En realidad sería absurdo pretender hablar de una raza mexicana, aunque siempre hay necios que lo intentan. O peor aún, a sabiendas de lo mestizo del mexicano hay quienes buscan más sus orígenes indígenas o su ascendencia criolla. También existe la idea, muy metida en lo profundo de la mente del pueblo, de que algo, entre más indígena, es más mexicano.
La realidad es que entre más indígena simplemente se es más indígena y entre más hispano sólo se es más hispano. Si se quiere buscar algo que se pueda catalogar como “lo más mexicano”, más bien hay que pensar en lo más mezclado. Entre más mestizo, más mexicano.
Y aunque México es un país con un pueblo multicolor, donde evidentemente hay más hispanismo o más indigenismo en unos que en otros, hay que entender que el verdadero mestizaje de nuestro país es cultural. Si pudiéramos hacer un genoma cultural, el resultado no sería distinto el del genoma biológico, ya que probablemente no hay una sola tradición en nuestro México que no sea mestiza, que no sea proveniente del virreinato; ese periodo en que lo indígena amerindio y lo hispano se fundieron en lo que somos.
Muchos lo dudan, pero pensemos por ejemplo en algo tan mexicano como el tequila; lo obtenemos de una planta tan mesoamericana como el agave, pero a través de un proceso tan europeo como la destilación; nuestro tan mexicano mariachi canta en el idioma del llamado conquistador y con instrumentos llegados de Europa. Festejamos el día de muertos, lleno de cuestiones prehispánicas, como el cempasúchil, pero en el día
católico, y por tanto europeo, de Todos los Santos, además de que en esa fiesta comemos pan, que no existiría aquí sin el español; y en el altar hay papel picado que viene de China, país que no comerció con los purépechas o los aztecas, sino con los españoles, a través del Galeón de Manila o Nao de China, que atracaba en Acapulco.
Las fiestas populares, tan folclóricas y gustadas en México, son en honor de santos patronos, y esos, al ser católicos son herencia hispana, aunque se asimilaron con los dioses de Mesoamérica; y cuando en las fiestas bebemos chocolate, tan tradicional, sacado del cacao tan americano, y llamado Xocolatl por los nahuas, lo mezclamos con leche, proveniente de vacas que no llegaron solas del viejo mundo, sino con los llamados conquistadores, consumimos pues, una bebida mestiza.
¿Y qué pasa con el Mole? Hay quien asegura que es tan ciento por ciento indígena, que incluso antes de la conquista existía la palabra nahua molli, para referirse a las salsas. No obstante, el buen mole, ese que hoy comemos, fue tomando forma en los conventos poblanos, y los conventos son evidentemente hispanos.
El chile en nogada es muy mexicano, sin embargo resulta que sólo se come en temporada, y eso es porque se adorna con granada, que viene del viejo mundo…, y para rematar, ese mexicanísimo platillo, relleno de elementos europeos, fue también una creación conventual, y se cocinó por vez primera en honor Agustín de Iturbide.
Pero hablemos de la comida más mexicana de todas, que es también el mayor símbolo del mestizaje gastronómico, insignia de nuestro genoma culinario; el indiscutiblemente mexicanísimo taco, alimento que no consumían los aztecas, no como se consume hoy. Tras el triunfo de Cortés sobre Cuauhtémoc, los españoles cocinaron unos cerdos para festejar, y a falta de pan, decidieron probar lo que llamaban “el pan de los naturales”, refiriéndose desde luego a la tortilla, y así, las carnitas traídas por los hispanos cayeron
dentro de la tortilla tan indígena, y el llamado conquistador se comió el primer taco. Así de mestizos somos todos, y desde luego, por eso se dice que, a falta de pan, tortillas.
Así es como a lo largo de trescientos años se mezclaron costumbres, alimentos, bebidas y personas. Se produjo poco a poco nuestra forma de ser y de pensar, nuestro carácter, nuestra comida y bebida, nuestro baile y nuestra música, nuestro vestido y nuestro idioma. Trescientos años duró la gestación de México; esa gestación se llama virreinato, y en ese periodo surgió una clase económica, étnica y social que generó la independencia: el criollo. Cuando maduró esa clase social, fruto del virreinato, fue cuando México nació.
En el siglo XIX, eso fue la independencia, los hispanos de aquí liberándose de los hispanos de allá. Esa es nuestra independencia y el nacimiento de México, surgido, no del señorío azteca y sus dominios, sino de la Nueva España. El día que lo entendamos, y mejor aún, lo enseñemos, podremos superar muchos complejos; el día que al comer un taco y empinar un tequila veamos cómo ingerimos a Mesoamérica y a España, nos comprenderemos mejor, y desde luego, seremos más libres.
¿QUIÉN SOY, DE DÓNDE VENGO Y A DÓNDE VOY?
¿Qué es lo que hace que un pueblo se sienta pueblo? Ese es el gran problema de la identidad, encontrar ese factor común de un grupo humano que los hace sentirse, como indica la palabra, idénticos; es decir, parte de lo mismo.
Tradicionalmente la experiencia nos enseña que tener una historia común, mismas tradiciones y rituales similares, mismas concepciones del mundo, es lo que hace que los seres humanos se sientan parte de un mismo grupo, que se identifiquen entre sí como iguales.
En este sentido hay que decir que, en el territorio que hoy habitamos y llamamos México, la historia común se tiene a partir de la llegada de los hispanos; para muchos es la historia de una conquista y un sometimiento, y aunque eso fuera cierto, la realidad es que fue el dominio español lo que nos dio una historia común, que los antiguos pueblos mesoamericanos no compartían.
Esto es así a tal grado, que mucho se habla de una supuesta unidad, y según algunos hasta hermandad latinoamericana. Nada hermanaba a los aztecas, los mayas y los incas antes del siglo XVI; por lo que esa supuesta hermandad latina se dio precisamente a causa de la llegada de los españoles…, que son de hecho los latinos, los que hablan una lengua derivada del latín.
El hecho de que todo el territorio hoy llamado Latinoamérica, sea presuntamente hermano, es a causa de que hay un padre común: el español. Todos esos países fueron también virreinatos españoles; de esa época nos viene la hermandad…., y como muchos
de los medios hermanos, que es lo que somos en realidad, la relación es bastante forzada.
Otro rasgo fundamental para la identidad de un pueblo es la religión. En Mesoamérica había diferentes culturas con diferentes religiones. Los españoles trajeron consigo la religión cristiana, y uno de sus objetivos, además de conquistar el territorio, fue evangelizar. Argumentaban, y eso servía como pretexto para legitimar su conquista, que tenían la misión divina de imponer el cristianismo a todos.
El cristianismo, y tal vez por encima, el guadalupanismo, son rasgos culturales del mexicano que son herencia de los españoles y que se consolidaron durante el virreinato. ¿Podría concebirse a México sin su versión particular del catolicismo y sin su devoción guadalupana?..., pues nada de eso existiría de no haberse dado el virreinato, consecuencia ineludible de eso a lo que llamamos conquista.
Pero por encima de lo anterior, el mayor rasgo de identidad de un pueblo, y siempre ha sido así en la historia, es su lengua, y esa es precisamente la mayor herencia del virreinato: el idioma español. En la península Ibérica se hablaban varias lenguas, como el vasco, el valenciano, el catalán, y la más usada, el castellano, ya que era la del reino dominante: Castilla.
Ese castellano fue el que trajeron los conquistadores y el que se quedó en nuestro territorio. Al ser el idioma que unificó a los reinos ibéricos en lo que hoy es España, le llamamos simplemente idioma español, que a su vez tenía influencia de palabras árabes y que nosotros enriquecimos con nahualismos.
Por cierto, México es el mayor país de habla hispana, por encima de la propia España; nuestro país es donde hay mayor número de hispanohablantes, y es por ello el rector mundial de dicha lengua…, gran herencia cultural que no tendríamos “si los españoles
no nos hubieran conquistado”, legado que no sería nuestro sin ese periodo tan poco estudiado llamado Virreinato.
El mexicano, ese mestizo que somos, esa mezcla de español con indígena, nació evidentemente en 1519, con la llegada de Cortés, quien con Malintzin tiene al primer mestizo oficialmente reconocido de esta tierra.
El mexicano maduró y buscó su libertad en el siglo XIX…, en los trescientos años que hay en medio fue cuando nos formamos, en ese periodo tan olvidado surgió nuestra forma de ser y de pensar, se consolidó la fusión maravillosa que somos, nacieron nuestras costumbres, nuestros trajes, nuestra gastronomía, el folclor…, en resumen, toda nuestra personalidad. Es por eso que, negar esa etapa, simplemente hace que el mexicano sea incapaz de entenderse a sí mismo.