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Este enfoque surgió en la década de los 70 del pasado siglo como respuesta a los métodos estructuralistas y son varios los trabajos investigativos relacionados con

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la didáctica de las lenguas extranjeras que se manifiestan a favor del mismo. Sin dudas, superó de forma sustancial los enfoques precedentes al centrar, por un lado, la atención en el desarrollo de habilidades comunicativas, según plantea F. Hernández (2001) como uno de los aspectos que lo caracteriza; y, por el otro, al tener en cuenta al estudiante como sujeto activo y creador a partir de sus propias potencialidades y como centro de toda actividad; asimismo, al plantear la competencia comunicativa como objetivo esencial y final del aprendizaje de una lengua extranjera.

Este enfoque trajo consigo un cambio en el PEA en idioma inglés, en función de las necesidades del desarrollo social, y la incorporación de ideas procedentes de las Ciencias de la Educación, la Sociolingüística, la Pragmática y la Psicolingüística en el campo de la metodología de segundas lenguas y lenguas extranjeras.

Los estudios en el campo de la Sociolingüística y de la Pragmática han transformado la concepción del objeto de estudio de la lengua, ya no resulta suficiente enseñar únicamente a los estudiantes el sistema lingüístico, sino es importante la forma en que estos sean capaces de apropiarse de ese sistema y utilizarlo adecuadamente para comunicarse de manera eficaz y en el caso del IFP dar solución a problemas relacionados con la profesión.

La Psicolingüística, plantea estrategias que se utilizan para aprender una lengua, aunque su principal aportación, según J. M. Luzón (1999), está en el concepto de interlengua, donde el error deja de ser considerado de forma negativa, en correspondencia con uno de los principios del enfoque comunicativo que asume esta misma postura ante el error: los errores no siempre son errores y de ellos también se aprende.

De este enfoque se toman los principios esenciales para la enseñanza de la lengua tenidos en cuenta en la propuesta. Estos principios han sido objeto de estudio de diferentes autores como K. Morrow (1981), N. Naiman (1988), R. Antich (1986) y D. Nunan (1991) y han sido asumidos en variados contextos y propuestas del aprendizaje de una lengua, sin variar su esencia. (A. Camacho, (2002), M. Rodríguez, (2004), B. Salvador (2006), J. Pérez (2008), J. Velazco, (2011), entre otros.

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La adaptación que realiza A. Camacho (2002) de estos principios a la realidad educativa cubana, se considera útil para argumentar la propuesta que se realiza relacionada con el desarrollo de la habilidad de escritura en el PEA del IFP. En el capítulo III se explica el modo en que se tienen en cuenta en la estrategia. Los mismos quedan sintetizados en la siguiente forma:

 La clase centrada en las necesidades de aprendizaje de los estudiantes.

 La actividad consciente de los estudiantes en el aprendizaje del sistema de la lengua y de los procesos de comprensión, comunicación.

 El enfoque holístico en el tratamiento del sistema de la lengua y de los componentes de la comunicación.

 La orientación de la práctica idiomática fundamentalmente hacia la solución de tareas comunicativas.

 El tratamiento flexible de los errores de los estudiantes.

 El establecimiento de relaciones interdisciplinarias.

Las tendencias actuales en la enseñanza de lenguas extranjeras apuntan al uso del enfoque comunicativo en sus nuevas variantes: enfoque por proyectos, y por tareas.

Dada la importancia que se le concede a la competencia comunicativa como objetivo crucial del enfoque comunicativo, se considera oportuno reflexionar sobre este concepto. El mismo es abordado por una gran mayoría de los trabajos investigativos que tienen que ver con la enseñanza de las lenguas, tanto en el ámbito nacional como internacional.

El término de competencia comunicativa, que ya había cobrado importancia en los años 50 a partir de los trabajos realizados por Noam Chomsky, comienza a utilizarse en mayor medida a finales de la década del 70 y a principios de la década del 80.

D. Hymes expresó que «la competencia comunicativa implica el conocimiento no solo del código lingüístico, sino también del saber qué decir, a quién y cómo decirlo de manera apropiada en una situación comunicativa en medio de un conjunto de circunstancias con un propósito dado, es percibir los enunciados, no solo como realidades lingüísticas, sino como realidades socialmente apropiadas» (1972: 55).

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Se comparte la opinión de M. Widdowson (1995) de que este autor realizó aportaciones básicas al concepto de competencia comunicativa y señala, según refiere, que esta competencia se expresa en las capacidades de una persona y depende del conocimiento tácito y de la habilidad para su uso. D. Hymes (1972) presenta cuatro dimensiones para la competencia comunicativa: la competencia lingüística, que se corresponde con las reglas gramaticales; la factibilidad, que se refiere a que las expresiones sean posibles de acuerdo con los medios disponibles; la aceptabilidad o adecuación, pues la actuación lingüística debe darse de acuerdo con las reglas sociolingüísticas del contexto en el que se reproduce; y por último, el darse en realidad.

Por su parte, M. Canale y M. Swain (1980) y M. Canale (1983) plantean una reconceptualización de concepto de competencia comunicativa propuesto por D. Hymes (1972) donde definen la competencia comunicativa como los sistemas subyacentes de conocimiento y habilidad requeridos para la comunicación. La competencia se refiere tanto al conocimiento como a la habilidad para utilizarlo cuando se participa en una comunicación real.

Al mismo tiempo distinguen cuatro subcompetencias: la gramatical que refleja el conocimiento del código lingüístico e incluye el conocimiento de vocabulario, pronunciación, gramática y sintaxis. La competencia sociolingüística tiene que ver con la capacidad de producir enunciados apropiados tanto en la forma como en el significado a la situación de comunicación, pautado por reglas socioculturales. La competencia discursiva que permite combinar las formas gramaticales y los significados para lograr textos coherentes y la competencia estratégica que se refiere al dominio de estrategias de comunicación que se ponen en acción para mejorar la efectividad de la comunicación o para compensar las fallas en la misma; en otras palabras, al hacer uso de ella, un usuario de la lengua utilizará los recursos lingüísticos y extralingüísticos de que dispone para evitar que se interrumpa la comunicación.

El modelo más extendido es el propuesto por M. Canale y M. Swain (1980) y más tarde ampliado por M. Canale (1983) al cual se afilia la investigadora ya que este implica el conocimiento de reglas y usos de la lengua y la habilidad para usarla de forma eficaz. Este modelo basado en todas estas subcompetencias va más allá de la consideración de los factores lingüísticos y considera aquellos que se

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relacionan con lo cognitivo, lo psicológico y lo sociocultural como reglas de uso de la lengua en situaciones sociales de comunicación, reglas de comportamiento y la habilidad para ponerlos en práctica en la comunicación.

De igual forma reconoce que la competencia para comunicarse se desarrolla mediante la puesta en práctica de las cuatro habilidades comunicativas de la lengua desde un enfoque integrado, de manera tal que el estudiante vaya incorporándolas de forma gradual a su producción diaria de la lengua extranjera en situaciones comunicativas diversas.

En este concepto de competencia comunicativa se aprecia la incidencia tanto didáctica, si se tiene en cuenta que la enseñanza del idioma inglés debe estar basada en las necesidades comunicativas de los estudiantes, en las interacciones comunicativas y en las habilidades que ya tiene el hablante en su primera lengua. También se considera que el concepto se relaciona con la interdisciplinariedad, aspecto que se trabaja en la propuesta que se realiza en dicho estudio desde la aplicación de la ECII.

En el PEA del IFP el objetivo final es el logro de la competencia comunicativa, donde los profesionales de una misma rama sean capaces de usar la lengua extranjera como herramienta para la comunicación y el intercambio científico con colegas de diferentes latitudes.

Los elementos abordados sobre la competencia comunicativa sirven de sustento al diseño de la propuesta para el desarrollo de la habilidad de la escritura en el PEA del IFP, teniendo en cuenta además las ventajas de las TIC al privilegiar esta habilidad, aunque este medio brinda la posibilidad de trabajar la integración de todas las habilidades de la lengua en situaciones simuladas de comunicación real. En el logro de la competencia comunicativa ocupa un lugar importante el desarrollo de la habilidad de escritura.

1.2 La enseñanza de la habilidad de escritura en el proceso de enseñanza-

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