7.3 AVISPA Case Study
7.3.5 AVISPA Case Study Results Analysis
7.3.5.2 Pattern Tuning
Bolívar tuvo como Ministro General a Sánchez Carrión como ya se ha dicho, del 26 de marzo al 28 de octubre de 1824. En esta última fecha le encomendó las carteras de Gobierno y Relaciones Ex es al mismo tiempo dio a Tomás Heres la de Guerra y Marina y a Hipólito Unanue la de Hacienda. Así gobernó hasta entregar la dictadura, el 10 de febrero de 1825. El 24 de febrero de 1825 delegó el mando político y militar que el Congreso le confiriera nuevamente, reservándose sólo la dirección suprema de los negocios en los departamentos de Arequipa, Cuzco y Puno. Creó así el primer consejo de Gobierno con La Mar, Sánchez Carrión y Unanue. Quejoso por la falta de hombres escribía entonces Bolívar a Santander (Lima, 8 de marzo de 1825): "Aquí no hay nadie, pues el pobre general La Mar no tiene bastante libertad ni carácter". El 16 de marzo, enfermo Sánchez Carrión, incorporó a Pando al Consejo.
Más de un mes esperó a La Mar antes de marchar al Alto Perú. El 1° de abril ausente La Mar y gravemente enfermo Sánchez Carrión, reorganizó el Consejo con Unanue, que lo presidió, Heres y José María de Pando. Dicho consejo no está mal compuesto y tiene toda la autoridad del Poder Ejecutivo del Perú particularmente en Relaciones Exteriores", escribió a Santander (Lima, 7 de abril). En junio de 1825 el Consejo fue integrado por Bolívar, que estaba en el Cuzco con el coronel Juan Salazar, que reemplazó a Heres; y con José de Larrea y Loredo, en lugar de Pando que viajó para participar en el Congreso de Panamá.
La Mar presidió el Consejo por breve tiempo, entre el 5 de enero y el 25 de febrero de 1826. De él dijo entonces Bolívar: "Además del horror que tiene al mando, su salud está muy quebrantada y será un milagro que él triunfe sobre sí mismo para que nosotros -triunfemos de él" (carta a Santa Cruz, Magdalena, 8 de febrero). "El general La Mar se
halla enfermo y no quiere servir en el gobierno; así mi posición es extrema" escribió después a Santander (Magdalena, 21 de febrero). "Este hombre es el mejor del mundo (le confesó al mismo, 7 de marzo) y sobre todo el más desprendido de los mortales. Aborrece tanto el mando como Bamba, que prefería morir a subir al trono. Después de esto nos quedamos sin tener con quién gobernar el Perú, lo que ciertamente me embaraza mucho".
"Al Consejo de Gobierno no lo quiere nadie y no tenemos quien les haga frente a los enemigos del orden", escribió a Santa Cruz (6 de abril de 1826). Su juicio sobre el organismo que él mismo había creado para regir al Perú fue más explícito cuando hizo la siguiente confidencia a Santander (7 de abril): "El Consejo de Gobierno que yo he dejado aquí es compuesto de hombres buenos y honrados como Roscio, don Juan P. Ayala y Restrepo; por consiguiente, les falta energía y popularidad. No les acusan más que de flaquezas o indulgencias y por lo mismo dicen que no sirven para gobernar. Piden un nuevo Consejo y yo no encuentro otro mejor".
Ya desde mayo decidió reformarlo conservando a Unanue, (Vice-Presidente) Larrea (Hacienda) y Pando (Relaciones Exteriores), llamando de nuevo a Heres, aunque era colombiano, para la cartera de guerra y a Santa Cruz como Presidente. "Cada vez tengo más confianza en ellos" llegó a decir, con una alusión sin duda a su lealtad y a su capacidad personal (Carta a Sucre, 12 de mayo). Volvió a mencionar a La Fuente el tema de la falta de simpatía pública: "Al señor Unanue, no sé por qué desgracias es que nodo quieren, a pesar de ser eminentemente honrado y celoso del bien del Estado". El 28 de junio de 1826, el Consejo de Gobierno quedó integrado en la siguiente forma: Santa Cruz, Presidente; Unanue, Justicia y Negocios Eclesiásticos; Pando, Relaciones Exteriores e Interior: Larrea Loredo, Hacienda. El Ministerio de Guerra y Marina y sus dependencias quedaron fuera de la acción del Consejo reservándose su despacho el mismo Libertador. "El general Santa Cruz queda aquí de presidente del Consejo de Gobierno rodeado de las personas más respetables por su probidad, por sus luces y por la opinión de que gozan" escribió Bolívar a Gamarra en otros conceptos emitidos por él mismo (30 de junio). Con Sucre fue más explícito aunque igualmente optimista: "He comenzado por colocar al general Santa Cruz a la cabeza del Consejo de Gobierno; él es amable, sabe captarse la voluntad de los ciudadanos y el respeto de los militares; está lleno de gratitud por la distinción con que lo he tratado, aun en sus desgracias y, en fin es un caballero, tiene mucho talento y sagacidad. Los demás ya Ud. los conoce. El señor Pando es el sujeto más ilustrado que he conocido en todo el Perú; hombre de una firmeza inalterable y buen político. El señor Larrea conoce la hacienda, es muy honrado y muy adicto a mí. Estos individuos componen el Consejo de Gobierno y yo estoy persuadido que está formado con lo más selecto del país" (3 de julio). Sobre Santa Cruz demostró más entusiasmo aun cuando escribió a Soublete: "Este General tiene cualidades muy superiores a los que han mandado hasta ahora en el Perú y, a la verdad, es el único en quien he podido fijarme después de la tenaz resistencia del general La Mar" (Lima, 6 de junio de 1826).
En resumen, casi nunca, desde febrero de 1825 hasta setiembre de 1826, ejerció el Libertador directamente el mando del Perú aunque, en virtud de 1autorización del Congreso Constituyente, dio decretos como encargado del supremo poder de la República.
Al partir con rumbo a Colombia en setiembre de 1826 dejó encargada la suprema magistratura al Consejo de Gobierno bajo la Presidencia de Santa Cruz y con la Vice- Presidencia del ministro que designara la suerte; Santa Cruz debía nombrar al ministro de Guerra; y tanto Pando como Larrea conservaron sus carteras.
LOS COLABORADORES DE BOLÍVAR: PANDO.
El más resuelto de los miembros del Consejo de Gobierno, fue don José María de Pando, el autor de la Epístola a Próspero. Nació Pando en Lima en 1787. Viajó a España con su familia y entró como alumno en el Real Seminario de Nobles de Madrid donde se distinguió por su talento. A los quince años, en 1802, empezó su carrera dliplomática como empleado en la legación del Rey de España ante el Duque de Parma y después se le trasladó a la legación en Roma. En esa ciudad conoció en 1804 a Bolívar. Como en 1808 rehusase prestar homenaje a José Bonaparte fue apresado, con todos sus compañeros de legación, conducido en 1809 a la fortaleza de Fenestrelle en los Alpes. Escapó de allí en 1811 para dirigirse a España y luego –mediante empeños poderosos– a Lima. A principios de 1815 regresó a la Península y llegó a ser nombrado, ese mismo año, secretario de la legación en el reino de los Países Bajos con desempeño de las funciones de encargado de negocios. Fue ascendido en 1818 a oficial de la primera secretaría de Estado; y, poco después, a secretario del rey con ejercicio de decretos, se le concedió también la Cruz de Carlos III. Tomó parte muy activa en la redacción del célebre manifiesto del 10 de marzo de 1820 en que el monarca prometió conformarse a la Constitución; y se le nombró encargado de negocios y cónsul general en Lisboa. Durante su residencia en esta Corte volvió a ella el rey don Juan VI que también juró interinamente la Constitución española. En 1822 obtuvo el empleo de oficial segundo en la primera secretaría de Estado y volvió a salir en comisión, en calidad de primer secretario de la legación española en París de donde fue expulsado, con todos sus miembros, en momentos en que Luis XVIII se preparaba a invadir la Península para restablecer el absolutismo con los "cien mil hijos de San Luis".
Agonizaba el régimen constitucional cuando llegó a ser nombrado, en mayo de 1823, secretario de Estado, es decir, ministro. En un manifiesto fechado en Lima en 1826, dijo que, como condición para aceptar este cargo, puso el reconocimiento de la independencia de América, lo que según él, fue concedido para cuando concluyera la guerra civil en España. Pando propuso luego solicitar la mediación de Inglaterra y el ministro Calatrava lo combatió, produciéndose acaloradas discusiones y la renuncia del limeño que fue aceptada en Cádiz por el rey. Como ministro del expirante gobierno constitucional, redactó desde Sevilla la famosa circular de 27 de mayo de 1823, dirigida a los agentes diplomáticos de España en las cortes extranjeras, vigorosa protesta contra el derecho de intervención que Francia ejercía. Ante el derrumbe del liberalismo español precipitado por las tropas francesas y el sangriento retorno del absolutismo en ese país, optó por regresar al Perú. Al llegar al Callao en junio de 1824 lo encontró aún ocupado por los españoles. Después de la batalla de Ayacucho, habiéndole ya ordenado las autoridades españolas que se embarcara para Chile, llegó el Libertador. Pando le ofreció sus respetos, y se incorporó a su séquito. Poco después fue nombrado ministro de Hacienda y luego delegado del Perú ante el Congreso de Panamá, junto con Manuel Lorenzo de Vidaurre. Interrumpió sus labores en aquella asamblea para ocupar en Lima el cargo de miembro del Consejo de Gobierno. Su ideal político del momento lo expuso entonces en verso, en su conocida Epístola a Próspero más oratoria que poética. La
Epístola a Próspero iniciase con una enumeración de prodigios históricos que ha realizado Bolívar y la advertencia de que el poeta no turba la "torpe adulación" y que no quiere entonar un "loor servil". Hace, en seguida, el recuento de los problemas que falta abordar, y agrega:
¿quién podrá reparar males tamaños con imparcial tesón, sino tú mismo, amaestrado a la par por las lecciones de adversidad y de filosofía?
¿quién sofocar podrá del monstruo infando de la anarquía las cien cabezas de hidra sino tu hercúlea, respetada mano? Piloto experto fuiste en la borrasca cuando roto el timón, rota la antena, rugían los vientos en discordia horrenda ora guía la nave al puerto ansiado de festones alegre coronada
el duro casco
y la coraza arroja y la cándida toga revistiendo dócil a las inspiraciones de Minerva
sabias, justas, estables danos Leyes.
La Epístola termina clamando porque no venga ni disensión, ni llanto, ni licencia, abominando de la demagogia y expresando una visión optimista sobre la gloria eterna de Bolívar y sobre el futuro prominente de América.
Desde antes de escribir la Epístola, Pando recibió la estimación y el aprecio de Bolívar. "Espero a un tal Pando que ha ido al Istmo (escribía a Santander desde la Magdalena el 7 de abril de 1826) para ponerlo en el Ministerio de Estado. Este caballero tuvo el mismo destino en Madrid en tiempos de las Cortes. Tiene mucha semejanza con Revenga y en todo es superior porque ha estado siempre en Europa en la carrera diplomática. Su honradez, su energía y sus luces compiten entre sí; pero no es agradable ni amado aunque es el primer hombre del Perú. Nació en Lima y tiene a toda su familia aquí; mas no es conocido por haber estado siempre fuera". En carta del día anterior había expresado a Santa Cruz: "A este señor Pando tampoco lo quieren porque dicen que es godo y tiene carácter muy fuerte".
Cuando Bolívar escribió la Constitución vitalicia tuvo en Pando a su comentarista más encomiástico. "Pando dice que es divina, que es la obra del genio y que es la perfección posible", escribió a Sucre (Magdalena, 12 de mayo). "Pando es un hombre incapaz de adular, recto para ser inexorable, instruido y firme más que nada; por consiguiente, debemos creer en la aprobación de Pando: él cree la Constitución adaptable al gobierno de un Estado y de muchos a la vez, con las variaciones del caso".
La tesis de la Confederación de los Andes bajo la Constitución vitalicia defendida por Pando, primó sobre la tesis de la amplia y suelta confederación hispanoamericana formulada en el Congreso de Panamá.
Fue Pando, como ministro del Interior, quien sometió a los colegios electorales peruanos la Constitución vitalicia. En el notable oficio que, con este motivo firmó, hizo,
como ya se ha visto, una crítica de la Carta de 1823. Como Ministro de Relaciones Exteriores en el Consejo de Gobierno, le tocó sostener la dignidad nacional, con motivo de la llegada del primer agente diplomático francés con el nombre de "Inspector general de Comercio, en relación con las autoridades locales"; y desaprobar los tratados de federación y límites celebrados con Bolivia.
Hombre avezado a los usos y fórmulas de la administración y, sobre todo, de la diplomacia, Pando trajo al novel Estado peruano un caudal de experiencia insuperable. Escritor culto y atildado, elevó y ahondó el nivel espiritual de su época. Pero difícilmente se encontrará en esos días un peruano tan combatido por la imprenta como Pando. "La mala suerte que me hizo servir por muchos años en España (dijo él mismo en nota oficial a Bolívar de 3 de mayo de 1826) me ha acarreado la inevitable consecuencia de privarme del buen concepto de mis conciudadanos". Entre 1825 y 1827, la acusación común que se le hizo fue la de ser un agente de Fernando VII o de la Santa Alianza. El hecho de ser aristócrata y de haber estado ausente de la guerra de la emancipación, podía explicar, en parte, tanta invectiva; pero como Pando era elegante, culto, mundano y orgulloso, había no poca envidia en el odio que suscitó. El manifiesto que suscribió el 10 de mayo de 1826 fue escrito para contrarrestar la campaña tenaz emprendida contra él por quienes lo difamaban.
LOS COLABORADORES DE BOLÍVAR: UNANUE.
Otro de los bolivarianos prominentes fue el doctor Hipólito Unanue.
La sociedad colonial, no obstante su estructura jerárquica e injusta, permitió la posibilidad de que algunos hombres alcanzaran altas posiciones debido sólo a su trabajo o valer. Sacerdotes o legistas fueron los más que obtuvieron esa personal ascensión después de la época militar de la Conquista. Unanue representa una situación distinta. Es hijo legítimo de los finales del siglo XVIII caracterizados por el interés ante el mundo sensible y la actividad del hombre. La utilización de la observación, el experimento y él racionalismo deductivo. Encarna el sorprendente prestigio y la importancia de la Ciencia que, en su caso, se coloca por encima de los blasones heredados, de las posiciones burocráticas y aun de las dignidades eclesiásticas. El médico y preceptor arequipeño que llega rápidamente a las cimas de la vida social de Lima por medio de su relación con las poderosas familias de los Landaburu y los condes de Monteblanco es, al mismo tiempo, el sabio respetado y acatado por los virreyes desde Croix y Taboada y Lemus hasta O'Higgins y Abascal. Aunque algo tardíamente en este fenómeno se reproduce, en cierto modo, el auge de los "filósofos" en la Europa del despotismo ilustrado, el gusto por el saber que entonces se propala en las academias y en los periódicos y llega hasta los salones y se cuela en la recámara de gobernantes. Anuncia una era de respeto a la inteligencia que luego el predominio de las motivaciones económicas, la confusión política y, últimamente, el miedo a la revolución social, no han permitido desarrollar.
El bienestar y aun la fortuna los logra Unanue sin que ellos impliquen la especulación mercantil, la prebenda oficial o el peculado. Ejercita su actividad en un campo de pensamiento que puede ya desenvolverse al margen del Estado y de la Iglesia. Trabaja dentro de un radio de libertad para investigar, para expresarse y para actuar en la cátedra, el libro y el periódico. Pensamiento secularizado, aunque Unanue en lo
profundo de su intimidad espiritual y moral, continuara fiel a la recia fe de sus antepasados. Su secularismo, como el de la democracia norteamericana, coexiste con una conciencia religiosa y se sustenta en valores básicos que, dentro de sus diferentes niveles, no se excluyen. (En su artículo Mi Retiro afirma que en esas grandes convulsiones del globo en que me he considerado un átomo vagando en la inmensidad de la naturaleza, un fuerte sentimiento religioso me levantaba siempre hacia Dios; y experimentaba no sé que aliento de seguridad y de grandeza"). Los médicos peruanos tienen muchos motivos para enorgullecerse de quien ante la historia, ejerce su representación gremial. La medicina en Unanue no fue sólo tarea profesional sino, ante todo, actitud científica. A pesar de los errores y limitaciones de su obra, inevitables dentro de la época y el medio, simbolizó la tendencia a la observancia concreta, al estudio experimental, al conocimiento anatómico que abrió paso a las grandes transformaciones de esa disciplina en los siglos XIX y XX. El mismo definió su lucha contra "los charlatanes y empíricos que habían adquirido sus conocimientos por práctica grosera o que juzgaban explicar y ordenar por el hombre quimérico que se habían figurado en la mente". Unido indeleblemente a la cátedra de Anatomía desde, a la fundación del Anfiteatro Anatómico en 1782 y al establecimiento y organización del Colegio de San Fernando entre 1807 y 1811 hay una frase de su estudio sobre el clima de Lima que bien podría tomarse como lema para todos los tiempos: "La Medicina está fundada en la observación puntual de los hechos que enseñan mutuamente su conocimiento en los justos raciocinios con que se deducen las consecuencias y se ordenan en un cuerpo de doctrina". Pensamiento que coincide con otro estampado en la Advertencia a la 2a. edición de esa misma obra: "Mi principal cuidado ha sido estudiar en la naturaleza las cosas de que trato. Las he considerado en sí solas y después de conocidas han venido a exornarlas la memoria y la imaginación". Y al lado de esta profesión de fe, muy bella parece la pintura del arquetipo de médico que él encuentra en su maestro Gabriel Moreno: "Ora se considere como dogmático, ora como clínico ¡qué profundidad, madurez y extensión de conocimiento en los dictámenes! ¡qué tino y prudencia en el ejercicio práctico! Pero aun más ¡qué compasión, qué blandura, que interés a favor del afligido!".
Más allá el gabinete del consultorio, concibió a la medicina en sus proyecciones sociales y nacionales, vinculándola con el gravísimo problema de tener hombres sanos, libres de endemias y epidemias, hizo así de su profesión un símbolo que frente a la decadencia del Perú" (por obra de la ignorancia, de la superstición o de la crueldad) significara la "restauración del Perú" (por obra del saber, de la capacidad y de la eficacia); y afirmó que para el médico "la verdadera piedad, honor y gloria consisten en mirar por la salud del pueblo posponiendo a ella todas las inclinaciones y las utilidades propias". Antes de que llegara en 1806 la expedición organizada para difundir la vacuna, ya en 1802 la aplicó en Lima. Y en el Quadro sinóptico de las ciencias que se enseñarán en el Colegio de Medicina de San Fernando de Lima incluyó las Matemáticas, la Física, la Química, la Mineralogía, la Anatomía, la Zoonimia y, al mismo tiempo, la Psicología, y dentro de los estudios de Medicina Práctica, al lado de la Clínica, Operatoria, Obstetricia y Farmacéutica, dentro de la Topografía, la Medicina Peruana.
Sólo su labor de maestro ya le daría rango inmortal. "En 66 años de edad (escribió él mismo en 1821) he consagrado 45 a enseñar a la juventud, he promovido establecimientos para su educación". Imaginemos a Rodríguez de Mendoza con éxito social, producción netamente científica, vasta actividad periodística, inquietud universal y nacionalista, auge político bajo las más variadas circunstancias y por añadidura,