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CHAPTER 2 LITERATURE REVIEW

2.3 Performance Evaluations for Structural Steel

La pintura y la músicaLa pintura y la música

La pintura y la músicaLa pintura y la música

N

i el Moisés de Miguel Ángel ni los lienzos de Rembrandt habrían existido sin la Biblia. La obra del holandés fue admirada por el rabino Abraham Kuk1, en cuyos libros precisamente la luz es el

motivo omnipresente, desde los títulos: Luces, Luces de Arrepentimiento. En Rembrandt se logra una genial aplicación de la luz. Por ejemplo, Moisés rompiendo los Mandamientos (1659) crea el drama por efecto del claroscuro. La luz parece irradiarse desde Moisés y las tablas.

Este pintor también fue inspirado por el ya aludido Sansón, centro del cuadro El enceguecimiento de Sansón (1636). Otras obras rembrandtianas destacables son: La novia judía (1632), Batsheba (1654), Jacob bendiciendo a los hijos de José (1656). En general, los temas bíblicos constituyen una tercera parte de su producción.

Las más valoradas obras de Rembrandt fueron realizadas durante sus dos últimas décadas, como por ejemplo La mujer de Potifar acusando a José y Natán increpando a David, ambas de 1655 y expresiones del drama psicológico que vivía el artista.

De muchos personajes bíblicos podrían exhibirse retratos pictóricos. Solamente del Rey David y su arpa hay notables obras que se incluyen entre las realizaciones de: Fra Angelico (1430); Peter Rubens (1616); Pieter de Grebber (1640); Jan de Bray (1670); Andrea Celesti (1680); William Blake (1805) y Frederick Leighton (1865).

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Ver nuestro Rabí Kuk y la redención, capítulo noveno de Notables Pensadores, Universidad ORT Uruguay, Montevideo, 2006.

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Para ejemplificar la vastedad creativa que el Tanaj motivó en la pintura, me remito a una magnífica exposición dedicada al tema, que en 2006 tuve el gusto de visitar con mi esposa Ruth en el Museo de Arte de Tel Aviv: La Biblia en el arte de los siglos XVI al XIX.

A las célebres obras de Durero y Murillo, se agregaban las menos conocidas de Guercino, De Wet, y Bol, así como muchos cuadros anónimos de las escuelas holandesa, italiana, flamenca y franco-flamenca.

El título hebreo de la muestra fue Reyes de Carne y Hueso, expresión talmúdica que evoca también la novela épica de Moshé Shamir. Una novela que, justamente, puso de relieve que los motivos de la historia bíblica no son sólo actuales para el arte europeo sino también para el israelí de hoy, quien vive con cotidianeidad lo que para el resto de la humanidad se ha circunscrito a la dimensión espiritual.

Desde Adán y Eva, Noé y Lot, las figuras de patriarcas, profetas, jueces y reyes desfilaban en la muestra en particular, y siguen presentes en el arte en general.

Ezequiel

EzequielEzequiel

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Un cuadro que nos llamó la atención por la infrecuencia de su motivo, fue La visión de Ezequiel de los huesos secos (1570) del artista flamenco Crispin van den Broeck.

Su arte fue iluminado por la Biblia hebrea, como el de tantos otros grandes del Cinquecento2, a veces para la sátira3 y otras para la lobreguez, como en

el cuadro de Ezequiel quien, rodeado por los que resucitan, eleva desde el valle su mirada al cielo que también parece renacer.

Ezequiel4 es uno de los tres más grandes de la era del profetismo (750-430

aec), una época que comenzó en vísperas de la desintegración nacional y continuó mucho después de que la nación fuera diezmada.

Sus discursos se extendieron por veintidós años durante el siglo VI aec. Se diferencia de los demás profetas por su complejidad, sus extrañas visiones de vientos, nubes, fuegos, pluralidad de rostros, alas. La imagen más

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Como Leonardo, Rafael, Tiziano, Tintoretto, Holbein y Leyden. 3

Verbigracia Dos jóvenes es una expresión lúdica de la imagen del fruto prohibido. 4

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conocida que nos ha legado es precisamente la de los huesos secos5 que

simboliza el reencuentro de las diásporas y la refundación del Estado judío. Una docena de túnicas rojas salpican la grisácea escena de Broeck en armoniosa dispersión, y la dotan de la vitalidad de la resurrección y el fluir de la sangre, que hacen sentir que los esqueletos están en efecto despertándose6.

Hay varias versiones talmúdicas acerca de quiénes fueron los resucitados por el profeta Ezequiel; la mitad de ellas tienen que ver con la Tierra de Israel7: los que allí se radicaron, los que se adelantaron al Éxodo de Egipto,

y los profanadores del templo de Jerusalem. Quizás por ello el Talmud eligió8

la visión de los huesos secos para lectura del sábado de Pésaj. La liberación de Egipto se ilustra así con la imagen de una redención espiritual por venir. Broeck podría ser asociado con varias de dichas versiones. Con todo, los organizadores de la exhibición en Tel Aviv no lo eligieron para ilustrar los carteles publicitarios, ni tampoco optaron por los más renombrados de los artistas de la muestra. Le cedieron el honor de representarla a un pintor desconocido: Eliahu Tzvi Marcuse (1817-1902)9, y su pintura del rey Saúl

sobre el fatídico monte Guilboa.

La muerte del rey Saúl fue en efecto uno de los motivos favoritos del arte renacentista. En la obra de Marcuse se aprecia un Saúl distinto, no el que muere sino el héroe trágico que alza su vista despechada ante el enemigo filisteo.

Los cuerpos de los soldados israelitas yacen vencidos en el desolador campo de batalla, destacándose a sus pies los dos hijos del rey muertos en combate (Abinadav y Malquishua), junto con el primogénito Jonatan, que aún agoniza herido y apoyado en aquellos cadáveres.

La cuarta figura detallada en el óleo es la del escudero de Saúl, de quien se especula que es un autorretrato del artista10. La obra muestra a Saúl unos

5 Al comienzo del capítulo 37 del libro de Ezequiel.

6 La pintura de Broeck fue innovadora en el motivo de la piel humana. 7

Las otras tres son: los que negaban la doctrina de la resurrección, los carentes de buenas acciones, y los mancebos castigados por su belleza (ver tratado talmúdico de Sanedrín 92b).

8 Tratado talmúdico de Meguilá 31a.

9 Quizás porque el imponente recinto de la pinacoteca se sitúa desde 1971 precisamente en la avenida Rey Saúl, sede que se inauguró con un concierto de gala dirigido por Leonard Bernstein.

10 Ello quizá nunca podrá comprobarse, ya que Marcuse es un pintor casi ignoto, y sólo unas pocas de sus obras han sobrevivido.

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momentos previos a su muerte elegida, el aciago fin que daría lugar de inmediato a la inmortal endecha del rey David. La fuerza del monumental cuadro se deriva del hecho de que los cuerpos se dibujan en tamaño natural11.

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