5.1 From meaning to pattern: lexis and function
5.1.3 Notional groups in teaching languages
A la hora de tomar una postura, no estamos aislados, sino que el medio social en que vivimos condiciona de forma esencial las interpretaciones de aquello que está
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el cuerpo enfermo. arte y vih/sida en españa
sucediendo. “Construcción social de una realidad externa que se transforma con respecto a sí misma y a la estructura del pensamiento individual”56
Casi todas las enfermedades infecciosas importantes han creado no una, sino dos epidemias: la enfermedad en sí misma y la reacción de la sociedad a ella. El miedo a la infección y la ignorancia de su causa han conducido a menudo a la desconfianza y a prácticas violentas. La preocupación central durante la muerte negra no era proporcionar cuidado o idear una curación sino cavar los sepulcros y enterrar a las víctimas para prevenir la extensión de la enfermedad. Los leprosos fueron echados de la sociedad y aislados. El cólera fue considerado un castigo para pobres e inmorales y a principios del siglo XX la búsqueda de un “chivo expiatorio”, que en el caso de la poliomielitis en América eran los italianos y en la epidemia de gripe los irlandeses, quedó claramente de manifiesto. “La enfermedad mortal por excelencia es aquella que roza del modo más escandaloso los límites de la ética. La historia nos permite asociaciones entre la lepra y la pobreza, la peste y la higiene, la sífilis y la promiscuidad de los hombres, la tuberculosis y la reclusión de las mujeres. En todos estos casos las víctimas han sido confundidas con el verdugo y sobre ellas han recaído las privaciones de la vida civil”57.
Ciertas enfermedades actúan como evidenciadoras de una época. No son aquellas que matan a más gente desde un punto de vista estadístico sino que son aquellas que generan una mayor conciencia de la debilidad humana. “El SIDA es un punzante dolor en la sintomatología de una sociedad asaltada por múltiples males. Una fractura en el significado de un Absoluto hace tiempo fisurado, un instrumento para pensar la exterioridad, en su compleja red de entramados históricos. El SIDA es lenguaje. Al virus se le ha otorgado carta de naturaleza desbordando su propio marco
56 ALIAGA, Juan Vicente; CORTÉS, José Miguel G. De amor y rabia : acerca del arte y el SIDA. Valencia: Universidad Politécnica, 1993, p. 93-94.
57 SONTAG, Susan. La enfermedad y sus metáforas y el SIDA y sus metáforas.
Taurus, Madrid, 1996, pág.11.
biológico, penetrando en el tejido social a través de significantes, a los que se han adjuntado una tupida malla de idealectos”58.
El rol del enfermo y la representación de la enfermedad son construcciones sociales que se han ido forjando a través de las experiencias vitales y de las representaciones ideológicas. Una representación que, en sí misma, está rasgada por la multitud de fuerzas que la tensionan. Así, el mundo contemporáneo se encuentra en lo que José Luís Brea denomina la “era del fin de la imagen del mundo”. “La era en que pensar una representación orgánica y eficaz del mundo se ha vuelto imposible, impracticable. Que ella coincida justamente con la era de la espeluznante proliferación de las imágenes (…) no debería extrañarnos: al fin y al cabo, esa muerte de la “imagen del mundo” no podía producirse sino por multiplicación, por fragmentación -como cuando un espejo se rompe en una miríada de facetas y la única imagen del mundo que le es ya dado ofrecer irradia en una infinidad de direcciones, en una irreductible dimensión poliédrica que pone en quiebra el orden mismo de la representación”59.
Ante las enfermedades graves se siente la necesidad de interpretar su origen. No se concibe cómo una enfermedad puede llegar por casualidad y se siente la necesidad de culpabilizar a las víctimas que sufren enfermedades infecciosas. Se esgrimen razonamientos morales como los verdaderamente válidos en el momento de explicar la aparición y el desarrollo de una epidemia (la historia de las plagas en occidente es buena muestra de ello). “Uno de los rasgos más notables de la crisis del SIDA es que desde el principio se culpó a sus víctimas principales de causar la enfermedad, debido a sus actitudes sociales o a sus prácticas sexuales”60. Esto las
58 ALIAGA, Juan Vicente. “Háblame, cuerpo. Una aproximación a la obra de Pepe Espaliú” (en línea). Acción Paralela, nº1 (ref. de junio de 2007). Disponible en Web:
http://www.accpar.org/numero1/aliaga.htm
59 BREA, José Luis. El inconsciente óptico y el segundo obturador (en línea).
La fotografía en la era de su computerización. (Ref. de abril de 2007). Disponible en Web: http://aleph-arts.org/pens/ics.html
60 WEEKS, Jeffrey. Sexualidad, Barcelona: Paidós Ibérica Ediciones, 1998,
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médicas. En varias etapas de la epidemia del VIH la m a ni festa c ió n so c ia l h a est a do u n i d a a l a negación, la histeria y la búsqueda de un “chivo expiatorio”. “El murmullo de comentarios sobre el SIDA ha creado otra “víctima”. Este murmullo es mi tema principal, la cacofonía de voces que resuenan a través de cada institución de nuestra sociedad sobre el tema del SIDA”62.
Desde el punto de vista práctico el SIDA sigue siendo una “enfermedad nueva” entre la humanidad. Guardar esta perspectiva de “novedad” es importante, especialmente para analizarla y prevenirla ya que no puede ser tratada por métodos tradicionales. Las vacunas todavía no están disponibles, los tratamientos son limitados y la curación sigue siendo una visión para el futuro. “Admitamos, pues, que el miedo no nos salva del amor ni del deseo. Que el amor y el deseo no nos salvan del VIH. Y que del SIDA sólo podrá salvarnos la medicina, de un lado, y los condones, de otro, si es que logramos que la primera avance con la rapidez que la situación exige y que los segundos alcancen al fin el status de un hábito incuestionable”63.
Por esto, entre otras cosas, ha generado el máximo “shock” de finales del s.XX y principios del s.XXI. Ha influenciado en el lenguaje corriente, no hay palabra como “virus” que haya invadido la cultura de vanguardia de los años 90. Se ha utilizado para denominar fallos informáticos, la forma de difundir la contrainformación … etc. “El lenguaje, sobre todo en las áreas de la información, se utiliza de un modo cada vez más formulista, enfermando, por lo tanto, cada vez más sus propias fórmulas. Sin embargo no deberíamos hablar ya de enfermedad, sino de “viralidad”, que es un tipo de mutación (…) Quizá la nueva patología de la viralidad sea el último remedio contra la desintegración total del lenguaje y el cuerpo. (…) Posiblemente, es como el SIDA, si entendemos el SIDA como un remedio contra la liberación sexual total,
62 WATNEY, Simon, Policing Desire: Pornography, AIDS and the Media.
Minneapolis: University of Minnesota Press, 1987, p. 8.
63 LLAMAS, Ricardo. Miss Media. Barcelona: Llibres de L’Index, 1997, p.224. hace innombrables hasta el punto de producir miedo y
arrojar la vergüenza sobre el enfermo y sus familiares. Sin embargo algunas enfermedades contagiosas que se presentan bajo la forma de epidemia se prestan más que otras a encarnar el impulso instintivo de muerte de una comunidad entera y a ser entendidas como una venganza divina. El síndrome del pecado original y de la calamidad bíblica es inseparable por lo menos del espíritu occidental.
La idea de que las enfermedades tienen una explicación médica y un tratamiento secularizado, la creencia de que las actitudes religiosas, a la hora de analizar los hechos biológicos, iban abandonándose, se ha truncado con la aparición del SIDA. El SIDA ha puesto de relieve los miedos más ancestrales y ha hecho posible que la población, en general, haya buscado explicaciones de carácter ideológico y moralizante a una enfermedad. “Se han representado todas las formas metafóricas que consienten a la sociedad vivir esta enfermedad como un sacrificio purificador”61. Es necesario reflexionar sobre la
posición que el SIDA ha tenido en la vida contemporánea, el significado de lo que ha sucedido y los modos que individualmente o colectivamente se han buscado para reaccionar ante una emergencia que no se esperaba. Así mismo, hay que considerar la imagen que tenemos de los enfermos y el tipo de asociaciones mentales que lleva consigo la epidemia.
El SIDA ha influido de una manera tremenda en el carácter de nuestra época. Al contrario que otras grandes epidemias en las que se tardó siglos en entenderlas y décadas en identificar su causa y en desarrollar su curación, hace solo dos décadas que se identificó la enfermedad. En un corto p e r i o d o d e t i e m p o se h a co n o c i d o e l a ge n te c a u s a n t e, s e h a e n t e n d i d o l a m a n e ra d e l a t r a n s m i s i ó n y l a s p r u e b a s n e c e s a r i a s p a r a detectar la infección. Aún así no se ha avanzado mucho en las respuestas sociales a las crisis
61 COCHRANE, G.; CUCCO, E.; VERZOTTI, G.; VETTESE, A. Dire AIDS: art in the age of AIDS.
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artísticas, convertidos en los símbolos de una forma diferentes de vivir con VIH/SIDA y de los privilegios de aquellos que realmente pueden acceder a estos, cuestionando, así mismo, el poder de la industria farmacéutica en la sociedad contemporánea.
Fenómenos de este tipo suceden cada vez que aparece una enfermedad que se presta a convertirse en el mal inconfesable, aquello que asume en sí mismo un significado metafórico. “Atrapado entre lo microscópico (virología) y lo macroscópico (epidemiología), el SIDA se resiste a hacerse visible excepto en los sistema de referencia que se imponen de una forma violenta a aquellos a lo que antes se convirtió en vulnerables”65.
Durante muchos años ser seropositivo ha tenido que luchar no sólo contra la enfermedad sino contra el silencio, las censuras, los miedos, la discriminación, el aislamiento que solo pronunciar la palabra SIDA producía. Hoy que la presión de los medios de comunicación se ha reducido y con ésta la atención del gran público respecto a una epidemia que queda como de alto riesgo, sobre todo para jóvenes que comienzan una vida sexual activa, el problema ha sido sólo aparentemente reducido. En verdad, en la fantasía de la mayor parte de la gente la palabra SIDA está todavía relacionada con una censura y con un miedo profundo frecuentemente inmotivado que sólo la información y la reflexión racional pueden llegar a resolver. Censura y miedos que frecuentemente se deben a los prejuicios y a las falsas convenciones que han actuado y continúan actuando en la población en general.
El SIDA ocupa un lugar fundamental dentro de la sociedad contemporánea. Lo saben las instituciones sanitarias internacionales que realizan las actividades de prevención, lo saben las personas seropositivas que junto a las buenas noticias en el campo de los tratamientos deben afrontar el mismo esfuerzo, las
65 SMITH, Paul Julian. “La representación del SIDA en el Estado Español: Alberto Cardin y Eduardo Haro Ibars”. En: BUXÁN BRAN, Xosé M. (ed.). Conciencia de un singular deseo. Estudios lesbianos y gays en el Estado español. Barcelona: Laertes, 1997,
p. 305.
que es a veces más peligrosa que una epidemia, porque esta última siempre se termina. Así, el SIDA se puede entender como una resistencia contra la eliminación total de la estructura y el despliegue total de la sexualidad”64.
De igual modo, las pastillas y los cocteles terapéuticos se han convertido en elementos presentes en muchas obras
64 RÖTZER, Florian. “Virtuelle Katastrophen (entrevista con Jean Baudillard)”.
Kunstforum. Enero – Febrero de 1990, p. 266.
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mismas dificultades de siempre para encontrar trabajo, casa y para las relaciones sociales que el SIDA ha hecho más difíciles. Lo saben todos aquellos que no se contentan con una lectura rápida de las estadísticas y que intentan observar más allá de los números la evolución de la epidemia.
Esta epidemia ha marcado las vidas de una generación que ha tenido que calcular cuanto se puede arriesgar, lo que se puede perder a través de la enfermedad, con el sexo, el propio cuerpo, con los límites sobre la propia libertad, con el estigma social. Han muerto millones de hombre y mujeres y hay un número enorme de huérfanos a los cuales un día se les tendrá que explicar todo esto. “Aunque el SIDA sea una verdadera pandemia, y que cualquiera, en cualquier lugar, pueda verse afectado potencialmente por el mismo, dicha pandemia global no
es sino un conjunto de pandemias interrelacionadas pero bastante diferentes en su naturaleza, con causas y efectos diferentes y afectando a diferentes tipos de personas”66. El
SIDA ha marcado las costumbres y la cultura de nuestra sociedad tal vez más de lo que pueda en principio parecer. “Es un impacto psicológico en individuos y comunidades de tantas vidas perdidas, tantos padres, hermanos, amigos, niños, colegas, vecinos muertos. En niños pequeños esto conduce a menudo a un estado incluso catatónico, de introversión en un mundo lleno de pena y dolor”67.
66 CRIMP, Douglas. Posiciones críticas. Madrid: Akal, 2005, p. 125.
67 REID Elizabeth. The HIV Epidemic and Development: The Unfolding of the Epidemia (en línea). New York: UNDP pág.10 (ref. de marzo de 2007). Disponible en Web:
http://www.undp.org/hiv/publications/issues/english/issue01e.htm
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ésta una metáfora de la mugre, el desorden y la decadencia70. “El asunto de la sexualidad ha estado en el
centro de las preocupaciones de Occidente desde antes del triunfo del cristianismo. Ha sido tema de debates políticos durante cerca de doscientos años. Ya para las últimas décadas del XIX estaban discutiéndose las preocupaciones del feminismo contemporáneo (…). En las décadas 1920 y 1930, con el ascenso y descenso de un movimiento mundial de reforma sexual, y el ascenso cada vez mayor y aparentemente irresistible del autoritarismo social y el fascismo, se hicieron patentes los vínculos intrincados entre los valores sexuales y el poder político. (..) Sólo desde la década de 1960 ha tenido verdadero impacto y resonancia la idea de política sexual”71
En términos foucaltianos, el sexo nunca puede liberarse
70 WEEKS, Jeffrey. Sexualidad, Barcelona: Paidós Ibérica Ediciones, 1998,
p.99.
71 WEEKS, Jeffrey. Sexualidad, Barcelona: Paidós Ibérica Ediciones, 1998. pág.
91
3.2.1.- aspectos que influyen en la metaforización del sida
En el caso del SIDA, la representación social de la enfermedad, se compone de varios elementos esenciales que se convierten en el caldo de cultivo para interpretaciones moralizantes que dan lugar a un discurso cargado de metáforas y dobles lecturas. “El discurso de la abominación volvía a resurgir. El puritanismo se ciscaba en la población gay que, para las mentes estreñidas que ejercitan una violencia ultra, era inductora y causante de la propagación de la epidemia, especialmente en Estados Unidos, país especialmente sangrante en su homofobia. Pero el SIDA social, el creado/urdido por los sectores sociales mencionados, también estigmatizaba a las mujeres, a los toxicómanos, a las minorías étnicas, a los desfavorecidos, a los indeseables en definitiva”68. Podría
decirse que la crisis del SIDA ha precipitado la crisis de la representación en primer lugar, de la homosexualidad, y consecuentemente, de otras comunidades a las cuales, comúnmente se asocian, incluidas las mujeres de distintos recursos económicos y clases sociales.
Dichos elementos son, por un lado, su categorización como ETS69 y, por otro, la relación que se estableció en un
principio de enfermedad vinculada a la homosexualidad. Así mismo, hay que tener en cuenta que, antes de los tratamientos HAART, el diagnóstico de VIH/SIDA era algo parecido a una sentencia de muerte, que además ponía en evidencia la fragilidad de cuerpo, desfigurándolo y marcándolo.
sexualidad y sida
El hecho de que el SIDA sea una enfermedad de transmisión sexual, aunque sea una consideración totalmente médica, ya lleva consigo una estigmatización. “Un rasgo significativo ha sido el vínculo que se ha establecido entre sexo y enfermedad, entendiéndose por
68 ALIAGA, Juan Vicente. “En un combate. Sexualidades, patologización del cuerpo, religión, política y arte contemporáneo”. Debats. Nº 79 (invierno 2002), p.114-
123.
69 Enfermedad de transmisión sexual
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del poder, la formación misma del sexo constituye una declaración de poder. Foucault introduce “el sexo” en la historia, al final de la modernidad, convertido en un objeto que el poder productivo formula, regula y produce. La categoría de sexo, entonces, es sólo comprensible como resultado de un cambio histórico, una producción que vincula sexo e identidad y que marca claramente dos sexos diferenciados, distintos y uniformes, que “se expresarán y evidenciaran a través del género y de la sexualidad, de tal forma que cualquier alarde social de una falta de identidad, de una discontinuidad, o de incoherencia sexual será castigado, controlado al ostracismo y reformado.(…). Mediante diferentes estrategias la idea “del sexo” es erigida por el dispositivo de la sexualidad. Desde este punto de vista, la sexualidad sería una red de placeres e intercambios corporales discursivamente construida y extremadamente regulada, producida mediante prohibiciones y sanciones que literalmente forma y dirigen el placer y las sensaciones”72.
“El comportamiento sexual está constituido como dominio de la práctica moral”73. Esto ha ayudado a que
muchas veces se hable del SIDA como un castigo de los pecados sexuales cometidos. Desde los primeros años de la epidemia esto ha dado lugar a un discurso sobre la sexualidad, en el que el componente moral y conservador no solo ha estigmatizado el problema sino que ha partido de conceptos que han perjudicado enormemente los esfuerzos encaminado a la prevención.
Por otro lado, “la idea de sexualidad como una fuerza ligada al placer y la reproducción se ha unido a la percepción de un nuevo peligro y a la perspectiva de la muerte”74. El SIDA ha influido hasta tal punto en el
dispositivo de la sexualidad que ha llevado a redefinir los
72 BUTLER, Judith. “Las inversiones sexuales”. En: LLAMAS, Ricardo.
Construyendo sidentidades. Estudios desde el corazón de la pandemia. Madrid: Siglo XXI,
1995, p. 16-17.
73 FOUCAULT, Michel. Historia de la sexualidad 2- el uso de los placeres.
Madrid: Siglo XXI, 1997, p. 227
74 GOTT, Ted. Art in the age of AIDS: don’t leave me this way, Canberra:
Nacional Gallery of Australia, 1994, p.168.
planteamientos que se habían producido, sobre ésta, hasta el momento. “Los procesos sociales son interdependientes. Pero es importante constatar que el sexo, en tanto que actividad social, sufre transformaciones similares a las acontecidas en otros ámbitos de la esfera social. Hasta la aparición del SIDA, el sexo en Occidente traspasa la esfera de lo privado en pos de lo público. (…) El proceso de repliegue del sexo hacia lo privado se fija definitivamente con la epidemia del SIDA”75. La aparición
del VIH/SIDA ha inducido hacia actitudes fuertemente represivas respecto al sexo. Se puede observar un punto de inflexión en la manera de entender las enfermedades y la medicina, la sexualidad y la catástrofe. El miedo a la sexualidad es el nuevo registro del universo de miedos que se viven actualmente. No tiene sólo el efecto de apuntalar el moralismo sexual, sino que fortalece, así mismo, la nada recomendable cultura del individualismo.
La necesidad de informar y difundir el sexo seguro ha obligado a la sociedad a hablar sobre sexualidad. “Contrario a la opinión general, un estudio realizado por la Organización Mundial del SIDA en 1998, puso de manifiesto que la educación sexual no conduce a una actividad sexual más temprana, sino que las pospone y protege del VIH y otras enfermedades de transmisión sexual”76. Una generación más informada puede
colaborar para acabar con la metaforización y la vergüenza que acompañan a la epidemia, así como, cuestionar y superar los valores machistas, sexistas y homofóbicos que forman parte de nuestra cultura.