• No results found

Model specification, data and econometric method

Chapter 5: Globalization of R&D investment: insights from U.S based

5.4 Model specification, data and econometric method

Dividiré esta breve exposición sobre el papel del lunfardo —su presencia e interrelaciones— en otros argots hispánicos, en tres partes. En primer lugar, trataré la influencia del lunfardo en otros argots de Latinoamérica; a continuación, me ocuparé de las coincidencias entre algunas voces del argot peninsular y el rioplatense; por último, de la perduración en el lunfardo de voces germanescas y del caló.

2.2.1. Además de la absorción de lunfardismos por parte del parlache —en lo cual se profundiza en otro artículo de este mismo volumen (véase Castañeda y Orduña)—, desde hace décadas se constata la presencia del lunfardo en diferentes códigos lingüísticos argóticos de otros países de América. En un breve estudio sobre el argot de Costa Rica publicado en 1955, Francisco Villegas ofrece varios ejemplos de préstamos —la mayoría, anglicismos— e incluye entre ellos el lunfardismo pibe ‘niño’ y che, que, previsiblemente, en Costa Rica significaba ‘argentino’; un lustro antes de que Ernesto Che Guevara comenzara a ser un nombre reconocible en el mundo.

Los lunfardismos también se constituyeron en préstamos en otros países latinoamericanos. En la jerga o jeringa del Perú se verifica el uso de lunfardismos históricos con sus acepciones originales intactas, como avivato ‘pícaro’; bacán ‘hombre acomodado’; bagre ‘mujer fea’; bobo ‘reloj’; cafiolo ‘rufián’; cana ‘cárcel’; cancha ‘experiencia’; capo ‘hábil’; chamuyar ‘conversar’; deschavarse ‘confesar un secreto’; manyar ‘conocer’ y vento ‘dinero’; así como algunas formas anagramáticas —los comúnmente

llamados vesres—: camba (de bacán), cofla (de flaco), feca (de café), fioca (de cafiolo), grone (de negro), tombo (de botón), entre otras.

Aun cuando no se trata de un argot hispánico, me siento obligado a hacer alguna mención a la relación del lunfardo con la gíria brasileña. Ambos vocabularios compar- ten sus lenguas prestamistas, de modo que es posible que palabras italianas y algunas francesas hayan llegado independientemente a los dos países a través de la inmigración europea, aunque todavía está pendiente un estudio interrelacionado de ambos argots, que se han mostrado permeables el uno en relación con el otro al menos desde comien- zos del siglo pasado. En algunos casos las voces coinciden; en otros presentan mínimas diferencias fonéticas u ortográficas. Por ejemplo, son coincidentes afanar ‘robar’; biaba ‘golpiza’; cafiolo ‘proxeneta’; cana ‘prisión’ y ‘policía’; engrupir ‘mentir’; fiaca ‘pereza’;

morfar ‘comer’; vento ‘dinero’. Con pequeñas diferencias, el lunfardesco botón ‘agen-

te de policía’ resulta ser botâo; escabiar ‘emborracharse’; escabrir; manyado ‘conocido’;

manjado.

El argotólogo João Bosco Serra e Gurgel (2002) en el Nº 20 de su Jornal da Gíria seleccionó casi doscientos lunfardismos incluidos en la primera edición del Diccionario

etimológico del lunfardo (Conde, 1998) a fin de mostrar la estrecha correlación existente

entre estas unidades léxicas comunes a la gíria y el lunfardo. Entre otros lunfardismos, este autor registró bagre ‘mujer fea’; bancar ‘prestar dinero’; cancha ‘habilidad’; dar pelota ‘atender’; enroscado ‘embrollado’; faroles ‘ojos’; nabo ‘pene’; pachá ‘persona de fortuna’;

ponerse las pilas ‘animarse’; seco ‘falto de dinero’ y vacunado ‘prevenido’.

2.2.2. Pasaré a tratar ahora sobre la relación entre el lunfardo y el español popular, para lo cual me ha prestado extraordinarios servicios el Diccionario de argot de Julia San- martín. En primer lugar, cabe señalar que muchas formas apocopadas del registro colo- quial son comunes y, supongo, no ha habido allí influencias mutuas; pienso en vocablos como anfeta, bici, cole, cumple, depre, dire, masoca, profe, seño y tranqui.

Naturalmente hay una pequeña porción de términos usados en España y en Argentina cuyo origen puede determinarse con claridad en uno u otro lado del Atlántico. Mosca ‘dinero’ ya aparece en aquella letrilla quevediana que comienza «Por Angelito creya, / doncella, que almas guardavas, / y eras araña que andavas / tras la pobre mosca mía». Por su parte, palmar ‘morir’ ha surgido indudablemente primero en la península. Otro tanto ocurre con pedo ‘borrachera’. Desde hace pocos años se viene escuchando en boca de jóvenes porteños el verbo flipar ‘sorprenderse’; claramente surgido en España. Asimismo la voz chichi, que en español popular significa ‘vulva’; en lunfardo, por sinécdoque, es ‘mujer joven’.

Inversamente, sé de españoles que utilizan los lunfardismos birra ‘cerveza’; cafisio ‘proxeneta’; chucha ‘vagina’ (forma aferética del lunfardismo cachucha), jetra ‘traje’; mi-

longa ‘mentira’; pibe ‘niño’; ‘muchacho’; punga ‘carterista’ y quilombo ‘lío’. Igualmente el

Sin pretender ser exhaustivo, encontré varios lexemas idénticos en común en el ar- got español y el lunfardo, que tienen además el mismo —o casi— valor semántico. No podría decir en cuál de los dos argots se dan los usos o registros más antiguos. Los menciono rápidamente: aborto ‘persona fea’; acelerarse ‘estar nervioso’; afanar ‘hurtar’;

agarrada ‘discusión’; agarrado ‘tacaño’; almeja ‘genitales femeninos’; alpiste ‘bebida al-

cohólica’; alucinar ‘maravillarse’; analfabestia ‘analfabeto’; aparato ‘pene’; azotea ‘cabe- za’; baboso ‘hombre que mira a las mujeres de forma lujuriosa’; bicho ‘dosis de LSD’;

bombo ‘embarazo’; buzón ‘boca grande’; cabrearse ‘irritarse’; cafetera ‘automóvil viejo’; calar ‘conocer’; calentar ‘excitar sexualmente’; camelo ‘mentira’; carburar ‘pensar’; carero

‘que impone precios abusivos’; chiripa ‘casualidad’; coco ‘cabeza’; colocarse ‘estar bajo los efectos de la droga’; comerse ‘cargar con una responsabilidad ajena’; consolador ‘pene artificial’; cortar ‘acabar una relación’ y ‘adulterar droga’; delantera ‘pechos’; desayunarse ‘enterarse de algo con retraso’; desembuchar ‘confesar’; dolorosa ‘factura’ —calco del argot francés douleureuse, al igual que la posición sexual sesenta y nueve (soixanteneuf) y la expresión cambiarle el agua a las aceitunas ‘orinar’ (changer d’eau sus olives)—, domin-

guero ‘conductor de fin de semana’; drogón ‘consumidor de estupefacientes’; empastillar- se ‘consumir fármacos’; encamarse ‘mantener relaciones sexuales’; fichar ‘encontrarse con

la pareja’; forro ‘preservativo’; fumado ‘drogado’; gil ‘inocente’ y ‘víctima de una estafa’;

heavy/jevi ‘duro’ o ‘relativo a la música metálica’; huevos ‘testículos’; lanzado ‘osado’; le- che ‘semen’; leonera ‘celda colectiva’; loro ‘mujer fea’; maleta ‘persona de poca habilidad’;

‘Mambo’ ‘lío’; manducar ‘comer’; maría ‘caja fuerte’; melón ‘cabeza’; ‘persona tonta’ y en plural ‘pechos’; merca ‘cocaína’; metalero ‘seguidor de la música o cultura heavy’; música ‘billetera’; patear ‘caminar’; perrera ‘furgón policial’; piña ‘puñetazo’; pirado ‘loco’; porro ‘cigarrillo de marihuana’; raya ‘dosis de cocaína’; tortazo ‘golpe fuerte’; tranca ‘borrache- ra’; trincar ‘fornicar’; vagoneta ‘vago’; violeta y violín ‘violador’; yegua ‘mujer atractiva’;

yerba ‘marihuana’.

Luego hay palabras con pequeñas variaciones: la idea de ‘acobardarse’ se nombra en argot español como arrugarse, y en lunfardo, arrugar; ‘delatar’ en el primero es boquearse y en el segundo, boquear; vidorra ‘buena vida’ se transformó en Buenos Aires en vidurria. También encontré en el lexicón de Sanmartín algunas ideas expresadas con metáforas semejantes. Previsiblemente calientapichas o calientapollas es en lunfardo calientapijas y chupapollas, chupajijas. El pene es en España el calvo y en la Argentina, el pelado. Sobornar es en España engrasar y en lunfardo aceitar, adornar o endulzar y ‘perder la virginidad’ estrenarse y debutar respectivamente.

No dejó de interesarme la existencia de lexemas idénticos en los dos argots, pero con acepciones a veces leve, a veces completamente distintas. Daré dos ejemplos del primer tipo. Cacatúa designa en España a una ‘mujer fea’; pero en la Buenos Aires de hace décadas —ya que hoy está en desuso— significaba ‘persona fea’; tal como aparece en el tango Corrientes y Esmeralda, donde Celedonio Flores escribe: «en tu esquina criolla cualquier cacatúa / sueña con la pinta de Carlos Gardel». Canuto significa en España

‘cigarrillo de hachís’; en la Argentina, ‘cigarrillo de marihuana’. Y daré ahora varios ejemplos del segundo tipo, indicando la acepción en el español popular primero y la lunfardesca a continuación.

Término Significado en el argot español Significado en el lunfardo

chivar ‘fornicar’ ‘transpirar’

chupi ‘divertido’ ‘alcohol’

cuervo ‘sacerdote’ ‘seguidor del club de fútbol San Lorenzo’; que fue fundado por el cura Lorenzo Massa

empaquetar ‘imponer un castigo’ ‘engañar’

fiestero ‘persona que acude a discotecas’ ‘persona que acude a orgías’

fumarse ‘fornicar’ ‘soportar’

larguero ‘timador’ ‘persona que se extiende en el uso de la palabra’

lola ‘menstruación’ ‘pecho femenino’

marrón ‘asunto negativo’ ‘ano’ (utilizado en la locución entregar

el marrón ‘acceder a un coito anal’) pijotero ‘engreído’ ‘tacaño’

tarasca ‘persona violenta’ o ‘prostituta’ ‘dinero’

teca forma aferética de discoteca ‘dinero’

tornillo ‘beso prolongado en la boca’ ‘frío’

trola ‘mentira’ ‘prostituta’

Un caso más: el lunfardismo cuadrado quiere decir ‘ignorante’; en el argot hispánico designa a alguien que no es homosexual —concepto que en lunfardo se expresa con la palabra paqui—.

2.2.3. Voy ahora a la tercera parte anunciada. Los lunfardismos procedentes de la germanía y del caló se volvieron populares en Buenos Aires gracias al género chico es- pañol —con la consecuente difusión entre el público del cuplé, la zarzuela y la canción sicalíptica— que tuvo en el Río de la Plata su época de oro entre 1880 y 1920, en coin- cidencia con el período en el que más profusamente llegaban inmigrantes europeos y, particularmente, españoles.

Según se sabe, cuando Cristóbal de Chaves —enmascarado tras el pseudónimo Juan Hidalgo— publicó en 1609 su antología de romances, la palabra se usaba ya en el título,

Romances de germanía de varios autores, como sinónimo de ‘hampa’; mientras que el vo-

cabulario que acompañaba al texto la definía, de modo más limitado, como ‘rufianesca’. Pero incluso antes, en el capítulo V de la segunda parte del Guzmán de Alfarache (1604), Mateo Alemán denomina germanía a la ‘colectividad de los ladrones’ (Gobello, 1996: 195). Pocos años más tarde la voz ya corría con el sentido de ‘jerga del hampa’. José Gobello ha encontrado en el vocabulario de Chaves unas pocas voces sobrevivientes en el lunfardo, aunque hayan llegado al habla popular de los porteños por vía indirecta a través del lenguaje gauchesco: boliche, fajar, runfla, taita y picaterra ‘gallina’; que en rigor es un préstamo compartido, pues tal como lo haría más tarde el lunfardo, la germanía tomó esta voz del gergo (Gobello 1996: 202-204).

El vocabulario germanesco enriqueció el lunfardo con más de cuarenta términos. Son, prácticamente todas, palabras castellanas que han experimentado un proceso de relexificación, sea por ampliación, reducción o desplazamiento de significado. Entre ellas se destacan aliviar ‘robar’; canguelo ‘temor’; cantar ‘confesar un delito’; espada ‘llave’;

garabo ‘hombre joven’; garfiñar ‘hurtar’; ladrillo ‘ladrón’; marcar ‘dejar una marca en el

rostro’; música ‘billetera’; pechar ‘pedir dinero’; rufo ‘rufián’; tanga ‘cómplice’; tortillera ‘lesbiana’; la mayoría de las cuales han caído o están cayendo en desuso. Otros términos sufrieron alguna adaptación fonética o semántica o bien ambas a la vez. Como ejemplo del primer caso, el lunfardo primitivo adoptó el germanesco estaribel ‘cárcel’; pero tem- pranamente lo apocopó en estaro. Ejemplos del segundo tipo podrían ser taita ‘padre’; aplicado en la germanía al administrador de un prostíbulo y que en lunfardo quiere decir ‘hombre temido y respetado por su coraje’; ‘hombre que domina una actividad’ y boliche ‘casa de juego’; que pasó a significar en lunfardo ‘almacén’; ‘comercio pequeño’ y en la actualidad también ‘discoteca’. Por su parte, ful ‘falso’ en lunfardo generó fulero, que solo en su origen conservó el significado de la voz germanesca, y luego amplió sus acepciones a ‘pobre’; ‘feo’ y ‘malo’. Otro caso notable es el de gorrón, aplicado a alguien que suele comer o incluso vivir a costa de otros y que en lunfardo se transformó en garrón con los siguientes significados: ‘individuo que recibe gratis los favores de una prostituta’; ‘dis-

frute gratuito de una prostituta’; ‘favor sexual’ —tres acepciones en desuso—, ‘prisión sufrida injustamente’ y los actuales ‘suceso desfavorable’ o ‘situación difícil’.

Varias de estas palabras fueron consignadas por Rafael Salillas en El delincuente español (1896), que contiene dos vocabularios jergales: uno de la germanía y otro del caló. En dichos glosarios Salillas incluye algunos términos que representan variantes de voces españolas corrientes obtenidas a través de un procedimiento llamado metátesis. A fines del siglo XV, Antonio de Nebrija daba cuenta de ese recurso en el capítulo 6 del Libro IV de su gramática: «Metátesis es cuando se trasportan las letras, como los que hablan en girigonza, diciendo por “Pedro vino”, “Drepo vino”, y llámase metátesis, que quiere decir trasportación». Entre las formas con metátesis que registra Salillas se encuentran

coba por boca, chepo por pecho, greno por negro (y en un sentido más específico ‘esclavo’), grito por trigo (‘dinero’), lepar por pelar, tamba por manta, taplo por plato, tisvar por vistar (‘mirar’) y toba por bota. Conviene señalar que el vesre del lunfardo no se realiza

de este modo, sino invirtiendo las posiciones de las sílabas, de modo tal que país resulta

ispa; camión, mionca; maestro, troesma y caballo, llobaca. La metátesis germanesca, en

cambio, mantiene las vocales de las palabras originales en su lugar e intercambia sólo las consonantes o grupos consonánticos.

Una curiosidad: en el lunfardo primitivo hay un grupo de unos veinte sustantivos terminados en -ante creados a imagen y semejanza de participios presentes —algunos incluso lo son—. Estas creaciones no constituyen una originalidad. La conversión de participios presentes en sustantivos se verifica ya en el argot francés del siglo XVIII, donde palpitant (‘palpitante’) significa ‘corazón’ y brillant, ‘sol’ y en la germanía, donde se llama mocante (de moco) al pañuelo, poniente al sombrero, quemantes o visantes a los ojos y pisante al pie. Este último término fue absorbido como lunfardismo y es probable que, junto con algún otro de estos vocablos germanescos, haya influido en la creación de voces semejantes en el Río de la Plata. Con seguridad, la más perdurable de estas palabras es atorrante, un sustantivo que originariamente significaba ‘vago’; ‘persona que no trabaja ni tiene domicilio fijo’ —el homeless del inglés actual— y luego adquirió un uso adjetival con las acepciones de ‘desfachatado’; ‘poco confiable’; ‘que se lo pasa de juerga en juerga’.

Como anticipé, algunos son participios de verbos castellanos: alumbrante es cualquier fuente de luz, especialmente una vela o un fósforo, andante el peatón, caminantes los za- patos, endulzante el azúcar. Otras son formas participiales sustantivadas, creadas a partir de verbos lunfardos: de amurar deriva amurante, que como sustantivo significa ‘agente policial que actúa rigurosamente’ y como adjetivo equivale a amurador (‘engañador’; ‘es- tafador’); de embrocar deriva embrocantes ‘anteojos’ o ‘prismáticos’; de enyantar, enyante ‘comida’; de escruchar o escrushar, escruchante o escrushante ‘ladrón que ingresa violen- tamente a una propiedad’; de espiantar, espiante ‘huida’; de mangar, mangante ‘sablista’; de yugar, yugante ‘trabajador’. Muy pocas de ellas están al alcance de la comprensión de un hablante actual.

Aunque la confusión entre la germanía y el caló ha sido una constante durante siglos —de la que el propio Salillas no escapa cuando incluye términos pertenecientes a uno de los vocabularios en el otro— no son sinónimos ni designan el mismo fenómeno. Debe recordarse que en el siglo XIX e incluso hasta la tercera década del XX, no solo en España sino también en América, el vocablo caló funcionó como un equivalente —en su variedad de sentidos— de la voz francesa argot, y en la Argentina, entre 1870 y 1930, solía utilizarse la palabra caló tanto para darle nombre al vocabulario de los ladrones como al habla popular11.

El préstamo de palabras del caló al lunfardo no se produjo de manera directa, ya que las comunidades gitanas en el Río de la Plata no han sido ni son muy numerosas y tampoco se han integrado del todo, ya por haber sido objeto de discriminación, ya por haber practicado la automarginación. Estas voces y expresiones, que apenas sobrepasan la treintena, ingresaron al lunfardo —la mayoría, con modificaciones— a través de las canciones interpretadas por tiples y cupletistas en teatros y café-conciertos del Buenos Aires del 1900. Por ejemplo, chorar ‘robar’ se transformó en chorear y en chorrear; curre-

lar ‘hurtar’ en currar; chalar ‘enamorar’ en enchalar; pirabar ‘copular’ en pirobar, najar

‘huir’; en rajar. A su vez, de aracatanó ‘guardián’ nació la voz de alarma araca ‘cuidado’; de chuqui ‘vagina’; la locución hacer chuqui-chuqui ‘copular’; de dicar ‘ver’ surgió el lunfardismo dique ‘ostentación’. Es llamativo el caso de junar, que en caló significa ‘es- cuchar’ y en lunfardo, ‘observar’; ‘comprender’; ‘conocer en profundidad’. Por su parte, el caló chamullar ‘hablar’ en lunfardo se escribe con ye y amplió sus acepciones a las de ‘conversar’; ‘hablar en tono confidencial o persuasivo’; ‘poetizar’; ‘hablar o escribir sin conocimientos fundados’; ‘mentir’. De este verbo deriva el hasta hoy omnipresen- te sustantivo chamuyo ‘conversación’; ‘discurso para obtener los favores de una mujer’; ‘mentira’. También el lunfardo ha absorbido sin modificaciones de forma o significado algunas voces del caló, como chorizo ‘ladrón’; fetén ‘excelente’; filar ‘observar’; mangar ‘pedir’; papo ‘vagina’ y pirar ‘irse’; que en lunfardo recibió las acepciones de ‘volverse loco’ y ‘rebelarse’.

En un reciente libro de Isabel Fonseca, Enterradme de pie (Anagrama, 2009), en el que se cuenta la vida de la poeta y cantante polaca Bronisława Wajs (1910-1987), de la etnia rom, me enteré de que su nombre artístico, Papusza, significa ‘muñeca’ en romaní. Durante mucho tiempo los estudiosos pensaron que el lunfardismo papusa, ‘mujer her- mosa’; era una forma afectiva de papa, o a lo sumo una contracción de papirusa, que a su vez parece un cruce entre papa y la palabra polaca papjerosy. Sin embargo, no sería un disparate pensarle a papusa un pasado gitano.

11. En un texto fundante de la lunfardología publicado en el diario La Nación el 18 de marzo de 1879 Be- nigno Baldomero Lugones llama al vocabulario delictivo «caló de los ladrones» (Lugones 2009 [1879]: 141).

3. Léxicogénesis

Expondré ahora, y no puede ser sino someramente, el modo en que se ha formado el léxico lunfardo.

3.1. Por una parte están los préstamos, que dividiré en externos e internos. Entre los primeros consideraré los aportes de las lenguas itálicas, el francés general y el argot, lusismos, brasileñismos, africanismos, anglicismos y otros xenismos aislados. Considero préstamos internos a voces procedentes del español popular y otras lenguas ibéricas, de la germanía y el caló, así como a los aborigenismos.

3.1.1. No caben dudas de que uno de los aportes más definitorios para la formación del lunfardo fueron las lenguas itálicas. Como es sabido, la población de Buenos Aires pasó de contar con 92.709 habitantes en 1855 a tener 1.576.597 en 1914. Este creci- miento de más del 1.500 % en sesenta años se debió esencialmente al incesante flujo inmigratorio europeo. Más de dos millones de italianos llegaron a la Argentina antes de 1920. Procedían de diferentes regiones, y consecuentemente hablaban ya no dialectos sino lenguas distintas, aun cuando algunas fuesen muy cercanas entre sí. De todas estas lenguas se nutrió, en mayor o menor medida, el lunfardo. Podríamos por comodidad clasificarlas en tres grupos: a) las lenguas septentrionales, como el genovés, el piamontés, el milanés y el véneto; b) las lenguas centro-meridionales, tales como el napolitano, el calabrés y el siciliano y c) por último, el toscano o italiano, con sus variantes particulares como el florentino, el romanesco o el denominado gergo della malavita.

Este contacto lingüístico entre los criollos y los inmigrantes que provenían de Italia produjo dos fenómenos distintos: por un lado, la incorporación de muchísimos térmi- nos originarios de las distintas lenguas itálicas al habla popular del Río de la Plata; por otro, la formación de una variedad lingüística transitoria, el cocoliche12.

Es evidente entonces que un gran caudal léxico proveniente de las lenguas itálicas contribuyó decisivamente a la formación del lunfardo. Del toscano o italiano estándar —muchas veces en formas compartidas con otras lenguas de la península— provienen

Related documents