1. Giro espacial y el espacio en las Humanidades
Desde que el geógrafo Edward Soja proclamó hace casi treinta años en su libro Postmodern Geographies (1989) el spatial turn, el debate sobre los diferentes aspectos del espacio y sus conceptualizaciones ha incrementado notablemente. El aumento en la atención al espacio afecta también desde varios años a las Humanidades, donde las tesis de Soja sobre la “Reassertation of Space in Critical Social Theory” –como se llama el subtítulo de libro– y las de otros pioneros del de- bate tuvieron su repercusion y perfilaron el fenómeno del espacio en los estudios filológicos y culturales. No es que éstos no se hubieran dedicado ya antes al análisis del espacio en sus investigaciones de los textos literarios, representaciones fílmicas y dinámicas culturales o, en general, a nivel de la teoría y crítica cultural. Sin embargo, los de- bates que se realizaron de manera masiva en el contexto del módico “giro espacial” provocaron una reorientación teórica en los enfoques analíticos de las diferentes disciplinas. El impulso epistemológico se convirtió pronto en un fenómeno transdisciplinario que estimuló a las diferentes disciplinas a repensar sus propias suposiciones espaciales y abrirse a los planteamientos de otras disciplinas. En los estudios lite- rarios y culturales se volvieron a leer y recibir las clásicas teorías cul-
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turales sobre el espacio, como las de Ernst Cassirer, Mikhail Bachtin, Gaston Bachelard pero también las más recientes de Michel Foucault o de Jurji Lotman. Fueron reevaluadas y aplicadas en propios inves- tigación filológicas y cinematográficas que abordaron la importancia del espacio en los mundos ficcionales (Hallet/Neumann 2009).
El debate filológico sobre el espacio puso de relieve que la figu- ración del espacio es un elemento central en la exploración e imagi- nación ficcional de la realidad extraliteraria, por lo cual el espacio de y en los textos literarios no solamente es el lugar de la actuación sino mucho más, es portador de significados culturales y un medio importante de su creación. El análisis del espacio es un medio import- ante para analizar, cómo se realizan y manifiestan en las evocaciones diegéticos normas culturales y jerarquías sociales, geografías imagi- narias (p. e. la dicotomía “centro”-“periferia”), representaciones colec- tivas de lo “ajeno” y de lo “propio”, figuras de la inclusión, exclusión, fragmentación o segregación del cuerpo social.
En el marco del siguiente ensayo queremos retomar enfoques narratológicos sobre el espacio para indagar en las signaturas de las prácticas sociales y simbólicas que están vinculados y coextensivos con la figuración del espacio. Tomaremos el debate sobre el “giro espacial” como punto de partida para explorar perspectivas que ana- lizan tanto las relaciones espaciales como las sociales en las invencio- nes literarias. Para abordar esa perspectiva integrativa recurrimos al concepto del milieu, que es una categoría instructivas, pero lamenta- blemente sub-representada en los estudios literarios. Intentaremos de mostrar, que puede enriquecer y afinar el análisis del espacio en los mundos ficcionales. Antes de reconstruir los rasgos más importantes del concepto del milieu (3.), revisaremos herramientas narratológicas sobre el espacio (2.). Después de estas pinceladas conceptuales, que intentan preparar el concepto del milieu para el análisis filológico, mostraremos con el ejemplo de algunas ficciones urbanas de América latina el potencial analítico del concepto del milieu (4.).
2. El espacio en enfoques narratológicos (Lotman)
El debate sobre el papel del espacio en las obras literarias ha produ- cido una gran variedad de distintos enfoques teóricos y metodoló- gicos en los estudios filológicos. Mientras el tema del espacio es en algunas novelas más importante y evidente que en otras, la cues- tión de la construcción espacial del mundo diegético y de las dico- tomías espaciales que lo constituyen, son relevantes en cualquiera obra. Ningún texto narrativo puede desarrollarse sin la imagina-
ción del espacio y de los movimientos en aquel. Los aspectos espa- cio-semióticos siempre están relevantes, sean los textos literarios explicitas ficciones del espacio1 donde el espacio es un tema central
(como en las ficciones urbanas, los relatos de viaje o la literatura de exilio) o no (Hallet, 2009: 108).
Sin embargo, en las ficciones del espacio las prácticas y percep- ciones espaciales tienen un papel clave en la narración. El espacio y su significación son momentos centrales más allá de constituir el escenario de la trama. Las ficciones del espacio se caracterizan por una semiotizacion explicita y desarrollada de las estructuras espaciales. Son “comentarios meta-culturales sobre prácticas sociales del espa- cio” (Hallet, 2009: 108), asocian los usos del espacio con topologías mentales y culturales, y ofrecen interpretaciones del orden socio-espa- cial y de sus jerarquías. Las ficciones urbanas que vamos a comentar en el último apartado son un género literario en que las referencias explícitas a realidades topográficas son fundamentales. Pueden ser de- finidas como ficciones espaciales por antonomasia como allí el asunto del espacio es un tema explícito y la construcción narrativa de los espacios se realiza de manera meta-reflexiva.
Independientemente de cuán explícita sea la reflexión sobre el espacio –es decir si el sujeto central es un barrio o una relación amo- rosa–, las estructuras espaciales tienen gran relevancia en la const- rucción de los relatos literarios, así se podría resumir el consenso del debate filológico sobre el “giro espacial”. Ningún filólogo ha mani- festado tanto como el narratólogo ruso Yuri Lotman la función básica e imprescindible del espacio. En su teoría literaria afirma que el espa- cio es un factor esencial de la semiosis llevada a cabo por el discurso literario (Lotman 1993). Según Lotman, la modelación del lugar del hecho narrado es más que la mera descripción de un paisaje o de un escenario decorativo de la acción. Los espacios de la literatura son espacios poéticamente creados y semantizados que sirven de pantalla de proyección de humores, sensaciones y simbolizaciones. También son medio de expresión de ideologías, mentalidades y valores cultu- rales. El valor simbólico del espacio narrativamente figurado se ha estudiado en sus diferentes manifestaciones y constelaciones espacia- les específicas como son las islas, el mar, la ciudad, el paisaje, el locus amoenus –descripción idealizante del paisaje–, el locus terriblis etc. En la historia de aquellos motivos y topos se han investigado estos espacios y lugares como medios de expresión de emociones y también como símbolos que tienen influencia en la trama y las acciones de los personajes literarios.
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no sólo en su valor simbólico, sino también en sus diferentes dimensi- ones semióticas. Primero, el modo de la descripción de los escenarios es central para la constitución de los espacios literarios, porque éste diferencia y clasifica el espacio y sus divisiones y les atribuye signi- ficados. Las oposiciones que están en la base de la descripción de la estructura espacial no son neutras sino conllevan valoraciones y atri- butos normativos. El espacio literario es constituido no solamente por la topografía, sino también por las relaciones topológicas que son más abstractos y se constituyen por oposiciones como “alto/bajo”, “bueno/ malo”, “cercano/lejano”, “propio/ajeno”, “centro/periferia” (Lotman, 1993: 329). Las descripciones topográficas no dan, además, informa- ciones neutras sobre el espacio evocado, sino comunican mediante las oposiciones modelos morales y significados más abstractas, que son centrales para conferir al espacio sentido, atmosfera y cuerpo. El “lenguaje de las relaciones espaciales” sirve de “material para la constitución de modelos culturales” (Lotman, 1993: 313). Las const- rucciones de las relaciones espaciales son, según Lotman, claves para la construcción de la realidad narrada y su análisis puede, además, relevar la realidad extraliteraria y el texto cultural del mundo. La com- binación de los factores del personaje literario, de su movimiento y del espacio evocado constituye la estructura topológica de la obra, que corresponde con distinciones semánticas que se estructuran mediante oposiciones binarias.
Clave para la propuesta semiótica-narratológica de Lotman es la figura topológica de la frontera que secciona el espacio en dos “espa- cios parciales disyuntivos” (Lotman, 1993: 327). El paso de la frontera, de un espacio o campo semántico a otro, es constitutivo para el sujeto y la trama de la narración. Ese paso dinamiza la acción y constituye un acontecimiento significativo. La frontera,que constituye dos espa- cios distintos, y la transgresión, la acción del cruce de fronteras entre espacios, son herramientas claves para el análisis de textos literarios. Es ese efecto diferenciador, que hace posible la estructuración y se- miotizacion de la cultura, su reparto en el mundo propio e interno y el mundo externo, el “del otro” (véase Lotman, 2010: 174). En el marco de su posterior concepción de la semiosfera, la figura topológica de la frontera es imaginada no solo en el aspecto diseccionador, sino más flexible como mecanismo que posibilita el contacto (o/y conflicto) cul- tural en el interior de las semiosferas (y no solamente la separación)2. 2 Lotman modificó su concepto de la frontera durante el desarrollo de su pensa- miento. Mientras en su fase estructuralista, Lotman puso el foco en el carácter sepa- rador de la frontera, en su concepción más tardío y en el marco de la semiótica cultu-
La semiosfera es el espacio semiótico de la cultura. Como configura- ciones y sistemas culturales, las semiosferas disponen de cierta soli- dad, sin embargo son móviles, dinámicas y sus fronteras internas y externas son renegociadas en un proceso sin fin. Constitutivo para ese desarrollo es también la relación hacia el entorno exterior, que es se- miotizado, significado y simbolizado y se convierte así en un relevante factor cultural (Lotman, 2010: 177).
La teoría semiótica-cultural y narratológica de Lotman ofrece un modelo teórico que permite indagar en los aspectos espaciales de los textos literarios partiendo de una perspectiva dinámica que presta atención tanto a las estructuras básicas de la constitución semántica del espacio como a los movimientos, transgresiones y percepciones de los personajes literarios. Los pasos de la frontera constituyen y din- amizan la trama de los relatos. Las posiciones y ubicaciones espacia- les no son definidas como lugares fijos sino como flexibles y resultado de las oposiciones que emergen en los procesos culturales.
3. Milieu
La propuesta semiótico-narratológica de Lotman facilita un instru- mental analítico diferenciado para abordar las estructuras espaciales de textos literarios. Como ocurre en varios enfoques narratológicos, el análisis tiende a permanecer en el nivel de las estructuras formales y estéticas de los textos literarios. Como consecuencia de esto, los es- tudios literarios tienden a pasar por alto las simbolizaciones de con- tenidos sociales, que pueden ser centrales para la comprensión de las estructuras espaciales inherentes a las obras literarias. Propongo en el siglo XX introducir el concepto del milieu para amplificar el registro analítico narratológico recién reconstruido.
El concepto del milieu tiene una larga historia en las Humanida- des y las Ciencias Sociales. Es un concepto que enfoca básicamente la relación entre el ser viviente y su entorno espacial. Fue usado para iluminar varios aspectos de estas relaciones en la biología, la antropo- logía, la climatología, la historiografía, en debates filológicos y estéti- cos, en la psicología (la relación entre el mundo psíquico y su exterior) y no por último término en la sociología, donde el concepto tenía gran éxito como substituto o acompañante del término de clase. Clave para el concepto es su acepción relacional, que enfoca la relación entre los seres vivientes y su entorno social, espacial, físico, cultural, medial
ral, Lotman definió las fronteras también dentro de las semiosferas donde producen efectos dinámicas; véase Frank 2009.
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etc. El concepto fue tradicionalmente vinculado con ideas determi- nistas3, frutos de los debates y usos del concepto en el siglo XIX.. Sin
embargo, en el siglo XX nuevas acuñaciones del concepto ayudaron a revisar aquellos aspectos problemáticos. Sin poder profundizar las diferentes acepciones del concepto y los debates en torno a ése (véase entro otros: Muhle, 2017 y Vester, 2017), ponemos el foco en los aspec- tos instructivos del concepto, que son su carácter relacional y espaci- al, que establecen vínculos entre las formas espaciales-relacionales y los contextos sociales y culturales.
En su dimensión teórico-social, el concepto concibe realidades sociales que se caracterizan por su posición socio-económica y por factores culturales. El milieu es un campo de fuerza que actúa, según la teoría de Durkheim, como fuerza viva y factor determinante del desarrollo colectivo-social. De esta manera co-constituye la ley, la mo- ral, los monumentos literarios y artísticos (véase Vester, 2017: 138). Los milieux4 sociales se caracterizan por “coherencia interna” y “dis-
tinción externa”. Mientras se basan tanto en las relaciones sociales ob- jetivas (p. e. estatus económico, residencia) como en identificaciones culturales y comportamientos morales, se encuentran en relaciones –harmónicas o conflictivas– con otros milieux. En el espacio social urbano, las dimensiones socio-culturales de los milieux se manifiestan además en diferentes estilos de vida, formas de sociabilidad en los barrios y en espacios fragmentados (por las diferencias socio-econó- micas), que ellos mismos tienen su propia influencia en los seres hu- manos y sus entornos.
En los estudios literarios, el concepto del milieu tiene escasa pre- sencia. La historia del concepto está en este campo epistemológico vinculada con sus numerosas traducciones: al castellano, el concep- to fue traducido como entorno social o como ambiente; su recepción en el contexto académico alemán varió entre la no-traducción e im- portación de la palabra francesa como extranjerismo, pero en parte también motivó la traducción por el término umwelt; al italiano, el concepto fue traducido como ambiente y al inglés, según su uso, o como setting o como environnment. A pesar de que el uso del concepto no fue muy recurrente en estudios filológicos, en algunos enfoques sí que tenía presencia. Fue usado como sinónimo para el término
3 Tal determinismo problemático sostiene en diferentes facetas una influencia sus- tancial de los contextos y entornos sociales y culturales, históricos o incluso geo- gráfico-físicos en el sujeto y el ser viviente (y su pensamiento, percepción, creación artística etc.).
4 Usamos el plural de la palabra “milieu” (“milieux”) según la declinación de la gramática francesa.
“escenario”, y esto siempre cuando el escenario tenía una influencia importante en la historia narrada, en las acciones de los personajes, en sus estados anímicos y en la atmosfera del escenario. En la Theory of Literature (1949) de Austin Warren y René Wellek, los autores in- troducen el concepto del setting –que en la versión alemana del libro es traducido como “milieu” y en la versión castellana como “medio ambiente”– como sigue: “Setting is environment; and environments, especially domestic interiors, may be viewed as metonymic, or meta- phoric, expressions of carácter” (Wellek/Warren 1948: 229). “Setting” es el “escenario de la narración”, es decir el lugar y el entorno espacial donde se realiza la acción. Tiene además una dimensión simbólica y expresiva lo que remite al valor simbólico del escenario y a la atmos- fera que evoca. En el mismo sentido, Erich Auerbach usa el concepto de milieu en Mimesis: Dargestellte Wirklichkeit in der abendländischen Literatur (1946).Allí, Auerbach toma la palabra francesa “milieu“ para interpretar una escena de Le Père Goriot de Balzac. Auerbach lee el personaje literario de Mme Vauquer en función de la pensión que ella está gestionando y del entorno en que vive. Se superponen en el texto de Balzac la descripción de la pensión, de su interior y de la dueña. Auerbach constata una
armonía entre su persona, por un lado, y la habitación en la que se en- cuentra, la pensión que dirige, la vida que lleva, por otro; en una palabra, la armonía entre su persona y lo que nosotros (y también Balzac a veces) llamaríamos su milieu (ambiente) (Auerbach, 1996: 442).
Milieu es ahí el “Lebensraum”, el espacio vital. Este se convierte, como concluye Auerbach, resumiendo la descripción de Balzac, en un
ambiente sensible y moral que impregna el paisaje, la habitación, los mue- bles, enseres, vestidos, figuras, caracteres, maneras, ideas, acciones y des- tinos de los hombres, por lo cual la situación histórica general de la época aparece como una atmósfera total que empapa todos los espacios vitales particulares (Auerbach, 1996: 445)
Si uno enfatiza el efecto simbólico, cultural y expresivo de estos luga- res, “milieu” es, en los usos de Auerbach y Warren/Wellek, sinónimo de “escenario” o “setting”, categorías ya establecidas en los estudios narratológicos.
Una faceta que el concepto del milieu ha recibido sobre todo en los debates sociológicos –al que Warren/Wellek parcialmente apuntan sin profundizarlo–, y que es su gran ventaja, es la simultaneidad de dimensiones socio-económicas y culturales. Milieu se refiere, en su uso en las ciencias sociales tanto a entornos sociales como a grupos
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77 sociales. Es un concepto que combina el foco a la estructura social con
la idea de la estructuración del pensamiento, de la cultura, del actuar y desarrollo social. Los milieux sociales se definen por similitudes en la situación socio-económica, en el estilo de vida, en la forma de con- vivencia y, a nivel socio-cultural, en las mentalidades e ideologías. Los milieux son en este sentido grupos sociales definidos por sus rasgos culturales y mentales, por factores socio-económicos y configuraci- ones espacio-culturas. Pueden ser vinculados con ciertos territorios o barrios (con “sus” habitantes y las correspondientes representacio- nes sociales y culturales, muchas veces tipificadas “villeros”; “barrios cerrados”) o con el lugar en la división social del trabajo (“trabajador industrial”) o con orientaciones ideológicas o estilos de vida (“yup- pie”; “punk”). Para estas diferentes facetas del término corresponden en castellano los conceptos “clase”, “estrato social”, “entorno social” o “habito” o “grupo social”. Lo que une a estas ideas es la relación signi- ficativa entre milieu como sujeto (de significado social, cultural, actor social) y milieu como entorno social, cultural y espacial. Esto implica un modo de (leve) determinación dentro del espacio social. Inherente al concepto del milieu son las distintas formas de vida cotidiana, de sus estéticas, de las mentalidades, de los estilos de vida, de las formas de pensar que se vinculan con las jerárquicas estructuras socio-econó- micas en el mundo social.
Además de sus significados sociales, el concepto de milieu estab- lece un estrecho vínculo con el espacio, tanto a nivel del vínculo an- tropológico, subjetivo y fenomenológico entre el sujeto y su entorno como a nivel de la posición en la estructura social, en el barrio, en contextos sociales y culturales. El concepto de milieu es, en la re- construcción que proponemos, tanto una categoría espacio-relacional, que focaliza fenómenos de distancia, de percepción y de influencia espacial, como una categoría socio-cultural o socio-ontológica que de- scribe y analiza fenómenos sociales en su relación con el entorno y la estructura social, y las jerarquías, desigualdades y diferencias socia- les que ellos implican.
Los milieux sociales participan además en la constitución del sen- tido del mundo social, de las visiones y divisiones que lo constituyen.