• No results found

2.2 High Level Scenario Recognition

2.2.4 Part-based models

La comprensión del desarrollo de la conducta del niño es uno de los problemas a los que se enfrenta el psicólogo, ya que, como se sabe, está influido por una gran variedad de factores que determinan estilos específicos de comportamiento, los cuales sólo pueden entenderse, jerarquizarse o explicarse si se tienen en cuenta las circunstancias bajo las cuales tales procesos de desarrollo se realizan. Estas circunstancias o factores determinantes pueden resumirse en: a) factores genéticos y factores congénitos, que determinan las potencialidades biológicas con que nace el niño, y b) el medio en que éste nace, el cual influirá considerablemente en los aprendizajes que adquirirá en su interacción con su campo vital. Este medio hay que considerarlo desde el ambiente social y cultural en que se desarrolla, es decir, la cultura y la estructura social a que pertenece por raza o nacionalidad y su medio social inmediato, que puede ser desde el familiar y el escolar, hasta el de grupos de pertenencia por compatibilidad de intereses, creencias y valores que, desde luego, le fueron trasmitidos por los progenitores y por la cultura.

Así, el desarrollo conductual del niño y de sus expresiones está determinado por la acción de los aspectos biológicos y naturales, y los efectos del medio externo en donde crece física y psicológicamente.

Se sabe que los rasgos físicos del individuo, en su mayor parte, dependen de la herencia. Algunas veces, durante el proceso del desarrollo fetal y en el momento del nacimiento, pueden ocurrir alteraciones que deformen de alguna manera y en grados diferentes esos rasgos. Sin embargo, también puede suceder que el individuo varíe en sus rasgos físicos a través del proceso de adaptación, el cual no es sólo biológico sino también social, psicológico y aún geográfico, nutricional, etcétera; por ejemplo, algunas deformidades anatómicas pueden ser de origen genético; otras, como algunos aspectos del desarrollo corporal, pueden ser producidas por factores ambientales.

Existe una íntima relación entre los procesos fisiológicos y los psicológicos, así como variaciones de esa interacción de sujeto a sujeto. Al respecto, es importante para el psicólogo saber hasta qué grado las diferencias del funcionamiento fisiológico y neurológico son de origen genético.

Se han llevado a cabo múltiples investigaciones acerca de este aspecto y se ha podido constatar que, en muchos casos, ciertos factores genéticos influyen en la predisposición para adquirir determinado tipo de alteraciones fisiológicas que tienen sus expresiones psicológicas en el comportamiento del individuo. De este modo, existen defectos en el funcionamiento intelectual debidos, por ejemplo, a una alteración de tipo hereditario que se localiza en las células nerviosas del encéfalo y de la médula espinal, que produce el retraso mental “amaurótico” infantil, debido a una inflamación de esas neuronas que se saturan de grasa y que producen ceguera, parálisis y deficiencia mental. Este tipo de padecimientos llevan al individuo a la muerte a muy temprana edad.

Otro tipo de alteraciones que repercuten en el funcionamiento intelectual es la llamada fenilcetonuria, que es la carencia, en el niño, de una enzima que resulta absolutamente necesaria para su metabolismo normal, y el sistema nervioso se lesiona por la acumulación de una sustancia tóxica que debería ser eliminada por la enzima mencionada.

En resumen, el papel que desempeñan los factores genéticos en las alteraciones del comportamiento del individuo, a pesar de ser muy discutido en el campo de la psiquiatría y de la fisiología, debe tenerse en consideración para entender con más claridad cómo se efectúan los procesos de evolución o desarrollo psicológico del niño y del individuo.

El desarrollo del niño puede dividirse en varias etapas, las cuales dependerán del punto de vista del que se intente partir. Desde luego, debe recordarse que cuando se habla de desarrollo físico del niño, se está haciendo referencia al crecimiento que normalmente se verifica en todo el organismo humano, con sus variaciones naturales a lo largo del tiempo. A este tipo de desarrollo se le denomina crecimiento y se refiere a todos aquellos cambios físicos, químicos y en general fisiológicos que son concomitantes, hipotéticamente, al desarrollo conductual. Conforme el sistema nervioso va desarrollándose, se va modificando y diferenciando la conducta; del mismo modo, conforme el cuerpo crece, evoluciona la conducta. Así, el crecimiento es un proceso de moldeamiento. Su detección permite determinar si el crecimiento y los fenómenos concomitantes a él son correlativos o se encuentran de alguna manera alterados. Por ejemplo, los reflejos primarios del niño, como el parpadeo, la prensión, el reflejo de la rótula y posteriormente el sentarse, pararse, arrastrarse, andar, etcétera, son formas de conducta, iguales a las reacciones oculares que ocurren cuando el niño percibe un objeto y lo sigue con la mirada, hasta donde sus capacidades lo permitan. La manera de asir los objetos con ambas manos o el estirarse a obtenerlos con una sola mano, son formas de conducta que denotan evolución y crecimiento en todas las esferas de actividad del individuo.

De acuerdo con Arnold Gesell y Amatudra, la conducta se expresa en cuatro aspectos fundamentales, que no son excluyentes, pero que tienen su momento oportuno de surgimiento y que perduran, aún sin estar aparentemente activos, a lo largo de la existencia humana. Esas cuatro áreas de entrenamiento son las siguientes: a) el área Sensoriomotriz; b) el área correspondiente a aquella conducta adaptativa; c) el área que corresponde al lenguaje, y d) el área llamada personal-social. Estos grupos de conducta estudiados por Gesell no implican un desligue o rompimiento, en un momento dado, entre unas y otras, ni un funcionamiento autónomo de cada una; por lo contrario, desde el principio del nacimiento tienen una íntima relación y permanecen así a lo largo de la vida, sólo que cada una de ellas va teniendo su momento principal durante el desarrollo desempeñando su papel correspondiente, sujeta a lo que el medio le exija al individuo en su interacción.

En un principio, lo único que se puede detectar en la evolución y desarrollo del individuo es la actividad preponderante del área o esfera Sensoriomotriz, y es importante porque denota la forma más o menos normal en que se va realizando la madurez fisiológica y psicológica del niño. A ella corresponden todas aquellas ejecuciones de movimientos corporales, desde los más globales hasta los más finos, que implican actividad muscular y que paulatinamente van coordinándose con un sinnúmero de procesos sensoriales y perceptuales que producirán la preponderancia de la siguiente etapa, a la cual se la ha llamado adaptativa. Esta consiste de la coordinación adecuada de los movimientos oculares y manuales, es decir, la coordinación visomotora, la cual permitirá al niño desarrollar su habilidad para emplear su dotación motora con el fin de solucionar problemas prácticos, así como desarrollar su capacidad para que en situaciones posteriores pueda resolver sus problemas, que irán en creciente dificultad de acuerdo con su edad.

En estas dos etapas del desarrollo del niño, como puede observarse, tienen lugar fundamentalmente actividades sensoriales, perceptuales y motoras que lo irán conduciendo paulatinamente al desarrollo de otro aspecto muy importante de la actividad humana, en el cual aparece como fundamental el lenguaje. La aparición de éste revela cómo ha ido organizándose el sistema nervioso central del niño. (Aquí cabe hacer notar que cuando se habla de lenguaje, se hace referencia no sólo al sentido que comúnmente se le da, que es el verbal, sino también a su más amplia concepción, que incluye toda forma de comunicación observable, como pueden ser gesticulaciones, expresiones motoras, balbuceos, formación de palabras u oraciones –a veces un tanto confusas -, conductas de imitación de expresiones de personas que se encuentran en su convivencia vital, más o menos cercanamente, etcétera.)

Uno de los principales problemas que se presentan en el campo de la psicología es la comprensión del desarrollo cognoscitivo del niño, que viene a hacerse patente cuando en un momento determinado del desarrollo surge el lenguaje. Los procesos anteriormente descritos, conforme van ocurriendo, le permiten al niño ir asignando nombres a los objetos que lo rodean e ir acumulando experiencias que pondrá en práctica cuando el medio se lo exija. Conforme crece en edad, el niño va siendo capaz de hacer una mayor diferenciación y precisión en la percepción de las características particulares de los objetos, la cual puede ser cualitativa o cuantitativa o una combinación de ambas, que le hacen diferenciar unos objetos de otros o encontrar las semejanzas que entre ellos existen, iniciándose así lo que se denomina conceptos de conceptualización del

medio; es decir, empiezan las funciones de categorización, ordenamiento, valoración y

jerarquización, etcétera, del niño, que le permitirán codificar y situar, en sus esferas conceptuales correspondientes, a todos los elementos con que interactúa en su ambiente.

La capacidad lingüística del niño se desarrolla a pasos no secuenciados, es decir, “a saltos”, de tal manera que sus habilidades cognoscitivas se ven afectadas radicalmente por esta forma de desarrollo.

Cuando el niño ha adquirido suficiente cantidad de lenguaje y puede utilizarlo con eficiencia para informarse, codificar y decodificar la información, entonces las palabras, como elementos primordiales del lenguaje, se convierten en mediadoras de sus ejecuciones.

Sus progresos en el ámbito escolar dependerán directamente de la adquisición de habilidades cognoscitivas de alto nivel. Fomentar tal desarrollo exige la investigación de la forma en

su adiestramiento cognoscitivo. Un gran número de investigaciones al respecto han revelado que la calidad del ambiente, sobre todo en el aspecto lingüístico dentro del cual se desarrolla el niño en sus primeros años, es un factor externo de fundamental importancia que influye en el incremento del lenguaje: un ambiente estimulante en lo lingüístico, incrementa el aprendizaje del desarrollo cognoscitivo; lo contrario inhibe tal desarrollo.

El descubrimiento más importante sobre este punto es que el desarrollo del lenguaje está íntimamente relacionado con las diferencias de clases sociales. Al respecto, el sociólogo inglés Basil Bergstein, catedrático de la Universidad de Londres, en investigaciones relativas a las clases sociales y sus diferencias, hizo notar lo que él llama lenguaje “restringido” de la clase socialmente inferior y los códigos complejos de la clase media, poniendo de manifiesto que las madres que pertenecen a ese nivel social ejercen poca influencia sobre el niño para encaminarlo a expresar sus experiencias en forma verbal, de tal manera que inhiben el lenguaje, produciéndose bajos niveles de conceptualización y de diferenciación, llevándolo a que se interese solamente por los aspectos “concretos”, en el aquí y ahora, en lo directo, lo inmediato, lo global en su medio.

El lenguaje complejo es más individualista y específico, más diferenciado y preciso, además de que comunica una mayor variedad de conceptos y de contenidos cognoscitivos y afectivos que es capaz de distinguir y de expresar.

La aparición del lenguaje, en su más amplia concepción, marca una de las etapas de desarrollo más relevantes: la conjugación de las anteriormente mencionadas, misma que perdurará a lo largo de la vida del individuo, expresándose en diferentes modalidades, las cuales dependerán de la calidad y facilidad que el medio le haya proporcionado al individuo, expresándose en diferentes modalidades, las cuales dependerán de la calidad y facilidad que el medio le haya proporcionado al individuo. Esta etapa se halla determinada por el moldeamiento de la conducta influida considerablemente por factores intrínsecos del crecimiento. Por ejemplo, el medio habrá de exigirle al sujeto una serie de requisitos para que pueda interactuar socialmente dentro de su grupo de pertenencia. Así, él tendrá que aprender a controlar sus esfínteres, lo cual no sólo es una exigencia social, sino que primordialmente dependerá del desarrollo neuromotriz del niño. También le exigirá que aprenda a alimentarse, a asearse, a relacionarse con los demás, y a colaborar y reaccionar de acuerdo con las normas y convencionalismos sociales. Desde luego, esto dependerá de las variaciones individuales, pero siempre dentro de ciertos límites.

Todo lo indicado anteriormente conduce a hablar del desarrollo psicológico del niño a partir de ciertas dimensiones, tales como la adquisición de experiencias, la adquisición de la capacidad para emplear las experiencias, las capacidad para relacionar unas con otras, la habilidad para solucionar problemas mediante diferentes formas de respuesta, etcétera.

Contra todas las creencias antiguas, ahora se sabe que el niño inicia su aprendizaje desde el momento en que nace. Se sabe también que nace con una “carga potencial” que lo capacitará para aprender nuevas conductas y para modificar conductas reflejas conforme vaya efectuándose su maduración. Al nacer, el niño es capaz de establecer una relación entre un estímulo externo y una respuesta; al psicólogo sólo le atañe determinar qué estímulos son los que producen las respuestas y cuáles de éstas se adquieren más fácilmente.

Aquí es necesario mencionar la labor de un personaje muy importante en el campo de la psicología, sobre todo en lo relativo al estudio e investigación del desarrollo psicológico del niño; se trata de Jean Piaget, quien si bien en un principio no fue considerado como un investigador rigurosamente metodológico, por la forma en que eligió para realizar sus estudios, quizá por las dificultades con que tropezó, en la actualidad ha llevado sus investigaciones a conclusiones que pueden constituir ejemplos de los estudios sistemáticos y metodológicos que ha realizado.

Piaget divide las etapas del desarrollo psicológico del niño en forma más analítica que como lo hace Gesell. Piensa que la capacidad de adaptación del niño depende de su inteligencia y que atraviesa por una serie de etapas de maduración. Considera que existen dos grandes etapas del desarrollo intelectual; el desarrollo intelectual Sensoriomotriz (desde el nacimiento hasta los 2 años de edad hasta la madurez). En la primera etapa, el niño, para adaptarse, no utiliza un gran número de símbolos o de verbalizaciones, sino que casi toda su conducta es preverbal. En esta etapa, Piaget distingue varios periodos, determinados por lapsos de edades, aún cuando apunta de antemano que no todos los niños se desarrollan al mismo ritmo, aunque la sucesión de etapas sean en el mismo orden, pero no con la misma velocidad. Estos lapsos son seis, al cabo de los cuales su conducta se convierte definitivamente en propositiva; es capaz de reproducirse con la conducta de un modelo o con la mención de un objeto en su ausencia; es decir, mediante la memorización hecha, inicia una manipulación intencional de la realidad.

Al final de esta primera etapa y al principio de la siguiente, la continuación del desarrollo se caracteriza por el uso del lenguaje y por la capacidad del niño para operar con símbolos. De ahí en adelante continuará su desarrollo hasta la madurez, incrementando su capacidad de manipulación de esos elementos adquiridos, y seguirá aprendiendo continuamente. El autor considera que el individuo siempre está aprendiendo nuevas experiencias hasta que finalice su vida. Ahora la calidad de lo aprendido dependerá, por una parte y fundamentalmente, de las diferencias individuales, y por otra, de las facilidades y la calidad del medio en el cual estos procesos se llevan a cabo.

Related documents