3. Cross-Layer Error Recovery Optimization in Wi-Fi Networks
3.3 Performance Evaluation
El manejo conservacionista de los suelos tropicales involucra un conjunto de prácticas y procesos en el uso de suelos y cultivos, los cuales,
adecuadamente combinados, podrían sostener la capacidad productiva e incrementar la eficiencia económica de los sistemas de producción en el largo plazo (Nademan, 1991). Este concepto involucra la integración del laboreo y la diversificación del uso de la tierra a través de rotaciones y secuencias de cultivos, incluyendo pasturas y el uso de plantas destinadas a la cobertura del suelo (Figura 1).
En los suelos tropicales y subtropicales de América Latina, la labranza convencional con
implementos de discos, en especial las rastras pesadas tipo ‘rome’, a pesar de que produce mayor rendimiento operativo y menor consumo de combustible, también es la que causa más efectos nocivos en el suelo. La siembra directa (cero-labranza) sobre rastrojos vegetales es un proceso más efectivo para proteger el suelo contra la erosión y la degradación. No obstante,
esta práctica casi siempre tiene un costo inicial elevado, representado por las inversiones en maquinaria y control de malezas y demanda un alto grado de conocimiento técnico y organización gerencial en las fincas; además, favorece la mayor incidencia de plagas y malezas, si la secuencia de cultivos no es la más adecuada. Por las razones antes mencionadas, la siembra directa sigue todavía restringida a los
productores más calificados y progresistas en términos técnicos, administrativos y financieros, aún en aquellas zonas con mayor nivel de experiencia en la adopción.
La labranza vertical del suelo es una opción intermedia a los procesos anteriores, que no tiene muchos de los inconvenientes antes citados. Como desventajas, existen riesgos por mayor incidencia de malezas y dificultades iniciales para establecer los cultivos en áreas recién desmontadas o en suelos muy pesados. Actualmente se está considerando la posibilidad de utilizar en forma combinada los procesos de labranza, como alternativa más eficaz para el manejo adecuado de los suelos tropicales (Benítez, 1991; Plá Sentis, 1991).
En relación con la rotación de cultivos, además de la preservación del suelo, está práctica tiene beneficios como el control biológico-cultural de malezas y plagas, la mejor organización del trabajo en la finca, el mejor uso del capital invertido y la reducción de riesgos por cambios climáticos o fluctuaciones en los precios. Sin embargo, las rotaciones deberán ser flexibles, considerando las variaciones de clima y suelo, las oportunidades de mercadeo, los intereses y los recursos de los productores. Es decir, no se deben buscar ‘recetas’ de rotación, sino proporcionar conocimientos y opciones que posibiliten ajustes para cada situación (Gutiérrez, 1991a; Viegas y Machado, 1990). Procesos de labranza Manejo integrado del suelo Rotación de cultivos Plantas de cobertura ▲ ▲ ▲ ▲ ▲ ▲
Figura 1. Componentes del manejo integrado del suelo. Proyecto Sabanas-Procitropicos.
Las pasturas constituyen una alternativa eficiente para disminuir la degradación de los suelos tropicales después del desmonte. No obstante, aún prevalece el concepto que ellas solamente se deben establecer en tierras de baja calidad. En tales condiciones, si los recursos naturales son suficientes y favorables, el agroecosistema pecuario podrá
mantenerse a través del tiempo o en la mayor parte de él con una demanda reducida de capital. Si ocurre una escasez de pastos por sequía,
degradación del suelo u otras razones, el manejo consiste en disminuir la carga animal por unidad de superficie, resultando así un sistema de
producción de baja sostenibilidad, ya que al disminuir la disponibilidad de los pastos, es necesario reducir la población animal hasta un límite en el cual la rentabilidad y estabilidad económica del sistema quedan comprometidas.
De otro lado, el uso prolongado o inadecuado de pasturas en condiciones de sobrepastoreo, casi siempre resulta en problemas de compactación del suelo y degradación de su fertilidad, además, en presencia de malezas que compiten con los pastos o son tóxicas para el ganado. De lo anterior surgen las ventajas del establecimiento de programas adecuados de manejo de las pasturas, buscando su rehabilitación a través de prácticas de descanso y rotación periódica con cultivos anuales. En esta situación será posible realizar operaciones de labranza profunda para descompactar el suelo, controlar malezas y aplicar enmiendas y
fertilizantes, además de reemplazar los pastos existentes por otros de mejor calidad.
La creciente valorización de las tierras y de los productos de origen animal justifica el mejor uso de los suelos para compensar las inversiones de capital en la actividad pecuaria. Bajo tales circunstancias, el éxito de los
sistemas de producción agropecuario demandará:
1. Reconocer que los pastos, como componentes de un agroecosistema, son plantas cultivadas y, por tanto, necesitan de manejo adecuado para su establecimiento y
mantenimiento en niveles satisfactorios de rentabilidad y sostenibilidad.
2. Considerar el rol de las pasturas y sus interacciones con los demás componentes de la producción agropecuaria a nivel de la finca como un todo (Muzilli, 1993a). En relación con la inclusión de cultivos de cobertura en los sistemas de rotación, los avances en la
investigación latinoamericana evidencian su importancia como medida coadyuvante para conservar el suelo y controlar malezas y plagas. Como desventaja de este sistema se puede mencionar que aún existen incertidumbres en la selección, establecimiento y manejo de las especies de cobertura y los costos adicionales por la ocupación periódica de la tierra, exigiendo que los
márgenes netos de ingreso de los rubros sean compensados por incrementos en su rentabilidad. Siendo así, la interacción de cultivos de cobertura con los rubros deberá proporcionar la protección del suelo sin comprometer la rentabilidad económica de los sistemas de producción
(Gutiérrez, 1991b).
Los tres componentes mencionados no actúan de manera aislada, sino a través de una compleja interacción de efectos en el espacio y en el tiempo, según lo comprueban experiencias realizadas bajo distintas condiciones de clima tropical y subtropical de América del Sur.
Aunque existen muchas experiencias, todavía persisten
las tecnologías ofrecidas, sobre todo en zonas donde el desarrollo agrícola se encuentra en fase de expansión. Tales inquietudes se refieren a la adecuación de los procesos de labranza y de los arreglos espaciales y cronológicos de los cultivos y pasturas en distintas
condiciones agroecológicas y socioeconómicas. Sobre el uso de plantas de cobertura existe aún escasez de experiencias en relación con las ventajas de su incorporación en los procesos de manejo del suelo en rotaciones con cultivos y pasturas.
En tales circunstancias, es evidente la necesidad de adaptar y difundir procesos de manejo
conservacionista que sean apropiados a las distintas condiciones agroecológicas y socioeconómicas de las zonas
tropicales y subtropicales
latinoamericanas, con la finalidad de revertir la degradación del suelo sin comprometer la rentabilidad de los sistemas de producción fundamentados en el uso intensivo de la tierra, sea bajo cultivos anuales mecanizados o
pasturas.