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3.5: Performance Appraisal Process and Methods

1. Performance Appraisal Process

Otro de los aspectos que recoge la crítica del Diálogo de la Lengua, es la oposición entre arte y uso presente en el pequeño tratado. Dicha oposición explicaría la diatriba que Juan de Valdés mantiene contra Antonio de Nebrija y su Gramática. No se trata, como en muchos casos han querido ver los estudios, de un reproche hacia su andalucismo, sino que, como bien indica Alcalá (1997, p. 40) existe en los dos autores una concepción diferente de la lengua y de su aprendizaje. Aunque ambos son reconocidos como autores del humanismo

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A este respecto le pregunta Torres: “No os queremos meter en ese labirinto; solamente, como hombre criado en el reino de Toledo y en la corte de Spaña, os preguntaremos de la lengua que se usa en la corte y, si alguna vez tocaremos algo dessotras provincias, recibiréislo en paciencia”. Y Valdés (1995, p. 142) responde: “Mientras me mandárades acortar la materia y no alargarla, de buena voluntad os obedeceré”.

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Juan Antonio Frago Gracia (2002, p.89-109) compara el corpus del Diálogo de la Lengua del autor conquense con el Veter Pater Pauperum, El culto de San Julián en Cuenca, guardado en un manuscrito de 1518, en el que se recogen testimonios sobre los milagros de San Julián procedentes de gentes de toda Castilla la Nueva. Frago Gracia apunta las coincidencias en los usos dialectales del Diálogo y del Veter Pater, lo que confirma la adhesión de Valdés a su variante regional de uso cuando tiene que optar y describir las tendencias existentes, por ejemplo, la preferencia de “trujo” frente a “trajo”, uso del pronombre átono “os” frente a las formas de sujeto, alternancia de las formas gráficas x-j e indistinción de z y c o el uso de b en ciertos vocablos como “cibdad”, que aunque no es innovador se corresponde con la pronunciación y la escritura de su región. Es importante también lo que indica Frago Gracia (1999, p, 613) en cuanto al uso establecido y el sentido de la innovación en los autores modernos como Valdés: “De lo últimamente dicho y de las continuas llamadas a la naturalidad y llaneza del lenguaje se desprende que en el siglo XVI no sólo actuaron normativamente los modelos literarios, sino también la aceptación del uso lingüístico oral, cuando era mayoritario y no connotado de vulgarismo; pero más aún si estaba acendrado por la tradición”.

español, demuestran tener posiciones divergentes hacia la cuestión de la lengua, que se explican por su distinto perfil sociológico y su distinta postura ante la tradición.

A diferencia del autor conquense, Antonio de Nebrija poseía una completa formación universitaria, de corte humanista, cuyo principal fundamento eran los estudios de la gramática y del latín. Había pasado, además, varios años en Bolonia, donde había completado su formación humanística, absorbiendo las enseñanzas filológicas de Lorenzo Valla, el padre del humanismo italiano. Valla era el autor del tratado De Elegantia Linguae Latinae, que tuvo una importante repercusión en la cultura del Renacimiento. En este tratado, Lorenzo Valla realizaba una exposición de la gramática latina con base en los mejores autores clásicos, que, según el humanista italiano, tenían que constituir el modelo para el buen uso del latín y para el estudio filológico. A su regreso de Italia, Antonio de Nebrija se decide a restablecer la latinidad en suelo peninsular y a ello le dedicará su proyecto intelectual en las universidades en las que actuará. Será su principal acometido, el mismo que el de Valla, derrocar “la barbarie” y restaurar “la civilización” (Rico, 1978), un propósito que influirá a la lengua vernácula, que también tendrá que pasar al orden metódico de la gramática.

La Gramática de la Lengua Castellana fue el primer intento de fijación y codificación del castellano, pero no tuvo más ediciones que la de 1492. Habría que esperar al siglo XVIII para encontrar la segunda, de la mano del Conde de Saceda, lo que ya sería algo bastante sintomático de la recepción del libro y del reconocimiento de Nebrija en su tiempo. Si bien la Gramática sirvió de modelo a otros gramáticos posteriores, como Villalón o Jiménez Patón, en verdad, no se puede hablar de una inserción en la enseñanza, ya que aún no existía una escolarización plena referida al vernáculo donde pudiese aplicarse el método, ni tampoco sería decisiva en la conformación normativa, puesto que los autores del Siglo de Oro no basaron el buen uso de la lengua en el estudio gramatical, sino en el “buen gusto” de los escritores, que se puede entender como la suma de su sentido pragmático y estético que éstos poseían como usuarios particulares dentro del ámbito comunitario54. No se puede hablar, por lo tanto, en este período del español, de una uniformización normativa del castellano (inclusive, ya recientes estudios refutan el tan manido tópico de una “norma toledana” que, supuestamente, habría servido de modelo en la uniformización del español) y menos aún a partir de esas

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Según Gröver (apud. QUILIS, 1984, p. 85): “En la formación de la lengua literaria de España, tal y como la vemos manejada en las obras de Hernando de Herrera, Jorge de Montemayor, Cervantes, Lope de Vega y Calderón, entre otros, sólo ha tenido parte el saber y buen gusto del escritor y no, como en Italia y en Francia, la gramática”.

primeras tentativas de codificación gramatical de la lengua55. En realidad, Nebrija fue mucho más reconocido por su infatigable defensa del latín, que por las incursiones en la lengua vernácula, prueba de ello fue el éxito fulminante de las Introductiones Latinae, publicadas en 1481. Al final, el lugar que ocupó el gramático en la historia cultural fue como primer humanista a la manera italiana y como filólogo clásico, con aportaciones particulares, desde su indeleble clasicismo, al inicio de la gramática y de la ortografía del romance.

La edición del libro coincidía con el momento de máxima fuerza política de los Reyes Católicos (1474-1506), cuyo proyecto de unidad político-religiosa y de expansión territorial será continuado posteriormente por su nieto Carlos V (1516-1556). Antonio de Nebrija, siguiendo la senda del humanismo italiano, expresa en el prólogo de la Gramática la idea de una lengua, como entidad ideal, que acompaña el florecimiento y el declive de esa unidad política que es el imperio: “Cuando bien comigo pienso, mui esclarecida Reina, i pongo delante los ojos el antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación y memoria quedaron escriptas, una cosa hallo y saco por conclusión mui cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; y de tal manera lo siguió, que junta mente començaron, crecieron, y florecieron y después junta fue la caída de entrambos” (NEBRIJA, 1984, p. 97).

Por otro lado, más allá de esa dimensión política, encarnada en un ideal lingüístico integrado en la unidad imperial, la Gramática posee claros fines pedagógicos, de enseñanza y de estudio de la lengua vernácula, pero que también se someten al modelo latino. En el prólogo Nebrija indica los tres destinatarios de su trabajo: como gramático, a Nebrija le interesa el estudio del latín y la gramática de la lengua vernácula se presenta como un instrumento de auxilio, pues permite al estudiante familiarizarse con los conceptos gramaticales, en su propia lengua, para, en un segundo nivel, iniciar el estudio gramatical del latín. Además, el gramático sevillano está interesado en que su Gramática Castellana sirva para el estudio de los extranjeros, equiparando, con ese movimiento, el aprendizaje de una lengua viva al de una lengua muerta56.

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Para una reflexón más profunda sobre el aspecto de la norma y el uso en la historia del español, así como entre los autores del período moderno, consultar Frago Gracia (1999; 2002).

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“I seguir se a otro no menor provecho que aqueste a los ombres de nuestra lengua que querrían estudiar la gramática del latín, por que después que sintieren bien el arte del castellano, lo cual no será mui dificile, por que es sobre la lengua que ia ellos sienten, cuando passaren al latín no avrá cosa tan escura que no se les haga mui ligera […] El tercero provecho deste mi trabajo puede ser aquel que cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a vuestra real Majestad, me preguntó que para qué podía aprovechar, el mui reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta, respondiendo, por mí, dixo que después que vuestra Alteza metiesse debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, con el vencimiento de aquellos ternían necessidad de recebir las leies quel vencedor pone al vencido, con ellas nuestra lengua, entonces, por esta mi Arte, podrían venir en el conocimiento della, como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín. I cierto assí que no sola mente los enemigos de nuestra fe, que tienen ia necessidad de

Es en este punto donde surge la diatriba que mantiene internamente Juan de Valdés contra Nebrija en el Diálogo de la Lengua. No es un enfrentamiento superficial o trivial, sino que alude a una discusión más profunda sobre el diferente concepto de lengua y de conocimiento que ambos autores presentan en su obra, resultado de su distinta formación y trayectoria biográfica, así como de sus diferentes intereses intelectuales y visiones de mundo. La oposición entre lengua viva y lengua muerta suponía también distintas maneras de abordar el aprendizaje, por el arte o por el uso, y un diferente tratamiento de la lengua, ya que en el pensamiento de Nebrija prevalece la realización escrita, que es lo que justifica y da soporte a la gramática. Mientras que para Juan de Valdés, la identidad natural de una lengua viva reside en el habla, que es lo común a todos los usuarios. Al mismo tiempo, en el pensamiento valdesiano, se observa un esfuerzo por alinear el habla con la escritura, intentando que la escritura se desarrolle desde las formas del habla natural, tanto en su biblismo como en su espiritualidad. Así, se entiende mejor la postura de Juan de Valdés en el Diálogo de la Lengua a favor del uso común del hablar, base de un estilo y de un aprendizaje natural.

Por otra parte, el autor conquense se niega a entrar en “gramatiquerías” a la hora de explicar las dudas de los tres amigos, pues, tratándose de una lengua viva, lo que ha de prevalecer es el uso y este sólo es posible formando parte de la comunidad de hablantes. Así, el Diálogo, como hemos visto parte de una situación real de uso de la lengua entre Juan de Valdés y tres amigos, que ya se conocían y que, por tanto, se hablaban y cuya relación se mantiene, durante la ausencia del amigo, por escrito, recibiendo correspondencia de Valdés. El contexto de aprendizaje de la lengua es el propio para una lengua viva, el de la relación siendo ésta el germen comunitario. Mientras tanto, para Antonio de Nebrija, el castellano se ha de aprender de la misma manera que el latín, con la gramática, por lo que el componente comunitario queda fuera del proceso de aprendizaje y, como substituto de éste, se establece un sistema de reglas y un modelo literario para orientar el buen uso de la lengua.

En la Gramática, el maestro sevillano opta por ejemplificar el buen uso con el Laberinto de Fortuna de Juan de Mena, un autor de estilo altamente cultista, al que Juan de Valdés criticará por su estilo oscuro y latinizante57. En cambio, en la propuesta valdesiana del saber el lenguaje castellano, mas los vizcainos, navarros, franceses, italianos, todos los otros que tienen algún trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua, si no vienen desde niños a la deprender por uso, podrán la más aína saber por esta mi obra” (NEBRIJA, 1984, p.101-102).

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Dice Valdés (1995, p. 240), sobre el estilo oscuro de Juan de Mena: “Pero porque digamos de todo, digo que de los que an escrito en metro dan todos comunmente la palma a Juan de Mena, y, a mi parecer, aunque merezca quanto a la doctrina y alto estilo, yo no se lo daría quanto al dezir propiamente, ni quanto al usar propios y naturales vocablos, porque, si no m´engaño, se descuidó mucho en esta parte, a lo menos en aquellas sus Trezientas, en donde, quiriendo mostrarse doto, escrivió tan escuro que no es entendido, y puso ciertos vocablos, unos que por grosseros se devrían desechar, y otros que por muy latinos no se dexan entender de todos, como

Diálogo de la lengua, como veremos, no se establecen modelos, sino que se identifican referentes con un sentido histórico, es decir, que atienden a la realidad del uso y no a un ideal lingüístico establecido por un autor. Por eso el conquense se refiere a los hombres de la corte, pero también a las mujeres de su tierra y a los aldeanos de Castilla y evalúa a los autores literarios por la actualidad y veracidad de su expresión lingüística. El buen uso se constituye, según indica Valdés, dentro del conjunto dinámico de la comunidad, siempre susceptible a variación y cambio por su propio devenir histórico.

De esa distinta concepción de la lengua presente en los dos autores, como un producto de la cultura letrada o como un patrimonio vivo en el uso de los hablantes, se deriva también una distinta propuesta estilística, por lo menos en lo que concierne al énfasis en la forma lingüística y al sentido de la expresión. Teniendo en cuenta el modelo de buen uso escogido por Nebrija, entendemos que para el gramático lo esencial es el dominio de la forma, asemejando el castellano al latín, una tendencia que, por otro lado, obstaculizaba la accesibilidad a la comprensión de los textos. Esa es la principal crítica que Juan de Valdés le hace a Juan de Mena en el Diálogo. Valdés le achaca la falta de claridad en su manera de decir, justamente por una saturación en la forma expresiva, en el intento de asemejar el castellano con el latín culto. Lo que a Valdés le interesa estilísticamente es el respeto a la comunidad de uso y la expresión intencional, es decir, que el usuario consiga decir lo que quiere decir de una manera sucinta y clara. No se trata de un ejercicio meramente estético, sino de una acción interior que le permite al individuo reconocer la dimensión comunitaria del uso lingüístico y conocer su dirección expresiva, según su ánimo, término que es persistente en toda la obra valdesiana y que presupone una habitabilidad del uso de la lengua en forma de experiencia de vida y conciencia.

Estos presupuestos estilísticos, como demostraremos en el siguiente capítulo, presentan un carácter hermenéutico que se comprende desde la raíz bíblica del pensamiento del autor, integrado en el ámbito de la tradición, distinto de la concepción lingüística del nebrijense, que se basaba en el proyecto intelectual de los humanistas italianos, por el que se establecía la restauración del latín para la reforma cultural y moral de la República Cristiana. Si por su origen y su formación Valdés se nos presenta como un continuador del ciclo de la tradición, Nebrija, por el contrario, es un reformador, dispuesto a enderezar la “barbarie medieval” y eso se observa en el tratamiento del texto bíblico, que el gramático cree poder son “rostro jocundo, fondón del polo segundo” y “cinge toda la sfera” que todo esto pone en una copla, lo qual a mi ver es más escribir mal latín que buen castellano”.

alterar según las directrices de renovación del latín, lo que, como ya vimos, le valió la expulsión del equipo cisneriano. En cambio, el conquense mantenía una postura de alineamiento de la fuente con la lengua vernácula, lo que suponía un gesto de continuidad con el legado transmitido en materia bíblica. Esta postura le permitiría profundizar en la naturaleza lingüística de la tradición, siendo ésta, como exponemos a continuación, el fundamento principal de la concepción de lengua y de conocimiento presente en el Diálogo de la Lengua.