Fotografía 1. Ajedrez sobre cuadrícula del dios azteca Tonatiuh
Producción personal
Ferdinand de Saussure ha comparado el uso de la lengua con el juego de ajedrez; ambos son sistemas compuestos de piezas din{micas: “Si reemplazo unas piezas de madera por otras de marfil, el cambio es indiferente para el sistema; pero si disminuyo o aumento el número de las piezas tal cambio afecta profundamente la <<gramática>> del juego *<+ es interno *un cambio+ todo cuanto hace variar el sistema en un grado cualquiera” (De Saussure, 1945, p.70). Por ejemplo, no es lo mismo trabajar en Matemáticas con una ecuación de grado uno (ecuación lineal) que hacerlo con una de grado dos (cuadrática): el comportamiento del grafo que se trace a partir de sus variables, orientará la línea de forma recta o curva.
Un referente primordial del juego es el valor de una pieza. En una partida de ajedrez, perder una pieza (un peón, por ejemplo) podría tener un valor pragmático muy alto para efectos de triunfar en el sistema de juego que ha definido la misma partida. En la fotografía 1 se ha resaltado en color las siguientes piezas:
Caballo: naranja Reinas: amarillo Rey: rojo
El rey verde está en jaque. En una situación hipotética, el jugador de las piezas verdes debe mover, pero sabe que si mata el caballo (que tiene en jaque al rey), en el siguiente movimiento la torre blanca matará a la reina. El movimiento verde debe ser astuto, pues la reina blanca est{ cerca de poner en jaque al rey verde<
El valor respectivo de las piezas depende de su posición en el tablero, del mismo modo que en la lengua cada término tiene un valor por su oposición con todos los otros términos *<+ el sistema nunca es más que momentáneo: varía de posición a posición. Verdad que los valores dependen también, y sobre todo, de una convención inmutable, la regla del juego, que existe antes de iniciarse la partida y persiste tras cada jugada.
De Saussure, 1945, p.158
Así, la posición que ocupan las piezas dentro del sistema más el valor de cada una de ellas son los dos grandes marcadores del devenir del sistema. No importa que se juegue con las piezas tradicionales de ajedrez o bien, con adaptaciones como en el caso del ajedrez sobre cuadrícula del dios azteca Tonatiuh; lo relevante en esto es el valor que se asigna a cada pieza: “cualquier figura sin semejanza alguna con él *caballo+ ser{
declarada idéntica, con tal de que se le atribuya el mismo valor *<+ la noción de identidad se confunde con la de valor” (De Saussure, 1945, p.189).
Este orden de cosas converge con las posturas desarrolladas por la teoría de las catástrofes (René Thom, como creador). Se podría comparar el movimiento de las piezas de ajedrez con el recorrido de hojas en el aire (hojas con distintas formas): “¿Y el recorrido de una hoja al caer? Depende en cada detalle de la silueta y curvatura de la hoja, porque ellas determinan la resistencia del aire que encuentra la hoja. Puede ser alterado por la m{s ligera brisa<” (Woodcook y Davis, 1989, p. 22). En términos lingüísticos, esta teoría se expresa del siguiente modo: “la jugada tiene repercusión en todo el sistema: es imposible al jugador prever exactamente los límites de ese efecto. Los cambios de valores que resulten serán, según la coyuntura, o nulos o muy graves o de importancia media” (De Saussure, 1945, p.159).
Las puntadas de significación se entienden a partir de la definición contextual; el continuo cambio es metáfora de la crisis de referencialidad, pero esta precisamente es la que hace posible la existencia de otros mundos, con sus propias reglas de constitución:
<la manera de entender el significado de una palabra es estudiarlo en el juego de lenguaje al que la palabra pertenece, ver cómo la palabra contribuye a la actividad comunal de un grupo de usuarios del lenguaje. En general, el significado de una palabra no es el objeto al que ella representa, sino m{s bien su uso en un lenguaje *<+ preguntar y dar nombres es algo que solo se puede hacer en el contexto de un juego de lenguaje.
A pesar de la complejidad de ciertas organizaciones de sistemas y sus movimientos periódicos, para el ser humano se ha convertido en una necesidad razonar los acontecimientos de sucesos en su entorno, pues le permite así contar con predicciones que podrían evitar alguna catástrofe, o bien, obtener los mayores beneficios de cierto sistema de cosas.
En este punto ya se ha demostrado que las palabras ocupan un valor según la posición y se leen desde un enmarcado de relaciones; además, la semántica de las palabras depende del corte final de la oración; por ejemplo, no es la misma significación de “hombre” en cada una de las siguientes frases u oraciones, en tanto, el sentido depende de la ubicación que tenga en la estructura sintáctica:
Un hombre Un hombre bien
Un hombre bien parecido
Un hombre bien parecido al mono
Carvajal, D´Angelo, Marchilli, 2000, p.35
Entonces, leer las palabras implica situarlas dentro de un juego pragmático, y el trabajo del lector está en reconocer las reglas de organización.
Las palabras –insiste Wittgenstein– no se pueden entender fuera del contexto de las actividades humanas no lingüísticas con las que el uso del lenguaje está entretejido: las palabras junto con las conductas que las rodean, constituyen el juego del lenguaje.
No es por medio de una definición hecha en soledad como “dolor” llega a ser el nombre de una sensación: es más bien por el hecho de formar parte de un juego de lenguaje comunal. Por ejemplo, el grito de un niño es una expresión espontánea, prelingüística, de dolor; gradualmente, los padres adiestran al niño para que lo reemplace por la expresión convencional<
Kenny, 1974, pp.25/27
Los hablantes recurren a intersecciones pragmáticas para establecer una mediación con el entorno. Janik y Toulmin (1998), a partir de ideas de Mauthner, distinguen que el lenguaje puede ser tanto puente como barrera: “Así como el lenguaje es el mediador entre los hombres cuando éstos actúan, puede análogamente convertirse en una barrera cuando desean conocer” (p.160). Y esta actuación se analiza desde la particularidad de su acto: “La consideración pragm{tica del lenguaje huye de las generalidades para recrearse en las diferencias” (Camps, 1976, p.29).
Así, al considerar el objeto de la pragmática como un modo de actuar, se puede establecer una clasificación de actos, pero en esto: “no basta tener en cuenta lo que se dice, sino la totalidad de circunstancias que concurren en la relación hablante-oyente: el cómo, el dónde, el por qué, el quién y para quién se dice algo” (Camps, 1976, p.31).
El orden de la diferencia remite a la identidad. Antoine Compagnon, en su Le démon de
la théorie, distingue los pasajes paralelos como un método, y este, según lo previamente
<tend | préférer, pour éclairer un passage obscure d´un texte, un autre passage du même auteur à un passage d´un autre auteur, témoigne, chez le plus sceptiques, de la persistance d´un certaine foi en l´intention d´auteur *<+ Comprendre, interpréter un texte, c´est toujours, inévitablement, avec de l´identité, produire de la différance, avec du même, de l´autre: nous dégageons des différences sur fond de répétitions. C´est pourquoi la méthode des passages parallèles se trouve au fondement de notre discipline: elle en est même la technique de base.11
Compagnon, 1998, p.77
Otro orden de paralelismo sería en la interpretación textual, que se da mediante enlaces de sentido entre una conjetura, en un punto, con su resolución en otro punto dentro del texto mismo:
En el De Doctrina Christiana decía Agustín que si una interpretación parece plausible en un determinado punto de un texto, sólo puede ser aceptada si es confirmada –o al menos, si no es puesta en tela de juicio– por otro punto del texto. Esto es lo que entiendo por intentio operis.
<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<<.. La iniciativa del lector consiste en formular una conjetura sobre la intentio operis. Esta conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo org{nico *<+ se pueden formular infinitas *<+ desaprobar algunas conjeturas aventuradas *<+ el texto es un objeto que la interpretación construye en el intento circular de convalidarse a través
11 “<tiende a preferir, para aclarar un pasaje oscuro de un texto, otro pasaje del mismo autor a un pasaje de otro autor, testifica, entre los más escépticos, acerca de la persistencia de una cierta fe en la intención del autor *<+ Comprender, interpretar un texto, es siempre, inevitablemente, con la identidad, producir la diferencia, con lo mismo, del autor: despejamos las diferencias sobre el fondo de las repeticiones. Este es el porqué, el método de pasajes paralelos se halla en el fondo de nuestra disciplina: es la misma técnica de base” T.L.
de lo que la constituye *<+ Su código secreto está en esa voluntad oculta suya –evidente cuando se la traduce en términos de estrategias textuales– de producir ese lector, libre de aventurar todas las interpretaciones que quiera, pero obligado a rendirse cuando el texto no aprueba sus atrevimientos más libidinosos.
Eco, 1998b, p.40
La referencia anterior permite pensar en las abducciones que se realizan constantemente a los textos de Borges, pero entonces, precisamente habrá algunos ejercicios de sentido que serán válidos, mientras que otros no.
El lenguaje, en su carácter performativo, pretende operar por múltiples sentidos, y para ello, sus lectores han de asumir parte del pacto establecido entre narrador-lector, donde el primero presenta un mundo de ficciones al segundo para que este asuma una postura activa en la resolución de incógnitas literarias, pues ante todo, un lector emprende el estudio de un texto literario, porque hay algo que desea conocer, y el hecho de que escoja cierto texto literario en lugar de otro, remite a un enmarcado
fantasmático: “El lenguaje no es propiedad del individuo solitario, ya que sólo existe
entre hombres. El lenguaje no es empero común a dos hombres, ya que es claro que dos hombres nunca conciben la misma cosa con las palabras” (Janik y Toulmin, 1998, pp.160-161).
De este modo, siempre que el lenguaje se pone en juego, existe la posibilidad de extraviarse en el trabajo interpretativo: “<el lenguaje es esencialmente metafórico. En cuanto tal, es ambiguo por su misma naturaleza” (Janik y Toulmin, 1998, p.161). De ahí
que surjan tantas posibilidades del malentendido en el orden del lenguaje, y por esta razón es prioritario leer el juego de lenguaje según sus reglas de organización y el contexto donde se establecen, pues en el mundo abierto hay diversos sentidos que se limitan por el significado; como ejemplo de diferencias de significado de una misma palabra, puede referirse el caso de “corazón”, que por un lado puede tener el sentido convencional como órgano de naturaleza muscular que impulsa la sangre, pero también se puede emplear para referirse a una persona muy noble y dulce: “¡Sos un corazón de melón!”, que permite incluso crear canciones (Corazón de melón, Hermanas Benítez, quinteto cubano, 1958), y finalmente los hablantes asumen la expresión como herencia cultural, distinta a la noción médica, o incluso a otra expresión metafórica: “¡No tienes corazón!”, y esta negación es parte del juego pragmático, así como otras que a continuación se tratan: “¿Qué significan las palabras de por sí, abstraídas de su capacidad instrumental? Nada, porque no se podrían manejar si no supiéramos en qué contextos, en qué situaciones, un nombre, una negación, una prohibición, una broma, son significativos” (Camps, 1976, p.35).
El escoger un texto, el ser escogido por un texto, son actos plenos de sentido, de circunstancias de las que no se tendrá, en muchos casos, la certeza de responder al cómo, el dónde, el por qué, etc. En el siglo XVIII, el padre Feijoo manifestaba, con respecto a la visita de un grupo a cierto admirable edificio: “Si les preguntan ¿qué hallan de exquisito o primoroso en éste? Responden, que tiene un no sé qué, que embelesa” (Feijoo, 1993, p.225).
La tragedia griega enseña espléndidamente acerca de estos lugares del no saber, pero
Tiene el brillo de su belleza, terrible y tr{gica”. Es un brillo que seduce, inefable, es una mirada que pesa a deseo. Lacan también acusa a Antígona de extraer el brillo de la belleza, y ante todo, lo bello produce un efecto sobre el deseo, es agalma.
άγαλμα= honor, ofrenda, estatua, imagen (pictórica o literaria)
La pragm{tica precisamente da muestras de que el acto de palabra varía según “el estatuto de honor” que tenga una persona ante cierta circunstancia comunicativa, por ejemplo: un sujeto no procede igual si es bombero o trabajador de una fábrica cuando escucha la frase “¡Fuego!”. Hay que ver también el efecto que causan las estrellas de cine o cantantes en sus fanáticos cuando se presentan en un espectáculo masivo; difícilmente esto ocurre cuando algún académico se presenta en un simposio, por poner un caso.
Todo lo tratado previamente, sin aspirar a constituirse en un exhaustivo compendio de las distintas implicaciones teórico-prácticas de la pragmática, permite establecer puntos referenciales para posteriormente leer los textos de J. L. Borges desde su contextualización ficticia, y no una lectura de términos fuera de ese constructo especular.
El lenguaje demanda de parte del operador, un continuo replanteo de los elementos con los que articula el discurso para conocer cierto inaccesible del que se quiere dar cuenta mediante la palabra, aunque también vale referir que es constitucional a lo asimilado: la imposibilidad de asimilar toda su información; pero al menos esta se puede bordear con los recursos de lectura que se tengan a disposición.