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5.4 Problem formulation

5.4.2 Multi-Radio Switching

El ataque al corregimiento de San Mateo en 1949 por gentes de San Pedro, San Pablo y Guayabales es la señal de somatén en la zona de La Palma y Topaipí en Cundinamarca. Poco después se encuentran Drigelio Olarte y Saúl Fajardo. Su decisión de lucha arraigaba en un crimen que los convirtió en víctimas, pues a Fajardo le asesinaron el padre y le quemaron la droguería, y a Olarte le robaron todo el ganado que constituía su capital.

Acaecen los primeros crímenes e interviene la fuerza oficial. El Alto del Águila presencia el encuentro

inicial de guerrilleros campesinos contra unas 400 unidades de tropas regulares. La gleba lucha briosamente, pero sus efectivos son copados por la superioridad de armas y de hombres.

Arden luego las aldeas de San Mateo y Guadualito cuyos habitantes buscan el monte, pues en el monte se esconde la guerrilla y en la guerrilla radica la única seguridad del campesino. El «comando» que se forma organiza tres grupos: el de Saúl Fajardo, con 20 hombres en Terán; el de Drigelio Olarte, con 25 en Térama, y el del Teniente Lombo con 30 en Guadualones.

El padre Gerardo Bilbao es el mejor testigo de muchas cosas en este intrincado sector geográfico de conflicto. Los revolucionarios lo secuestran para que vaya a bautizar niños en la montaña de La Collareja. El anciano celebra allí una misa a la que concurre todo el personal armado disponible. El padre Bilbao se siente unido a su pueblo, sufre su tragedia, condena sus excesos, grita contra el atropello. Por eso se entraña en el dolor de sus gentes que lo quieren como quieren los sencillos: sinceramente, diáfanamente.

A las incursiones vandálicas provenientes del Territorio Vásquez, responde el elemento civil de Yacopí en forma terrible- La conjugación de acontecimientos adversos provoca la crisis de la guerrilla local. Solo por obra de José Antonio de la Roche, no se llega a una liquidación definitiva. En mayo de 1952 se intensifican los crímenes. Casi todos los cadáveres aparecen sin orejas. En los cuarteles este trofeo se recompensa generosamente. La guerrilla, suficientemente pertrechada v armada, entra de nuevo en acción e incursiona hasta Puerto Boyacá. El teniente Lombo y el sargento Soto, con 14 guerrilleros, se enfrentan en el Alto del Águila a 500 hombres. «La acción es breve: inedia hora de combate. Se caracteriza por la coordinación táctica de las fuerzas enemigas, su dominio del armamento y su adaptación completa al terreno. Fue el cuerpo de tropa mejor organizado de los que llegaron a combatir la guerrilla. Su entrenamiento era completo; su disciplina intachable. Avanzaba protegido por cortinas de fuego que hacían imposible la resistencia o el recurso de la táctica guerrillera del flanqueo. Fue el único contingente que le capturó armamento a la guerrilla»32.

En noviembre de 1952, Olarte, Sáenz, Soto, Ramón Rodríguez y «Caporal» el niño guerrillero, se enfrentan con 200 hombres a 70 del enemigo. Se lucha desde las seis de la mañana hasta las cuatro de la tarde, en una acción de flanqueos mutuos y movimientos envolventes. El enemigo se retira con 70 bajas y la guerrilla con cuatro.

El 2 de diciembre arde Yacopí. No queda nada. Ese mismo día, el doctor Fernando Balaguera Meléndez es llamado para que practique el levantamiento del cadáver de Saúl Fajardo, asesinado en Bogotá.

Hubo casos de crueldad. En la zona de Yacopí actuó contra los revolucionarios el temible «Arrayanales», especialista en asesinar mujeres y niños. Se le imputan más de trescientas víctimas. Y se recuerda con pavor a un oficial que ejercitaba el tiro al blanco en cualquier transeúnte.

La antítesis de «Arrayanales» y del uniformado campeón de tiro fue el «Teniente Corneo» — subalterno de Fajardo— que inició su carrera delictiva cuando en Yacopí degolló y descuartizó al pequeño hijo de la telegrafista. Fajardo mismo dijo para Diario Gráfico: «El "Teniente Cortico" quien en mala hora se metió con nosotros es un asesino vulgar y terrible. Mis compañeros y yo estuvimos viendo la posibilidad de sacarlo del cuadro».

La tropa perpetra genocidios horripilantes de campesinos que son ametrallados ante sus esposas; pero los revolucionarios realizan masacres como las del Alto de Rueda y San Cayetano con sevicia feroz.

¿Cuándo se escribirán en detalle los acontecimientos de Guatavita (muerte aleve de José María Rozo), Villeta (asaltos a Cune, San Fernando, La Esmeralda y Llanadas), Quebradanegra, Guayabal, Albán y Tobia?

He aquí un detalle de Llanadas, fracción rural de Villeta, que indica lo que ocurría en muchas partes: «Una sombra emergió en el ribazo opuesto. Los campesinos hicieron a un lado a sus muertos, Dionisio Parrado tenía pronto y a mano su F. A. Lo apuntó hacia la sombra. Iba a disparar cuando... «—No me mates, Dionisio, que soy Eusebio Carranza. Sonámbulo Dionisio Parrado bajó la guardia. »—Acércate más Eusebio.

»—No puedo. Los niños me pesan mucho y la quebrada va crecida. ..

»Los fugitivos repararon entonces en la carga de niños que traía Eusebio Carranza. Un niño y una niña dormían sobre los hombros del muchacho de los Villas. Rufino y Dionisio se echaron encima los cadáveres para el paso de la quebrada. Eusebio los esperaba en la otra orilla sin poder ayudarlos por el peso de los niños. Rufino llevaba la difunta Florinda. Dionisio a su chico muerto y a su rifle, muy altos para que no se mojasen. Cuando cruzaron la corriente con el agua al pecho, Dionisio interrogó:

» Eusebio Carranza no contestó. Asintió con la cabeza, llorando... »— ¿Y tus taitas?

»Eusebio tampoco respondió. Sosteniendo su carga con el brazo izquierdo, hercúleo como tronco de quebracho, señaló con el derecho hacia la distancia teñida de humazos. Allá lejos en Llanadas, quedaban los dos viejos colgados de las vigas, mientras el fuego los desnudaba... acercó su puño a la boca, y besó la cruz de los dedos:

»—Juro que...

»Pero el llanto ahogó su juramento»33.

Guaduas fue escogido a sangre fría como sitio de escarmiento para realizar la violencia. ¿Simple retaliación por el 9 de abril?

Ese día, entre otros muchos atropellos, a un empleado de la carretera lo golpearon tan brutalmente en partes verendas, que hubo de ser hospitalizado de inmediato con centinelas de vista. En represalia las fuerzas oficiales matan en el pueblo y en los campos.

Un indicio de la reacción despiadada es la masacre de La Paz, como lo cuenta el inspector de policía: «El señor Gabriel Vargas fue asesinado en su casa, lo mismo que tres de sus hijos. El menor de 14 meses fue macheteado horriblemente después de muerto porque al morir quedó haciendo una mueca y los bandoleros gritaban, lanzando carcajadas, que el niño se estaba riendo. Todo esto lo vio uno de los hijos del señor Vargas, que se salvó milagrosamente escondiéndose debajo de la cama, desde donde pudo observar el asesinato de su padre y sus tres hermanos».

Más de 300 muertos deja la ola de barbarie en aquellas regiones. Testigo abonado es el padre Jaime Hincapié que luchó tesoneramente por contener la hecatombe.

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