Pueblos de América Latina
2.1. Los logros de la nueva izquierda latinoamericana
Ya mucho antes del huracán financiero del 2008, los pueblos de América Latina se dieron cuenta del fracaso del neoliberalismo y, a pesar de las fuertes campañas mediáticas
en contra de ellos, eligieron nuevos actores políticos que proponían agendas políticas y económicas alternativas.
Hasta hoy, estos gobiernos han registrado una cantidad impresionante de logros. En muchos casos se han consolidado política- mente con triunfos electorales contundentes y repetidos y, en el caso de algunos como Ecuador, Bolivia y Venezuela; se han desa- rrollado con la participación de sus pueblos y de nuevas constituciones más inclusivas que plantean principios de justicia social y demo- cracia participativa. En el área económica, han llevado a cabo la renacionalización de sectores claves de la economía, incrementan- do el gasto social y redistribuyendo los ingre- sos del Estado a gran escala entre los pueblos. Para dar algunos ejemplos concretos:
Bolivia: bajo el gobierno de Morales, que asumió el cargo en 2006, la tasa de cre- cimiento nacional ha sido más alta que en las últimas tres décadas. En las proyeccio-En las proyeccio- nes de crecimiento económico para 2009, Bolivia tiene la tasa más alta del hemisferio, a pesar de períodos de intensa inestabilidad política y a pesar de la revocación de pre- ferencias arancelarias por parte de Estados Unidos. La re-nacionalización de la indus- tria de hidrocarburos y el alza de regalías —lo que aumentó el ingreso público en casi 20 por ciento del PIB— fueron claves para este éxito. Esto le ha permitido al Go- bierno hacer grandes inversiones públicas y otros gastos que han contrarrestado el efecto de la recesión.
Venezuela: se ha reducido extraordina- riamente la pobreza desde 2003. La tasa de pobreza ha caído más de la mitad, bajando de 54 por ciento de los hogares a 24 por ciento (según las últimas cifras). Y, ¿por qué es clave el año 2003? Es el año en que el go- bierno venezolano logró verdadero control sobre la industria petrolera, después de una larga confrontación con la oposición, la cual incluyó un fallido golpe de Estado contra Chávez y un cierre patronal de la compañía petrolera PDVSA. El aumento del ingreso público le permitió al gobierno de Hugo
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Chávez llevar a cabo grandes programas so- ciales, expandiendo el acceso a la salud y la educación.
Ecuador: también ha tenido un crecimien- to importante desde la llegada del gobierno de Rafael Correa, con una tasa de crecimien- to del PIB de 4,2 por ciento anual en el 2007 y el 2008, lo cual ha contribuido a im- portantes reducciones en el desempleo y la pobreza. Además, a pesar de las acusaciones de la prensa económica de haber cometido herejía, el gobierno de Correa recompró exi- tosamente un tercio de su deuda externa al 30 por ciento de su precio original. No me extiendo más tiempo sobre los numerosos e importantes logros de la Revolución Ciu- dadana, dado que están abordados en otras presentaciones aquí.
Gracias a este tipo de políticas, América Latina ha logrado revertir la situación de la pobreza, la cual estaba aumentando a finales de los noventa. Entre el 2003 y el 2008, el nivel de pobreza en la región bajo más de 20 por ciento, según las estadísticas de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina).
Hay muchos otros logros, pero quiero destacar especialmente que desde América Latina se ha planteado un desafío contun- dente a la hegemonía del sistema neolibe- ral. Es un hecho histórico que ha generado mucha esperanza para el resto del mundo, tanto en el Sur como en el Norte. Sin embargo, no todo está ganado y me parece importante mencionar ahora los desafíos que los gobiernos socialistas y antineolibera- les de América latina tienen que enfrentar:
2.2. Los desafíos
El capitalismo neoliberal todavía está vivo
Primero, cabe destacar que, a pesar del evi- dente fracaso de la doctrina neoliberal tanto en el Sur como en el Norte, el proyecto neo- liberal todavía tiene vida. Cuando la crisis financiera se desplegó en el 2008, mucha gente, especialmente en el Sur, pensaba –o
por lo menos esperaba que como mínimo la ideología neoliberal quedara totalmente des- acreditada. Algunos ya soñaban con la crisis final del capitalismo. Sin embargo, la polí- tica en los gobiernos del Norte está profun- damente influenciada, por no decir corrom- pida, por el capital financiero. Vale recordar que Barack Obama, presidente del «cambio» y de la «esperanza» en EE.UU., llegó a tener el récord de contribuciones de campaña del sector financiero. Muchos miembros de su gabinete económico provienen de grandes firmas de Wall Street o tienen estrechos lazos con ellas.
La situación es semejante en Europa y, a pesar de la rabia que la crisis ha provocado en la opinión pública, hay poca probabilidad de que se produzcan cambios significativos de política en estas naciones en un futuro cercano. Más bien se está observando un giro hacia la derecha en muchos de estos países, en parte debido a la bancarrota moral e ideo- lógica de muchos partidos de centro izquier- da que han adoptado el pensamiento único, a costa de los intereses de las bases populares. Existe cierta autocrítica y reconocimiento de los errores cometidos en cuanto a las po- líticas internas (por ejemplo, se reconoce en cierta medida que se requiere más regulación del sector financiero). Sin embargo, los go- biernos y los medios de EE.UU. y Europa no parecen conscientes del inmenso fracaso de las políticas neoliberales que promovieron y que siguen promoviendo en muchos países del Sur. De hecho, no se notan modificacio- nes notables en las agendas de libre comer- cio, a pesar de que NAFTA (North Ameri- can Free Trade Agreement: Tratado de Libre Comercio de América del Norte) ha sido un fracaso, especialmente en México, el país que supuestamente iba a sacar el mayor provecho del acuerdo. México ha crecido per cápita cerca de 1,4 por ciento anualmente desde que NAFTA se implementó, comparado con un crecimiento del doble anualmente desde 1960 hasta 1980. Hoy, México tendría el nivel de vida de un país de la Unión Europea si hubiese seguido creciendo a los niveles an- teriores a 1980.
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to del FMI, una institución que parecía al borde de la desaparición a principios de 2008, pero que se benefició de una gran in- yección de nuevos fondos en 2009, después de que los países del G20 se comprometie- ran a suministrar un total de 500 mil millo- nes de dólares a la institución. Hoy, el FMI tiene más de 40 acuerdos de préstamos con países del Sur y de Europa del Este. Aunque el nuevo director del Fondo, Dominique Strauss Kahn, del partido socialista francés, ha declarado que el FMI ha cambiado de po- lítica. Nuestra organización revisó cada uno de los acuerdos el año pasado y concluyó que más del 75 por ciento de estos preconizaban las políticas tradicionales de restricción fiscal o monetaria pese a la recesión mundial.
Así pues, el neoliberalismo quedó vivo y sus mecanismos de intervención en los países del Sur intactos. Este es un primer desafío para los países de la nueva izquierda latinoamericana. Otro reto importante es el papel que pueda jugar EE.UU. en la región, bajo la nueva administración de Obama.
2.3. La nueva administración estadounidense y América Latina: sin tolerancia real para modelos alternativos de desarrollo
Estados Unidos, en su política hacia América Latina, siempre se ha opuesto, de manera abierta o encubierta, a los gobiernos progresistas. A partir de los años 50, tales gobiernos fueron automáticamente sospe- chosos de infiltración comunista soviética y, bajo la Doctrina Monroe, sometidos a in- tervención. Durante gran parte de la Guerra Fría, dictaduras militares en países con una «amenaza comunista» –la cual típicamente involucraba movimientos locales buscando mayor inclusión económica y política– reci- bieron apoyo por decir lo menos.
Vale la pena destacar dos desarrollos que ocurrieron en la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina a mediados de los 80. Primero, Estados Unidos oficialmen-
te se pronunció a favor de la democracia, aunque sólo como un concepto limitado de la democracia —la democracia repre- sentativa— que favorecía la continuación de la hegemonía política de la clase alta. Segundo, Estados Unidos empezó a promo- ver el neoliberalismo. Estos dos conceptos se convirtieron en partes del mismo paquete: la democracia «liberal» no estaría comple- ta sin la «libertad» de los mercados, de los empleadores, de la empresa privada, etc. Dentro de esta visión del mundo, un gobier- no que cuestiona estos principios sagrados debe ser aislado.
Al promover alternativas económicas y nuevos proyectos democráticos, los gobier- nos de la nueva izquierda latinoamericana son, por lo tanto, caracterizados por el go- bierno de Estados Unidos y los medios de comunicación corporativos como «malos ejemplos», o «amenazas a la democracia», etc. Debajo de esta retórica hay profundas motivaciones estructurales: temen que el capital estadounidense esté en riesgo; o que los intereses geopolíticos del Imperio corran peligro. Todo esto en una región que tradi- cionalmente ha estado dentro de la orbita de influencia de Estados Unidos.
Hay gente que creyó que Obama recha- zaría esta política. Él llego al escenario he- misférico en la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, en abril 2009, con una seductora actitud hacia sus homólogos la- tinoamericanos. Habló de «alianzas iguali- tarias» y la necesidad del «multilaterismo» para abordar los temas hemisféricos. Pero en pocos meses estás palabras perdieron todo su significado.
Como todos aquí saben, la nueva admi- nistración ha avanzado en la consolidación de su relación estratégica con Colombia, la cual le permite impulsar objetivos de su estrategia de seguridad global, aún si esto significa sacrificar sus relaciones con el resto de la región. La gran presencia militar esta- dounidense en Colombia es vista como una amenaza por el resto de los países de Lati-
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noamérica, especialmente considerando las violaciones de Colombia y Estados Unidos a la soberanía territorial de otros países.
También está el caso del golpe de Estado en Honduras, donde Estados Unidos no tomó medidas adecuadas para oponerse al régimen golpista y después terminó pro- moviendo el blanqueamiento del régimen, al pedirle a la comunidad internacional que reconozca el resultado de elecciones desarro- lladas bajo una dictadura golpista.
Todo indica que bajo Obama la política de Estados Unidos hacia América Latina seguirá siendo la de siempre. Es preocu- pante, en particular, observar que hay una fuerte contraofensiva de la derecha en este momento: fuertes acciones en Bolivia en 2008, conspiraciones golpistas en Paraguay, desestabilización y conspiraciones golpis- tas en Guatemala y, por supuesto, un golpe de Estado exitoso en Honduras en 2009. Temo que Estados Unidos está dispuesto a seguir apoyando estas acciones, si bien de forma encubierta y en algunos casos no ac- tuando en contra de su desenlace, tal como lo hizo en Honduras y hasta cierto punto en Bolivia. Además, hay evidencia de que Irán está reemplazando a la Unión Soviética como la influencia externa «tóxica» que debe ser combatida a toda costa (lo que explica las declaraciones recientes de Hillary Clinton acerca de América Latina, en las que Irán ocupa un papel central; y la reciente carta de Obama a Lula, con una advertencia implíci- ta sobre sus relaciones con Irán).
Tal como Estados Unidos parece incapaz de reconocer el fracaso del neoliberalismo en América Latina, también es incapaz de re- conocer las demandas legítimas de amplios movimientos populares. Estos movimientos parecen ser invisibles para los responsables de la política de Estados Unidos, quienes normalmente califican al antineoliberalismo como «populismo autoritario» y «antiame- ricanismo». El pensamiento común esta- dounidense sobre los gobiernos con puntos de vista socialistas o antineoliberales es que son modelos no sustentables y al borde del
colapso. A pesar de la evidencia sobre lo contrario, es casi imposible sacar esta creen- cia de la cabeza de los responsables de la po- lítica estadounidense.