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NORSOF on Doctrinal Responsibility for MA 49

B.   DOCTRINAL ISSUES 43

3.   NORSOF on Doctrinal Responsibility for MA 49

Sí el morfema es la unidad mínima de primera articulación, lo que se quiere decir es que se trata de la más pequeña unidad significativa que pueda resultar de una segmentación de una expresión verbal. Así, comer se puede segmentar en com-er; comeríamos en com-er-ia-mos; niño en

niñ-o; mesa en mes-a; mosca en mosc-a; mientras que árbol, mujer, azul,

hoy, yo, peor no pueden descomponerse más. Todos estos elementos son morfemas; sólo que com-, -er, níñ-, -o, mes-, -a, mosc-, -a requieren unirse con otros para poder reconocer suficientemente su significado y no pueden aparecer en aislamiento (salvo, por supuesto, en un texto de lingüística o de gramática, en donde, sin embargo, señalamos su depen­ dencia con un guión), en tanto que árbol, mujer, azul, hoy, yo, peor no pueden fragmentarse más y no necesitan de otros morfemas para mani­ festarse. A los primeros los llamaremos morfemas ligados y a los segun­ dos, morfemas libres.

Estas unidades de denominación formadas por morfemas libres, que además constan de un número entero de sílabas y están com­ puestas por fonemas que pueden tener funciones demarcativas, ya son

palabras.

Es decir, hay morfemas libres que son, a la vez,

palabras.

Llamemos a esta dase

palabras tipo l.

Podemos complementar esta primera dase de unidades palabra con una prueba común en la lingüística descriptiva, que consiste en hacer preguntas a sus informantes en las que aparezcan estos morfemas como respuestas únicas;

— ¿Cuándo vendrá su hijo? — hoy.

— ¿Cómo sigue el enfermo? — peor.

— ¿De qué color es el cíelo? —u Z i'íi-

— ¿Quién hizo esto? — yo.

¡Cuidado! Hay que hacer estas preguntas sin indu­ cir la clase de respuestas que se buscan. Por ejem­ plo, no es válido hacer una pregunta como ésta: — Su casa está en la acera de en... — frente. Pues en esta pregunta, el interrogador está, o bien presu­ poniendo que la palabra es enfrente, o que la res­ puesta debe estar constituida por una preposición en y un sustantivo frente.

6 4 LA DETERMINACIÓN DE LA UNIDAD PALABRA

2.2. Paradigmas de morfemas

En los ejemplos anteriores del español (pero podríamos hacer lo mismo con el tzeltal) pudimos notar que hay dos clases de morfemas ligados: unos, como perr-, níñ-, nid-, pet-, peí-, cuya cantidad es prácticamente ili­ mitada en una lengua, y otros como -o, -ó, -ero, -er, -xa-, -mos, que vemos aparecer constantemente en las unidades de denominación que ponemos enjuego para llevar a cabo las conmutaciones, y cuyo número es mucho menor que el de los primeros, Martinet designa a los morfemas del pri­ mer tipo como morfemas de inventario abierto; a los del segundo, como

morfemas de inventario cenado (nuevamente, véase que se trata de una ca­ racterización solamente cuantitativa). Unos y otros pueden sustituirse por otros de su mismo tipo en una cadena de morfemas. Por ejemplo;

Dada la cadena niñ-o, niñ- puede sustituirse por muchísimos morfe­ mas que sirvan para construir sustantivos, como perr-, pet-, peí-, y po­ demos agregar banc-, herman-, y cientos más; en

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a misma cadena, -o puede sustituirse, sin embargo, sólo por: -a, -it-, -er-, -ez, -erí-, -íc- (ni­ ña, niñito, niñero, niñez, niñería, niñico, etc,) y quizá unos pocos más, pues se trata de morfemas de inventario cerrado; -a es, en español, un morfema de la flexión nominal, en tanto que los demás son morfemas derivativos.

Los morfemas de inventario abierto reciben el nombre de lexemas (las raíces de la terminología gramatical tradicional). Todas las lenguas tienen una gran variedad de lexemas, que podríamos poner en una lar­ guísima lista. Esa lista podría considerarse un gran paradigma, pero a la vez subdividirse en cuantos paradigmas pareciera conveniente, según las propiedades formales o de sustancia de contenido que encontrára­ mos en sus miembros. Asi por ejemplo, el paradigma de los verbos de la primera conjugación en español, el paradigma de los sustantivos ab­ solutos terminados en -tí del náhuatl, el paradigma de los lexemas que construyen unidades de denominación de la habitación, como cas-a,

ediflc-io, palac-ío, choz-a, departament-o, etcétera.

Los morfemas de inventario cerrado han recibido el nombre de gra- memas en las obras de muchos lingüistas, a partir de la enseñanza de Martinet- Las listas de gramemas de una sola clase, por ejemplo, los de cada tiempo verbal en español, como -o, as, -a, -amos, -dis, -an del pre­ sente de indicativo, forman también paradigmas.

LA PALABRA MORFOLÓGICA 6 5

Entendemos por

paradigma

un conjunto de unidades lingüísti­ cas, ya sea de segunda articulación (fonemas) o de primera (mor­ femas y, más tarde, palabras) que se caracterizan por oponerse

unos con otros y ser capaces de sustituirse mutuamente en una cadena de segmentos determinada.

3. M O R F O T Á C T IC A

Como bien sabemos, toda expresión verbal se desarrolla en el tiempo. Esta es una característica de todas las lenguas. Cuando hablamos, unas unidades verbales salen de nuestra boca antes que otras; cuando escri­ bimos, cualquiera que sea el sistema de escritura, alfabético, silábico, ideográfico, unos símbolos se escriben antes que otros. Al distinguir en­ tre morfemas libres y ligados se ha manifestado con claridad esa propie­ dad de las lenguas. Puesto que, en muchos casos, esos morfemas son elementos de paradigmas (como, en los ejemplos anteriores, los de tiem­ po verbal en español), podemos comprender que la secuencia de mor­ femas sea a la vez una secuencia de paradigmas de morfemas.

En cada lengua, según el tipo de que se trate, sus secuencias morfe- máticas tienen cierto orden, más o menos rígido. Así por ejemplo, en es­ pañol la manifestación del tiempo verbal sólo puede suceder al lexema (aparece como sufijo) y no antecederlo (no aparece como prefijo); en cambio, los pronombres que significan los complementos del verbo, pueden anteceder al lexema y al verbo mismo, como en me-lo-das (po­ sición prodítica), o sucederlo, como en dá-me-lo (posición enclítica).

Llamamos

morfotdctica

a la característica que tienen todas las ex­ presiones verbales de una lengua, de ordenar sus morfemas en una secuencia determinada o en varios esquemas secuenciales.

Una de las tareas más complejas del estudio morfológico de las palabras de una lengua es definir con claridad sus esquemas morfo- tácticos. Cada lengua tiene cierta cantidad de esquemas morfotácticos, un fenómeno semejante a la variedad de esquemas silábicos, a los que

6 6 LA DETERMINACIÓN DE IA UNIDAD PALABRA

aludimos en el primer capitulo de este libro, o a la variedad de los ta­ maños de la palabra medida en sílabas. Aquí trataremos de definir los criterios principales para determinar esquemas morfotácticos de cada lengua orientados, por supuesto, al reconocimiento morfológico de la unidad palabra.

Dada una unidad de denominación, los morfemas que la constitu­ yen aparecen en una secuencia determinada. Para encontrar el esquema morfotáctico de una unidad de denominación y decidir si se trata de una unidad palabra hace falta: a} segmentar la secuencia en morfemas, con los criterios antes expuestos; b] probar la cohesión que haya entre ellos, y c] determinar el orden en que aparecen.