Chapter 5: The finding of liability
5.2 New conceptions of equitable estoppel
Los procesos de integración de América Latina y el Caribe deben ser entendidos en el marco de la sociedad mundial o globalización. En tal sentido, las relaciones económicas del orden global, en cuya virtud miles de personas han quedado fuera de los sistemas productivos y de protección social, han devenido en un proceso de exclusión a nivel planetario.
Por esta razón, pensar la integración de los países latinoamericanos y caribeños sin referencia al sistema de dominación constituye, al menos, una cara imprevisión. Es en el marco del sistema de dominación que los países latinoamericanos y caribeños han logrado articular el proceso de integración regional, con avances y retrocesos.
En los albores del siglo XXI, y el quiebre de la hegemonía neoliberal, una nueva etapa de unidad comenzó a germinar
en América Latina, al tiempo que los diferentes gobiernos y administraciones en la región comprendieron, más tarde que temprano, la imposibilidad del desarrollo aislado de cada país en el marco de un mundo de bloques tanto políticos como económicos. Este entendimiento no fue ajeno a la necesidad imperiosa de entablar esquemas conjuntos para el desarrollo económico y social sustentable y solidario, logrando a la vez espacios de mayor autonomía política, entendida ésta como la capacidad de construir consensos sin tutelajes ni imposiciones. El signo de este nuevo tiempo es la autonomía, tendiente al restablecimiento de las relaciones con EE.UU., desde un plano de mayor igualdad entre las naciones, siendo el reconocimiento de la soberanía el punto de partida. No obstante, cabe destacar el desafío de los nuevos organismos de contribuir a una redefinición de los vínculos entre los propios países latinoamericanos, superando sus diferencias históricas, sus conflictos atávicos de tipo territorial o cultural, y sus asimetrías, tanto en términos de riqueza como de influencia política.
La misión del Observatorio de Política Internacional es dar cuenta del proceso de integración regional de América Latina y el Caribe a partir del seguimiento y análisis de la agenda de los medios de comunicación. El marco para el relevamiento de medios de comunicación gráficos de la región es la revisión de los debates sobre Panamericanismo y Latinoamericanismo. El seguimiento de los medios se orienta a identificar las diferentes líneas editoriales, en función de dos ejes temáticos diferenciados. Por un lado, el marco desarrollado nos permitió abordar la agenda de integración considerando la institucionalidad del proceso, sus desafíos y limitaciones, los acuerdos preexistentes (OEA, CAN, Caricom) y el surgimiento de nuevos organismos de integración y tratados de cooperación: ALBA-TCP, Unasur y Celac.
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Por otro lado, comprender los alcances de la integración económica regional, superando los viejos esquemas basados en el intercambio comercial entre países, para pensar en las posibilidades de convergencia y coordinación monetaria y financiera, integración productiva, potencialidad de las economías emergentes y de los mercados regionales. En ese sentido, la estrategia planteada ha sido detectar de qué modo los medios seleccionados han abordado procesos como el Mercosur, Unasur, Celac, Caricom, Petrocaribe y ALBA. El objetivo de este documento de trabajo fue lograr establecer cuál es el peso político de estos temas en la agenda regional, para poder avanzar luego en las agendas parlamentarias y el debate público.
No obstante, a partir de los diferentes apartados desarrollados, y en el marco de la inteligibilidad del proceso de integración en su complejidad –en especial la tensión entre los esquemas de integración regional y subregional–, logramos identificar ciertos desafíos del proceso, aspectos destacados como objetivos para afianzar el paradigma de integración regional. En cuanto a las expectativas y objetivos a alcanzar para la consecución de la plataforma latinoamericana, cabe la distinción entre objetivos políticos –como la consolidación de la identidad suramericana en cooperación y respeto al pluralismo, la acción del Grupo de Alto Nivel de Cooperación y Coordinación de Derechos Humanos–; económicos – financiamiento del fondo de iniciativas comunes, en particular de proyectos de infraestructura con participación de bancos regionales–; estratégicos –como la creación de la Escuela Suramericana de Defensa–; institucionales de contralor –creación del
Observatorio de Empresas Transnacionales–; y jurisdiccionales –
creación del Centro de Solución de Controversias en materia de inversiones–, entre otros.
En este orden, destacamos el fortalecimiento de la capacidad para profundizar el intercambio comercial y financiero y la integración productiva, que permita ampliar la dimensión del mercado regional, compensar la dependencia de la demanda de las economías centrales, para dotar de autonomía al proceso de crecimiento de la región.
Asimismo, es insoslayable el valor central de la dimensión social de la integración, la implementación de programas de desarrollo social a nivel regional para lograr la disminución de los índices de pobreza y desigualdad, y dar respuesta al flagelo de la exclusión. Otro desafío clave es la integración física y energética, en tanto construcción de obras de infraestructura a nivel regional, ya sean rutas de trazado bioceánico, así como también oleoductos y gasoductos que permitan conectar los grandes productores de petróleo y gas (Venezuela, Bolivia principalmente) con las economías en vías de desarrollo energético (Brasil, Argentina, Colombia, Perú, Chile), para lograr el autoabastecimiento regional de combustibles. Otro objetivo central lo constituyen los mecanismos de solución de controversias en los diferentes sistemas de integración, para afianzar las inversiones en la región.
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