The Effect of the Stochastic Interest Rate
7.4 Perspectives for Future Research
La κίνησις es el tipo de acción que se produce como consecuencia de la imperfección de la substancia. Por razón de su potencia, de su carencia, se da un deseo de perfección, y una búsqueda de lo que falta, que es el acto en que consiste su completamiento y por tanto su bien. Se da un ordenamiento, una tendencia al acto como bien y como fin, que da origen al movimiento. El movimiento, por tanto, es la consecuencia del bien que no se posee y al que se tiende como fin.
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Sólo a través del movimiento es posible que aquello que no posee el bien lo alcance y lo posea en acto. La relación entre movimiento y bien es una relación necesaria: el movimiento es la condición necesaria para que aquello que no posee el bien pueda llegar a él.
El propio movimiento, en tanto que acción, ya supone un grado mayor de actualidad con respecto a la potencia. En efecto, como ya se ha indicado en otro momento, Aristóteles identifica el movimiento como “la actualidad de lo potencial, cuando al estar actualizándose opera”74. A modo de ejemplo, con sus propias palabras, “la actualidad de lo construible en tanto que construible”75
. Es decir, el movimiento se trata de un proceso en el que se da una adquisición de la perfección en grados: el móvil “se está actualizando”, lo que significa que el acto va ganando espacio a la potencia gradualmente y por tanto el bien aumenta a lo largo del proceso. Siguiendo el ejemplo de Aristóteles, lo que se está construyendo mejora a lo largo del proceso. Sin embargo, el acto cumplido o realizado solo se da cuando se ha alcanzado el fin, es decir, en el acto cumplido o realizado (la casa construida, en este caso).
Uniendo las nociones de fin, bien y acto, se pone en evidencia con luz nueva que el movimiento es la consecuencia del bien al que se tiende y no se posee. En efecto, la potencia necesita dirigirse a su acto propio para realizarse. Este acto propio, por razón de su perfección, es el bien -y por tanto el fin- para la potencia. Y esta consumación sólo es posible a través del movimiento.
Otro aspecto destacable de la relación entre movimiento y bien es el hecho de que el movimiento se explica por esta tendencia de la potencia al fin, que es bueno, y que es acto. Se da en vistas a algo y tiene un término, que es el fin. Es decir, la relación movimiento-bien implica que el movimiento es finito en el sentido de que no hay progresión infinita en su orientación al fin. Esto es así –indica
74 Fis. III,1 201 a 27: “ἡ δὲ τοῦ δυνάμει ὄντος”. 75
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Aristóteles- hasta el punto que quienes suponen la progresión infinita destruyen la naturaleza del bien. El pasaje es conocido, y recoge algunas cuestiones importantes:
“Además, aquello en vista de lo que se hace algo es un fin; y es tal lo que no se hace en vista de otra cosa, sino que las demás se hacen en vista de ella; por consiguiente, si existe tal término último, no habrá progresión al infinito, y si no existe, no habrá aquello en vista de lo cual [causa final]. Pero los que suponen la progresión infinita destruyen sin darse cuenta la naturaleza del Bien (sin embargo, nadie intentaría hacer nada si no hubiera de llegar a un término); ni habría entendimiento en los entes; pues el que tiene entendimiento obra siempre en vista de algo, y esto es un término; el fin, en efecto, es un término”.76
Lo que Aristóteles se propone, es evidenciar que en la generación y el movimiento hay un principio, y que las causas no son infinitas77. Y que pensar lo opuesto supone no haber comprendido la naturaleza del bien. El análisis del pasaje lleva a conectar algunas cuestiones que esclarecen en qué consiste tal naturaleza. Estas cuestiones son el movimiento, el término, el fin y el principio.
En cuanto al movimiento en el mundo sublunar, el texto apunta a que no es posible que éste se dé de una manera infinita por una razón: suponer que no hay fin es destruir la naturaleza del bien. En efecto, todo movimiento se da en vistas de algo, ese “en vistas de
76 Met. II, 2 994 b 9-16: “Ἔτι δὲ τὸ οὗ ἕνεκα τέλος, τοιοῦτον δὲ ὃ μὴ ἄλλου ἕνεκα ἀλλὰ τἆλλα ἐκείνου, ὥστ᾽ εἰ μὲν ἔσται τοιοῦτόν τι ἔσχατον, οὐκ ἔσται ἄπειρον, εἰ δὲ μηθὲν τοιοῦτον, οὐκ ἔσται τὸ οὗ ἕνεκα, ἀλλ᾽ οἱ τὸ ἄπειρον ποιοῦντες λανθάνουσιν ἐξαιροῦντες τὴν τοῦ ἀγαθοῦ φύσιν (καίτοι οὐθεὶς ἂν ἐγχειρήσειεν οὐδὲν πράττειν μὴ μέλλων ἐπὶ πέρας ἥξειν): οὐδ᾽ ἂν εἴη νοῦς ἐν τοῖς οὖσιν: ἕνεκα γάρ τινος ἀεὶ πράττει ὅ γε νοῦν ἔχων, τοῦτο δέ ἐστι πέρας: τὸ γὰρ τέλος πέρας ἐστίν”.
77 Cfr. Met. II,2 994 a 1: “Por lo demás, es evidente que hay un principio, que no son
infinitas las causas de los entes, ni en línea recta ni según la especie”. “Ἀλλὰ μὴν ὅτι γ᾽ ἔστιν ἀρχή τις καὶ οὐκ ἄπειρα τὰ αἴτια τῶν ὄντων οὔτ᾽ εἰς εὐθυωρίαν οὔτε κατ᾽ εἶδος, δῆλον”.
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algo”, es un fin, y ese fin que se busca es un bien. No hay movimiento –no se intenta nada- si no es para llegar a algún sitio (a un término). Y aquel término al que quiere llegar, al que se ordena, tiende y hacia el que se mueve lo que se mueve, es el bien. Justo por ello, el bien actúa como principio del movimiento: es el deseo del bien lo que provoca el movimiento, y como momento final del mismo: éste termina cuando ha alcanzado el bien. De acuerdo con ello, el bien se da en relación con el movimiento finito, y no con lo infinito. Si así fuera, no habría bien. De hecho, el movimiento termina cuando se ha alcanzado el bien, porque se ha cumplido aquello por lo que el movimiento tenía lugar. “Sin el movimiento la noción de bien es superflua. Si no hubiera movimiento, tendríamos una clara señal de que el bien no existe, al menos como principio”78.
Es decir, la naturaleza del bien es ser fin. En tanto que fin, principio como causa. Y también en tanto que fin, el bien también es término. No hay nada fuera de él cuando se ha alcanzado. El movimiento se da en vistas del bien y por tanto es un movimiento finito, una vez alcanzado el bien, el movimiento termina. Es lo propio de la naturaleza del bien. La prioridad aquí es del fin. El bien, en cuanto bien, es fin: es lo propio de su naturaleza. Como tal, es también principio del movimiento que se ordena al fin, y el término en donde éste llega a su consecución, y por tanto el límite para el movimiento79. La necesidad del fin, y por tanto la importancia del bien, se hace manifiesta en otros momentos de la Metafísica. A continuación del texto transcrito más arriba, el Estagirita prosigue: “Y ningún infinito tiene ser; o, si no, la infinitud no es infinita”80
. Es decir, no es posible
78 ALVIRA, R. Op. cit., p.100.
79 En este sentido, conviene destacar que en su estudio La noción de finalidad,
Alvira otorga al límite un sentido que sólo tiene secundariamente, dándole un protagonismo a veces mayor del que tiene para Aristóteles, en quien la noción de fin es siempre protagonista.
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Met. II, 2 994 b 26-27: “Καὶ ἀπείρῳ οὐδενὶ ἔστιν εἶναι: εἰ δὲ μή, οὐκ ἄπειρόν γ᾽ ἐστὶ τὸ ἀπείρῳ εἶναι”.
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que ser e infinito se den unidos. Lo que tiene ser está limitado por la materia, la forma, el principio del movimiento y el fin81. Lo que es (en el mundo sublunar), está delimitado en cuanto a su ser por la materia y la forma; y en cuanto su devenir (movimiento y cambio), por el principio del movimiento y la causa final. En otro lugar de la
Metafísica Aristóteles indica:
“Y, todavía, si hay generación y movimiento, es necesario que haya también un término (pues no hay ningún movimiento infinito, sino que de todo movimiento hay un término, y no puede generarse lo que es imposible que llegue a estar generado; y lo que ha sido generado es necesario que exista desde el momento en que fue generado). Además, si la materia existe por ser ingénita, mucho más razonable aún es que exista la substancia, que es lo que aquélla llega a ser al fin”82.
No hay movimiento infinito. Por tanto, todo lo que se genera y se mueve requiere de un término final, ya que es imposible que se genere lo que no llega a estar generado. Además, en el caso de la materia, cuando se mueve lo hace en vistas a la substancia, para ser según la substancia, que es el término de su movimiento y también su fin. El texto evidencia la necesidad de un término que sea fin del movimiento. Y ponen también de manifiesto que la noción de bien en tanto que causa final está vinculada al movimiento y al cambio como condición para alcanzarlo. El bien es fin, y en tanto que fin es también límite para el ser que deviene.
81 Cfr. DE GARAY, J. (1985). Observaciones acerca de la presencia del fundamento
según Aristóteles. Anuario Filosófico, 18, 145-155, p.153.
82 Met. III,4 999 b 8-15: “Ἔτι δὲ γενέσεως οὔσης καὶ κινήσεως ἀνάγκη καὶ πέρας εἶναι (οὔτε γὰρ ἄπειρός ἐστιν οὐδεμία κίνησις ἀλλὰ πάσης ἔστι τέλος, γίγνεσθαί τε οὐχ οἷόν τε τὸ ἀδύνατον γενέσθαι: τὸ δὲ γεγονὸς ἀνάγκη εἶναι ὅτε πρῶτον γέγονεν): ἔτι δ᾽ εἴπερ ἡ ὕλη ἔστι διὰ τὸ ἀγένητος εἶναι, πολὺ ἔτι μᾶλλον εὔλογον εἶναι τὴν οὐσίαν, ὅ ποτε ἐκείνη γίγνεται”.
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En el devenir es imposible ir hasta el infinito, tanto en sentido ascendente como descendente83. En sentido descendente, hay un término último: todo lo que se mueve y cambia lo hace en orden a un fin que es el término final. Por tanto, se da un movimiento entre dos extremos: un principio y un término último. El movimiento es lo que se está haciendo: “pues siempre existe lo intermedio, como entre el ser y el no ser existe la generación; así también, entre lo que es y lo que no es, existe lo que está haciéndose; pues el que aprende está haciéndose sabio”84.
Se vuelve a insistir en que este movimiento requiere de la finalidad. Ésta es necesaria en cuanto que es lo que da sentido al movimiento, y esta finalidad es el bien (por ello, se insiste, suponer progresión infinita implica destruir la naturaleza del bien). Aristóteles provee diversos ejemplos para demostrar la existencia del fin: no habría entendimiento en los entes, puesto que quien tiene entendimiento obra siempre en vistas de algo85. El bien, en tanto que bien, es fin y es término del movimiento. Por ello considerar el movimiento infinito es contrario a la naturaleza del bien que es, por naturaleza, fin. Todo esto pone de manifiesto el bien, es “aquello por lo cual”, como fin, el movimiento llega a término.