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CHAPTER 5: CONCLUSIONS AND RECOMMENDATIONS

5.2.1 Objective 1: Mentoring

Bauman (2007) piensa la relación entre consumo y subjetividad en su noción de sociedades de consumo. La particularidad de estas formas sociales es que se refundan las relaciones

interhumanas a imagen y semejanza de las relaciones que se establecen entre consumidores y objetos. Esta centralidad del consumo es nominada por el autor como el ‘fetiche de la

subjetividad’:

“Esa ‘subjetividad’ de la sociedad de consumidores, tal como la ‘mercancía’ en la sociedad de productores, es (usando el feliz concepto acuñado por Bruno Latour) un fatishe: un producto absolutamente humano elevado a la categoría de autoridad supra humana debido al olvido o el menosprecio de su origen humano y de la cadena de acciones humanas que no sólo condujeron a su aparición, sino que fueron su condición sine qua non. En el caso de la mercancía en la sociedad de productores, la acción de comprar y vender la fuerza de trabajo de los productores fue la que, al dotar a esa fuerza de un valor de mercado, hizo de la mano de obra un bien de cambio, logrando que no sea como (al ser ocultada por) una interacción autónoma entre mercancías. En el caso de la ‘subjetividad’ de la sociedad de consumidores, los que deben desaparecer de la imagen final del producto son los rastros de la compra y la venta de las armas utilizadas en las construcción de la identidad (esa manifestación pretendidamente pública del ‘yo’ que no es otra cosa que el ‘simulacrum’ de Jean Baudrillard, que sustituye ‘representación’ por aquello que se supone que representa)” (Bauman, 2007, p. 186)

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En este texto, Bauman (2007) plantea que en las sociedades actuales los sujetos construyen su identidad a través de una serie de consumos. Las nociones de subjetividad e identidad no son equivalentes, y hay una diferencia paradigmática importante entre ambas nociones, pero más allá de esas distancias, lo que el autor polaco constata es que en la actualidad el sujeto realiza acciones sobre sí mismo a través del consumo. Así también, propone que este proceso de construcción es depurado: la subjetividad no aparece como una obra o producto de los consumos (el concepto de fatishe). Este segundo elemento es propio de un proceso de subjetivación: este es invisible a quien lo ejecuta/padece, por ejemplo, a quienes nos

constituimos como sujetos con aparato psíquico (difícil que hoy alguien en Occidente se piense sin una psique), el o los procesos a través de los cuales esto ocurre nos son invisibles23.

Por otra parte, lo que Bauman (2007) presupone es que el consumo es un imperativo en este tipo de sociedades. Es decir, el sí mismo (para Bauman su identidad) o parte de este, no se pueden resolver fuera del ámbito del consumo. Ello implica que el sujeto está impedido de desentenderse de la obligación de consumir. Esta obligatoriedad del consumir y de hablarse a sí mismo como una mercancía, es lo que la vuelve parte de un proceso de subjetivación en términos de Foucault (1988a).

Consumir, además, implica el desarrollo de una serie de competencias. O más bien, consumir es una competencia, que comprende atender, controlar y sopesar varios mercados para la consecución de los objetivos individuales (Bauman, 2007). Quien cuida de sí, es quien logra gestionar exitosamente una serie de aspectos de su vida siendo un buen consumidor: atendiendo a su situación crediticia, su capacidad de compra y gestión de la imagen y la identidad, por nombrar algunas.

23 Bauman hace referencia a la noción de simulacrum de Baudrillard (1978), ello insinúa una crítica al tipo de sujeto que se realiza a través del consumo: es básicamente un sujeto sin sustancia, donde lo único que queda es la representación (y la ausencia de lo representado). Para el sujeto implicaría que lo único que quedan son las operaciones de consumo que lo crean, pero en el trasfondo habría un vacío. Este trabajo se distancia de la posición de Bauman (2007) en al menos dos sentidos: en primer lugar, desde una diferencia paradigmática, el sujeto foucaultiano se presupone siempre como el efecto de algunas operaciones (sean de consumo, prácticas religiosas, sexuales o psicológicas, por nombrar algunas), ello no implica que sean figuras “vacías” o “carentes de sustancia”. Son más bien, sujetos perfomativos (su mecanismo de creación y su existencia son asuntos

inseparables). En segundo término, y considerando lo anterior, es imposible y fútil emitir un juicio normativo sobre si determinadas formas de subjetivación son mejores o peores respecto de su “sustancia” final.

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Estas características del consumo son constatadas de manera excepcional para la sociedad chilena en el estudio de Araujo y Martuccelli (2012). La descripción realizada del consumo es de un placer regulado24. Una de sus primeras regulaciones es el tabú: “…confesar que se obtiene placer del acto de consumir es aún un tema tabú para muchos. Incluso cuando el reconocimiento es franco, el placer del consumo no logra librarse enteramente de un cierto juicio peyorativo” (p. 59).

Araujo y Martuccelli (2012) interpretan este tabú como un elemento dentro de una relación conflictiva y ambivalente con el consumo. Es justamente la naturaleza de dicha relación, lo que nos permite postular que es una práctica subjetivante. La obligación o el imperativo de

consumir no es una norma que se obedece, sino que es un código con el que los sujetos se relacionan de manera agonística25. Algunas características de esta problemática son las siguientes:

 El consumo es un placer ambivalente. El placer de adquirir un objeto se ve teñido por una asociación a superficialidad, egoísmo e irresponsabilidad. Ello hace que los placeres del consumo puedan ser ordenados normativamente, donde los dirigidos hacia otros y hacia el hogar son menos condenables.

 Se evita confesar el consumo como una complacencia porque esto puede mostrar una debilidad para controlar un placer y sus excesos. En este sentido, se puede ver que el consumo es un placer altamente regulado, que acarrea ciertos peligros (particularmente el sobreendeudamiento) de los que el individuo debe cuidarse. Participar del consumo implica, para los entrevistados, desarrollar estrategias de cuidado y autocuidado ante los posibles excesos.

 El consumo implica una estrategia de prevención de frustración ante las restricciones materiales para el mismo. En otras palabras, el sujeto debe cuidarse de no desear

24 Es una analogía fácil a la sexualidad en La Historia de la sexualidad 2. El uso de los placeres, donde justamente lo que se estudia es la constitución de un sujeto a través de la regulación de la sexualidad.

25 Entiéndase agonística como algo que está siempre en combate, lucha. Un asunto siempre en disputa nunca resuelto.

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demasiado algo que no puede finalmente obtener. El consumo, por tanto, incluye un trabajo sobre los deseos.

 Por último, ante el consumo se construye como un eventual peligro por su asociación al endeudamiento y el sobreendeudamiento y que, por tanto, debe practicarse con moderación (Araujo & Martuccelli, 2012).

Araujo y Martucelli (2012) concluyen sobre el consumo en términos subjetivantes, que se pueden leer foucaultianamente:

“…los testimonios terminan por construir una suerte de tratado experiencial de los usos y peligros del consumo. Las frases que se enuncian son una mezcla de

sabiduría popular, de enseñanza familiar, de prescripciones religiosas y de experiencias vividas en primera persona. Es como si frente al consumo, los individuos relataran una versión condensada y particular de una Bildungsroman, de una formación de sí. El tono normativo y la legitimidad de las frases contrastan fuertemente con la vergüenza asociada al reconocimiento del hedonismo consumista…” (p. 62).26

Así, el consumo es una práctica para la que los sujetos desarrollan una serie de competencias y estrategias para un buen consumo (en contraposición a un consumo que lleva al

sobreendeudamiento o a un deseo que desemboca en la frustración) frente a la cual son juzgados por los demás y sí mismos en términos morales. Hacen eco de la apreciación de Bauman (2007) del carácter imperativo del consumo, pues no se pueden desentender de la obligación o el placer de consumir. El modo en que se enfrentan a esta prueba, para ponerlo en palabras de Araujo y Martuccelli (2012), los constituye como distintos tipos de sujetos morales (por ejemplo, sujetos que controlan el placer del consumo o que logran un consumo saludable).

En este sentido, la actividad de consumo tiene un importante componente moral que la vuelve subjetivante en los términos en que Foucault (1988a, 1988b) entiende el sujeto y su proceso de fabricación.

26Bildungsroman es un término alemán original que significa literalmente novela de formación o novela de educación. Pertenece a un género literario que retrata la transición de la niñez a la vida adulta.

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