4.3 Additional tools Saxon 6.5.2
6.2.3 Observable Behaviour Conflicts
El ser humano es superior a los animales, no por la riqueza de su información sensorial, ya que la mayoría de los animales poseen una agudeza visual, auditiva, olfativa, etc., muy superior a la del hombre, sino por su capacidad de relacionar, interpretar y teorizar con esa información. Franz Brentano (1973) dice que la imagen mental se forma a través de un
conocimiento tácito de las representaciones sensoriales dotándolas de un significado individual propio.
La inteligencia humana tiene una propensión natural innata a buscar regularidades y la capacidad básica de ordenar las cosas, según sean semejantes o diferentes, de acuerdo con su naturaleza y características.
Esta actividad mental está en acción continuamente y puede sorprendernos con sus hallazgos tanto en el día como en la noche y hasta en el mismo sueño.
El método básico de toda ciencia es la observación de los datos y de los hechos y la interpretación de su significado. La observación y la
interpretación son inseparables: resulta inconcebible que una se obtenga en
total aislamiento de la otra. Toda ciencia trata de desarrollar técnicas especiales para efectuar observaciones sistemáticas y garantizar la interpretación.
Pero nuestra observación no está forzada simplemente por lo que tengamos ante los ojos o, incluso, en la retina. A los griegos, por ejemplo, les impresionó la coraza o caparazón que tenían algunos animales, y los llamaron auelonios (acorazados); los mismos animales impresionaron a los romanos por sus patas
torcidas, y, así, los llamaron tortugas (patituertos); ninguna categoría reflejará todo lo real. ¿De qué depende que nos impresionemos por cosas diferentes?
La respuesta a esta pregunta está arraigada nada menos que en la matriz
epistémica. También, puede depender de la ideología profesada:
¿combatientes o terroristas?, ¿retenidos o secuestrados?
Immanuel Kant (1724-1804), que creó uno de los sistemas más complejos en la historia de la filosofía, precisa que su obra consiste en la tentativa de cambiar el método hasta aquí seguido en la Meta-física, y realizar de este modo una auténtica revolución..., obrando en contra de los sentidos... Hasta nuestros días se ha admitido que todos nuestros conocimientos deben regularse por los objetos... Y sucede aquí lo que sucedió con el primer pensamiento de Copémico... que buscó los movimientos observados en el Universo no en los objetos celestes, sino en su espectador... Se puede hacer con la Metafísica un ensayo semejante, en lo que toca a la intuición de los objetos... Si la intuición debe reglarse por la naturaleza de los objetos, yo no comprendo entonces cómo puede saberse de ellos algo a priori; pero, réglese el objeto (como objeto de los sentidos) por la naturaleza de la facultad
intuitiva, y entonces podré representarme perfectamente esa posibilidad (pp.
132, 135).
Con razón, esta orientación fue llamada, después, la Revolución
Copernicana de Kant. Continúa él diciendo que si es verdad que todos nuestros conocimientos comienzan con la experiencia, no todos, sin embargo,
proceden de ella, pues bien podría suceder que nuestro conocimiento empírico fuera una composición de lo que recibimos por las impresiones y de lo que
aplicamos por nuestra propia facultad de conocer (simplemente excitada por la
impresión sensible), y que no podamos distinguir este hecho hasta que una larga práctica nos habilite para separar esos dos elementos... Se llama a este conocimiento a priori..., porque en él no puede atribuirse a los objetos más que lo que el sujeto pensante saca de sí mismo..., y se distingue del empírico en que las fuentes, en éste, son a posteriori, es decir, que las tiene en la
experiencia... Pero la experiencia sin teoría es ciega y la teoría sin la experiencia es un juego intelectual (pp. 136, 147-148).
También Hegel (1966) precisó muy bien que éste es un movimiento
dialéctico del pensamiento, donde el ser en sí pasa a ser un ser para la conciencia y lo verdadero es el ser para ella de ese ser en sí. Pero, entre la
pura aprehensión de ese objeto en sí y la reflexión de la conciencia sobre sí misma, yo me veo repelido hacia el punto de partida y arrasüado de nuevo al mismo ciclo, que se supera en cada uno de sus momentos y como totalidad, pues la conciencia vuelve a recorrer necesariamente ese ciclo, pero, al mismo tiempo, no lo recorre ya del mismo modo que la primera vez (pp. 58-59).
Concretamente, pareciera que Hegel estuviera describiendo cómo aumenta nuestro conocimiento al subir, por ejemplo, por la espiral de una escalera de caracol e ir viendo el panorama exterior; o, también, el conocimiento de toda persona que, con la edad y la experiencia, se va haciendo cada vez más sabia. Hegel describe este proceso como el planteamiento de una tesis (proposición), a la cual se opone luego una antítesi (oposición) y, finalmente, se concillan en la síntesis (composición).
Este conjunto de ideas de autores eminentes llevaron a Fritjot Capra (2010) -según su propia confesión- a tener que ir más allá de la física y buscar un
marco conceptual más amplio, y a darse cuenta de que las cuestiones sociales
principales -salud, educación, derechos humanos, justicia social, poder político, protección del ambiente, gestión empresarial, economía, etc.- todas tenían que ver con los sistemas vivos: con los seres humanos individuales, con los sistemas sociales y con los ecosistemas.
Este marco conceptual más amplio lo ha desarrollado e ilustrado en forma ejemplar Gregory Bateson (1972, 1980). Según Bateson, necesitamos una revisión y reformulación muy profunda de nuestros propios hábitos de
radican en epistemologías erradas, enraizadas en lo más profundo de nuestros modos de conocer. No hay conocimiento que no porte las huellas de la emoción desde la cual dicho conocimiento emerge, ya que pensar, sentir y
actuar, no son procesos fácilmente diferenciables. Se trata de vivenciar
existencialmente la mayor cantidad de relaciones que circundan (contextualizan) y dan forma a nuestra vida.
Debemos observar no puntos, sino redes de relaciones y, al mismo tiempo, las complejidades entre los diferentes niveles de conexión. De esta forma, la mirada de Bateson se desplaza desde los objetos hacia las relaciones y hacia las diversas y paradojales formas de interacción entre esas relaciones; se interesa por los procesos y sus "extrañas" lógicas, como también por las "lógicas" de las conexiones de dichos procesos con la totalidad (contexto) que los contiene. En esa búsqueda de relaciones y de "relaciones entre relaciones" (de los "patrones -patterns- que conectan" y que se enmarañan unos con otros), se percibirá la imposibilidad de todo mapa para contener el territorio
(ibid, pássim).
El problema para Bateson es de naturaleza hermenéutica y, según él, se debe a una cierta ceguera civilizatoría que, aunque no nos impida vernos impide saber pensar (complejamente) sobre aquello que vemos y asignar
valores adecuados a cada componente de la realidad, porque nosotros (seres
humanos del siglo xx) no sabemos reflexionar sobre los fundamentos de
nuestros propios pensamientos y nuestra época da vueltas en redondo. En esta
situación, ante la pregunta: ¿qué hacemos, y cómo lo hacemos?, Bateson dirá:
cambiando nuestra epistemología por una de un contexto más amplio de ahí,
su verdadera mirada macroscópica, holística y ecológica del mente (ibidem). A estas "patologías" y a esta "ceguera civilizatoria" que describe Bateson, se refiere también Abraham Maslow, padre de la psicología humanista, cuando expresó esta misma idea en su obra cumbre (1970), al afirmar: "recientemente me he sentido cada vez más inclinado a creer que el modo atomista de pensar
es una forma de psicopatología mitigada o, al menos, un aspecto del síndrome de inmadurez cognitiva"(p.xi).
Este mismo modo de ver las cosas nos ayuda a entender por qué, en la historia de la ciencia, haya habido tantos calificativos diferentes de nuestra
única razón, como los siguientes: recta razón (de Aristóteles y Santo Tomás),
razón calculadora (de Hobbes), razón sintética (de Kant), razón instrumental, práctica y emancipatoria (de la Escuela de Frankfürt), razón lógica (de
Hussert), razón dialéctica (de Hegel), razón histórica (de Dilthey), razón vital (de Ortega y Gasset), razón práctica (de Bergson) y muchas otras.
Alfred Korzybski plantea, en su Semántica general (1954), que el pensamiento clásico ha confundido el mapa con el territorio, es decir, las
palabras o conceptos con la realidad; así, manipulando el mapa pensaban manipular la realidad. Hay que crear un lenguaje cuya estructura se acerque más a la estructura de la realidad. Hay que utilizar un mapa más isomorfo con el territorio. Esta semántica pretende entrenar el uso de la mente para adecuarla a una forma de pensar más auténtica, que llevaría a un lenguaje más acorde con la estructura de la realidad, que es ondulatoria, interpenetrada,
inseparable, indivisible, y que revela más el microcosmos de nuestro universo.
Y este enfoque del funcionamiento racional, total, intuitivo y organísmico, va muy de acuerdo también con la filosofía oriental: es un aspecto central del pensamiento taoísta, como también es parte de la orientación Zen. Ellos señalan que "la mente verdadera no es ninguna mente"', algo ciertamente desconcertante para la mentalidad occidental. Una idea matriz integradora que pudiera estar en la base del pensamiento de estos autores sería la afirmación de Kant ya señalada (1973-1787, p. 136): "la experiencia sin teoría es ciega y la teoría sin la experiencia es un juego intelectual". Este no es un círculo
vicioso, en que lo uno depende totalmente de lo otro, sino que se apoya en un
concepto diferente; el de interacción dialéctica entre los datos y la razón, entre la experiencia y la teoría.
Por otra parte, es absolutamente necesario que nos formemos una cierta idea, aunque sea muy vaga y lejana, de lo que significa el astronómico número de elementos en relación que se da, sobre todo, en los seres vivos. La
Enciclopedia Británica, en una de sus últimas ediciones (1979), bajo el
término Life (redactado por Cari Sagan), dice que "la información que contiene una sola célula es de 1012 bits, comparable a 100 millones de páginas
de esta enciclopedia". Esto equivale a unos 100 000 volúmenes (tiene 20) de la misma enciclopedia (de unas mil páginas cada uno, formato grande y letra pequeña).