2.6 Acknowledgments
3.3.3 Odor Delivery System
La proyectada reunión del CIES tuvo lugar en Punta del Este del 5 al 17 agosto de 1961. La delegación argentina estuvo encabezada por el ministro de Economía Roberto Alemann, acompañado por el subsecretario de Relaciones Exteriores Oscar Camilión, el consejero Leopoldo Tettamanti, Arnaldo Musich, Manuel Aranovich, Horacio Rodríguez Larreta y Elbio Baldinelli.
La posición argentina consistió en que la mayor atención no debía centrarse en recibir ayuda para problemas sociales sino para el desarrollo de la producción, y se intentaría lograr que fueran los países más avanzados los que tuvieran prioridad en el financiamiento de sus obras, a fin de convertirlos en polos difusores del desarrollo.43
En cumplimiento del mecanismo de consulta acordado en Uruguayana, el gobierno argentino envió a Horacio Rodríguez Larreta, asesor del canciller argentino, a coordinar la posición con Brasil. De una larga entrevista con el presidente Quadros y otros funcionarios, surgió el compromiso de ambos países de apoyar sus solicitudes de financiación ante Estados Unidos y unificar su acción en la conferencia.44
La delegación de Estados Unidos fue encabezada por el secretario del Tesoro Dillon. El presidente Kennedy hizo llegar un mensaje a la asamblea en el que reiteró el compromiso de Estados Unidos con la Alianza para el Progreso y el desarrollo hemisférico. Como estaba previsto, Dillon anunció que su país colocaría 1.000 millones de dólares en asistencia para el desarrollo durante el primer año del programa, aunque la cifra alcanzaría 20.000 millones al final de la década.45
42 Memorandum From Secretary of the Treasury Dillon to President Kennedy, Washington, 1-
VIII-1961, FRUS, op. cit., doc. 18.
43 Lanús, op. cit., t. I, p. 199. 44
Ibíd.
45 Telegram From the Embassy in Uruguay to the Department of State, Montevideo, 6-VIII-
1961 y 9-VIII-1961, ambos con carta de Dillon a Kennedy, FRUS, op. cit., docs. 20 y 22. El
dato del ofrecimiento de los 20.000 millones de dólares no es mencionado en las cartas de Dillon a Kennedy pero aparece en Summaries of FRUS Volumes,
http://dosfan.lib.uic.edu/ERC/frus/summaries/960726_FRUS_XII_1961-63.html. El secretario informó a Kennedy que la repercusión de su discurso había sido buena, con la sola excepción de la Argentina que se había disgustado por la falta de mención de los programas para la carne y el trigo. Véase doc. 22, cit.
168
Los temas de la asamblea fueron tensamente concertados y negociados. En opinión de Alemann,
el esquema básico de la Alianza para el Progreso reposaba sobre el esfuerzo propio de cada país latinoamericano para concretar su propio desarrollo, en tanto que Estados Unidos e implícitamente otras naciones altamente evolucionadas aportarían un suplemento de capital y créditos, al tiempo que procurarían mejorar las condiciones del comercio exterior latinoamericano.46
El ministro argentino observó que en la reunión había prevalecido la orientación básica hacia el desarrollo económico y social, de modo que cada país podía insistir en el aspecto que considerase más conveniente a sus necesidades. La Argentina puso el énfasis en las metas económicas, especialmente la integración industrial, ya que varias de las sociales que se anunciaban no eran prioritarias.
En la reunión se presentaron dos posturas respecto de la forma de determinar los recursos. Por un lado, la sostenida por Prebisch apoyado por países del Caribe y del Pacífico, preveía el establecimiento de un mecanismo multilateral con una junta de expertos que revisarían previamente los programas nacionales de desarrollo para asignar recursos nacionales y asistencias financieras internacionales. Por otro, la tesis argentina, defendida por Alemann, postulaba que
a fin de preservar nuestro sistema de convivencia, es indispensable mantener la autonomía en la programación del desarrollo económico nacional, que es propio y peculiar de cada país. Ello no excluye la cooperación y asistencia técnica de otros países, en escala nacional o regional, que es su complemento, a veces insustituible, para una programación eficaz.47
La posición argentina logró eliminar la instancia supranacional del grupo de expertos, y modificar algunos conceptos de la Carta, entre ellos la atenuación de la indicación de reforma agraria y el agregado del objetivo de la industrialización.48 Con todo, a juzgar por los documentos del gobierno norteamericano y los montos comprometidos, quedó en evidencia que la Alianza apuntaba más a ayudar a paliar necesidades sociales extremas y no la promoción del desarrollo en países más avanzados como la Argentina y Brasil.
Dillon notó que entre los países pequeños existía la creencia de que Brasil y la Argentina trabajaban en conjunto para dominar la conferencia, habiendo también cierta
46 Roberto T. Alemann, La Alianza para el Progreso. Balance de una década, Buenos Aires,
1971, p. 13, a quien seguimos en la exposición.
47
Ibíd., p. 14.
169
preocupación por las entrevistas que el secretario norteamericano había mantenido con el presidente Quadros y que sostendría con Frondizi.49
Para la posición norteamericana, dos asuntos revestían importancia sustantiva: la composición del grupo de expertos y una declaración respecto del alcance de la asistencia norteamericana inmediata. El rechazo de la Argentina a la propuesta original del grupo de expertos, apoyada por Estados Unidos, había hecho desistir a la delegación norteamericana del asunto.50
El problema del compromiso para una asistencia inmediata, en opinión del secretario norteamericano, resultó más difícil de resolver. El presidente uruguayo Eduardo Víctor Haedo, bajo amenaza de retirar a su país de la conferencia, propuso que Estados Unidos accediera a comprometer 1.000 millones de dólares para proyectos de emergencia, entre la fecha de la conferencia y fin de año. La propuesta tuvo el apoyo de El Salvador, Bolivia, Haití, Paraguay y Ecuador, y llevó dos días de conversaciones, con la intermediación de la Argentina, Chile, México y El Salvador. Finalmente el acuerdo se logró en una reunión de Dillon con el ministro de Finanzas uruguayo. La declaración señaló la buena voluntad de Estados Unidos para ayudar en proyectos de corto plazo pero siempre dentro del marco del ofrecimiento total de 1.000 millones de dólares para el primer año de la Alianza. Como concesión se daría rápida consideración a proyectos presentados en los siguientes 60 días por países en graves dificultades. La Argentina, Brasil y México quedaban fuera de este esquema.51
Dillon estuvo satisfecho con el resultado de la conferencia. El documento final era enteramente aceptable, aunque dejaba a todos preocupados con la dura y continua tarea de convertir a la Alianza en una acción concreta.52 El secretario señaló la colaboración recibida de la delegación brasileña que, en todos los asuntos relevantes, había votado con ellos. También se habían mantenido relaciones cooperativas con las delegaciones argentina y mexicana. Alemann se había destacado entre los ministros latinoamericanos por su ayuda en el curso directo de la reunión.53
La Declaración a los pueblos de América precedía la declaración de la Alianza para el Progreso. Los propósitos de la reunión reiteraban aspiraciones varias veces
49
Telegram From the Embassy in Uruguay to the Department of State, Montevideo, 9-VIII-
1961, con carta de Dillon a Kennedy, FRUS, op. cit., doc. 23. Frondizi pidió a Dillon que
viajara a Buenos Aires para una entrevista. El secretario concurrió acompañado por el ministro Alemann, indicando que era una forma de compensar la conversación que había mantenido con el presidente Quadros. Véase Telegram 6-VIII-1961, cit.
50
Telegram From the Embassy in Uruguay to the Department of State, Montevideo, 12-VIII-
1961, con carta de Dillon a Kennedy, FRUS, op. cit., doc. 28. En opinión de Dillon, la falta de
apoyo de los países menores a la Argentina había permitido que el resultado final fuera similar a la propuesta primitiva, excepto en que el grupo pasó de siete a nueve componentes y la provisión del presidente quedó eliminada.
51 Ibíd. Dillon señaló que esta negociación había sido desagradable en extremo, pero Uruguay
como país anfitrión estaba en posición de ejercer presión. La actitud del presidente Haedo pudo haber sido una represalia por la no asistencia de Kennedy a la conferencia.
52 Ibíd. 53
Telegram From the Embassy in Uruguay to the Department of State, Montevideo, 16-VIII-
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repetidas: mantener la democracia, acelerar el desarrollo económico y social para mejorar el nivel de vida de los países, insistir en programas de vivienda y de reforma de la tierra para transformar los latifundios, asegurar la justa remuneración de los trabajadores, erradicar el analfabetismo, mejorar la salud y la higiene de los habitantes del continente, distribuir de una manera más justa los impuestos, fomentar la actividad privada, reclamar por los precios de los productos agropecuarios y estimular la integración de América latina. Para todo ello el gobierno de Estados Unidos aseguraba una cooperación económica.
La Carta de Punta del Este54 comprendía cuatro títulos, siete capítulos y un apéndice. Describió los conceptos básicos sobre desarrollo económico y social, determinó medidas de acción a inmediato y largo plazo; se refirió a la planificación nacional; determinó cantidades y forma de ayuda exterior; implementó una estructura de organización e incluyó un programa de revisión técnica de los planes nacionales.
No se restringió la libertad de los países participantes de la Carta para su cumplimiento. Las pautas que establecía no eran obligatorias, dependían, para su ejecución, de la voluntad de los gobernantes. Con respecto al comercio (Título IV) sólo exhortaba en virtud de que la delegación de Estados Unidos no podía comprometerse a otorgar concesiones en ese campo.
Un tema que se planteó de manera ambigua fue el de la “reforma agraria”. El representante de la Argentina se opuso a este concepto y el Título I definió el tema con un compromiso incierto que fue aprobado por unanimidad.
La Carta tuvo resoluciones anexas que comprendían cuatro capítulos: A) Desarrollo económico y social
B) Integración económica
C) Productos básicos de exportación
D) Examen anual del progreso económico y social E) La opinión pública y la Alianza para el Progreso.
La Carta fue votada por 20 países americanos; el representante de Cuba, su ministro de Industria Ernesto “Che” Guevara, se abstuvo. En el transcurso de la conferencia el ministro cubano afirmó que las promesas de Estados Unidos, en general, no se cumplían; en su opinión la real propuesta surgía de la revolución cubana y calificó a la Alianza de “instrumento del imperialismo económico”. Dillon refutó esos argumentos y aseguró que “el camino para el progreso está clara y directamente marcado antes de nosotros. Debemos marchar por ese camino mano con mano”.55
Durante la reunión Guevara se reunió con Goodwin, miembro de la delegación norteamericana, gracias a un contacto realizado por el periodista Jacobo Timermann. El
54 Carta de Punta del Este. Establecimiento de la Alianza para el Progreso en el marco de la
Operación Panamericana, Punta del Este, 17 de agosto de 1961, Sección Tratados, MRECIC.
55
Jerome Levinson y Juan de Onís, Un informe crítico sobre la Alianza para el Progreso,
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encuentro se realizó en Montevideo y actúo de mediador Rodríguez Larreta. También se gestionó el viaje de Guevara a Buenos Aires para entrevistarse con Frondizi.56
El presidente argentino invitó a Dillon a mantener una conversación en Buenos Aires. Frondizi hizo referencia a las medidas económicas del plan de estabilización y los resultados positivos a los que se había llegado, aunque con consecuencias para el nivel de vida de los sectores más modestos. Por estas razones Frondizi solicitó a Dillon una aceleración en las gestiones de los problemas comerciales que presentaban un cierto grado de deterioro.57
La entrevista con Dillon apuntaba a obtener el apoyo del secretario norteamericano para alentar a empresarios privados a establecer una planta siderúrgica con capacidad para un millón de toneladas.58 Se requería también el apoyo para la financiación del complejo de El Chocón, proyecto de capital importancia para Frondizi. Con respecto a la industria frigorífica se reclamaba que las empresas norteamericanas establecidas en el país no habían colaborado con el programa de estabilidad como lo había hecho el gobierno de Estados Unidos, habiendo incluso una de ellas cerrado su planta en forma definitiva.59