuerdo a Plinio, el lapis specularis se obtuvo fundamentalmente en Hispania, en concreto en el

entorno de Segóbriga, de donde procedía el de mejor calidad. Además de en Hispania y Chipre, se encontró también en Capadocia, Sicilia y África (Plin. NH. 36, 160).

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descrita por Agatárquides para las minas de oro ptolemaicas del siglo II a.C., según recogió Diodoro de Sicilia (3, 13, 1-2).

Imagen 29.- Conjunto de cazoletas de la Sierpe-3 para procesado de mineral procedente de la zona

minera de Pino del Oro (Zamora). Fuente: EST-AP (IH. CSIC).

La circulación de información sobre técnicas extractivas y metalúrgicas a las que tuvieron acceso los romanos, ya era común en el oriente del Mediterráneo, con la consolidación de contactos y rutas comerciales. Pero además del mundo oriental, las poblaciones más cercanas a Roma también habían explotado minerales. Este fue el caso de las minas etruscas de hierro de Vetulonia-Populonia y la isla de Esla. La explotación de las minas italianas sería prohibida posteriormente, con el objetivo de preservar sus recursos (Plin. NH. 3, 24, 5 y 33, 78). Más al norte, en la futura Galia Cisalpina, existen noticias de la existencia de una actividad minera más intensa en manos de la población local, antes de la conquista romana. Se trata de las minas de oro de los Salassi (Str. 4, 6, 7) en el agro Vecellese, en la Bessa (Biela, Italia) (Calleri, 1985; Gianotti, 1996; Domergue, 1998; Vaudagna, 2002; Sánchez-Palencia et al. 2011). En el 140 a.C., tras la derrota de los Salassi, Roma pasó a controlar este territorio y los publicanos asumieron la explotación que fue, entonces, cuando alcanzó una gran envergadura. A este período se refiere Plinio (NH. 33, 78) al mencionar una lex censoria referida a la mina de oro de Victimulae y que prohibía a los publicanos emplear a más de 5.000 trabajadores. La mina se abandonó a mediados del siglo I a.C., coincidiendo con la puesta en marcha de las recién conquistadas minas de la Galia y de la Península Ibérica (Brecciaroli, 1988: 134; Gambari, 1999: 89).

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En el área alpina, en lo que más tarde fue el Noricum, también existió otro sector minero importante, sobre todo de hierro (Alföldy, 1970 y 1974; Ørsted, 1985; Dušanić, 2004), aunque existen noticias de que en el siglo II a.C., grupos itálicos buscaron oro en esta zona (Str. 4, 6, 12). Fuentes posibles de oro han sido localizadas en algunos ríos de la región (e.g. Weissenbach o Klieningbach) y en algunas minas en las montañas de Hohen Tauern (Piccottini, 1994: 471-474). Las minas del Regnum Noricum eran conocidas antes de que la región fuera convertida en provincia en la primera mitad del siglo I d.C. De hecho, Roma mantuvo contactos comerciales muy significativos con esta zona antes de hacerse con el control definitivo de la producción. Como provincia romana, se estableció un dominio imperial con sede administrativa probablemente en Vinunum, donde residió el procurator. La documentación epigráfica recoge la presencia de esclavos, soldados y conductores (AE 1995, 1195). En ocasiones, de forma explícita se cita al conductor ferrariarum Noricarum (CIL III 4788, CIL III 5036, CIL III 4809), lo que confirma un control imperial indirecto de estas minas (Hirt, 2010: 53).

AE 1995, 1195. Klein S. Paul. Austria.

Iovi O(ptimo) M(aximo) / pro salute Cam/pili Veri / conduct(oris) ferrar(iarum) / Fortunatus vilic(us) / aquam perduxit

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