CHAPTER 4. RESEARCH METHODOLOGY
4.3 OPERATIONAL FRAMEWORK
4.3.4 Methods of analysis
- Lo Recuerdo todo muy bien, cómo no. Me subí en Tallin, donde había adquirido un lote para mi tienda de antigüedades, y volaba hacia Sofía con escala en Varsovia. Ni siquiera tenía que bajar del avión. Hacía frío ese día, pero eso en estos países se combate bien, no como en el suyo, que estuve un par de veces en invierno y casi se paraliza.
- Ciertamente, querida. He pasado buenos momentos en Marbella. En fin… El caso es que antes de llegar a Varsovia el piloto nos habló, y comunicó que todo estaba en orden, ya sabe, esa verborrea de las temperaturas, la hora de llegada y demás. Yo miré mi reloj, y eran las 13,43 en punto. Lo recuerdo porque también me lo preguntó mi acompañante, un distinguido lituano que me dijo que iba a Sofía por negocios. No me importa decir que me resultó apuesto, con un aire antiguo y misterioso de esos que seducen sin saberlo. Pero viajaba con su secretaria, una mujer rubia de piernas muy largas que saltaban bien a la vista, así que me fijé en un leve atisbo de caro perfume deduciendo que el ambiente de sus negocios sería bastante cálido. He visto muchas reuniones de ese tipo. El caso es que estábamos en la zona de primera clase, justo delante, y excepto por alguna turbulencia el vuelo había sido magnífico hasta ese momento, entre otras cosas por las atenciones de la tripulación, que nos sirvió en todo momento con exquisitez. Esas pobres chicas... Entonces un crujido extraño resonó detrás de mi, bajo el suelo, noté en mis oídos cómo la presión se intentaba equilibrar, y comprendí que descendíamos para tomar tierra, como ya nos habían avisado, así que supuse que se trataba del tren de aterrizaje, aunque se que suena de otro modo. Miré por la ventanilla mientras se encendía el aviso para los cinturones y vi la ciudad y sus alrededores, todo verde, muy bonito, pero me sorprendió lo rápido que bajábamos, así que le pregunté a una azafata, que gentilmente me aseveró que todo estaba bien. ¡Ni treinta segundos tardamos en estrellarnos en la cabeza de pista después de aquello! Justo detrás de mí algunos pasajeros gritaron al darse cuenta de que el ángulo de descenso era excesivo y de que nos íbamos a comer literalmente el suelo, pero fue todo muy rápido. Yo instintivamente apreté mi cinturón, aunque no le miento si le digo que interiormente sentí una profunda
decepción por terminar mis días de ese modo tan ridículo sin poder ni siquiera organizarme, pero poco se podía hacer. El hecho de que estaba ya convencida de que iba a morir me tranquilizó mucho, y sólo albergaba la certeza de que seguramente sería indoloro, así que el que no se consuela es porque no quiere. Ese era mi pensamiento cuando escuché algo, un gran golpe por debajo de mis pies, y todo el frontal se vino hacia mí increíblemente despacio mientras cada objeto comenzaba a volar, pero en una escena ralentizada que no entendía. El suelo se elevó, subiéndome muy cerca del techo, y una gran brecha se abrió en el lateral, dejando ver el campo verde arañado por el peso descomunal del avión que abría un surco de tierra que se alejaba despedida hacia los laterales. Un instante después pasamos las marcas de inicio de pista, y todo se volvió alquitrán, pero pude distinguir algunas balizas rojas. Había reflejos dorados, así que deduje que nos habíamos incendiado, y yo seguía sorprendida por el hecho de que todo estuviese sucediendo tan despacio y de que me hallase viva para verlo, e incluso para razonarlo. Nunca sentí nada igual. El hombre que estuvo a mi lado había sido despedido hacia atrás, pero la chica yacía casi aplastada entre dos asientos, y por suerte no pude distinguir más, porque de repente, justo al asomar la cabeza empujada hacia el exterior, perdí la consciencia entre un viento frío y el chirrido tremendo del metal rozándose con el suelo generando chispas. Me fui del mundo gracias a Dios. Cuando desperté estaba en medio de la pista lejos de los restos, cubierta de restos, las ropas destrozadas, pero intacta como si hubiese nacido segundos antes pese a que debí arrastrarme y dar tumbos como un títere al ser despedida por la grieta. El avión, destrozado, ardía con estrépito detrás de mí, roto en varias partes, un auténtico infierno. No puedo entenderlo,
pruebas de todo tipo, pero varias horas más tarde, tras prestar una leve declaración, salí de allí dispuesta a coger un tren a casa. Estaba conmocionada supongo, porque a sabiendas de que habían perecido 175 personas no sentía nada. Era como si me hubiese inmunizado, así que hice el viaje como cualquier otro, aunque en mi interior me comportaba tan metódicamente como una máquina. Supongo que era el modo de contener lo que me inundaba por dentro. - Era el Shock. No debieron dejarla ir.
- ¡Oh, querida! Nadie hubiese podido evitarlo, créame. Pero fue justo al cruzar la puerta de abajo cuando caí abatida y sentí todo el peso del que me había aislado durante muchas horas. Gustav me alcanzó antes de desplomarme, y de repente me sentí muy afortunada y agradecida, pero a la vez iracunda por ser la única superviviente de ese vuelo. No lo entendía.
- Debe ser algo impresionante. No puedo ni imaginarlo.
- Es… innatural. Lo de volver a nacer se queda corto ante algo como lo que yo he vivido.
- ¿Y recuerda algo extraño justo antes del accidente? - ¿Algo extraño?
- Sí… ruídos, sensaciones… alguna visión. Alguna cosa que le llamara la atención.
- ¿sabe? Es curiosa su pregunta. - ¿Por qué lo dice?
- Porque si hubo algo, una cosa…distinta. - ¿Y qué fue?
- Aquella mujer de ojos negros. No la había visto antes pese a ser observadora, pero estaba justo delante de mí, mirándome, y eso me incomodaba, porque
¿cómo era posible que no hubiese reparado en ella? No aparentaba miedo, sino todo lo contrario. No sé cómo había llegado allí, pero fue... Apareció justo en los últimos tres o cuatro segundos previos a estrellarnos.
- Mariya… esto puede ser importante, y no digo que lo demás no lo sea, pero puede que aquí haya algo… inesperado. ¿Cómo era esa mujer?
- Vestía un traje muy largo, hasta el suelo, todo negro, de tela sencilla, sin adornos ni nada parecido. Su pelo también era negro, suelto, debía llegarle casi a la cintura. Y se movía, supongo que por las convulsiones del avión en su caída, pero parecían como serpientes ondulando. Como una gorgona mitológica, para que usted me entienda.
- ¿Y dice que la miraba?
- Sí, fijamente. Sus ojos eran hermosos, pero no se por qué me causaban turbación, así que aparté la mirada incapaz de sostenerla, no me importa decirlo. Un segundo después no estaba, pero me llamó la atención que el lugar donde había pisado se viese como… mojado… o más bien empapado. Supuse que la pobre mujer se lo había hecho encima de puro miedo, pero lo cierto es que no la vi más. Y entonces nos estrellamos y ya no tuvo importancia.
- ¿Esa agua que empapaba el suelo podía deberse a que la figura estuviese mojada… o inmersa de algún modo en agua? ¿Percibió usted algo en esa dirección?
- No sé, pero quizás los ojos… parecían húmedos. - ¿Le produjo paz ver a esa persona?
- No. Muy al contrario, me produjo un raro desasosiego. Bueno, quizás de no ser por las circunstancias supongo que habría intentado no estar cerca de ella. Pero
que conste que no era por nada que viese que me molestase, no. Era porque no me gustaba el modo en que me miraba.
- ¿Cómo la miraba?
- Fríamente. Me sacaba el alma. - ¿Se sintió de algún modo invadida?
- Sí, por supuesto. Nadie me ha mirado así en mi vida, Jezabel. ¿Qué le parece si tomamos algo? Ya es hora de cambiar un poco de tema.
- Lo siento, la he incomodado.
- No se preocupe. La verdad es que debemos administrar bien estas conversaciones. Debe haber algo en mí que aún no ha cicatrizado. Venga, le enseñaré algunos cuadros de familia para que se aburra un poco.
EXTRACTO DE LAS NOTAS PERSONALES DE JEZABEL ISTIAGA, 4 DE JULIO DE 2010: Hoy he estado todo el día con Mariya. Es difícil describir la profunda impresión que me ha dejado, pero desde luego ha sido un acierto venir aquí. Me ha dado mucha información, y a la vez se ha mostrado extraordinariamente interesada en estudiar conmigo este asunto. Por lo demás, la casa es preciosa, antigua y llena de encanto. Un lugar con historia y en el que han pasado cosas, eso seguro. Mi habitación está al fondo del pasillo, y tengo una gran terraza desde la que se ve el Danubio y al fondo las luces de los pueblos al otro lado. Creo que incluso me ha hecho equipar el armario con algunas prendas, así que ya me imagino en un bonito camisón sentada al sol del amanecer. Es broma. Mañana iremos a la ciudad, donde veré una de sus tiendas. Las otras están en Sofía. Espero que no me regale nada, porque me daría mucha vergüenza, pero es ese tipo de mujer, así que ya veremos. Hace calor, de manera que espero que si lo hace no sea un paraguas. Aprovecharé para hablar con Juan mientras ella gestiona.
Hace días que no sé de él, y estará preocupado. Respecto a su visión de la mujer… la descripción es similar a la de Harris, con leves diferencias. Me he asegurado de que no estaba en el material que le remití, así que el asunto es extraño. ¿Qué es lo que rodea a estas personas segundos antes de salvarse?