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1.2 Scalar Concentration Inequalities

2.1.1 History of Matrix Concentration Inequalities

2.1.1.3 Non-Commutative Large Deviation Inequalities

Periódico: El Colombiano Fecha: 23 Abril 1901 Título: El faccioso EL FACCIOSO

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El siguiente artículo, escrito en 1861 corresponde a la serie de varios de los que ya tenemos publicados, fruto sazonado de la magistral pluma del Dr. Vicente Cárdenas. No necesita más recomendación que su nombre.

EL FACCIOSO

Es preciso que al fin llamemos las cosas por sus nombres, gato al gato, lobo al lobo; no contribuyamos más al engaño popular, dando la denominación de liberal a un partido impostor y falsario, que tiene tanto de liberalismo como por los cerros de Ubeda. Un nombre suele ser sofisma y el de liberal en los individuos que se lo han usurpado en esta tierra, ha venido a ser algo más que un sofisma, es un sarcasmo, una burla desvergonzada, con la cual se mofan a su talante de los pueblos sencillos y de sus intereses y derechos.

Liberal, en la acepción común, es el hombre generoso, desprendido y amante de la humanidad; en la acepción política, es el ciudadano que ama la verdadera libertad, que la quiere y procura para todos, y se opone franca y enérgicamente a la tiranía de cualquier género y de cualquier tirano. Ninguna de estas acepciones cuadra al partido que se titula liberal en Colombia; no le conviene la acepción moral, porque siempre esta afanado en busca del poder para medrar, aunque para conseguirlo corra a torrentes la sangre de sus hermanos; no la política, porque constituyente su sistema es la persecución de sus adversarios, y lejos de amar sinceramente la libertad pública, le hemos visto Intolerante y opresor cuantas veces ha ejercido el Gobierno de la República. Tiránico fue su poder en 1850, tiránico ha sido en el Estado de Santander, y tiránico es hoy en todos los Estados de la Confederación que están bajo su dominio. Cuando está abajo conspira para subir, cuando está arriba oprime para conservar el poder; si es vencido, se prepara por cuantos medios hay para una nueva conspiración; si vencedor, se arroja ferozmente sobre su víctima, la estrecha, la acosa, la despoja y sacrifica, hasta dejarla en la impotencia de aspirar siquiera a la reparación de sus pasares. Este es su carácter natural, éste su verdadero sistema político.

Ahora se ha exhibido mejor que nunca a la luz pública. Defensa la Federación, y está organizando un poder que anula y mata el derecho de los Estados; sostenía la abolición de la pena de muerte, y está alzando cadalsos en las plazas públicas de la Confederación; proclamaba la tolerancia política, y ya no queda a los ciudadanos oprimidos el derecho de escribir ni aun de pensar; era el patrono de la tolerancia religiosa, y allí le tenemos persiguiendo ciego la religión de nuestros pueblos; era el defensor acérrimo de la libertad y la república, y ya le vemos levantando en hombros la Dictadura militar, y procurándola medios de perpetuarse en el ejercicios del poder absoluto. ¿Cuáles son, pues, los verdaderos principios de ese partido hipócrita y corruptor?

No tiene otro que la conspiración contra la autoridad: conspira para reformar, reforma para conspirar, conspira para usurpar el poder, y conspira para retenerlo: de conspiraciones se nutre, en perpetua conspiración vive, la conspiración es su elemento vital, su bienestar, su dios, su todo. La historia de nuestras facciones es la historia completa de ese partido; la ruina de nuestros establecimientos civilizadores, la miseria general, la barbarización de nuestras masas y el envilecimiento de la patria.

Son los trofeos de sus victorias, Sus principios son redes para envolver a los incautos, confites para engañar a los pueblos, que también sueles ser niños.

¿Habéis notado las trazas de un tunante cuando se propone daros un petardo? Se muda, se aliña, se echa encima de una buena capa, y como no la tiene propia, la toma prestada; se os presenta cortés, amable y vivamente interesado por vuestra salud y la de vuestros hijos; os habla con modestia de su honradez, deja entender que es hombre de fortuna y nobles prendas, y después de un largo preámbulo de amores y protestas, os pide el servicio que necesita. Prestádselo, y no le volveréis a ver la cara, ni os saludara si por acaso le contratáis en la calle, ni os pagará jamás vuestro dinero. Tan tunante como este es el liberal granadino; echase encima la falsa capa de libertad, y se presenta tolerante, sufrido, amabilísimo y perdido de amor por el pueblo, pavoneándose de amigo y libertador cuando necesita su voto para la elección o su brazo para conspirar, dadle el poder, de una u otra manera, por la elección o por la fuerza, y maldito si vuelve a acordarse del pueblo y sus libertades, de su suerte y sus derechos; entonces ya no piensa si no en su propio negocio, para el

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cual lo que le conviene es perseguir y oprimir a sus conciudadanos. “Esos principios son buenos,

dice, para el que obedece, pero de ninguna manera para el que manda”.

El tal partido, pues, no tiene de liberal sino solo el usurpado nombre, y es preciso quitárselo y darle el que conviene a su carácter y a sus crímenes. Es el partido revolucionario y faccioso del país, que se rebela contra cualquier gobierno por bueno y filantrópico que sea, y se rebelaría contra el mismo Dios si ÉL, se dignase encargarse del gobierno político de la tierra. Se rebela y se rebelará siempre, porque se compone de hombres que, en la mayor parte, sea por espíritu demagógico o por perversos instintos y conducta, detestan el orden, no pueden soportar el saludable yugo de la ley, y necesitan vivir entre el tumulto de las facciones que pone a cubierto sus vicios y delitos. Por eso el faccioso echa mano de todos los medios que pueden serle útiles, aun los más inmorales; habla mucho de libertad e igualdad para apasionar el ánimo de las gentes ignorantes, que no comprenden aquellos principios ni con capaces de darles su justo sentido; confunde y trastorna en sus discursos y escritos todas las nociones de la moral y la política, abre campo a todas las ambiciones vulgares, convida al desenfreno de todas las pasiones malignas, quebranta la reja de las cárceles y el grillete de los presidiarios, ofrece la impunidad a todos los delitos, llena el bolsillo de los vagos con el despojo de los hombres laboriosos, y rompiendo todos los diques de la justicia y del honor, produce el movimiento y se hace a la fuerza brutal que ha menester para lograr sus deseos trastornadores y tiránicos. Así nada tiene de admirable que al sonar la trompa revolucionaria, acudan al primer toque de guerra intestina todos los traficantes políticos, todos los vagabundos, todos los quebrados, todos los presidarios, todos los delincuentes, todos los hombres perdidos e inmorales; unos que buscan la impunidad a la sombra del desorden, otros que pretenden rescatar en las revueltas la posición perdida por los vicios, y todos los que aspiran a la ganancia y a los medros entre los horrores de la conflagración general. Este es el partido impostor que finge sostener la libertad y el derecho de los pueblos, y que en verdad no es sino el partido faccioso, que fomenta y defiende el crimen como el medio fácil de alzarse con el poder absoluto.

El faccioso tiene la resolución innata de cometer todos los crímenes, porque le son necesarios para conspirar con fruto; y si triunfa, se lanza también en todas las crueldades de la tiranía, porque le son necesarias para mantenerse en el puesto. Miente, calumnia, traiciona, blasfema y hace cuanto la maldad sugiere para colocar a sus cofrades entre la victoria y la muerte, entre la conservación del poder y la expiación ejemplar de sus delitos.

El faccioso se divorcia de todos los nobles afectos de la naturaleza, rompe todos los vínculos que ligan al hombre con la humanidad, se mofa de la religión y sus preceptos, y se ensaña furioso sobre sus adversarios vencidos. El faccioso es faccioso antes que todo antes que padre o hijo, antes que esposo o amigo, antes que cristiano, antes que sacerdote, antes que hombre. Pues deja de serlo para transformarse en fiera voraz y sanguinaria, y se deleita en la muerte de sus hermanos, en la orfandad de las familias, y en la concertación de la humanidad oprimida.

El faccioso es un momento que no se conduele de sus semejantes, ni se convierte, ni se enmienda, ni se desengaña jamás; paga la benignidad con la tradición, los beneficios con la ingratitud, las concesiones con la insolencia y la rebelión. El faccioso es impenitente, y no se ha encontrado en el mundo otro remedio eficaz para su enfermedad, según Larra que EL OLOR DE PÓLVORA

porque el faccioso, añadida un predicador granadino, no abre los ojos sino cuando los cierre para siempre. El faccioso es un árbol martillero como el manzanillo, que inficiona y mata cuanto se le aceren.

¡Desdichada patria si no se le sujeta con firme mano! Desdichada, si la justicia no cae sobre el con severidad inflexible! Desdichada, si se persiste en el sistema deletreo y criminal de transacciones y de olvido! ¡Desdichada, si no se funda un poder justo, pero inexorable, de represión y escarmiento, que persiga tenaz el delito y guarde a los buenos con poderosa egida!

El partido faccioso se alienta con nuestra debilidad indisculpable, se fortalece en la derrota con nuestras concesiones indiscretas, prepara en la paz los medios de la guerra, y en la guerra castiga furibundo nuestra nobleza y cándida bondad. Conozcámosle al fin, y apliquemos oportuno y eficaz remedio al mal que nos devora. Si no restablecemos el imperio riguroso de la JUSTICIA que

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reprime el delito y protege la virtud y el orden, la corriente impetuosa de ese mal nos arrastrará entre oleadas de sangre al abismo de la barbarie. La JUSTICIA es el terror de los malos, y el verdadero DERECHO de los hombres.

Periódico: El Colombiano

Fecha: 2 Julio 1901 Título: Pro Patria. Autor: Carlos Albán. PRO PATRIA.

Interesantes documentos. Habla el GRAL. AIZPURU

Carta del GRAL. Albán – AL GRAL. AIZPURU. LIBERTAD DE LOS DOS HIJOS DE ÉSTE.

No fui partidario de la guerra en Colombia, antes de que estallara ésta, por motivo de que no creí al Partido Liberal suficientemente preparado y organizado para emprender lucha armada contra un Gobierno prevenido en toda forma para defenderse con buen éxito (11), más una vez que gran parte de mis copartidarios alzaron el estandarte de la Revolución, me hubieran acompañado gustoso, si oportunamente se me hubiera participado el movimiento, por sus jefes, y antes de que se me redujera a prisión por las autoridades superiores del Istmo de Panamá, el 24 de Octubre de 1899. A causa de la capitulación celebrada entre el Jefe del Gobierno, Gral. D. Carlos Albán y el Dr. D. Belisario Porras, Jefe Civil y Militar de la Revolución, salí de la cárcel el 26 de Julio de 1900. Más tarde, en el mes de Agosto del mismo año, salí del departamento con pasaporte del Gobierno para el Perú, pero me quedé en el Ecuador.

En aquella Nación como en ésta (Nicaragua), pude observar con suma tristeza, el desacuerdo profundo que existía y existe aún entre los Jefes que comandaban fuerzas revolucionarias, y entre los miembros de la colonia liberal militante de estos países.

Convencido de que este lamentable estado de cosas disminuiría las probabilidades de triunfo para los nuestros, me propuse hacer cuantos esfuerzos estuvieran a mi alcance, para contribuir a remediarlo. Con este fin me dirigí, como simple ciudadano, de palabra y por escrito, a civiles y militares, en el sentido de que depusieran sus rencillas e interese personales en bien de la Causa: y excitándoles a que restablecieran la disciplina y la moral del Ejército, sin lo cual nos enajenaríamos las simpatías y ayuda de nuestros amigos.

Mis pretensiones, desgraciadamente, han sido infructuosas, y mis palabras arrebatadas por el viento. Sin embargo, todos los contratiempo enumerados me parecieron aun vencibles, por medio del esfuerzo común que ejercieron los Directores de la guerra sobre los miembros de nuestro partido, en discordancia; pero hoy, con dolorosa sorpresa, he visto documentos, cuya lectura me ha cerciorado de que la división y el desacuerdo también existen, entre los Jefes principales de la Revolución, ahondados después del desastre de Palonegro, y que al presente son irremediables.

Creo, pues, inútil la prolongación de la guerra, tal como se hace hoy, y considero por esto estériles los sacrificios que se continúan haciendo por medio de las armas, para obtener el triunfo completo de nuestros principios.

Opino que ni han sido infructuosos los esfuerzos hechos, ni las grandes pérdidas que ha sufrido la Nación, si ponemos remedio al mal presente lo más pronto posible, a fin de evitar la ruina completa de nuestra patria, y la desmoralización total de los partidos doctrinados colombianos. Hoy se ha alcanzado el principal objeto que perseguía los conservadores patriotas el traidor Núñez, y conservado malignamente por los Holguín, Caro y San clemente, y los satélites de estos. Aquella

11Así lo manifesté por escrito más de una vez a mi honorable e inolvidable amigo el Dr. Aquileo Parra, quien era Director del Partido, siempre que me honró consultándome el punto, en días de crisis política.

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estructura sombría ha sido destruida por sus cimientos, por los esfuerzos del Partido Liberal y del Partido Conservador Republicano, representado este por el Dr. José Manuel Marroquín y el General Marceliano Vélez- aplastando entre sus escombros para siempre a los que en él vivían sin Dios y sin ley.

Conocidos como son de toda la Nación los antecedentes honrosos del Dr. Marroquín como particular, y su proceder como republicano, los proyectos de ley propuestos por él ante el último Congreso, como Vicepresidente de la República, por los cuales se derogaban y reformaban las leyes tiránicas y despóticas que aún existen y se sustituían por otras republicanas y liberales; y, en fin, sus manifestaciones públicas en idéntico sentido en aquel tiempo, y al tomar posesión del alto puesto que ocupa, no dejan ninguna duda de que si él sigue gobernando al país, después de haberse conseguido la paz, convocara, como es de si deber, un Congreso Constituyente, en donde estén representados todos los partidos políticos.

Con este proceder obtendrá el concurso patriótico de todos los buenos colombianos, con los cuales no le será difícil restañar las hondas heridas causadas a la Nación por los gobiernos de círculos estrechos y mezquinos.

Por mi parte acepto, con resignación que el patriotismo bien entendido me impone, cualquier gobierno, con tal de que esté compuesto por hombre honrado y cristianos; antes que el triunfo- sobre las ruinas de la patria,- de nuestro Partido, cuyos ideales he venido defendiendo desde hace treinta y siete años, sin omitir sacrificio alguno.

Managua, 22 de abril de 1901 RAFAEL AIZPURU.

GENERAL RAFAEL AIZPURU.- Managua.

Acabo de leer la manifestación Pro patria publicada por usted, y lo felicito por ella, especialmente por su último párrafo. En los estados Unidos cuando un partido pierde las elecciones acostumbran decir: hemos perdido nuestro candidato, pero tenemos nuestro Presidente; nosotros decimos: hemos perdido nuestro candidato, pues hagámosle guerra al Presidente; esto pinta nuestro carácter y explica la ruina a que vamos llevando la patria, en nombre de la Libertad.

El día en que todos o la mayor parte de los liberales proclamen lo que usted ha proclamado y lo practiquen como sé que usted lo practicara, ese día habrá bajo el pabellón de la República, campo libre para todos los colombianos, y riqueza y bienestar para todos, y tendremos todos hasta

desbordar la copa, esa libertad que la Constitución de Rionegro definió: “la facultad de hacer u

omitir todo aquello de que no resulte daño a otro individuo o a la comunidad.” Confio en que no será perdido el grano de arena que usted acaba de poner en ese noble y grandioso edificio; y por mi parte haré cuanto pueda por ser uno de sus obreros.

La satisfacción que su publicación ha producido en mí, me impulsa a dar a usted una prueba de mis deseos a favor de la paz permanentemente y de la concordia eficaz entre todo los colombianos, y ninguna creo mejor que la de poner en libertad a sus dos hijos. El día más feliz de mi vida sería el día en que me fuera dado estrechar en mis brazos a todos mis compatriotas revolucionarios, después de oír de sus labios las nobles palabras que usted acaba de publicar al final de su hoja.

Soy de usted atento compatriota y seguro servidor, CARLOS ALBÁN.

(del cronista de Panamá). Periódico: El Colombiano Fecha: 2 Julio 1901

Título: Colaboración (Meditemos) COLABORACIÓN MEDITEMOS.

Hace ya tiempo que los hombres sensatos del Partido Liberal comprendieron que la Revolución estaba vencida y que serían infructuosos cuantos sacrificios de sangre y de energía se siguieran haciendo pos sus causas. Así lo manifestaron públicamente connotados miembros de esa comunidad, y a diario hacen idénticas manifestaciones en privado todos aquellos cuya opinión merece tenerse en cuenta para juzgar la situación.

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Y en efecto, no se discute en todo el inmenso territorio nacional ningún grupo de revolucionarios que merezca el pomposo título de ejército, al servicio de aquella antes poderosa Revolución, que cubrió a Santander con frescos laureles conquistados sobre lo veteranos de la República; que gobernó y explota a su labor dilatados y ricos territorios; que recibió, sin cortapisas de ninguna especia, cuantiosos recursos de Gobiernos extranjeros, nada escrupulosos con el Derecho de Gentes; que dispuso de buques marítimos, hoy en poder del Gobierno; que ataco con vigor a Panamá, Buenaventura y Tumaco; que señoreó considerablemente extensión de nuestra Costa Atlántica y sublevó el Cauca y los Departamentos del Centro; que, provista de armamento moderno y de inmenso parque, presentó y sostuvo por diez y siete días la magna batalla de Palonegro, y que hoy esta reducida a insignificantes guerrillas, aptas tan solo para mantener en actividad el juego lento pero voraz en que se está consumiendo la riqueza, la honra y los elementos de prosperidad nacionales; y sus jefes antes victoriosos y llenos de arrojo y entusiasmo, vagan desalentados por países extranjeros, saboreando las decepciones que les ofrece la ingratitud de sus mismos conmilitones de ayer.

Si al contemplar la Revolución solo se descubre en ella decadencia; desprestigio en sus jefes, producido por una serie de indefinida de derrotas; deshonra, que la trae consigo el vivir del asalto del despojo; escasez de elementos, existiendo aun, debido únicamente a las prodigiosas carreras en que viven sus, partidas de merodeadores, terminables solo para el inerme viajero y el indefenso labrador. La vemos sucumbir abajo el enorme peso de la responsabilidad que el pueblo echa sobre ella, de ser la causa de su hambre y de su ruina; y al considerar el campo del Gobierno, se ven ejércitos disciplinados y aguerridos, acostumbrados a dormir sobre las trincheras enemigas; para que abundantes, recursos inagotables, escrupulosamente manejado y oportunamente conducidos donde son necesarios; servicio satisfactorio de comunicaciones, Generales ilustrados por muchas victorias, férrea armazón administrativa, planes debidamente combinados y cohesión y unidad perfectas.

Más ya que es imposible dudar de que la Revolución está reducida a sus últimos extremos y de que no presenta peligro alguno al gobierno como tal; de que completa y absolutamente incapaz de