Antes de que comencemos a considerar el texto de 1874 debemos escuchar todavía ciertas indicaciones de su autor que pueden orientarnos: como ya hemos visto, Nietzsche, en determinado momento de su madurez, en 1886, y aprovechando que reeditaba sus obras en otro sello editorial, las releyó y escribió su propia interpretación sobre ellas, construyendo así una especie de lúcida autocrítica y de autobiografía intelectual. Esa tarea condensa su trabajo como autor, como ha dicho Claus Scheier, y se encuentra
en unos «prólogos» extraordinarios y en ese apartado de Ecce homo que se titula «Por qué escribo yo libros tan buenos», redactado ya en 1888. En estos textos, Nietzsche expone qué es entonces para él, entre otras cosas, lo que hizo en el escrito al que ahora dedicamos nuestra atención, Schopenhauer como educador. Su comentario empieza con una advertencia:
[...] exceptuadas, como es obvio, algunas cosas, yo no afirmaría que las Intempestivas señaladas con los nombres de Schopenhauer y de Wagner puedan servir especialmente para comprender o incluso solo plantear el problema psicológico de ambos casos [...]. En el fondo yo quería hacer otra cosa completamente distinta que psicología: en ellos intentaba expresarse por vez primera un problema de educación sin igual, un nuevo concepto de la cría de un ego, de la auto-defensa, hasta llegar a la dureza, un camino hacia la grandeza y hacia tareas histórico-universales. Hablando a grandes rasgos, yo agarré por los cabellos, como se agarra por los cabellos una ocasión, dos tipos famosos y todavía no definidos en absoluto, con el fin de expresar algo, con el fin de tener en la mano unas cuantas fórmulas, signos, medios lingüísticos más. En definitiva, esto se halla también insinuado, con una sagacidad completamente inquietante, en la página 93 de la tercera Intempestiva. Así es como Platón se sirvió de Sócrates, como de una semiótica para Platón.28
Veamos qué dice en concreto ese pasaje al que se nos remite:29
Schopenhauer [...] tuvo la indescriptible fortuna de ver al genio no
28 Nietzsche, Ecce homo. Las Intempestivas, 3, ed. rev. de A. Sánchez Pascual, Madrid: Alianza, 1998, pp. 86-87. Citaremos esta obra como EH.
29 La nota de la edición castellana de A. Sánchez Pascual solo dice que se en- cuentra en el apartado o capítulo 7 de esa Tercera Intempestiva. Colli y Montinari re- miten a la página de su edición donde se halla el texto.
solo de cerca, en él mismo, sino también fuera de él, en Goethe: gracias a este doble reflejo se instruyó a fondo sobre todas las metas y culturas de los doctos, y llegó a ser sabio al respecto. En virtud de esta experiencia supo cómo tenía que estar constituido el ser humano libre y fuerte al que aspira toda cultura artística; conseguida esta visión, ¿podían quedarle aún muchas ganas de ocuparse del llamado «arte» a la manera docta o hipócrita del ser humano moderno? Pues él ya había visto incluso algo más elevado [...], había visto al santo como juez de la existencia. En modo alguno es posible determinar a qué temprana edad tuvo que haber contemplado Schopenhauer esta imagen de la vida [...]; se puede demostrar que el joven, y quisiera creer que el niño, tuvo ya esta tremenda visión. Todo lo que más tarde se apropió de la vida y de los libros, y de todos los reinos de la ciencia, no fue para él más que color y medio de expresión a la hora de reproducirla; incluso asumió la filosofía kantiana ante todo como un extraordinario instrumento retórico con el que creyó que podría expresarse todavía con mayor claridad sobre esa imagen: del mismo modo que para idéntico fin también le servía en ocasiones tanto la mitología budista como la mitología cristiana. Para él no había sino una única tarea y cien mil medios de resolverla: un único sentido e incontables jeroglíficos para expresarlo (7, 410-411).30
Si conjuntamos ambos textos, podemos construir la siguiente relación analógica: Sócrates fue en manos de Platón, como Kant en las de Schopenhauer, y como Schopenhauer en 30 Schopenhauer als Erzieher, en F. Nietzsche, Sämtliche Werke, Kritische Stu- dienausgabe, Band 1, Herausg. von G. Colli y M. Montinari, Múnich/Berlín/Nueva
York: dtv-W. de Gruyter, 1980, pp. 410-411. Entre paréntesis pondremos el capítulo y a continuación las páginas citadas de este vol. 1 de la KSA. La traducción que cita- mos pertenece a: F. Nietzsche: Schopenhauer como educador, trad. de Joan B. Llinares, en íd.: Obras completas, vol. I: Escritos de juventud, ed. de D. Sánchez Meca. Intro- ducción, traducción y notas de J. B. Llinares, D. Sánchez Meca y L. de Santiago, Madrid: Tecnos, 2011, pp. 749-806. Sobre el conjunto de las Consideraciones Intem-
las de Nietzsche, un conjunto de signos y de fórmulas, una especie de mímica y de semiótica para expresar determinada imagen del mundo, un medio o instrumento para formular una nueva filosofía. El autor citado en segundo lugar es el que hace hablar al primero, ya que este se ha convertido en una marioneta o muñeco que el ventríloquo mueve y al que hace decir lo que él quiere que diga. Esta función, en el caso de Platón, quizá fuera más factible, puesto que Sócrates no nos dejó nada escrito por su mano. Lo oral depende de la fragilidad de la memoria humana y, una vez fallecidos quienes fueron testigos e interlocutores de su vida pública repleta de diálogos, para conocer su obra dependemos de lo que luego redactaron algunos discípulos y coetáneos, el más genial de los cuales, el mejor escritor y el genuino filósofo, fue precisamente Platón. Pero ya no hubiera sido tan fácil repetir esa operación con él mismo de sujeto paciente por parte de cualquier otro escritor y pensador, aunque tuviera la talla de Aristóteles, pues de Platón ya se tenía un abundante corpus escrito que hablaba por sí mismo. Eso es también lo que sucede con Kant y con Schopenhauer, autores de importantes libros en los que están expuestas sus respectivas filosofías. Seguramente Schopenhauer hubiera disentido de que sus consideraciones críticas sobre la filosofía de Kant fueran un mero recurso de aprovechamiento retórico de las obras del filósofo de Königsberg, como parece decir su discípulo.31 No obstante, Nietzsche afirma que su Intempestiva es un aprovechamiento de Schopenhauer para
hacerle expresar sus propios problemas, es decir, su filosofía personal en determinada etapa de su vida, anterior, como 31 En otras ocasiones Nietzsche parece indicar otra consideración, como en esta frase final del fragmento póstumo 19[212] de verano de 1872-comienzo de 1873: «Como modelo, las cuestiones de Schopenhauer sobre la filosofía y la crítica de Kant, Schopenhauer, I, 290». FPI, p. 368.
sabemos, a la redacción de El nacimiento de la tragedia. Ese intento puede ser, ciertamente, excesivo, subjetivo, parcial e interesado, pero también puede tener la virtud de brindar un retrato muy expresivo y particular, en el que destaquen rasgos que acaso pasan desapercibidos en otras lecturas más exhaustivas e impersonales, más académicas y eruditas del citado filósofo.
No está exento de orgullo este planteamiento llevado a cabo por un individuo que aún no ha cumplido los treinta años: este se mide de entrada nada menos que con Platón, y sugiere que Schopenhauer, el gran maestro y educador, no es más que una máscara, un jeroglífico, un recurso retórico en sus manos. Si las cosas son así, es obvio que su libro no tiene ningún interés psicológico como vía de acceso a la difícil personalidad de Schopenhauer, y resulta discutible como acercamiento a su filosofar. Por el contrario, seguramente lo gane como documento sobre la forma de ser y de pensar de un joven filósofo enmascarado que trabajaba de profesor de filología y aún no se presentaba como filósofo con nombre propio. En efecto, como reconoce Nietzsche a continuación, esos escritos, las Intempestivas Tercera y Cuarta,
[...] en el fondo hablan meramente de mí [...]. [...] en
Schopenhauer como educador está inscrita mi historia más
íntima, mi devenir. ¡Sobre todo mi voto solemne! [...]. Aquí toda palabra está vivida, es profunda, íntima; no faltan cosas dolorosísimas, hay allí palabras que en verdad sangran. Pero un viento propio de la gran libertad sopla sobre todo; la herida misma no actúa como objeción [...]; quien aquí habla no es, en el fondo, «Schopenhauer como educador», sino su antítesis, «Nietzsche como educador».32
Así pues, y desde su propio punto de vista, la voz cantante 32 Nietzsche, EH, ed. cit., pp. 87-88.
en esta partitura la lleva el joven Nietzsche. No obstante, aunque se conceda esta fuerte implicación personal, esta transparencia indirecta, es innegable que, en el texto, algunas
cosas no se pueden exceptuar y que hay en ellas una determinada
lectura de la persona y la obra de Schopenhauer de acusada singularidad. En lo que sigue deseamos enumerar sus trazos principales.