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Pedestrian Access and Circulation.

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Chapter 3.1 — Access and Circulation Sections:

3.1.3 Pedestrian Access and Circulation.

El texto del Apocalipsis indica que el libro fue dirigido "a las siete iglesias que están en Asia... a Éfeso, y a Esmirna, y a Pérgamo, y a Tiatira, y a Sardis, y a Filadelfia, y a

Laodicea" (1:4, 11). Esto nos da la clave para identificar a quienes recibieron el libro; pero no debemos suponer que el libro fuera restringido únicamente a estas iglesias. El uso del número "7", que es el símbolo de lo completo, indica que el Apocalipsis fue para todas las iglesias de Asia Menor. Conviene tener en cuenta que estas siete iglesias fueron escogidas porque eran las representantes de todas las que había en Asia Menor, y porque las condiciones que existían en aquellas siete también existían en las otras; además, las siete iglesias mencionadas tenían que servir como mensajeras para que también sus hermanas, las otras iglesias, conocieran el

Apocalipsis. Las siete ciudades mencionadas estaban en el gran camino circular que conservaba unida a la religión central del occidente, que era la más populosa y la más rica e influyente de la provincia. Dichas ciudades, que eran los mejores lugares de ese círculo, podían servir como centros de comunicación con siete distritos: Pérgamo, para el norte; Tiatira, para un distrito que estaba en el interior del territorio, hacia el oriente y el nordeste; Sardis, para el vasto valle del rio Hermus41b que estaba en la parte central; Filadelfia, para la Lydia superior; Laodicea, para el valle del río Licus41c Éfeso, para los valles bajos del río Meandro41d y para las costas; y Esmirna, para el norte de las costas jónicas. El Apocalipsis, establecido en aquellos siete

centros, podría hacerse llegar a todos los lugares circunvecinos, y de allí al resto de la provincia. El lugar ya descrito proporcionó facilidades para la circulación del Apocalipsis por todas las iglesias de la provincia y por las que estaban más lejos.

Así pues, hablando en lo general, el libro del Apocalipsis fue dirigido a los cristianos del Asia Menor: su mensaje fue primeramente para ellos. Sin embargo, su mensaje es universal: el mismo mensaje de victoria y triunfo es para caracterizar a todos los cristianos de todos los siglos hasta que "los reinos del mundo sean los reinos de nuestro Señor, y de su

Cristo" (11:15).

La condición en que estaban los primeros cristianos que recibieron el Apocalipsis era muy crítica. Durante varias décadas el Gobierno Romano no se había dado cuenta de que el cristianismo existía, pues se le había considerado como una parte de la religión judía, la cual estaba ya legalizada en Roma como religión. Cuando se supo que el cristianismo no era un remiendo de tela nueva en el paño viejo del judaísmo, los cristianos tuvieron dificultades con sus prójimos y con el gobierno. Hubo varias razones42 para que existiera un antagonismo directo contra los cristianos; en seguida presentamos algunas:

1. El cristianismo era considerado como una religión ilegal: religio illicita. El Gobierno Romano toleraba las religiones de las provincias conquistadas, y otorgaba a los pueblos conquistados el derecho de poner una imagen de su deidad en el "Salón de los Dioses" si así lo deseaban: esto se les permitía legalmente mientras no intentaran hacer prosélitos para sus respectivas religiones. Pero la religión cristiana no podía someterse a estas exigencias,

porque su verdadero propósito es hacer que otras personas se hagan cristianas aceptando a Cristo. Por esta razón el cristianismo fue declarado fuera de la ley. 2. El cristianismo aspiraba a la universalidad. Para los romanos lo principal era el Estado; para los cristianos lo principal era el extendimiento y el

establecimiento del reino de Dios en toda la tierra. Además, los cristianos no simpatizaban con la idea de que la religión debía ser sostenida únicamente mientras pudiera ser una ayuda para el Estado. Así pues, la actitud que asumieron los cristianos los convirtió en peligrosos rivales de los mejores intereses del Estado.

3. El cristianismo era una religión exclusiva; pues sus adherentes se negaban a participar espontáneamente de las costumbres y de la vida social de los paganos. Era necesario que se abstuvieran de relacionarse con el mundo pagano en esas costumbres porque los romanos las asociaban con prácticas idolátricas. Como los cristianos se negaban a concurrir a los templos de los ídolos y a tener ídolos en sus hogares, se pensaba que eran enemigos de los dioses. Así que todo lo malo que los romanos pensaban de los cristianos nunca era demasiado malo para que aquellos creyeran que estos lo practicaban.

4. Los cristianos fueron acusados de toda clase de perversidades. Se sabía que tenían servicios secretos en las noches, y se descubrió que eran muy cariñosos los unos con los otros. Entonces los romanos asociaron estos hechos y forjaron la conclusión de que todas esas reuniones se tenían en grandes proporciones para satisfacer los apetitos concupiscentes. Los romanos, al oír que los cristianos hablaban de "comer la carne y beber la sangre" (refiriéndose a la participación en la Cena del Señor), acusaron a éstos de canibalismo: les hacían el cargo de que bebían la sangre y comían los cuerpecitos de los niños que nacían como fruto de sus orgías. Por lo mismo, la mayor parte de las

persecuciones que los cristianos sufrían eran resultado de un mal entendimiento y del odio por parte del pueblo.

5. Los cristianos se negaban a ir a la guerra.43 Tertuliano presenta dos razones para esta negativa de los cristianos. Primera: una parte del juramento y de la iniciación de los soldados consistía en la adoración a los ídolos del Estado y en el uso de insignias idolátricas en sus uniformes. Segunda: Cristo había hecho que los cristianos dejaran de usar las espadas, y en cambio les había

proporcionado los medios para que resolvieran sus conflictos por

procedimientos pacíficos. Pero, cualquiera que haya sido la razón que hayan tenido los cristianos para negarse a ir a la guerra, el populacho los odiaba y los acusaba de traición.

6. Las personas que se hacían cristianas provenían principalmente de la gente pobre y desechada. Esto hizo que quienes se consideraban "respetables" despreciaran al cristianismo.

7. Los cristianos fueron participantes del desprecio que los romanos tenían para los judíos; y porque se negaban a contemporizar fueron considerados peores que estos.

8. Los cristianos eran despreciados como si fueran fanáticos alborotadores, porque eran muy entusiastas: con esto se irritaban los sentimientos de los filósofos pasivos de ese tiempo,

9. El cristianismo se ponía en conflicto con los intereses temporales de muchos romanos: sacerdotes, industriales, vendedores de animales para los sacrificios, etc.

10. Los cristianos se negaban a adorar al emperador. Si con gusto hubiesen adorado al emperador como la deidad principal del imperio, hubieran sido tolerados; pero no podían decir que el Kúrios César era superior al Kúrios Cristo. Por tanto, debían ser perseguidos y martirizados. Domiciano procuró aniquilar por completo y para siempre esa fe inquebrantable y, para él,

traicionera. Además, por causa de su actitud para con los dioses romanos, los cristianos eran culpados de todas las calamidades que devastaban el imperio: si no llovía, los cristianos eran acusados de haber ofendido a los dioses: Si el Tíber se desbordaba y producía inundaciones, los cristianos eran culpados; por todo eran culpados los cristianos: por los terremotos, por el hambre, por los fracasos militares, etc.

El veredicto del gobierno imperial fue condenatorio para todos aquellos cristianos sediciosos: tenían que ser destruidos para que se conservara la integridad y la permanencia del imperio. Esta política del gobierno, tendente a exterminar el cristianismo, en sí misma era una amenaza capaz de producir desesperación en los corazones de los desconcertados miembros de las iglesias; pero esto no era todo, pues mientras desde afuera amenazaba este peligro, en el interior acechaba otro monstruo feroz en forma de herejía perniciosa. La herejía del judaísmo se combinó con la del gnosticismo, lo que se expresó prácticamente en el antinomianismo, el cual produjo perplejidad, controversia y disensión para destruir el compañerismo y amenazó con destruir la permanencia del cristianismo. Debemos recordar esto para que tengamos la más profunda estimación y el más claro entendimiento del Apocalipsis. Cuando los cristianos estaban siendo asesinados, o sufriendo el destierro y el robo de todas sus propiedades porque se negaban a abandonar su religión, cuando todos los males estaban amenazando con dar un golpe de muerte a la iglesia: ¿había alguna esperanza en el futuro? El Apocalipsis es la respuesta de Dios a esta pregunta.

La relación que Juan tenía con estos cristianos era tal que lo capacitaba para ser el medio por el cual el Apocalipsis habría de ser entregado. Juan fue a Éfeso después de la destrucción de Jerusalén consumada el año 70 d. de J. C.; o quizás fue un poco antes: durante la rebelión de los judíos ocurrida entre los años 65-70 d. de J. C. Después, los siguientes veinticinco años estuvo dirigiendo a los cristianos que había en Asia Menor: allí conoció la condición en que estaban; es casi seguro que muchos de ellos habían participado de las gozosas experiencias que había habido y se convirtieron mediante el ministerio de Juan. Ahora estaban participando de las aflicciones y tribulaciones que en esos días azotaban a todos los cristianos. Juan permanecía en el exilio cuando recibió la visión y escribió el libro. Con ternura para las iglesias y ternura de corazón por la condición en que estaban, dirigía su escudriñadora mirada hacia ellas; y cuando el trascendente Cristo apareció para "revelarle" los eventos futuros, se ha de haber preguntado: ¿Cuál será el resultado de todo esto? ¿Fracasará el cristianismo? ¿Ha perdido Dios su poder? ¿Por qué no interviene Dios? "Cuando uno está en tal estado de ánimo es capaz de captar la nota de sollozante a la vez que de triunfante fe, que llena todo el libro." 44

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