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Moving towards an impact estimate

4 Differences in outcomes between the Test and Control groups

4.4 Moving towards an impact estimate

De nuevo en el evento ContraPublicaciones, organizado por Stinkfish, la programación ofrecía, de forma especial, encuentros con autores de fanzines. Entre los invitados estaban: Eduardo Arias y Karl Troller (Chapinero, fanzine de Bogotá), Truchafrita (Robot, fanzine de Medellín), Inu Waters (Colombian Trash de Bogotá) y Julián Quintero (El Pasquín UN de Bogotá). Arias22 y Troller23, responsables de Chapinero, contaban que todo comenzó en 1978, cuando el joven Troller, junto a Carlos Buitrago, ambos estudiantes del colegio Helvetia, crearon un periódico escolar titulado El Irregulárico. En su contenido ya se podían rastrear las características de sus intereses futuros. Años más tarde, como estudiantes de arquitectura de la Universidad de los Andes, conocieron a Arias, cuya habilidad para la prosa le valió la invitación a fundar y dar vida a Chapinero en 1982, publicación precaria que finalizó en 1989. El ideal de Chapinero era mamar gallo sobre las situaciones del escenario académico de los Andes, dividido en dos grupos: los comunistas, que se quejaban de lo terrible que era ser burgueses –y los fachos, que asumían su rol a ultranza abrazando prácticas burguesas. Ambos grupos pagaban la misma matrícula, sin embargo, los fachos tenían carro y jugaban golf mientras los comunistas ni tenían carro ni usaban desodorante, aunque venían de una clase media acomodada, lo que les permitía orientar sus energías hacia la crítica sobre sus experiencias sedimentadas de las situaciones vividas en la universidad, en la calle bogotana y su percepción de los medios. Sus ideas tienen ciertos atisbos de originalidad que los podría posicionar como pioneros en el uso de la imaginería popular de los anuncios publicitarios y los volantes callejeros, imágenes que,

      

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Biólogo de la Universidad de los Andes. Trabajó en Semana dos años como redactor de Informes Especiales, Vida Moderna y Deportes. Después se desempeñó en el sector público en las oficinas de comunicaciones del Inderena, Y la Presidencia con el Plan Nacional de Rehabilitación. Trabajó en el diario La Prensa, en la Revista Diners, en la Revista Cambio y en el periódico El Tiempo. Fue uno de los argumentistas de Zoociedad y perteneció al equipo de Quack y Reencauchados. Junto con Karl Troller dirigió la Revista Chapinero.

Disponible en http://www.semana.com/especiales/articulo/periodistas-catedra-semana/65438-3 recuperado 8 de enero de 2015

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Egresado de Comunicación Social de la Javeriana, ha incursionado en la fotografía y la publicidad, ha sido columnista de opinión, editor de la revista Shock, presentador y director de espacios de televisión, ha trabajado en diversos espacios de radio sobre música y humor, e incluso llegó a presentar junto con Germán Núñez una instalación en el Salón Nacional de Artistas. Asimismo, se ha desempeñado como locutor. Radicado en Miami desde octubre de 2001, es editor de la revista Maxim para Latinoamérica. Disponible en http://www.santillana.com.co/aguilar/detalleAutor.php?autorID=506 recuperado el 8 de enero de 2015

al ser usadas con frecuencia, terminan por ser invisibilizadas. Esta suerte de rescate de la expresión urbana de esa Bogotá de los ochenta antecede el auge de Popular de Lujo y de la estética kitsch del grupo Aterciopelados en los noventa, incluso el nombre de la publicación quería reivindicar la cultura callejera de aquella Bogotá de los 80. Tal vez Chapinero no inventó nada, simplemente adaptó el estilo de la tradición de la prensa satírica del siglo XIX a la conducta y los hábitos de 1980. La prensa satírica se produce en un momento en el que las reformas políticas, luchas bipartidistas y otros asuntos dieron pie a malestares que encontraron una vía de manifestación en la denominada “caricatura política” publicada en la prensa de baja circulación. Los nombres de estas publicaciones de dudoso linaje indicaban la mordacidad y el humor negro que contenían en sus páginas. Entre ellas se destacan: La Jeringa (1849), El Mochuelo (1877), El Zancudo (1890-91), Mefistófeles (1897), Zig-Zag (1909), y Fantoches (1926-32). Para Valeriano Bozal, en su libro El siglo de los caricaturistas “La actividad política ha estado íntimamente ligada al desarrollo de la caricatura” (Bozal, 1999, p. 92), por lo que la legislación sobre prensa terminó por agobiar a los periódicos, que no podían dar rienda suelta a las críticas y sátiras contra los dirigentes y sus programas de estado. Beatriz González relata en su artículo “Alberto Urdaneta y la Edad de Oro de la caricatura en Colombia” (2009) que, con el perfeccionamiento de las técnicas de reproducción de imágenes – xilografía (grabado en madera) y litografía (grabado en piedra) – y la llegada del gobierno radical en 1863, luego de la convención de Rionegro24, aumentan los ataques de la prensa y se fundan periódicos humorísticos, este arte proviene de Francia, con lo que se inicia la creación de una iconografía que exprese la realidad social y política del país.  

      

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Como un mes después de la ocupación de la ciudad de Bogotá por el ejército federalista, el general Mosquera convocó una junta de liberales notables que, en número de cuarenta, más o menos, se reunió en la casa que ocupaba aquél. En ella expuso el general Mosquera la situación de la república en lo relativo a la lucha armada entre los partidos. Los Estados del Cauca y de Santander habían caído en poder de los conservadores, dirigidos en el sur por el señor Julio Arboleda y en el norte por el señor Leonardo Canal. El de Antioquia permanecía gobernado por el señor Rafael María Giraldo. En el del Tolima, de reciente creación, los señores Pedro Rivera y Agustín Uribe se habían apoderado de la ciudad de Neiva y hecho prisioneras a las autoridades creadas por la revolución. El Estado de Boyacá no estaba tranquilo y el gobierno liberal se sostenía difícilmente; de suerte que el partido federalista estaba reducido a los Estados de Cundinamarca, Boyacá, el norte del Tolima y los de Bolívar y Magdalena. El de Panamá permanecía neutral en la contienda, en virtud de un arreglo que, al efecto, había celebrado con el gobernador, señor Santiago de la Guardia, el doctor Manuel Murillo a su paso por allí, en viaje a Europa y los Estados Unidos, adonde iba encargado de representar a Colombia. Disponible en 

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/memor/memor28a.htm [en línea] recuperado 23 de enero de 2015.

 

 

Fig11. Una coroza en vez de una corona, Alfredo Greñas (1857-1949)

El Barbero, periódico humorístico de crítica y caricatura, nº 1, Bogotá, marzo 27 de 1892, Imprenta El Progreso Biblioteca Luis Ángel Arango. Disponible en

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/exhibiciones/la-caricatura-en-colombia/texto11.html recuperada el 8 de enero de 2015 

 

Hacia 1985 Arias y Troller lanzaron una edición, que tildaban de alto calibre por su “buena calidad”, bajo el título Chapinero-Cromos. Lo más interesante es que los lectores no sentían que no fuese Cromos, solo hasta leer los contenidos y ver las pautas publicitarias en clave paródica se dieron cuenta de ello. Tal como lo reseña un artículo de la revista Semana del mes de agosto de ese año, la carátula, la diagramación y el estilo pasaron desapercibidos hasta que los dispersos lectores repararon en los textos, no parecía ese Chapinero de papel periódico y textos levantados a máquina de escribir (Arias y Troller, 1985). La financiación corrió a cargo de un grupo de economistas que conocían a Arias y Troller, y lo mejor, solo se hizo una vez, eso aumentó su valor como pieza de colección tanto por su calidad en la forma como por el contenido. En el 2007 los mismos editores publicaron Larrivista, que continúa esa exploración paródica de la fauna política colombiana y ofrece propuestas políticas para los regentes de turno.