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Top-10 Modal Markers of Deontic Modality

4.2 Quantitative Analysis of Deontic Modality

4.2.3 Top-10 Modal Markers of Deontic Modality

La siguiente cita de El hablador expone la función cultural y psicológica de la incorporación de la experiencia de la época de la explotación del caucho dentro de la “narración machiguenga” (capítulos 3, 5 y 7):

(49) El tiempo peor fue la sangría de árboles [la explotación del caucho], según él [Tasurinchi, el hierbero]. No lo vivió, pero sí su padre y sus madres. Y oyó tantas historias que es como si lo hubiera vivido. “Tantas que a veces me parece que yo también lastimé los troncos para sacarles su leche y que también me cazaron como a sajino para llevarme al campamento” (EH: 134).

Como admite Tasurinchi, el hierbero, aunque él no viviera personalmente “la sangría de árboles”, no obstante, ha oído al hablador contar esa historia.91 Debido a los relatos del hablador, Tasurinchi conoce la irrupción que significó la época de la explotación del caucho para la sociedad y cosmología machiguenga. En el pasaje anterior se revela la huella psicológica que ha dejado en Tasurinchi el oír hablar de lo que pasó con los machiguengas durante la época de la explotación del caucho. Estos relatos han tenido el efecto de hacerle sentir y vivir lo que sus predecesors experimentaron: “me parece que yo también lastimé los troncos para sacarles su leche y que también me cazaron” (cita 49). Por eso, la incorporación de la experiencia de la explotación del caucho dentro de la cosmología machiguenga ha tenido el efecto de crear vínculos entre el pasado y el presente como asimismo fortalecer el sentido de comunidad entre los machiguengas.

El siguiente comentario ilustra la incorporación de la época del caucho en el plano narrativo y mítico de El hablador:

(50) Después, ya no se podía subir más al Cerro. Después, ellos se quedaron sin sal. Después, al que subía lo cazaban. Amarrado, se lo llevaban a los campamentos. Eso era la sangría de árboles. ¡Fuerza, carajo! Después, la tierra se llenó de viracochas buscando y cazando hombres. Se los llevaban y ellos sangraban el árbol y cargaban el jebe. ¡Fuerza, carajo! (EH: 45).

Como se ve, la experiencia de “la sangría de árboles”, dentro de este relato machiguenga, parece como un suceso más que el hablador debe contar en el acto de estar relatando hechos significantes experimentados por el grupo machiguenga; en el acto de construir y repetir la memoria cultural de los machiguengas. Por lo tanto, es posible argumentar que la época del caucho se ha interiorizado en los relatos machiguengas. Es posible interpretar tal incorporación como una manera de crear un nuevo mito machiguenga encuadrado dentro de su antigua cosmología, lo cual permite entender que, el sufrimiento que trajo la época del caucho sea explicado por los machiguengas en términos cosmológicos: “El mundo se ha vuelto desorden [...] Se ha caído el sol” (cita 51). La integración de la experiencia de la época del caucho dentro de la cosmología machiguenga puede ser entendida como un modo de resistencia y regeneración cultural del grupo machiguenga frente a lo que pasa a su alrededor y ante los blancos, en particular.

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“La sangría de los árboles” es la manera autóctona para referirse a la época del caucho. Aunque la referencia autóctona no plantée mayor dificultad para la comprensión, “la sangría de los árboles” es explicada y traducida en el capítulo 4 de la “narración occidental”: “Los sufrimientos experimentados por la comunidad [de los machiguengas] durante la época del caucho, [...], habían dejado una impronta de terror en sus mitos y leyendas referidos a aquella época, a la que denominaban la sangría de árboles” (EH: 82).

En el relato de Tasurinchi, el hierbero, se hace evidente la intimidación que causa en los machiguengas el acontecimiento histórico de la explotación del caucho por compañías nacionales e internacionales en el territorio amazónico:

(51) Al principio, ellos recorrían la tierra cazando a la gente. Entraban a los caseríos, disparaban sus escopetas. Sus perros ladraban y mordían: eran cazadores, también. Asustados con el ruido los hombres que andan se espantaban, como los pájaros que vi en el río. Pero ellos no podían echarse a volar. Los laceaban, en las casas; los laceaban en las trochas y en las canoas si se estaban huyendo por el río. ¡Fuerza, carajo! ¡Fuerza, machiguenga! A los que tenían manos para sacar su sangre del árbol, se los llevaban. Pero a los recién nacidos y a los viejos, no. “Éstos no sirven”, diciendo. A las mujeres también se las llevaban para cuidar las chacras y hacer la comida. […] De los campamentos pocos salían. Rápido se irían, tan rabiosos o tan tristes que sus almas no volverían, tal vez. Lo peor, cuenta Tasurinchi, el hierbero, fue cuando en los campamentos empezó a faltar gente por tantos que se iban. ¡Fuerza, carajo! Ya no había, pues. Se les había acabado. Sin poder levantar sus brazos, se morían. Los viracochas rabiaban. “Qué haremos sin brazos?”, diciendo. “Qué hemos de hacer?” Mandaban a los amarrados, entonces, a cazar gente. [...] Muchos eran los hombres que andan, antes; después, pocos. Eso era la sangría de árboles. “El mundo se ha vuelto desorden”, rabiaban. “Se ha caído el sol” (EH: 134-5; 136).

Como se ilustra aquí, la época de la explotación del caucho se representa como una experiencia horrorosa para los machiguengas. En el pasaje anterior se menciona también a otros grupos indígenas que han pasado por la misma experiencia que los machiguengas (los piros, los yaminahuas y los ashaninkas). Debido a que la referencia a cada grupo indígena va acompañada por la palabra “fuerza”, es posible afirmar que, por medio de ese grito de guerra, los machiguengas se unen a otros grupos indígenas también explotados por los viracochas92.

Ahora bien, llama la atención el empleo de los sintagmas “la sangría de árboles” y los “viracochas”. En primer lugar, la forma mítica de referirse a la época del caucho (“la sangría de árboles”) remite a la cercanía existente entre la cultura machiguenga y la naturaleza. “La sangría de árboles” se refiere tanto al daño que empresas económicas occidentales causaron en la selva amazónica como también a la destrucción del equilibrio que siempre había existido entre los pueblos indígenas y su territorio. Desde una perspectiva occidental, “la época del caucho” remite a que el Occidente percibe el árbol del caucho como objeto económico de explotación. Por lo tanto, hay dos formas de referirse al árbol del caucho: una autóctona y otra occidental, y las dos formas tienen sentidos bien diferentes.93

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“Viracocha” es la manera autóctona para referirse a los blancos. El término “viracocha” es explicado y traducido en el capítulo 2 de la “narración occidental”: “los viracochas – así nos llaman a los blancos” (EH: 25).

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A la luz de la presentación en El hablador de dos formas de nombrar el mismo objeto (una occidental y otra autóctona), es posible trazar una línea histórica hacia el período colonial. Al respecto, González Ortega demuestra cómo la conquista y colonización de América se realizó tanto territorial como semánticamente: “la apropiación territorial del Nuevo Mundo, iniciada con el desembarque de Colón, se realizó semánticamente por medio de la designación lingüística de topónimos, patronímicos y gentilicios sobre tierras y hombres americanos. [...] En efecto, en su diario [...] el almirante, primero, nombra los territorios del Nuevo Mundo, sustituyendo los antiguos nombres indígenas con ‘nombre nuevo’ español” (González Ortega 2006: 145). A la luz de estos razonamientos, es posible afirmar que se ha colonizado cultural y económicamente el territorio del pueblo

En suma, la época de la explotación del caucho fue un acontecimiento que dejó improntas profundas en los machiguengas. Como se ha comentado, la incorporación de este hecho histórico (neo-colonialismo económico del territorio de los machiguengas) dentro de la narración mítica de los machiguengas puede interpretarse como una forma de sustentar su vínculo cultural frente a los otros grupos culturales, en particular frente a los viracochas (los blancos). Dado que el papel del hablador es contar y, por medio de sus narraciones, reunir a todos los machiguengas en el tiempo y en el espacio, sus narraciones tienen la función de reforzar el sentimiento del grupo frente a otros grupos culturales. Por lo tanto, los episodios que se refieren a “la sangría de árboles” en la “narración machiguenga” demuestran la huella cultural, narrativa y psicológica que la época de la explotación del caucho dejó en los machiguengas.