Ideal properties of the pellets
1.3.4. METHODS OF PREPARING PELLETS
En el contexto de democracia consolidada se impuso como necesidad para la nueva generación de escritores surgida, urdir una memoria que diera sentido a las nuevas circunstancias tras la Transición. Es la memoria la que organiza el devenir histórico, y la que da sentido al presente. En este sentido, el proyecto creador de Antonio Muñoz Molina (y sus compañeros de generación) encarnaron el matiz del historiador y el del escritor. Esta nueva mirada sobre la historia es reseñada por Sanz Villanueva en 1989:
Algunos de los más jóvenes novelistas han dado una visión de la guerra que para mí tengo que es el último estado de los diferentes tratamientos que ha tenido. En ellos [...] ya no se trata de un conflicto atravesado por la ideología, sino que es una referencia que pertenece no al campo de las vivencias o de los enjuiciamientos, sino al de los mitos. De tal manera aparece, sobre todo como escenario no disputable, en Beatus ille (1986) de Antonio Muñoz Molina, o en
Luna de lobos (1985) de Julio Llamazares. (Sanz Villanueva 1989: 3s.)57
Beatus ille, la novela a la que haremos referencia, fue escrita entre 1983 y 1985. El
55 Novela, publicada en 1986 por Seix Barral (manuscrito enviado a Pere Gimferrer en 1985), 281 p. Recibió el premio Ícaro. “ià e à algoà uest aàBeatus ille su carácter de «opera prima» es en la complejidad y articulación de los procedimientos narrativos, más allá de un estilo de largos períodos proustianos que
fa ilitaàlaài e sió àdelàle to àe àsusàp gi asàsi àdese uili a lasà o àe u sosàlí i os. à “o iaàOl edo,à :à
109)
56 He desarrollado previamente algunos de los conceptos de este capítulo en Corbellini (2004).
57 Mitos en tanto proceso lejano y no disputable, ya que veremos en el análisis que una de las operaciones de los escritores de la nueva narrativa es desmitificar los personajes de la guerra.
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artificio que organiza la trama se aferra a la voz narradora que, desde los primeros párrafos, transita de manera ambigua entre la descripción de lo que ve y la ficcionalización de lo que intuye y de los recuerdos que le gustaría tener del pasado. Así planteada, esta voz anónima relata la llegada de Minaya, un joven solitario y sin historia, a un pueblo de provincias. Este joven llega a Mágina en 1968, huyendo de las persecuciones de un oscuro Madrid franquista, siguiendo el rastro de un poeta de la Generación del 27, Jacinto Solana, olvidado luego de la Guerra Civil.58 Él, Minaya, será quien, escudriñando el pasado como un detective, tejerá la memoria de los sucesos 1936. La voz que guía al joven desenmascara su dueño hacia el final de la novela: Es el propio Jacinto Solana, a quien todos creen muerto, quien desde la oscuridad dictó la historia como él quisiera recordarla.59
La muerte de Solana se resignifica a nivel simbólico porque es también su acto público luego de la muerte de la mujer que deseaba, Mariana. La pérdida de la amada, la ausencia de deseo, el eros del personaje, empuja al poeta a la muerte pública. Ese tópico ha sido abordado en la obra de Blasco Ibáñez por Facundo Tomás, quien en su introducción a La maja desnuda escribe:
[L]a muerte es una presencia, pero principalmente es una ausencia; es la presencia de la razón, pero es la ausencia del deseo. Y el deseo, para Blasco, jamás admite paliativos: es el deseo carnal, esa «animalidad ancestral» que habita al ser humano y le hace ligarse intensamente a la vida, a la voluntad de
58 Con respecto a la inclusión del tema de la guerra en la literatura de los noventas, escribe Jordi Gracia en la introducción al tomo de la Historia y crítica…:à Laàgue aàesà ate iaàusualàdelàes ito à ueà iog fi a e teà
no pudo vivir ni los años de la peor posguerra; es un asunto de cultura e historia, de ética e inteligencia. Y es quizá ese tratamiento literario –ni neutral ni escéptico, pero tampoco vengativo– el mejor reflejo de la ausencia colectiva de visos traumáticos o revanchistas cuando regresa la evocación de la guerra y la España
f a uista à G a iaà :à .
59 La utilización del tópico del aparecido en los relatos que ficcionalizan la memoria del siglo XX provoca la ruptura del orden lineal del relato al introducir un objeto que, desde otro tiempo, revela lo inapropiado de la lógica que sostiene el relato del pasado. Algo o alguien que no estaba, que se daba por muerto, aparece; y tiene en sí mismo un carácter subversivo para con la lógica que explica el presente que lo invoca. E àloà
que concierne a España, emerge a partir de los años 80 y florece a lo largo de los 90 una problemática de la memoria que alimenta numerosos textos ficcionales. No es raro que, desde el punto de vista del dispositivo enunciativo, estos textos recurran a una instancia identificable, de tipo homo o autodiegético, que presenta la particularidad de contar después de la muerte. Algunas de las novelas que marcaron la historia literaria española de final de siglo XX –basta citar Luna de lobos (1985) de Julio Llamazares, o Beatus ille (1986) de Antonio Muñoz Molina– fundamentan en esta solución narrativa la eficacia de su discurso. Sin duda porque, como lo dice un crítico: la grandeza de un relato estriba en su capacidad de marcar durablemente el imaginario colectivo, y esta marca, a su vez, debe su profundidad a la tensión subyacente que el texto establece entre la verdad y la muerte à He ts hà : .à T asà : -217)
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vivir. Con esa ecuación, animailidad igual a vida, espiritualidad igual a muerte, con esa neta y concisa síntesis de la cultura europea, esa tan actual, tan moderna actitud ante la relación de Eros y Tánatos, Blasco da un salto por encima de su época para afirmar la permanente actualidad de su pensamiento. (Tomás, 1998: 64)
La muerte de Mariana para Jacinto Solana significó la pérdida de la voluntad de vivir. Deseo, vida, escritura son sinónimos para Jacinto Solana que como Manuel, cuando pierde el objeto de su amor, lo pierde todo.
El tiempo en Mágina está detenido. Desde 1939 los personajes permanecen esperando que les llegue la muerte. El motivo de este letargo es ajeno a la finalización de la guerra, aunque los protagonistas hayan sido republicanos declarados: el acontecimiento que frenó la necesidad del paso del tiempo fue la muerte de una mujer cuya vida une a los personajes de esta historia. Esta opción en el modo de relatar la historia la fundamenta el
auto à e à u aà la gaà t adi ió à ealista:à Laà pode osaà di e sió à i ilà deà lasà e pe ie iasà
personales y la manera en que se unen a la trama de los hechos históricos los había aprendido por igual en Conversaciones en la Catedral y en La educación sentimental, en
Guerra y Paz y en los Episodios nacionales à Pura: 209).
En la novela de Muñoz Molina aparece una imagen vigente en 1969, y quizás aun hoy, sobre la Generación del 27. Cuando se lo interroga acerca de los motivos que lo llevan a elegir ese escenario para su poeta apócrifo, él los describe así:
En ese momento, como lo ha señalado Juan Marichal, es el de la universalización de España, cuando estuvo a punto de convertirse en una patria para todos los españoles. Esa esperanza fue abolida por la Guerra Civil, y es la gran tragedia nacional, es un episodio fundamental de nuestra experiencia personal y colectiva. La actitud de Minaya frente a Jacinto Solana (como muy bien se percató el profesor Soria Olmedo, uno de los lectores más penetrantes de mi novela) es la misma actitud de nuestra generación hacia esa otra generación,
ha iaàesosà hé oes àdeàalgoà ueàpudoàha e àsido. (Gutiérrez: 1996)
La idea de gran tragedia nacional que él describe, como quiebre de loque pudo haber sido, funciona en el imaginario a la par de otra: la idealización que el paso del tiempo impuso sobre los poetas que participaron en el movimiento cultural que acompaña la aparición de la II República.60 Tomando en cuenta ello es que Muñoz Molina construye el personaje de
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Minaya, el joven estudiante de literatura que intenta escribir su tesis sobre Jacinto Solana en 1968. Cuando en 1992 Muñoz Molina reseña la aparición del libro con la correspondencia Salinas-Guillén, se refiere a la memoria que se tiene de estos poetas diciendo:
En la historia de la literatura, como en las novelas policiales, no hay figura que previamente no esté codificada por las normas del género: la figura del poeta de la generación del 27 viene siendo tan rígida como la del detective privado, y más que un retrato plural y verídico es un retrato robot urdido con rasgos más o menos ciertos de García Lorca, de Cernuda, de Rafael Alberti, y determinado no tanto por los hechos de sus biografías como por una adaptación del mito romántico del artista: el poeta del 27 tiene, en las descuidadas escenografías del recuerdo ignorante, aunque reverencial, un prestigio de bohemia y de heterodoxia, de militancia política y de inmolaciones pasionales, así como un aire de jugueteo entre irresponsable y vanguardista que exhibe como heroicidad máxima la célebre meada colectiva contra los muros de la Academia de la Lengua. (Muñoz Molina: 1992)61
Esta mirada idealizada hacia el pasado perdido, pasado que a la vez se recupera como
laà espe a zaà pe didaà deà u aà Españaà pa aà todosà losà españoles ,à esà laà ueà e a aà elà
personaje estudiante de letras. Muñoz Molina, como novelista en 1985, quiere desmontar esta imagen cristalizada. Esto genera una distancia, marca una diferencia real entre las concepciones de aquellos estudiantes del 69 y el lector de la novela en 1986, y en esto va el
a ioà adi alàe àlaàes itu aàdeàlaà ue aà a ati a .àLosàp o edi ie tosà ueàutiliza Muñoz Molina son múltiples y muchos de ellos coinciden con los descriptos por la crítica para este
ue oà ealis o ,àpe oàot osà a a te iza àpa ti ula e teàlaàpoéti aàdelàauto ,àe àespe ialà
satisfactoria para reflejar el ambiente cultural que se despliega en España en el período que podríamos acotar de 1914 a 1939. Cuando acudamos a esa categoría será en referencia al grupo de poetas con los que el apócrifo Jacinto Solana se identifica, ya que se le atribuyen datos biográficos o versos. Sobre este tema ver López de Abianda (2000: 140).
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Es interesante agregar otro comentario de Muñoz Molina en esta misma reseña. Como es conocido, por un saqueo a la casa de Salinas en Madrid a principios de la guerra, se perdieron las cartas con las que Guillén respondía. El libro que reseña entonces Muñoz Molina tiene sólo la mitad de la historia; al respecto afirma:
Co oàaàlasàestatuasàa tiguas,àlasài ju iasàdelàtie poàag ega àsig ifi adosàaàlaàhisto ia,àlaà odifi a ,ài lusoà
la mejoran: leemos las cartas sin respuesta de Pedro Salinas y nos parece que escribe para nadie, para un amigo simétrico, inventado y lejano, que le dedicara una reticente frialdad, que le sirviera de pretexto al autor innominado de la historia para contarnos desde una perspectiva lateral la vida y la literatura de la España de ese tiempo, la biografía de un personaje que nos interesa mucho más porque no se parece en nada al modelo de personaje canonizado por las ya fatigosas mitologías del 27 à é fasisà ío .àLasà i tudesà
que el autor recolecta de este libro, en laàideaàdeà pe spe ti aàlate al àpa aà a a àlaàhisto ia,àseàase eja àalà
efecto buscado en la construcción de Beatus ille, donde la voz de Jacinto Solana guía para la reconstrucción de la memoria desde afuera, desde el lugar de los muertos.
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algunos de esta novela.
El modo discursivo del que se sirve el autor para incluir el desarrollo de las escenas y las voces de todos los personajes en el discurso del narrador es adelantado desde el título por la cita al epodo horaciano. La extensa narración de los hechos ante la mirada del joven que sólo buscaba un pasado heroico cambia de signo al develarse la identidad del narrador:
Ja i toà“ola a,à esu itado àpe oàso ial e teà ue to,àapa e eàe àelà elatoà o oàlaà ozà ueà
surge en los últimos versos del poema latino, el usurero Alfius que recoge su dinero pagado en los Idus. La enumeración horaciana que detalla bendiciendo la bucólica vida de quien permanece alejado del comercio y es feliz con lo obtenido de sus manos sobre la tierra,
uie à sa a doà i oà delà añoà deà u à ue à to el,/à p epa aà oà o p adosà a ja es ,62
se transforma en cínica ironía al estar en boca de un usurero que cuenta su dinero recién cobrado, ansioso por volver a colocarlo. A este narrador mucho debe el de Beatus ille, quien a lo largo de toda la novela relata la que debiera haber sido su historia, pero contando otras vidas: el poeta que hubiese escrito una gran obra, digna de ser quemada por las cuadrillas falangistas –texto que no fue escrito hasta que Minaya llega a Mágina y se convierte en el
relator de esa historia, es por eso que Solana le dice: Pe oàeseàli oà ueàUstedà us óà àhaà
creído encontrar no fue escrito nunca, o lo ha escrito usted, desde que vino a Mágina, desde
a uellaà o heàe à ueàI ésàleào óàp egu ta àpo àJa i toà“ola aàhastaàestaà is aàta de à BI: 233))–63 también le hubiese gustado ser el digno amigo de Manuel que no hubiera deseado
su esposa, hecho que reconoce íntimamente mientras dialoga con Beatriz y ella le increpa el
díaà ueàseà a hó:à I pe iosa e teàleàha la aàaàu aàso a,àaàalguie à ueàtalà ezàfuià oà
trece o catorce años atrás, cuando aún no existía Mariana ni la vergüenza de desear lo que me había sido negado,64esaà laseàdeài justi iaàoàe o à ueà adieà epa aà à adieàa epta à BI: 122).
62 Versos 47-48: ho a dul i vi a p o e s dolio/ dapes i e ptas appa et . La versión del texto latino corresponde a la edición de Chamorro (1951) y la traducción a la edición de Cuatrecasas (1992).
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La cita corresponde a la edición de Beatus ille que aparece en la bibliografía. A partir de aquí las referencias al texto serán BI y la indicación de la página.
64Esteà ep o heà despe so alizado,à loà ueà eà había sidoà egado ,à opiaà elà dis u soà ueà seà utilizaà pa aà losà bienes materiales y lo usa para referirse a los sentimientos, porque lo que le ha sido negado, o lo que no mereció, fue el amor de Mariana.
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