3.2 Literature review
3.3.3 Network approach based on dynamic conditional correlations
Funciones básicas de las familias son, la socialización primaria, y la
formación de la identidad personal, masculina y femenina, el sustrato de la reproducción desde su perspectiva biológica y cultural y la familia
como unidad económica.
NÚNEZ,1997
Funciones básicas de la familia: la socialización y la formación de la
personalidad del niño así como lograr su estabilidad emocional y la
del adulto. Además, la familia debe proveer a sus miembros de un sentimiento de identidad independiente, haciendo que cada miembro de la unidad familiar se sienta único y apreciado, facilitando el desarrollo de la autoestima, la independencia y la originalidad, fortaleciendo los procesos de crecimiento.
GIMENO,1999 La familia organiza su vida para cumplir dos funciones básicas: el
desarrollo personal de los hijos y la socialización”
FANTOVA, 2000
La familia proporcionaría::
1. función económica: proveer de recursos
2. Cuidado físico: proveer de seguridad, descanso, recuperación 3. Afectividad: proveer de cariño, amor, estima
4. Educación: proveer de oportunidades de aprendizaje, socialización, autodefinición
MONTORO, 2004
Funciones: Regula la conducta sexual, ordena la reproducción,
ordena los comportamientos económicos básicos y más elementales,
desde la alimentación a la producción y el consumo, educa a los hijos y
regula los afectos y los sentimientos y ordena las relaciones entre generaciones.
PALACIOS y RODRIGO, 2005
Escenario: donde se construyen personas adultas, preparación donde
se aprende a afrontar retos, así como asumir responsabilidades y compromisos, encuentro intergeneracional y red de apoyo social
para las diversas transiciones vitales que ha de realizar el adulto
Fuente: elaboración propia a partir de Palacios y Rodrigo, 2005
Varios autores: Ramos (1990), Rodríguez y Weinstein (1994), Núnez (1997), Mañani y Sánchez (1977), Gimeno (1999), Montoro (2004)… reconocen como función básica de la familia, la socialización. Es la familia el contexto referencial imprescindible para la incorporación de un nuevo ser humano a la sociedad; le va a proporcionar el marco ideal para lograr su adaptación a la sociedad. Por ello, la socialización se convierte en una de las más fuertes causas de evolución intelectual y afectiva del ser humano.
Ríos González (1984) señala que no se puede precisar con exactitud cuándo se inician los procesos de socialización, pero una falta de estímulos por parte del
contexto familiar bloquea las necesidades de comunicación y contacto que experimenta el niño desde los primeros días.
Otras funciones básicas señaladas son la procreadora, la de prestación de cuidados y la educadora. La función educadora es la que nos ocupa, pero aunque intentemos separarla de las demás, una de las características, que es inherente a todas las funciones de la familia, es que no son divisibles. Esta característica hace que se produzca una interrelación entre todas ellas. Cuando unos padres alimentan a su hijo de corta edad están realizando al mismo tiempo que la función de cuidados, la de educarles en unos hábitos de alimentación imprescindibles para su salud futura, así como en hábitos de conducta social. La función educadora se entiende de los padres a los hijos, pero también existe un proceso paralelo en el que los padres aprenden a serlo con los hijos y en ese proceso se enriquecen personalmente.
Aunque no se establece como función, entendemos que debería añadirse una, que es la nota caracterizadora determinante para establecer el elemento diferenciador entre la familia y otras instituciones que puedan suplantarla o imitarla, es la de “dar amor”. Es el núcleo por excelencia de la afectividad, esta idea queda reflejada por distintos autores como Fantova (2000), Valiño (2006).
Porot (1975) al hablar de la necesidad de seguridad para la autonomía del niño, la sustenta en un trípode basado en el amor, la aceptación y la “consistency” por parte de los padres, término que no implica únicamente solidez y firmeza sino consecuencia. Juntos forman una excelente descripción de lo que el niño necesita para su desarrollo emocional.
Reher (1996,) en el análisis que realiza sobre la evolución histórica de la familia española, muestra cómo la función desempeñada por la familia, en el proceso de educación y socialización de los niños, ha ido disminuyendo tanto en alcance como en calidad. En paralelo a esa disminución, se ha ido produciendo un incremento en la influencia de otras instancias de educación y socialización, de las que la escuela, sin ser la única, es la más visible y, con toda probabilidad, la más importante.
Educar supone enseñar a comportarse en sociedad. Para ello, como señalan Vicente y Fajardo (1997) la familia tiene que asumir las transformaciones diversas que se producen en la sociedad. La complejidad, cada vez mayor, que caracteriza la sociedad, demanda una nueva visión educadora de la familia.
La atención a la familia en Atención Temprana.
“Los padres son ahora más sensibles a los requerimientos y necesidades de los niños y están dispuestos a satisfacerlos. Pero, por otro lado, se sienten más inseguros que nunca respecto a la mejor forma de satisfacerlos. La aceleración de los cambios sociales crea gran desorientación e incertidumbre en los padres sobre cómo educar a los hijos”. (Vicente y Fajardo, 1997: 319)
En este sentido, consideramos la necesidad que actualmente tienen las familias de formación e información, que les permita abordar sus tareas con mayor seguridad, ya que, en ocasiones, los padres dimiten de algunas de sus funciones y delegan sus funciones parentales. También somos realistas y en muchas ocasiones observamos que no existe esta demanda por su parte.
Finalmente, y siguiendo a Cibanal (2005), en las familias con un niño con problemas (sobre todo de tipo conductual, pero podría extrapolarse a otros tipos de problemas) existiría una función que él denomina función protectora del síntoma y que nos resulta interesante mencionar. Señala que cuando una familia tiene un hijo con dificultades supone una fuente de preocupación muy importante, de manera que sean cuales sean los problemas de los padres, laborales, personales o económicos, al menos temporalmente, quedan delegados para atender las necesidades del niño.
Este autor nos hace pensar que las funciones de la familia no son tareas fáciles, ni siquiera en los niños “sanos” que presentan un desarrollo normal en condiciones ideales.
Entendemos que la familia con un niño con problemas en el desarrollo desempeña las mismas funciones que cualquier otra familia, pero quizás la diferencia está en que cada una de estas funciones es más difícil de cumplir, por lo que los recursos y apoyos de todo tipo se hacen más necesarios.
Siguiendo a Palacios (2005), cuatro nos parecen que deben ser las funciones básicas que la familia cumple en relación con los hijos, en edades tempranas, particularmente hasta el momento en que estos están ya en condiciones de un desarrollo plenamente independiente:
1. Asegurar la supervivencia, su sano crecimiento y su socialización en las conductas básicas de comunicación y diálogo.
2. Aportar un clima de afecto y apoyo sin los cuales el desarrollo psicológico sano no resulta posible. Este clima de afecto implica el establecimiento de relaciones de apego, un sentimiento de relación privilegiada y de compromiso emocional.
3. Aportar la estimulación que haga de ellos seres con capacidad para relacionarse competentemente con su entorno físico y social, así como para responder a las demandas y exigencias planteadas por su adaptación al mundo en que les toca vivir.
4. Tomar decisiones con respecto a la apertura hacia otros contextos educativos que van a compartir con la familia la tarea de educación del niño.