Después de la cuarta vuelta alrededor de su sala, Tristán cogió su credencial de identificación de la pequeña mesa, metió las llaves en el bolsillo de sus vaqueros, y salió a la calle. No estaría de guardia otra vez hasta la noche siguiente. Veinticuatro horas sin nada que hacer. Tenía muchas cosas que hacer, en realidad, pero ir de compras al Súper, lavar la ropa, o incluso pasar una noche en su ronda de golf con su padre no estaban en su lista. Lo qué había estado en su lista –como de costumbre-era una buena comida, una botella de vino de cosecha, y una mujer apasionada.
Ella tenía opciones allí. Podía llamar a Candace, o a Darla, o a Sue.
Todas mujeres brillantes y atractivas que sabían cómo pasar un buen rato. Ninguna de ellas preguntaba dónde estaba o a quien veía cuando no estaba con ellas. Si ellas tenían compromiso, solo mencionaban un "quizás la próxima vez." Lo mismo funcionaba a la inversa. No las retenía, y no quería hacerlo. Cuando estaban alejadas, ella no pensaba en ellas, salvo de vez en cuando, en medio de una fantasía agradable.
Tristán miró su reloj. Diablos. Seis de la tarde. Demasiado tarde para llamar ahora con una invitación a cenar. Ni siquiera eso podía pasar como no fuera una excusa para tener sexo. Ella podía ser informal acerca de sus relaciones, pero realmente le gustaban las mujeres con las que salía, para no tratarlas como si fueran camas vibratorias que funcionan con monedas. Se paró en la acera al lado de su coche, considerando sus alternativas. Podría conducir a Belmont Plateau, una enorme extensión de césped en el centro de Fairmont Park, donde la Liga Femenil de Softball de verano jugaba tres noches a la semana y prácticamente todos los fines de semana desde marzo hasta agosto. Le gustaba ver los partidos, pero más le gustaba ver a las mujeres. Y siempre podía encontrar compañía por el resto de la noche, si aún necesitaba relajarse.
Sacó las llaves y las arrojó en el aire un par de veces, mirando melancólicamente
su viejo auto Saab modelo 12 años atrás. Después de cuatro años de la escuela de medicina, cuatro de residencia, y un año becada en cuidados críticos, ella podía ser capaz de dormir a cualquier hora del día o de la noche. Podía por lo general, pero no hoy. Había estado inquieta desde el momento en que ella se acostó poco después de que Jett se fue. Había dado vueltas, había caído en un sueño intranquilo sólo para despertar cada hora. Nerviosa y tensa, no podía relajarse. Pensó en el sexo, pero no tenía ganas de hacer nada por ella misma. Ella todavía estaba pensando en el sexo, pero no tenía ganas de seguir las vías habituales. No era ella misma.
Apoyada en el parachoques, se quedó mirando sus zapatos de correr y palpó sus llaves. Por más que lo intentaba, no podía averiguar qué demonios estaba pasando con ella. Jesús, en realidad estaba decayendo. ¿Por qué demonios no le había pedido su número a Jett?
"Igual no me habría hecho ningún bien", murmuró. Se apartó de su coche y comenzó a caminar. Con la puesta de sol a su espalda y los sonidos del barrio que la rodeaban, estirar sus músculos sofocó el tintineo de sus nervios y finalmente comenzó a sentirse calmado. Cuando llegó a su destino, se rió y negó con la cabeza. Nada había salido del todo bien desde que esa mañana entró en el estacionamiento y había visto el trasero de Jett McNally.
Ahora aquí estaba de vuelta en el hospital. Con un encogimiento de hombros se dirigió al interior. Así que esto no tenía sentido. Solo se sentía bien.
***
Tristán tocó la puerta de la habitación del hospital, la abrió una pulgada, y miró al interior. "¿Hay alguien en casa?"
"Sólo estamos todos," respondió Honor. "¿Tristán? Pasa".
"Hola" Tristán entró y rápidamente desvió la mirada. Honor cargaba un bulto que debía ser Jack, todo lo que Tristán podía ver era un manto blanco como la nieve cubierto de
pequeñas flores azules y un mechón de color marrón claro, que debía ser el cabello del bebé. Y algo pálido y cremoso que no podía ser otra cosa que una mama. "Oh, eyy. Lo siento. Sólo vine a saludar. Regresaré después"
"No." Honor asintió hacia Quinn, que estaba sentada en una silla junto a la cama, mirando enormemente contenta mientras acariciaba el cabello de una hermosa niña sentada a su lado en un taburete. "Quédate. Nos estamos poniendo al día”. Tristán sintió una oleada de celos y no podía entender por qué. No tenía el menor deseo de tener hijos. No estaba buscando una esposa. Así que no había absolutamente nada en la habitación que codiciara, a no ser la abrumadora sensación de pertenencia que calentaba el aire mismo.
Pertenencia. Lo que ella nunca había sentido. Alejó ése pensamiento rápidamente, asintió hacia Quinn y con la barbilla se inclinó en dirección de Honor y el bebé. "¿Todo el mundo bien?"
"Genial", dijo Quinn. "Recuerdas de Arly, ¿verdad?"
"Sí, Hola, soy Tristán." Tristán sonrió a la niña, que parecía una clonación de Honor. Su pelo tenía ese brillo amarillo de la juventud que se oscurecería con la madurez, pero al igual que los de Honor, sus ojos eran marrones oscuros, tan inusuales en las rubias. Vestida con pantalones cortos de fútbol y una camiseta floja, estaba apoyada de espaldas contra la rodilla de Quinn.
"Yo me acuerdo", dijo Arly. "Pero tú no me ves aquí, ¿de acuerdo? Porque no estoy realmente aquí. "Miró a Quinn, con la adoración en sus ojos. "Quinn me coló muy temprano para ver a mamá y a Jack”.
"Comprendo". Tristán se frotó la oreja. "Ni siquiera estoy segura de que puedo oírte." Arly sonrió. "Quinn dijo que vas a ayudar como entrenadora de fútbol. Tenemos nuestra primera práctica el próximo fin de semana. ¿Vas a venir? ".
Tristán miró a Quinn, sintiéndose un poco atemorizada. En un momento de debilidad, había dicho que sí a la invitación de Quinn para ayudar a la entrenadora, pero no sabía un carajo sobre fútbol. Aparte del hecho de que alguien pateaba la pelota. Hacia algún lugar. Honor debió captar su mirada, porque se echó a reír. "Será mejor que tengas cuidado. Esta es la forma como empezó con Quinn”.
"Qué comenzó", preguntó Arly.
"Quinn como entrenadora. Primero el fútbol" dijo en broma Honor, "después el hockey sobre césped, luego el voleibol. Este año es el softbol”.
"En pocos años voy a estar lo suficientemente alta para el baloncesto", dijo Arly con entusiasmo.
Quinn gruñó. "Hey, Tris, ¿juegas baloncesto?"
Sacudiendo la cabeza, Tristán se apoyó contra la puerta, disfrutando inmensamente. Había visto a Quinn en un montón de situaciones diferentes, pero nunca le había visto de ésa forma bastante feliz -como si todo lo que importara en el mundo estaba justo en esta habitación. Por unos segundos, Tristán se preguntó qué se sentiría.
"Estaré allí", dijo Tristán. "Pero vas a tener que ayudarme, Arly. No soy muy buena". "Está bien." Arly lanzó una sonrisa que era como la de Quinn. "Yo sí soy."
***
Jett llevó la charola de plástico de hospital a una mesa en la esquina de la cafetería. Tenía media hora antes de que su turno comenzara oficialmente, y como lo hacía todas las noches cuando estaba de guardia, cenaba y luego se acercaba a revisar su aeronave. Las horas de visita hospitalaria empezaban hasta las siete de la tarde, por lo que la cafetería estaba casi vacía a excepción de grupos dispersos de personal que se congregaban alrededor de las mesas, discutiendo sobre pacientes y en el intercambio de turno. No era muy diferente de una carpa- comedor llena de soldados, excepto que ninguno de estos grupos tenía que preocuparse de ser volado en pedazos antes del postre.
Se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que ella no pensara en dónde había estado y en las cosas que observó a cada momento.
En realidad, no era cierto. Con un sobresalto, se dio cuenta que no había pensado en ninguna de esas cosas -la guerra, la muerte, incluso en Gail- mientras estuvo sentada con Tristán esta mañana. Tristán. Jett no podía entenderla.
Ella nunca había estado segura de Gail tampoco, pero eso había sido por su propia equivocación.
Tal vez si no se hubiera despertado en el infierno todos los días, sabiendo que podía no sobrevivir el día, ella habría sido más cuidadosa. No iba a cometer el mismo error otra vez.
La gente por lo general quería algo, y tiempo atrás había aprendido que si ella hacía difícil el acercarse a ella para conseguir algo, rápidamente volvían su atención a otra parte. Entonces podría decidir a quién dejar acercarse, Aunque ella nunca sintió la necesidad. Cuando quería algo más que volar para satisfacerse, o cuando necesitaba una manera de quemar la adrenalina o el miedo o la ira, ella utilizaba el sexo.
Podría perderse en el sexo, desgastarse con el sexo, siempre y cuando tuviera el cuidado de asegurarse de que lo que ella necesitaba también funcionaba para quien estuviera con ella quienquiera que fuese. Le había ido bien en la elección de las mujeres adecuadas, y el sistema de las relaciones sexuales sin intimidad había funcionado bastante en toda su vida adulta. Hasta Gail.
Tristán era muy diferente de Gail. Ella no parecía ocultar mucho, pero Jett no tenía ni idea de por qué Tristán no se dejó intimidar por sus señales de ´mantente lejos´. Eso por sí solo era suficiente para volverla cautelosa. No podía entender su propia respuesta tampoco. No había tenido sexo en más tiempo del que estaba acostumbrada, por su falta de sueño y constante malestar demostrado, y Tristán tenía un gran cuerpo. Pero Jett no tomaba café y ni conversaba con una mujer con la que tuviera relaciones sexuales. Ella tenía relaciones sexuales con el menor intercambio personal posible, que no fuera la necesidad de ambas de darse placer.
A menudo, llevar a una mujer al orgasmo la calmaba lo suficiente que no necesitaba correrse de inmediato. Podía esperar hasta que estuviera sola, reproduciendo las imágenes, sonidos y sensaciones, hasta que se corría en la solitaria seguridad de la noche. Pensando en Tristán corriendo por la azotea, su pelo oscuro bailando alrededor de sus gestos audaces y su poderoso cuerpo cubriendo la distancia con pasos demandantes, o relajada a su lado bajo la luz del sol, los labios carnosos entreabiertos en una sonrisa burlona, Jett tuvo la sensación de que su imaginación era suficiente para tenerla por un tiempo.
Como si hubiera sido conjurada por los pensamientos de Jett, Tristán apareció al otro lado de la habitación, con una taza de café en la mano. Vestida con ropa de calle -jeans, una camisa blanca de cuello abierto y zapatillas de deporte- parecía un anuncio de alguna revista de moda. Y casi extranjera. Tristán se detuvo un par de mesas atrás. Cuando vio a Jett, con una interrogante en su ojos. Esperó, como indicándole a Jett que el siguiente movimiento era de ella.
Jett no se movió, con la mirada fija en Tristán. La elección era suya. Era fácil. Sin compromiso, nada que afectara. Estar sola era seguro. Había aprendido esa lección hacía mucho tiempo, y cuándo lo había olvidado, ella había pagado. Miró a otro lado, luego regresó la mirada. Tristán la miraba aún, inquebrantable.
¿Por qué? ¿Cuál era la oferta de Tristán y por qué le importaba? ¿Por qué las sillas vacías en la mesa parecían tomar vida de repente, burlándose de ella por ser una cobarde? Jett se inclinó y empujó una de las sillas de la mesa, dando cabida a Tristán.
Segundos después, Tristán se instaló a su lado. "Esperaba que estuvieras trabajando esta noche."
"Lo estoy", dijo Jett. "¿Por qué?"
"Porque habría algo muy malo si recorres todo ese camino al hospital para comer esta comida como cena. "
Jett bajó la vista a su plato, dándose cuenta que ni siquiera había notado lo que estaba por comer. Siempre pedía el especial de la cena, no importaba de qué se trataba. Esta noche era lasaña. "No es tan malo. Creo que la ley obliga a las cafeterías como esta proporcionar comidas nutritivas y balanceadas”.
Tristán la miró fijamente. "Los perros calientes (hot-dogs) son comida nutricionalmente equilibrada."
Jett sonrió. "Deberías tratar con raciones enlatadas." "¿Tan malo?"
"Inimaginable". Tristán se echó a reír.
"¿Qué hay de ti?" Preguntó Jett. "¿Vienes por el café?"
"No," dijo Tristán, sonando confundida. "No sabía qué hacer conmigo misma, y terminé aquí. "
"¿No estás de guardia?"
"No hasta mañana por la noche. Por lo general, cada cuarta o quinta noche, pero ahora estamos cortos de personal. Tú trabajas, ¿qué turnos de doce horas? "
"Técnicamente doce sí y doce no durante una semana, luego durante siete días e iniciamos la rotación de nuevo. Pero a veces nos llaman más tiempo si las cosas se ponen difíciles".
Tristán tomó un sorbo de café. "¿Siempre en las noches?"
"Técnicamente debería alternar entre días y noches, pero me gusta la noche, y no he tenido ningún problema en cambiar mis turnos. "
"¿Por qué las noche?"
Jett se encogió de hombros. "Hay más acción".
"Eso es seguro." Tristán hizo una mueca. "Puedes imaginarte que después de la medianoche las puertas del infierno están abiertas”.
"Allí está", dijo Jett. "Además, me gusta volar de noche." "¿Por qué?"
Jett casi le preguntó por qué estaba preguntando, pero cuando buscó el rostro de Tristán, lo que vio fue un interés genuino. Al igual que antes.
"Es más desafiante," replicó Jett. "Cuando no puedes ver más lejos por delante de ti, siempre existe la posibilidad de que te encuentres con problemas. "
"O con algo bueno," murmuró Tristán.
"Esa no ha sido mi experiencia", dijo Jett con fuerza. "Las cosas siempre pueden cambiar."
Antes de que Jett pudiera estar en desacuerdo, Tristán dejó su taza de café. "Así que, ¿tienes tiempo para mostrarme tu avión? No tuve mucha oportunidad de echarle un vistazo anoche”.
Jett no necesitó mirar el reloj en la pared para saber qué hora era. Ella siempre sabía qué hora era. De todos modos, lo hizo porque Tristán llegó a su alrededor. Además de no ser entender el por qué Tristán buscaba su compañía, tampoco podía entender por qué a ella le gustaba el hecho de que lo hiciera. "Estaba a punto de subir y hacer mi chequeo de prevuelo. Eres bienvenida para venir”.
"Está bien." Tristán se puso de pie.
No creo que lo encontrarás muy emocionante." Tristán sonrió. "Puede que te sorprenda." ***
"Hola, Jett," un muchacho guapo y rubio en pantalones militares y una camiseta blanca ajustada, llevando un portapapeles, gritó desde un costado del helicóptero de color rojo brillante con una cruz blanca pintada en el lado.
Hola, Mike." Jett hizo un gesto a Tristán. "Esta es la Dra. Holmes."
"Hola", dijo Tristán, Extendiendo la mano. Hacia el oeste, el sol estaba a punto de ocultarse, y el resplandor púrpura del cielo nocturno y el viento cálido en la azotea hicieron desear que Jett no estuviera trabajando el resto de la noche. Era una noche hecha para caminar a lo largo del río o por el parque. Tan pronto como lo pensó, supo el por qué había venido al hospital. Había estado buscando a Jett. Con un sobresalto, soltó la mano de Mike y metió las suyas en los bolsillos. Había estado en busca de una mujer, después de todo, y ella no se había dado cuenta. Sus instintos la llevaban a donde ella tenía que ir.
La idea de ser inconscientemente arrastrada hacia Jett la ponía nerviosa, y rápidamente se recordó a sí misma que Jett acaba de ser la mujer con la que había pasado más tiempo recientemente, y su subconsciente natural atinó a recordarle. Sin misterio. Nada había cambiado. Todo era como debería ser. Excepto que cuando miraba a Jett, de pie a su lado, con las piernas ligeramente separadas, sus brazos entrelazados detrás de la espalda, Tristán no tenía prisa por un rápido y fácil acostón. Ella quería el peso del cuerpo de Jett sujetándola hacia abajo, y toda ésa energía acumulada que se desataba en ella. Jett je recordaba a las nubes de tormenta formándose, en una pesada noche de verano y ella quería ser inundada por la fuerza de esa tormenta.
Tristán se replegó. Ella no era ella misma. La falta de sueño, tal vez.
O tal vez el encuentro en Las Vegas cuando casi enloqueció y terminó gustándole, había perdido un poco de equilibrio. Tenía que recuperarse pronto.
"Mike es uno de los otros pilotos", dijo Jett.
"¿Cuántos de ustedes son?", Dijo Tristán, sin importarle de verdad, pero no deseaba pensar más en paseos románticos o tormentas de verano o el sexo adormeciendo su mente haciendo cosas con Jett que ella nunca supo que quería hacerlas.
"Cuatro", dijo Jett. "De esa manera, siempre tenemos un piloto extra."
Tristán se echó a reír. "Es como estar en una segunda guardia. Lo que la mayoría de las veces significa primera guardia”.
Ambos pilotos se rieron con ella. Entonces Mike entregó el portapapeles a Jett. "Tres carreras de rutina hasta hoy. El mecánico terminó todo el mantenimiento esta mañana. Te daré el informe dentro cuando estés lista”.
"Estaré allí", dijo Jett.
"No hay prisa." Mike hizo un gesto de despedida y se alejó.
"No quiero retrasarte", dijo Tristán, a pesar de que no era cierto. Estaba visualizando una larga noche sola y en este momento, de pie alrededor en la azotea con Jett se sentía tan bien como nunca pensó, excepto en cómo se veía Jett con pantalones de estilo militar negro y camiseta negra. El contraste con su tez era sorprendente.
"Tengo un par de minutos antes de que oficialmente releve a Mike." Jett hizo un gesto a la aeronave. "Este es un Eurocopter EC-145-el modelo de elite en su clase."
"¿Volabas en uno de estos en el ejército?"
Jett se puso rígida. "No. Era un helicóptero Black Hawks. La versión de los de evacuación médica en su mayoría. De vez en cuando volaba un UH 60L, un avión de transporte de tropas".
"¿Hay muchas mujeres que vuelan por ahí?" Preguntó Tristán.
"La mayoría de los pilotos de evacuación médica son mujeres. Muchos de los pilotos de transporte de tropas también. "
Jett miró más allá de la aeronave hacia el centro, donde las luces de los edificios más altos comenzaron a parpadear en el horizonte, y sus rasgos se asentaron en una expresión inescrutable.
Tristán reconoció la misma mirada de la mañana. Cuando la conversación se acercaba demasiado a lo que Jett no quería hablar, se alejaba. Metafóricamente, por lo menos. Tristán conocía una manera para traerla de dondequiera que se hubiera ido. "Entonces, ¿este helicóptero es que es una versión civil del que volaste?"
Jett se centró en Tristán. "No exactamente, pero es fácil hacer la transición a uno de