Chapter 5. Microgrid Testbed and Experimental Evaluation
5.3 Simulated Microgrid Benchmark
5.3.3 Communication Network of Microgrid Benchmark
5.3.3.3 Microgrid Protection and Control
El mundo antiguo contempla concepciones de la frontera muy diferentes. Entre las sociedades del Próximo Oriente Antiguo la frontera separa un espacio interior propio, ordenado y civilizado, respecto de un espacio exterior ajeno, caótico y bárbaro, y combina un conocimiento práctico de la realidad —plasmado físicamente en las delimitaciones fronterizas interestatales— con una representación simbólica de la misma que identifica los dominios del soberano reinante con el mundo274.
En el marco proporcionado por la Antigüedad clásica conviven dos concepciones de la frontera radicalmente diferentes. En el ámbito helénico la noción de frontera alcanza un notable desarrollo, pero se encuentra proyectada no tanto hacia el exterior bárbaro como hacia el interior de la propia helenidad: como si la misma definición del bárbaro resultase suficiente para establecer la diferencia respecto del Otro incluso de una manera física, la frontera constituye un elemento regulador de la convivencia entre las poleis que se define progresivamente desde una concepción espacial hasta otra de carácter lineal, paralelamente a la evolución política de las ciudades-estado griegas275. Con ello
274 En general sobre el Próximo Oriente Antiguo y en el marco ideológico que preside las
relaciones de poder entre los diversos estados, vid. M. LIVERANI, Prestige and Interest.
International Relations in the Near East ca. 1600-1100 B.C., Padua, 1990, 33-112, esp. 51-112.
Concretamente sobre Egipto: J.-C. GOYON, “Égypte pharaonique: le roi frontière”, en Y. ROMAN (dir.), La Frontière, Lyon, 1993, 9-15; A. DIEGO ESPINEL, “Fronteras y demarcaciones del territorio egipcio en el Reino Antiguo”, en Sociedades y fronteras en el
mundo antiguo (SHHA 16), Salamanca, 1998, 9-30. Sobre Hatti: J. M. GONZÁLEZ SALAZAR,
“El curso del río Éufrates y su valor simbólico entre los hititas de Anatolia (segunda mitad del II milenio a.C.)”, Gerión 15, 1997, 11-25.
275 J. TRÉHEUX, “La frontière en Grèce”, en Frontières et contacts de civilisation, 1979, 31-
39; G. DAVERIO ROCCHI, “Il concetto di frontiera nella Grecia antica”, en M. SORDI (ed.), Il
confine nel mondo classico, Milán, 1987, 21-42; EAD., Frontiera e confini nella Grecia Antica,
Roma, 1988; EAD., “Politische, wirtschaftliche, militärische Funktion der Grenzen im alten Griechenland”, en OLSHAUSEN y SONNABEND, 1994, 95-110; M. CASEVITZ, “Les mots de la frontière en grec”, en ROMAN, 1993, 17-24; ID., “Sur ejscatiav. Histoire du mot”, en ROUSSELLE, 1995, 19-30; D. ROUSSET, “Les frontières des cités grecques. Premières réflexions à partir du recueil des documents épigraphiques”, CCG 5, 1994, 97-126; F. GSCHNITZER, “Zur Terminologie der Grenze und des Gebietes im Griechischen”, en OLSHAUSEN y SONNABEND, 1994, 21-33; H. VAN EFFENTERRE, M. VAN EFFENTERRE, “La terminologie des bornages frontaliers”, en OLSHAUSEN y SONNABEND, 1994, 111-125; y los estudios reunidos en el volumen Confini e frontiera nella Grecità d’Occidente. Atti del
XXXVII Convegno di Studi sulla Magna Grecia, Tarento, 1999, entre los que destacan
aportaciones como la de F. PRONTERA, “Identità etnica, confini e frontiere nel mondo greco” (147-166), las referidas al mundo colonial de E. GRECO, “Problemi della frontera nel mondo coloniale” (261-272) y J. DE LA GENIÈRE, “Metaxu; ”Ellhvnwn kai; Barbavrwn” (503-518), y
contrasta la proyección hacia el exterior que define el concepto romano de frontera. En este sentido, la historiografía tradicional siempre destacó lo arraigado de la noción de frontera en el mundo romano. No resulta extraña semejante conclusión a la vista de lo que desde finales del siglo XIX fue designado con el término limes, un impresionante sistema defensivo fronterizo que durante el período imperial separó el dominio de Roma respecto de los territorios situados fuera de él. Su redescubrimiento y estudio coincidiendo con el período de la expansión colonial europea, en una época en la que el reparto del mundo generaba la creación de nuevos imperios, sirvió para justificar todo tipo de interpretaciones sobre la frontera, tanto la “frontera natural” del Rhin y el Danubio, como la “frontera artificial” manifestada por el limes renano o el denominado Muro de Adriano, lo que ha llevado a M. Foucher a calificar el
limes como la “unidad y diversidad de un estereotipo”276.
Bajo la influencia del contexto ideológico en el que los primeros “inventores” decimonónicos del limes analizaron y reconstruyeron dicho sistema fronterizo, éste se convirtió en la frontera romana por excelencia. Así, la noción genérica de “frontera romana” quedó reducida a la imagen de un sistema de defensa organizado en una línea de fortificaciones comunicadas por vías a lo largo de una frontera fija, señalada ésta bien por un río, bien por un obstáculo artificial277. Dicha interpretación motivó la consideración de dicho
finalmente la de A. CORCELLA, “La frontiera nella storiografia del mondo antico” (43-82), sobre el análisis de la noción helénica de frontera por parte de la investigación moderna. Precisamente el reciente interés mostrado por la historiografía hispana sobre el tema se ha plasmado en trabajos como el de M. VALDÉS, D. PLÁCIDO, “La frontera del territorio ateniense”, en Sociedades y fronteras ..., 1998, 85-100, y las diversas contribuciones incluidas en P. LÓPEZ BARJA, S. REBOREDA MORILLO (eds.), Fronteras e identidad en el mundo
griego antiguo, Santiago de Compostela, 2001, particularmente A. DOMÍNGUEZ MONEDERO,
“Fronteras e intercambio cultural en el mundo griego colonial” (107-126), y J. PASCUAL GONZÁLEZ, “Identidades y fronteras en Grecia central” (241-263).
276 FOUCHER, 1986, 72; J. NAPOLI, “Signification des ouvrages linéaires romaines”, Latomus
48.4, 1989, 823-834. Todavía en la actualidad los estudios sobre la frontera romana centran su atención fundamentalmente en el período imperial, tal como evidencian los recientes estudios de B. ISAAC, The Limits of Empire, Oxford, 1990; ID., “An open frontier”, en P. BRUN, S. VAN DER LEEUW, C. R. WHITTAKER (eds.), Frontières d’Empire. Nature et signification des
frontières romaines, Nemours, 1993, 105-114; A. D. LEE, Information and Frontiers,
Cambridge, 1993; C. R. WHITTAKER, Frontiers of the Roman Empire. A Social and Economic
Study, Baltimore, 1994; S. K. DRUMMOND, L. H. NELSON, The western frontiers of imperial Rome, Armonk (Nueva York), 1994; H. ELTON, Frontiers of the Roman Empire, Londres, 1996;
D. WILLIAMS, The reach of Rome: a history of the Roman imperial frontier 1st-5th centuries
AD, Londres, 1996; S. P. MATTERN, Rome and the Enemy. Imperial Strategy in the Principate,
Berkeley, 1999; y P. LAEDERICH, Les limites de l’Empire, París, 2001.
277 FOUCHER, 1986, 74; B. ISAAC, “The meaning of the terms limes and limitanei”, JRS 78,
1988, 125-147, 125 y 130; J.-M. CARRIÉ, “1993: ouverture des frontières de l’Empire romain?”, en ROUSSELLE, 1995, 31-53, 34-41.
sistema como el resultado final de la aplicación de una política conscientemente programada y practicada por parte de Roma. Este enfoque de la cuestión se convirtió durante largo tiempo en un principio inamovible que ha llegado hasta nuestros días, como lo demuestra el uso de la la expresión Limeskongress, con la que se ha venido denominando cada una de las reuniones científicas dedicadas al estudio de las fronteras romanas celebradas durante las cuatro últimas décadas.
Un buen ejemplo de esta interpretación lo encontramos en el análisis de E. N. Luttwak. En este estudio de la estrategia fronteriza romana desde Augusto hasta el siglo IV, se afirma la existencia y puesta en práctica de una política regular por parte de los emperadores romanos, plasmada en el desarrollo sistemático de una estrategia global hasta culminar en el establecimiento de una “frontera científica”. Así, el autor distingue tres momentos sucesivos en la organización de lo que él mismo denomina “la gran estrategia del Imperio romano”. Para mantener la estabilidad en las áreas periféricas, en una primera fase, que se situaría entre Augusto y Nerón, se disponen fuerzas móviles estratégicamente situadas por todo el Imperio y se establecen alianzas con estados clientes, demostrando una cierta continuidad respecto a la estrategia republicana, aunque practicada de un modo más racional y ordenado. Una segunda etapa abarcaría los reinados de los Flavios y Severos, caracterizándose por una frontera “científica”, claramente definida, con tropas fijas frente al enemigo potencial. Finalmente, el período que ocupa desde la crisis del siglo III hasta mediados del IV mostraría lo que Luttwak denomina una “defensa en profundidad”, cuyo fracaso pondrá fin al Imperio Romano de Occidente278.
La obra de Luttwak encierra los dos principios fundamentales que tradicionalmente han condicionado el estudio de la frontera romana, esto es, su identificación exclusiva con el limes de época imperial y la cuestión de la existencia de una “política de frontera” por parte del poder romano. Por lo que
278 E. N. LUTTWAK, The Grand Strategy of the Roman Empire (AD I-III), Baltimore-Londres,
1979 (1976). Redactada desde la perspectiva de la Guerra Fría por un autor que posteriormente se convirtió en ferviente seguidor del Reaganismo y ha actuado como asesor del Pentágono, esta obra percibe la frontera imperial romana bajo la imagen de un “telón de acero” entre civilización y barbarie desde la misma perspectiva que alimenta la retórica norteamericana contra el denominado “Imperio del Mal” elaborada a comienzos de la década de los ochenta del pasado siglo y recuperada en la actualidad, W. POHL, “Conclusion: The transformation of frontiers”, en W. POHL, I. WOOD, H. REIMITZ (eds.), The Transformation of Frontiers. From
Late Antiquity to the Carolingians, Leiden, 2001, 247-260, 249; P. HEATHER, “The late
Roman art of client management: Imperial defence in the fourth century west”, ibid., 15-68, 66, n. 140. Una reciente crítica hacia el planteamiento de Luttwak y los intentos de revitalizarlo ha sido formulada por C. R. WHITTAKER, “Where are the frontiers now?”, en KENNEDY, 1996, 25-41.
al primer punto se refiere, no puede hacerse del limes la frontera romana por excelencia cuando, en realidad, dicho término no sólo no refleja la realidad global de dicha expresión, sino que ni siquiera define correctamente aquella otra a la que califica. El término limes aparece en las fuentes literarias y epigráficas en el siglo I d.C., y durante el Alto Imperio equivale a “camino militar” o a “frontera”, mientras que a partir del siglo IV adopta un significado administrativo al designar un distrito fronterizo279. Sin embargo, nunca se utiliza
haciendo referencia a unas estructuras defensivas permanentes o al establecimiento de una organización militar y administrativa formal. Es ésta una interpretación que, como ya se ha dicho, se impone en el siglo XIX con el desarrollo de los estudios sobre la organización militar en las áreas de frontera y que fue asumida de manera acrítica por la historiografía contemporánea. De este modo, limes ha sido utilizado como si se explicase por sí mismo, cuando en realidad no existe en latín un término para indicar lo que hoy se entiende por tal, esto es, un sistema fronterizo de defensa280.
Es más: resulta particularmente significativo el hecho de que en esta lengua ni siquiera exista un término específico para expresar la noción de frontera281. Si limes figura en las fuentes a partir del período altoimperial, en
época republicana y en los escritos de Cicerón y César los términos utilizados comúnmente para expresar la noción “fronteras del Imperio” son fines y
termini282. Si a ellos sumamos el término ripa, nos encontramos con cuatro
términos que designan en latín la noción de frontera según principios de metonimia —fines, terminus— o exclusión —limes, ripa. Inscritos en registros radicalmente distintos, corresponden a diferentes formas de representación según la escala considerada —fronteras del imperio o fronteras de un determinado sector limítrofe— o la naturaleza jurídica del marco territorial —fronteras exteriores o límites internos. La misma diferenciación se observa en el nivel semántico, cuando, dividido el espacio semántico entre los planos
279 ISAAC, 1988, 125-138. Vid. asimismo G. FORNI, “Limes”, en E. DE RUGGIERO,
Dizionario Epigrafico, IV, Roma, 1957-58, 1074-1280; ID., “«Limes»: nozioni e
nomenclature”, en SORDI, 1987, 272-294; C. MILANI, “Il «confine»: note linguistiche”, en SORDI, 1987, 3-12; P. MAYERSON, “The Meaning of the Word Limes (livmiton) in the Papyri”, ZPE 77, 1989, 287-291.
280 ISAAC, 1988, 130 y 146.
281 S. MITCHELL, “S. L. Dyson. The Creation of the Roman Frontier”, JRS 76, 1986, 288-
289, 288.
sagrado, profano, ideal y material, cabe situar los términos limes y ripa —de carácter marcadamente geográfico— entre lo profano y lo material, en el extremo opuesto a Terminus —divinidad de los límites—, mientras que entre ambos hallamos por un lado terminus entre lo material y lo sagrado, y finis entre lo ideal y lo profano283:
sagrado
terminus Terminus
material ideal
limes, ripa finis
profano
Con todo, dejando a un lado esta indefinición terminológica, resulta evidente que la frontera romana existía desde mucho tiempo atrás, tal y como lo demuestra el mismo acto fundacional de la Vrbs. Sin embargo, la interpretación tradicionalmente formulada acerca de la frontera romana, según la cual ésta quedaba reducida a su identificación con el limes imperial, no sólo no contempló la experiencia republicana por sí misma, sino que ni siquiera lo hizo en función del supuesto “resultado” posterior, expresado en dicho limes imperial. El hecho de prescindir del período republicano supone así una carencia fundamental a la hora de intentar comprender el significado de la noción romana de frontera. Como bien señala J. C. Mann en su reseña del libro de Luttwak, éste, al comenzar su estudio con Augusto y centrar su atención en unos siglos de relativa estabilidad, ignora aquéllos tan agitados que los han precedido, lo que equivale a examinar la meta sin tener en cuenta el camino recorrido hasta llegar a ella. Es más: el hecho mismo de “contemplar la forma final conocida de la frontera en una zona determinada como el producto final de una aplicación lógica y coherente de algo denominado «política de frontera», perseguida durante generaciones” supone un error284. Por ello, se impone la necesidad de
analizar el fenómeno fronterizo durante el período republicano y de hacerlo contemplándolo no como el proceso que necesariamente desembocará en el establecimiento del limes imperial, sino como un fenómeno con entidad propia suficiente como para no ser considerado en función de ningún supuesto desarrollo posterior.
283 P. TROUSSET, “La frontière romaine et ses contradictions”, en ROMAN, 1993, 25-33, 26 =
ID., “La frontière romaine: concepts et représentations”, en BRUN, VAN DER LEEUW y
WHITTAKER, 1993, 115-120, 116.
284 J. C. MANN, “Power, Force and the Frontiers of the Empire”, JRS 69, 1979, 175-183, 176;
El trabajo de S. L. Dyson, The Creation of the Roman Frontier, se ha planteado acometer dicha empresa285. El propio autor confiesa en la
introducción que su obra comenzó como un análisis de la frontera romana occidental establecida por Augusto y sus sucesores, pero que, conforme avanzaba en su investigación, advirtió que las raíces de la reflexión romana sobre la frontera y el desarrollo de métodos de control fronterizo se hallaban en la “rica experiencia” de la República: “cuando Augusto llegó al poder, los romanos habían estado tratando con problemas fronterizos en Italia y Occidente durante aproximadamente cuatrocientos años”286. Considerada desde esta
perspectiva, la experiencia republicana reviste una enorme importancia a la hora de plantear el análisis de la frontera romana, hasta el punto de calificar dicho período como el de la “creación de la frontera romana”. Este proceso se extendería, siempre según Dyson, desde comienzos del siglo IV hasta mediados del I a.C., paralelamente al desarrollo del propio Estado romano, y se caracterizaría por un gradual pero constante avance hacia adelante, desde la simple supervivencia de la Vrbs hasta la conquista del mundo mediterráneo, que contemplaría el progresivo crecimiento de los problemas fronterizos en cuanto a lejanía y complejidad287.
Sin embargo, y enlazando así con el segundo principio de la concepción tradicional de la frontera romana al que aludíamos más arriba, el mismo autor afirma la existencia de una “política de frontera” durante el período
285 S. L. DYSON, The Creation of the Roman Frontier, Princeton (Nueva Jersey), 1985. 286 DYSON, 1985, 3.
287 Vid. S. L. DYSON, “The Roman frontier in comparative perspective: the view from North
America”, en BRUN, VAN DER LEEUW, WHITTAKER, 1993, 149-157. Acerca de la utilidad del método comparativo en el ámbito de los estudios sobre la frontera romana, vid. I. KOPYTOFF, “The Roman frontier and the uses of comparison”, en BRUN, VAN DER LEEUW, WHITTAKER, 1993, 143-147; P. SOUTHERN, “Comparative frontier studies”, en E. SCOTT (ed.), Theoretical Roman archaeology: first conference proceedings (= TRAC 1), Aldershot- Avebury, 1993, 147-154. Aunque de un modo implícito, esta perspectiva “turneriana” del trabajo de Dyson ha sido objeto de las ironías de L. KEPPIE, “How the West was won”, CR 36.2, 1986, 273-274, por cuanto el título con el que así encabeza esta reseña de The Creation of the
Roman Frontier reproduce el original de la obra cinematográfica estrenada en castellano como La conquista del Oeste (How the West Was Won, MGM, 1962), western estructurado en una serie
de episodios dirigidos por diferentes autores con la intención de reflejar las sucesivas etapas de la expansión americana hacia el Oeste —“Los ríos” (The Rivers) y “Las llanuras” (The Plains), de Henry Hathaway; “La Guerra Civil” (Civil War), de John Ford; “El ferrocarril” (The
Railroad), de George Marshall; y “Los forajidos” (The Outlaws), asimismo de Henry
Hathaway— y, por ello, expresión fiel de la concepción de la historia norteamericana defendida por F. J. Turner en tanto que sucesión de fronteras —la del indio y el cazador, la del comerciante, la del ranchero, la del colono, la del surgimiento de las ciudades— que contempla el nacimiento de la libertad y la democracia en los Estados Unidos.
republicano. En su exposición, el objeto de análisis es lo que Dyson denomina genéricamente “frontera romana republicana”, esto es, la experiencia fronteriza romana durante el período republicano, centrando su atención en el ámbito occidental. Con cuatro siglos de existencia y habiendo recorrido todo el espacio mediterráneo, las diversas manifestaciones fronterizas resultan así unificadas en un proceso más amplio según el cual la experiencia adquirida se habría acumulado en la “conciencia nacional” romana hasta el punto de hacer posible la elaboración a partir de ella de una auténtica estrategia fronteriza aplicable a las nuevas situaciones que en adelante se fuesen planteando.
Ello implica suponerle a Roma un cuidadoso estudio de la situación local antes de decidir la intervención, una detallada planificación de la misma y una voluntad romanizadora traducida en una política consciente y programada en su relación con el mundo indígena288. El resultado de todo ello se plasmaría en una
cierta coherencia de la frontera romana en Occidente, región en la que, según el mismo autor, Roma crearía durante el período republicano su propio sistema fronterizo y su propia sociedad provincial, y en la que por más tiempo perdurarían los resultados de su actividad, hasta el punto de afirmar que las zonas incorporadas durante este período habrían sido las más romanizadas289.
Así, Dyson reacciona contra la historiografía moderna, la cual, al hacer hincapié en aspectos tales como la personalización del poder político, la dinámica de la sociedad republicana en tanto que grupo aristocrático y la falta de regularidad de la acción militar romana durante este período, habría dejado de lado los elementos de continuidad existentes “tanto en la política como en la acción”. Por todo ello, concluye interpretando cada acción de Roma como la expresión de una política definida, aplicada de forma flexible y formando parte de un plan más amplio290. En este sentido, Dyson se nos revela como el Luttwak
de la frontera romana en época republicana.
288 “Es más, una vez adoptada la decisión de intervenir, el éxito romano dependía de un astuto
análisis de la naturaleza de las condiciones locales y de aquellas fuerzas que podían favorecer a Roma, así como de las que podían oponerse a ella. De nuevo, esto presupone que tanto los romanos como los historiadores que reconstruyen sus acciones conocerían la situación local”, DYSON, 1986, 5.
289 DYSON, 1986, 4. Cf. las opiniones en contra formuladas fundamentalmente por Woolf y
reseñadas supra, pp. 140-142.
Frente a todo ello, y teniendo en cuenta precisamente la indefinición conceptual y terminológica de la misma noción romana de frontera, los problemas para definir los límites del ámbito romano de actuación —lo mismo en el plano geográfico que en el jurisdiccional— y las actitudes manifestadas por la aristocracia dirigente romana —tanto en la frontera como en el Senado—, S. Mitchell considera que la política fronteriza romana habría consistido más bien