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En términos generales, SENPLADES (2012) manifiesta que la evaluación de las intervenciones públicas (proyectos, programas y/o políticas) busca valorar la utilidad y los beneficios generados por las mismas; para lo cual se apoya en distintas metodologías según los objetivos que persigue la evaluación y que a su vez permite llegar a conclusiones para mejorar el desempeño de las instituciones. Los objetivos que se persigue con la evaluación pueden ser: mejorar la eficacia y eficiencia de las intervenciones, que haya transparencia en la asignación y uso de recursos, y determinar el impacto en el buen vivir de la población.

Desde el punto de vista del Buen Vivir, la evaluación de impacto analiza los resultados de un programa específico sobre un grupo beneficiario, con relación a un grupo de personas de similares características que no reciben el beneficio (contrafactual); en otras palabras mide los cambios del buen vivir en un grupo beneficiario producidos por la acciones de las intervenciones realizadas. La fortaleza radica en la identificación de los impactos finales de una intervención en las variables de interés, que constituyen el fin del proyecto, programa o política; mientras que sus debilidades son: el alto costo que representa levantar la línea base; y el aspecto

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ético que representa elegir un grupo control de iguales características que no recibirán los beneficios.

Hay que tener en cuenta dos criterios muy relevantes al momento de realizar una evaluación de impacto; primero es importante lograr aislar el efecto de la intervención, y el segundo determinar un escenario contrafactual en base a la siguiente pregunta ¿Qué hubiera sucedido si no se intervenía? Para que sea satisfactoria la evaluación de impacto es necesario escenarios contra factuales o un grupo de comparación; los resultados de una evaluación se presentan o expresan a través de las variables de resultado de una intervención (Ídem).

La evaluación de impacto valora, analiza los cambios en el bienestar de la población a causa de la implementación de un proyecto, programa o política específica. Permite estimar los impactos promedio de un programa sobre los beneficiarios; además se usa para comprobar explícitamente opciones alternativas de diseño de un programa, apoya para la formulación de políticas a través de aportes basados en evidencias convincentes y exhaustivas que permiten tomar decisiones sobre políticas e influir en la opinión pública (Gertler, Martínez, Premand, Rawlings y Vermeersch, 2011).

Según los Principios internacionales de la evaluación de impacto social, se refiere a “los procesos de análisis, monitoreo y gestión de las consecuencias sociales voluntarias e involuntarias de intervenciones planeadas (políticas, programas, planes, proyectos) y todo proceso de cambio social producida por dichas intervenciones” (Vanclay, 2015, p. 1). Es decir incluyen el análisis de todos los atributos asociados con una intervención planeada que afectan o involucra a las personas en forma directa o indirecta.

La característica principal de la evaluación de impacto es el análisis de la relación causal entre el proyecto, programa o la política y los resultados de interés, intenta responder a preguntas sobre causa y efecto; en otras palabras lo que persigue este tipo de evaluación es conocer cuál es el impacto (o efecto causal directo) de un programa sobre un resultado analizando los cambios en el resultado directamente atribuibles al programa, proyecto o política a ser evaluados (Gertler etal., 2011). Es importante tener claro que casi cualquier cosa o atributo puede potencialmente ser

un impacto social siempre y cuando se lo valore o sea importante para un grupo específico de personas (Vanclay, 2015, p. 2).

Para Roger (2014) la evaluación de impacto define los impactos a largo plazo tanto positivo como negativo de una intervención; es decir no solo se centra en examinar las metas y los objetivos. Los tipos de impactos que deben ser identificados son los negativos y positivos primarios y secundarios, producidos directa o indirectamente por una intervención, intencionales o no.

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Nápoles etal. (2012) destaca que a más evaluar los cambios en el bienestar de los individuos, provee de información y ayuda a mejorar la eficacia y calidad del programa.

Por otra parte la Secretaria Técnica de Cooperación Internacional (SETECI, 2014) señala que una evaluación de impacto se realiza después de un periodo ampliado de tiempo, que puede ser entre dos y cinco años de finalizada la intervención, donde se miden los efectos positivos y negativos, directos e indirectos en el ámbito de la acción. Por medio de este análisis se consigue indicadores de cambio sostenido de una situación antes y después a la ejecución del programa/proyecto en el mediano y largo plazo

2.2.1.1 Momentos en que se debe realizar una evaluación de impacto en el ciclo de vida de una intervención (proyecto, programa, plan, política)

Según este criterio la evaluación de impacto se pueden clasificar en:

Evaluación ex –ante

Se realiza antes de la implementación de la intervención, la finalidad es simular la intervención, para dar respuesta a la siguiente pregunta ¿Qué pasaría si……? (SENPLADES, 2012).

Permite conocer técnicamente si la implementación de algún proyecto, programa es conveniente o no; es decir determinar la viabilidad técnica. Así también seleccionar de un banco de proyectos cual es el más viable.

Evaluación ex- post

Es llevada a cabo una vez finalizada la intervención; sin embargo es necesaria que sea diseñada antes de empezar la intervención y se vaya ejecutando simultáneamente con el programa, ya que requiere datos de uno o más indicadores de resultado (Ídem). En el contexto de la evaluación de impacto es la que más se ha realizado.

Evaluación intermedia o de proceso

Es llevada a cabo durante la ejecución de la intervención, se realiza con la finalidad de revisar una determinada acción, y en caso de ser necesario programar o reprogramar de acuerdo a los resultados del análisis.

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