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El problema del abuso emocional no es un problema que no tenga solución. Pero para poder solucionarlo hace falta tomar medidas, hacer algo al respecto, pasar a la acción. Como explicáramos anteriormente, en el ejemplo del dolor de muelas, si uno no toma una medida para solucionar o prevenir el dolor y detener la caries, éste no se solucionará por sí solo.

También debemos recordar que no hace falta ser un experto en psicología para poder solucionar ciertos problemas. Por supuesto que una buena terapia, ya sea individual, de grupo, de pareja o de familia, siempre ayudará más que tratar de solucionarlo por uno mismo. Pero aun cuando hacemos terapia, somos nosotros mismos –en última instancia- quienes tomamos la decisión de cambiar. Somos nosotros quienes modificamos nuestros patrones de conducta y decidimos detener el abuso o no permitirlo en el futuro. Somos nosotros quienes decidimos salir a buscar maneras de solucionarlo.

Además, existen diferentes tipos de terapia y diferentes terapeutas, de modo que si se elige hacer una terapia, es importante elegir bien el tipo de terapia y el terapeuta que le ayudará a resolver el problema. Una terapia deficiente o un terapeuta que no sea muy competente, desde el punto de vista profesional, pueden confundir más a la víctima de abuso emocional. Cuando los participantes de una relación abusiva son personas que no padecen un problema psicológico importante, y cuando el grado de abuso emocional es “leve”, es posible que si hablan y analizan juntos el problema, logren resolverlo.

No obstante, hay que tener en cuenta lo siguiente: al ser parte del problema, es un poco más difícil verlo desde afuera. Hay muchos aspectos emocionales en juego. La víctima del abuso (o también, el abusador) quizás no deseen continuar con este tipo de maltrato no saludable, pero a lo mejor, no saben cómo detenerlo.

Todos tenemos diferentes experiencias de vida. Tenemos diferentes puntos de vista -no sólo acerca de las relaciones interpersonales- sino acerca de los demás y de uno mismo. Hay personas que sienten que no son “capaces”, cuando en realidad esto no es verdad. A veces, sólo se trata de “mandatos o creencias” que hemos incorporado desde la niñez y por eso creemos que no somos capaces de lograr algo.

Si de niño nos decían que éramos tontos o inútiles, es posible que crezcamos creyéndolo y busquemos relacionarnos con personas que refuercen esa creencia. Pero esto no quiere decir que realmente seamos tontos o inútiles.

Para poder prevenir o solucionar el problema del abuso es vital tomar conciencia de que todos tenemos derecho a ser respetados, valorados y aceptados como somos.

(Cabe destacar que siempre estamos hablando de situaciones y personas comunes. No es

el caso, por ejemplo, de un asesino o un violador que está en la cárcel. Si bien sus derechos humanos deben ser respetados, este tipo de personas necesita estar recluida para proteger la seguridad de las demás personas, y en lo posible debería recibir una terapia o un tratamiento de rehabilitación social, que le permita solucionar sus problemas de un modo que no cause más daño a los demás.)

Recuerde: Usted tiene valor como persona. Tiene derecho a ser respetado y aceptado como es.

La confrontación

Cuando somos víctimas de abuso emocional solemos tomar el abuso como un problema propio, en lugar de obligar al abusador a asumir su responsabilidad personal por lo que hace. Los abusadores suelen recurrir a técnicas como la tergiversación de los hechos, la confusión y la distracción, etc., con el fin de evadir su propia responsabilidad. Usan la justificación (“tú me obligaste a hacerlo”), la proyección de sus propios sentimientos y necesidades hacia los demás, y diversos mecanismos de defensa, que van desde la negación hasta la inversión de los roles, dónde la víctima termina apareciendo como el abusador y el abusador como víctima.

Confrontar a un abusador con el abuso que está cometiendo y/o con la técnica que está empleando no es tarea fácil. Pero a medida que adquirimos más información sobre la manera de actuar de los abusadores, vamos contando con mejores herramientas para confrontar al abusador. En muchos casos, la confrontación suele detener el abuso o invalidarlo. No obstante, no se puede confrontar abiertamente a todos los abusadores.

Si tenemos una persona que es verbalmente agresiva y controladora, y tememos que pudiera pasar a la agresión física, la confrontación no sería lo más recomendable.

En ese tipo de casos, lo mejor es simular que nada ha cambiado, y preparar lo que se conoce como un “plan de escape" o un “plan de salida” (huida).

Si estamos en una relación abusiva (en cualquier ámbito de nuestra vida) y tememos que al confrontar al abusador, éste nos ataque físicamente, entonces lo que conviene es preparar una vía de escape para salir de esa relación y poner una distancia física prudente con el abusador.

Ser asertivo no es ser agresivo o irrespetuoso

En otras ocasiones, hablar con el abusador puede ser posible. Confrontarlo puede ser posible y además puede ser saludable. Si se trata de un abusador que no se ha dado cuenta de lo que hizo, confrontarlo con la realidad y obligarlo a asumir su propia responsabilidad, es una manera de ayudarle a comprender el abuso que ha cometido y, posiblemente, también le ayude a corregir su manera de actuar y de tratar a los demás. Recuerde, algunas personas abusan de otras sin saber que están cometiendo un abuso. Y el que no sabe es como el que no ve. De modo, que es posible que al confrontar al abusador con sus acciones, le esté haciendo un favor.

Ser “asertivo” significa tener determinación, significa ser firme, hablar con convicción, decir algo (por ejemplo, decir “No”) de una manera firme, clara y decidida. Pero esto no significa ser agresivo ni ser maleducado. Ser asertivo significa explicar algo claramente, sin dejar lugar a dudas, y poner límites bien definidos. A veces, tanto víctimas como abusadores, ven esto como un signo de agresión o de falta de respeto. Las víctimas pueden juzgarlo como una falta de consideración hacia la otra persona, pero no es así. Ser asertivo significa hablar teniendo confianza en uno mismo y llamando a las cosas por su nombre.

Cuando somos asertivos, expresamos lo que queremos decir y lo que pensamos, de una manera clara, que no deja lugar a dudas, que no ofende a los demás. Cuando una víctima es asertiva, el abusador se asusta. Los abusadores son maestros en el arte de la tergiversación, y por consiguiente, no les agradan las cosas claras.

Capacidades intelectuales

Son muchos los factores a tener en cuenta cuando se trata de solucionar un problema de abuso. Entre ellos podemos encontrar el grado de

capacidad intelectual de una persona, es decir, si esa persona puede

racionalmente comprender o no lo que hace (ya se trate de la víctima o del abusador).

A veces, cuando una persona no logra ver o comprender, o elige (por alguna razón) no ver o no comprender una relación abusiva o un incidente de abuso particular, uno siente que es como si "hablara con las

paredes". En estos casos, las probabilidades de hallar una solución de

mutuo consenso son menores. Por eso, es importante reflexionar sobre la posibilidad de "correrse del lugar”. Esto quiere decir, intentar ver el problema desde el punto de vista de la otra persona. Otras veces, es importante saber cuándo desvincularse a tiempo de una relación, ya sea de pareja, laboral o de cualquier otro tipo, antes de pasar toda una eternidad intentando explicar una situación que no funciona.

Con frecuencia las víctimas de abuso preguntan ¿cómo hago para dejar de participar en una relación abusiva? La respuesta que reciben suele ser “No haciéndolo más”… por lo que la víctima vuelve a preguntar… “¿Y cómo hago para no hacerlo más (dejar de participar)? … la respuesta que reciben entonces es la siguiente: “Bien, para que comprenda mejor, por favor, párese y comience a correr en círculos por esta sala”, la víctima se para y comienza a correr en círculos hasta que se cansa y se detiene. Entonces, el consejero le dice: “¿Por qué dejó de correr? Yo no le dije que dejara de hacerlo. ¿Comprende ahora la diferencia entre continuar haciendo algo y dejar de hacer algo?”

La participación

Dejar de participar en una relación abusiva significa exactamente eso: “No

participar más”. A veces, esto implica separarse físicamente de una persona,

a veces sólo significa dejar de jugar los juegos psicológicos del abusador, a veces significa cambiar de empleo, irse de la casa de los padres (siempre que ya haya cumplido la mayoría de edad, o en casos más graves, recurriendo a un tribunal de menores), o puede significar también terminar una relación de amistad o dejar de pertenecer a un grupo o a una organización. Otras veces, puede significar, simplemente, poner límites y hacerse respetar.

La idea central es ponerle un fin a esa relación abusiva. Detener el abuso, detener al abusador, impedir que se sigan cometiendo abusos, respetarse a uno mismo.

Esto se logra cuando dejamos de aceptar las excusas del abusador. También se logra cuando comenzamos a descartar las expectativas

poco realistas y las reemplazamos por expectativas realistas. Además, es

importante mantener la atención centrada en la conducta abusiva y evitar las maniobras de distracción del abusador.

Si continuamos aceptando las excusas de un abusador y continuamos teniendo expectativas no realistas, entonces continuaremos participando en una relación abusiva o en un juego psicológico, cuya única finalidad es maltratar psicológicamente a la víctima del abuso emocional. No estaremos terminando con ese tipo de abuso. Muchas veces, las víctimas continúan en una relación abusiva esperando que el abusador cambie. Esto es un error.

Recuerde: Las personas sólo cambian, si así lo deciden (y si tienen la capacidad de cambiar).

Tomar conciencia

Sólo cuando tomamos conciencia de que no tenemos por qué soportar el abuso emocional, y que realmente podemos optar por formas de relacionarnos con los demás de un modo más saludable, es que podemos empezar a ver el problema desde afuera y podemos detenerlo o evitarlo en el futuro, y/o solucionarlo.

Hacer es hacer, soñar es soñar. Está bien tener sueños y ser un soñador, pero es importante aprender a pasar de los sueños a la realidad y comenzar a hacer de nuestras vidas una vida mejor.

Algo que nunca debemos olvidar es que nadie puede decidir por nosotros ni nosotros podemos tomar decisiones por los demás. No podemos culpar a los demás por no entender nuestra perspectiva o nuestro punto de vista personal. Más bien, debemos preguntarnos si estamos enviando un mensaje claro o si estamos tratando de establecer un diálogo con una persona que, quizás, no tenga la madurez emocional o la capacidad intelectual necesarias para comprender realmente lo que tratamos de explicarle. Es importante aprender a observar más.

Como explicamos en otros capítulos, cada persona es única y ha tenido vivencias o experiencias propias que pueden ser similares a las de otras personas o no, pero en última instancia, conforman las bases de nuestras propias opiniones y de nuestra manera particular de ver las cosas. Cada uno tiene una perspectiva propia, un punto de vista personal. Pero, esto no quiere decir que una opinión o un punto de vista particular sea bueno o malo, o mejor o peor que el de otra persona. A veces, sólo son diferentes puntos de vista, diferentes maneras de pensar, diferentes opiniones, diferentes criterios o diferentes valores personales.

Cada persona tiene el derecho y la libertad de elegir aquellas opciones que considera que son las más adecuadas. No podemos obligar a una persona a aceptar nuestra propuesta para solucionar un problema, ni podemos imponerle nuestra manera de pensar (sólo porque consideramos que es la correcta o que tenemos razón, incluso si así fuera).

Como vimos anteriormente, la buena noticia es que como todo problema, o toda “enfermedad”, el abuso emocional se puede solucionar, o “curar”, se puede prevenir o evitar, y/o se puede detener.

Lo más importante que hay que tener en cuenta, como ya dijimos, es que el abusador y la víctima sólo dejarán de jugar su rol de abusador y víctima, si comprenden que ese tipo de relación no es saludable y si deciden que no quieren ocupar más ese rol. No obstante, como explicamos anteriormente, es posible que existan problemas psicológicos importantes que le impidan a una víctima o a un abusador cambiar. Por eso, es fundamental tener esto en cuenta a fin de buscar ayuda profesional, si el caso lo requiriera.

Zapatero a tu zapato

Una persona no debe decidir en lugar de otra. Esto no es sano. Tanto el abusador como la víctima tienen la opción de elegir si desean seguir adelante con esta manera de relacionarse o buscar maneras alternativas y adecuadas para mantener su relación. Cada persona necesita asumir su propia responsabilidad y tomar sus propias decisiones.

A veces, ambas partes llegan a comprender cómo funciona el abuso emocional y aceptan, por convicción propia, dejar de relacionarse de una manera no saludable. Otras veces, una de las partes comprende esto y la otra no. Quizás porque no desea “ver” o comprender o aceptar la información clave acerca del abuso, o quizás porque realmente no puede o

no alcanza a comprenderla del todo. O simplemente, porque no comparte la misma opinión acerca de lo que constituye el abuso emocional.

Las decisiones son personales. Normalmente, la víctima trata de hacerle comprender al abusador su punto de vista y piensa que la raíz del problema es que el abusador no comprende o no acepta lo que se le intenta explicar. La víctima de abuso necesita ser consciente de que no se "puede convencer a las piedras" acerca de una idea o punto de vista. Si uno trata, una y otra vez, de forzar a otra persona a aceptar nuestro punto de vista, está tomando una actitud equivocada.

A veces, las víctimas de abuso no desean perder al abusador. Quieren que éste “cambie” y siga formando parte de sus vidas. La víctima necesita comprender que el abusador sólo “cambiará" si él así lo decide y no porque la víctima necesite que él modifique su actitud.

En la mayoría de los países, las personas son libres de elegir lo que desean hacer con su vida. Podemos elegir hacer valer nuestros derechos y ser tratados como merecemos o podemos elegir conformarnos con una relación que no es saludable y aceptar pagar el precio del maltrato, con tal de no perder al abusador.

Como explicamos antes, cuando se es parte del problema, es difícil tener la suficiente objetividad como para hallar una solución. Por eso, las terapias suelen ayudar mucho a aclarar las ideas y encontrar las soluciones. Y, si bien lo ideal sería hallar las soluciones en conjunto, buscar una solución a un problema que involucra a dos personas por igual, no implica que sólo una de ellas sea la única responsable de encontrar dicha solución. Se trata de una responsabilidad compartida.

¿Responsabilidad compartida?

Normalmente, en el abuso emocional, hay dos o más participantes que son responsables de que el abuso ocurra. Por eso decimos que la responsabilidad es compartida, pero también lo es la “obligación” de buscar una solución.

Así, como citamos anteriormente, es incorrecto pensar que podemos cambiar a la otra persona. No es nuestra tarea cambiar a nadie. Nuestra tarea es cambiar nosotros. Cada persona tiene la responsabilidad de cambiar sus propias conductas. Cada persona tiene la responsabilidad de cambiar sus conductas inadecuadas.

Algunas veces, no es posible hallar una solución y entonces es importante “dejar de participar totalmente” en las situaciones de abuso emocional. Esto implica abandonar el rol de víctima o el de abusador y trabajar con ayuda profesional sobre sus problemas personales. El propósito es el de hallar mejores maneras de relacionarse con los demás para no repetir, en el futuro, otras situaciones de abuso emocional. También puede implicar tomar la decisión de romper con una relación o distanciarse de una persona, definitivamente.

El abuso también puede evitarse o prevenirse empleando las “tres preguntas

esenciales” ya citadas anteriormente, que nos permitirán aprender a “leer entre líneas" y detectar, con antelación, si nos encontramos ante un futuro

abusador.

Hay víctimas de abuso que se sienten incapaces de ponerle fin a una relación abusiva. No se asuste, esto es bastante normal, y se debe - principalmente- al hecho de que la autoestima de la víctima está muy deteriorada. En estos casos, busque ayuda profesional, o de un amigo o familiar, o de un grupo de apoyo en su comunidad, etc.

Cuando la autoestima y la auto confianza están debilitadas, terminar con una relación abusiva puede parecer una tarea titánica. Además, la mayoría de las víctimas intentan darle una oportunidad más al abusador porque hacer esto es más sencillo, menos doloroso y requiere menos esfuerzo que tomar distancia o librarse de un abusador. Esto también es normal. A las víctimas les cuesta creer que otras personas abusen de ellas. Además, la víctima puede sentir que es una “mala persona” si pone un límite saludable. Hay abusadores que hacen sentir a las víctimas como personas “injustas” cuando éstas intentan preservar su salud emocional.

Por esta razón, algunas víctimas prefieren sufrir ellas antes que creer que les han causado un daño emocional a otras personas.

Recuerde: Amarse a sí mismo no es un pecado ni una injusticia, es un derecho que usted tiene. Y si usted no respeta sus propios derechos, el abusador tampoco los respetará.

Todos podemos, en cualquier momento, darle la espalda al abuso emocional. Podemos detenerlo estableciendo límites y haciendo valer nuestros derechos de ser respetados como personas. No obstante, debemos recordar que “nuestros derechos terminan allí dónde comienzan los de los

En resumen, para prevenir y/o solucionar el abuso emocional cabe destacar lo siguiente:

Hay que darse cuenta, tomar conciencia de la realidad.

Uno debe evitar engañarse a sí mismo y ser realista.

Es importante informarse adecuadamente.

A veces, puede confrontar al abusador respecto de su conducta abusiva. (Cuando esto es aconsejable y factible)

Se deben tomar medidas (actuar)

No se debe participar del abuso

No se deben aceptar excusas

Usted no tiene obligación de contestar las preguntas del abusador ni de hacer todo lo que él le pida, creer lo que le diga, etc.

Se pueden utilizar los distintos recursos de la comunidad (asistencia social, servicios de protección familiar, Departamento de Recursos Humanos de una empresa, servicios de defensoría al consumidor de una sociedad, etc.)

Se debe buscar ayuda, compartir la situación con otras personas que puedan aportar soluciones o puntos de vista diferentes al de la víctima del abuso, o buscar ayuda profesional. (Amigos, familiares, terapeutas, consejeros).

Comprender que cuando cambiamos nuestra actitud y dejamos de jugar nuestro rol de víctima o de abusador, la situación y las relaciones también cambian. Pero, tenga en cuenta que, a veces, los resultados pueden no ser los resultados esperados.

Además, a fin de no abusar (nosotros) de otras personas, es importante desarrollar una percepción y una comprensión saludables acerca de los sentimientos y las emociones de otras personas. Practicar la empatía con la mayor frecuencia posible es esencial. Y también es importante mantener una mente abierta, especialmente acerca de las diferencias culturales e intelectuales que existen entre las personas. A veces, podemos insultar, ofender o humillar a otra persona sin darnos cuenta. Debemos aprender a tomar conciencia de esto y pedir disculpas de inmediato y aclarar cualquier malentendido.

Cabe recordar, una vez más, que el abuso se puede prevenir, evitar, solucionar o detener y que también podemos ayudar a algunos abusadores y algunas víctimas a encontrar otras maneras más saludables de relacionarse entre sí. En casos extremos, tenemos que ser conscientes que