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Chapter 12: Appendices

3.3 User Modelling

3.3.2 Modelling the User’s Environment

Las ciencias de la salud como disciplina han tendido a estructurarse alrededor de lo que se denominó el Modelo Médico Hegemónico (MMH), concepto acuñado por Eduardo Menéndez (1988, 1990, 2005) hacia fines de los años 70 y principios de los 8029. Este modelo que devino dominante desde principios del siglo XX prioriza una concepción de la salud y la medicina individualista, biologicista, tecnocrática, ahistórica, asocial, medicalizante y mercantilista (Belmartino, 1987; Menéndez, 1988)30.

torno al ingreso, la acreditación y la LES. En esta misma línea, es interesante el artículo de Cibotti (1997) que relata la tensión entre ciencia y profesión encarnada en dos figuras representativas de la universidad argentina como Bernardo Houssay y Alfredo Palacios y sus posicionamientos en 1926 ante una ordenanza del Consejo Directivo de la FCM de la UBA sobre la capacidad escolar y de limitación de nuevos ingresantes de las escuelas de medicina, farmacia y odontología. Palacios y los estudiantes fungían como representantes de un espíritu de selección en el ingreso y Houssay como limitacionista. Disputa que ganan Palacios, los estudiantes y el Consejo Superior de la UBA. Al mismo tiempo Palacios representaba un ala que veía a la enseñanza como la primera actividad de la universidad, mientras que en la persona de Houssay se encarnaba la función de la investigación. 29 “Por MMH entiendo el conjunto de prácticas, saberes y teorías generados por el desarrollo de lo que se conoce como medicina científica, el cual desde fines del siglo XVIII ha ido logrando establecer como subalternas al conjunto de prácticas, saberes e ideologías teóricas hasta entonces dominantes en los conjuntos sociales, hasta lograr identificarse como la única forma de atender la enfermedad legitimada tanto por criterios científicos, como por el Estado” (Menéndez, 1988: 1).

30 La dimensión biologicista permea fundamentalmente la enseñanza y la formación médica universitaria y se basa en una mirada descontextualizada y ahistórica de los procesos de salud, planteándolos en términos de salud- enfermedad. Esta perspectiva tiende a una creciente especialización y fragmentación del conocimiento y de la persona que se entrelaza con una concepción mercantilista de la salud, entendida como un valor de cambio. Por otro lado, el carácter tecnocrático expresa una mirada de la técnica como neutral, y la configuración de un monopolio del saber que determina una relación entre médico-pacientes donde éstos se encuentran en una posición de subordinación. No se reconoce a la práctica médica más que como una técnica, invisibilizando que es un acto social, ideológico, que colabora en la reproducción social. De esta manera se cercena a los individuos del conocimiento de las causas y los procesos sociales que están por detrás de los procesos de salud-enfermedad.

La instauración del MMH en Argentina vino de la mano del proceso de configuración del campo de la profesión médica en el marco de una interacción entre Estado, grupos profesionales y academia. En sus varios trabajos sobre el proceso de consolidación de las profesiones, González Leandri aporta claves de lectura para entender este proceso. En primer lugar, cuestiona una noción de autonomía profesional en antítesis a la relación con el Estado, en tanto la capacidad de los grupos profesionales de acceder a recursos organizacionales, técnicos, económicos y políticos, fueron los que precisamente les permitieron una acción independiente (2004). Es decir, esta mirada permite pensar el vínculo de una profesión con ciertos elementos del aparato estatal como una condición de su propia autonomía (González Leandri, 1999).

Analizando puntualmente el proceso de profesionalización médica en Argentina, el autor identifica la estrecha relación de la constitución del campo profesional médico con la emergencia de la cuestión social a principios del siglo XX, en el juego que propiciaba la incipiente intersección entre saberes médicos e intervencionismo estatal. Dicho proceso implicó a su vez, una “delimitación compleja y conflictiva por parte de los médicos diplomados de un espacio para la práctica legítima y monopólica del arte de curar” (González Leandri, 2000: 426). Lo que supuso, por un lado, recortar atribuciones a otros agentes de la salud (curanderos, filántropos, etc.), y, por otro, procesos internos de disciplinamiento y subordinación de instancias académicas e institucionales que propiciaron la obtención de un monopolio cognitivo (González Leandri, 2000, 2004). Es decir, el proceso por el cual un grupo ocupacional se convierte en una profesión y se encuentra comprometido con el monopolio de la práctica, esto es, las estrategias que despliegan los grupos profesionales ya sean arreglos corporativos, creación de asociaciones e identidad grupal o diferentes mecanismos de clausura (González Leandri, 1999).

Será desde el Estado, que los médicos pugnarán por delimitar ese monopolio cognitivo contra otras prácticas del arte de curar, y la academia el escenario de disputas para establecer mecanismos de clausura y fortalecer el monopolio de la práctica. En este contexto la credencial educativa oficia históricamente como llave de acceso al grupo profesional. Es decir, la posesión del título como capital cultural objetivado delimita la participación en el campo profesional (Bourdieu, 2008), donde al mismo tiempo se dirimen conflictos entre las elites y los grupos subalternos de la corporación que, en general, tendieron a bregar por instalar nuevos perfiles profesionales. En tanto en nuestro país el título profesional Por último, este modelo -que en los últimos años muestra ciertos elementos de crisis interna- se asienta fuertemente en intervenir medicalizando cada vez más prácticas sociales (Belmartino, 1987; Menéndez, 1988).

significaba cada vez más un medio de ascenso social, las disputas en torno al control de las instituciones universitarias tendieron a constituirse en una de las tensiones principales de las casas de educación superior.

En el caso de medicina, que se vincula de manera particular con el campo del poder (Bourdieu, 2008)31, las instituciones universitarias ocupan un lugar central para la reproducción del campo profesional.

Una de las características de la disciplina médica es que impone un orden – el orden médico - y con ello una moralidad, una forma de vida, en nombre de una autoridad que no se asienta solo en lo científico sino en la posición de notables que revisten sus miembros y su disposición a definir “lo que está bien” (Bourdieu, 2008). Como las otras facultades dominantes en el plano de lo político, las facultades de medicina tienen como función principal formar agentes que ejecuten técnicas pero que no discutan la ciencia que los avala. Esta competencia técnica del profesional de la medicina se encuentra garantizada jurídicamente y tiende a convertirse en una competencia social que habilita una forma de violencia simbólica como es el acto clínico (Bourdieu, 2008). En este tipo de instituciones que reciben su fuerza social desde el exterior son necesarios ciertos mecanismos que aseguren la cohesión social y la homogeneidad del habitus, en tanto la coherencia no está dada por la dimensión científica sino por la unidad social del grupo. De allí que la adquisición de capital universitario se obtenga mediante la ocupación de posiciones y el dominio sobre las instituciones encargadas de controlar el acceso al cuerpo, de manera de asegurar una autoridad estatutaria que no expresa necesariamente un poder intelectual (Bourdieu, 2008).

En cierta medida, estas características de las Facultades de medicina en el campo universitario que resaltamos del trabajo de Bourdieu, dialogan con los análisis más vernáculos de la estrecha relación entre campo universitario, campo profesional y campo de poder. En este sentido, el proceso de profesionalización medica y la consolidación del MMH en Argentina envolvió por un lado, un modo de vinculación con el estado que le garantizaba el monopolio cognitivo; y por otro, tuvo en la universidad el escenario donde desplegar

31 En su célebre trabajo Homo Academicus (1984), Pierre Bourdieu elabora un detallado análisis de la estructura del campo universitario francés desde la década del 60, aportando elementos que nos ayudan a pensar el lugar que han tendido a ocupar las Facultades de Medicina en el mundo universitario. A partir de sus investigaciones Bourdieu concluye que la estructura del campo universitario es análoga a la estructura del campo del poder. A partir de identificar los principios de jerarquización y legitimación del campo así como sus conflictos específicos y, por ende, su autonomía relativa, señala dos polos ocupados por las facultades científicamente dominantes pero socialmente dominadas (polo científico) por un lado, y las facultades científicamente dominadas pero temporalmente dominantes (polo mundano), por otro. Como representantes de las primeras ubica a las facultades de Ciencias y las de Letras, y de las segundas a las de Derecho y Medicina.

mecanismos de clausura del acceso a la profesión que, en tanto el título universitario representaba la posibilidad de ascenso social, funcionaban además como mecanismos de exclusión social32.

3.2 Algunos elementos para pensar las dimensiones constitutivas de las universidades