Sin duda que la participación de nuestro cuerpo es muy importante y nos muestra en algunos aspectos que no queremos mostrar. Con el cuerpo en movimiento y en contacto aparecen aspectos de la personalidad, que de otra manera no aparecerían. Estos ejercicios pueden ser la base de la presentación, por ejemplo:
Nos ponemos en pareja y aprendemos a caminar de la manera que lo hace el otro. Lo copiamos y al caminar de esa manera, ob- servamos cómo nos sentimos. A partir de esas sensaciones digo cómo soy en ese rol. Luego le preguntamos al “clonado” cómo le resuena lo expresado por el compañero.
Asociar el nombre a un movimiento corporal, por ejemplo: Digan su nombre y al mismo tiempo hagan un movimiento. Luego todos repitan ese movimiento y digan ese nombre al mismo tiempo. Es impactante verse representado por el grupo.
O pueden ser hechos después de la presentación verbal, por ejemplo: Pónganse de pie y formen un pequeño círculo, lo más cerrado que puedan, abrazándose. (Todos menos el miembro nuevo). Luego se le pide al miembro nuevo que trate de entrar a ese círculo. Como sea, pero que entre: Con habilidad, con fuerza o con seducción, pero si quiere un lugar en ese grupo, tiene que ganárselo.
Es interesante ver las distintas maneras que las personas tienen para ingresar físicamente a un grupo y las diferentes resistencias que afloran en el juego, por parte del grupo. Cuáles son los miembros más resisten- tes, los más compasivos o los más débiles.
Conclusiones
Cualquiera sea la presentación elegida debe respetar ciertas bases: 1º Que las personas se muestren a sí mismas.
2º Que puedan expresarse todos los miembros del grupo. 3º Que no haya enjuiciamientos ni críticas inhibitorias. 4º Que permita conocer a los compañeros tal cual son.
En un marco de libertad en la expresión y de continencia afectiva, aparece lo más profundo de nosotros. Lo más inhibitorio en las presen- taciones es el pánico de escena; las personas no están entrenadas en ser el centro de atención de un grupo y se desconectan de sí mismas, pro- yectando sus críticas al grupo que las está observando. Al no estar cen- tradas, no descubren lo que quieren mostrar y se inhiben con sus críticas por lo que se generan vergüenza y bloqueos. Recordemos que el hombre es un ser en relación con el entorno y cada uno resuelve la situación en función de los recursos que dispone.
Sueños
–¡Vete! ¿No ves que estoy durmiendo? –Por eso vengo.
–¡Para despertarme… para interrumpirme! ¿Es que tengo que perder el tiempo contigo?... Vete, que quiero seguir durmiendo. –Para eso vengo, para que puedas seguir durmiendo. Mientras
tanto, te puedo mostrar lo que, despierto, no me escuchas aun- que yo grite.
–¿Y qué me quieres mostrar? –Un sueño.
–¿Y para qué?
–Para que me conozcas. –¿Y quién eres?
–Tu sueño.
–¿Y para qué te tengo? –Para que te conozcas. –¿Y yo quién soy? –Tú… mi sueño.
Ingresar al mundo de los sueños es asomarnos a uno de los misterios que asombraron al hombre desde la época de las cavernas. El sueño del hombre es una forma de manifestación existencial, inherente a su esen- cia. Cada cultura asignó un significado diferente a las producciones de nuestra conciencia y la conciencia del hombre, al soñar, revela caracte- rísticas de la cultura.
Cicerón, en su tratado de adivinación, nos habla de tres tipos de sueños: los enviados por Dios, los enviados por los ángeles y los que vive el alma por sí misma… O Hipócrates: “Quien conoce la dimensión de los sueños profundiza en ella sin falsedad y excava en ella como en un pozo”15.
Ningún pueblo ha dejado de soñar. Es una actividad universal y vi- tal como el mismo dormir. Necesitamos de ellos biológicamente para recuperarnos en el diario descanso. Son fuente de grandes decisiones, de terrores nocturnos, de gozos místicos o de revelaciones trascendentes. Claros o confusos los recordamos o los olvidamos al despertar y a veces, les damos poca importancia: “No te preocupes, fue solo un sueño” deci- mos habitualmente y descalificamos la sabiduría que contienen.
¿Con qué soñamos? ¿Quién nos habla en los sueños? ¿A quién per- tenece la sabiduría que manifiestan? ¿Qué significan? Son algunas de las preguntas que nos hacemos cuando nos detenemos a mirarlos.
Las respuestas surgen desde un contexto histórico, desde un para- digma. Desde allí les asignamos un significado que el soñante acepta con mayor o menor convicción. Los religiosos de cada cultura vieron las señales de sus dioses en cada imagen. Los brujos o chamanes trajeron información de otros planos para sus pueblos y los adivinos asesoraron a sus reyes para enfrentar la batalla o la retirada.
La medicina estudió los períodos REM (Movimiento Ocular Rá- pido) y descubrió su importancia en el proceso biológico. Midió las ondas cerebrales y estableció una cartografía de estados Alfa, Beta, Theta y Delta para establecer la profundidad del sueño como pro- ceso biológico.
Los enfoques psicológicos de las diferentes psicoterapias también tienen sus lentes para mirar a los sueños. Mientras que, para Sigmund Freud, los sueños eran un intento de satisfacción de un deseo inconscien-
te, Carl G. Jung veía una compensación de la organización psíquica y de los desequilibrios de la personalidad, además de prevenir sobre peligros potenciales de la vida consciente. Ambos trabajaban con la asociación libre como método de descubrimiento del significado oculto.
En los sueños aparecen las confirmaciones de las hipótesis de dichas teorías. El terapeuta organiza la información de los sueños de acuerdo con sus criterios organizadores y termina viendo lo que coincide con su mirada.
¡Y allí están! Siguen apareciendo cada noche, en cada uno de no- sotros. En esta generación y en las que sigan. Seguirán apareciendo y conviviendo con nosotros. Seguiremos soñando… una y otra vez hasta que dejemos de respirar y tal vez, ese día nos convirtamos en ellos… en nuestros propios sueños.
Desde la Terapia Gestáltica, el paradigma desde el cual miro a los sueños, la posibilidad de comprender los significados oníricos se centran en el soñante y en su propia capacidad de darse cuenta. El contacto di- recto con cada imagen nos coloca en su propio lugar y le da una opor- tunidad a nuestra mente de volver a contactar con la sabiduría de ese sueño.
Los sueños son manifestaciones de nuestra existencia. Somos noso- tros mismos expresándonos de una forma peculiar. Todos los elementos, vínculos y características de nuestros sueños expresan detalles de nuestra existencia. Algunos de ellos son desconocidos y otros expresan situa- ciones conflictivas o irresueltas. Ellos nos permiten reconectarnos con funciones propias que suponemos ajenas a nosotros.
El enfoque gestáltico de los sueños nos da la oportunidad de reen- contrarnos con lo más profundo de nosotros sin la mediación de una interpretación ajena, que nos desvíe de nuestro propio descubrimiento. El contacto interior es sagrado y cualquier intromisión ahuyenta la aten- ción como un ruido a un pájaro que se asusta.
En los sueños nos encontramos con distintas capas de la concien- cia. Los significados más superficiales revelan características obvias de nuestra existencia y a medida que vamos aumentando el contacto con cada elemento del sueño, van apareciendo una serie de darse cuenta que manifiestan al soñante en los planos más profundos de su conciencia personal.
“Me reconocí como un indio bailando alrededor del fuego y pude conectarme con mi propia fuerza vital que hace mucho tiempo no sentía”.
En algunos sueños la conciencia se manifiesta de manera más clara y el soñante comienza a tomar contacto con sus propios planos trans- personales de la conciencia. En estos sueños la apertura de conciencia se manifiesta como la ampliación de la identidad. Surge la posibilidad de una mirada más amplia que permite ver a los distintos yoes representa- dos en los objetos oníricos del sueño. Nace la capacidad de contemplar todas mis partes y alcanzar un estado de integración mayor.
”Soy la tribu entera viendo a mi ser bailando en una ronda junto al resto de danzantes”.
Otras veces, se manifiesta la aparición de un ser extraordinario que trae un mensaje valioso para el soñante. En estos casos, la técnica de la silla vacía posibilita un diálogo entre estas figuras del sueño que permite que la sabiduría emerja fácilmente.
Las situaciones inconclusas de nuestra vida se manifiestan en los sueños recurrentes y cuando pueden ser resueltas, esos sueños dejan de aparecer. Cuando el mensaje de nuestra conciencia puede ser escuchado e integrado, la necesidad de comunicación desaparece y la quietud se restablece.
Las imágenes de situaciones que se interrumpen bruscamente, y que nos despiertan en forma abrupta de un sueño angustiante, nos permiten volver a ingresar en el punto en que se despertó el soñante y continuar con la escena. Atravesar una situación temida puede ser muy resolutivo en la vida del soñante. Por ejemplo, una persona está apunto de arrojarse a un lago o al vacío… una mujer que está a punto de cruzar un puente y no se anima… etc.
Los sueños persecutorios o amenazantes son muy ricos al ser explo- rados con una alternancia en los personajes cuando le pedimos al so- ñante que se identifique con el fuerte y amenazante; que sea el agresor y observe cómo se siente en esta posibilidad. La recuperación de funciones alienadas es integrativa de las partes que el soñante vuelve a disponer.
Los sueños sin palabras, en los que solo aparecen imágenes o di- bujos, son representados corporalmente y el darse cuenta se restablece a medida que la persona permanece en esa posición física y explora su existencia.
En definitiva soñamos con nuestras características personales, las de nuestra cultura y las de nuestra especie. Escucharnos y comprendernos en cada uno de estos niveles es el camino integrativo que nos proponen nuestros sueños. Somos mucho más que la imagen que tenemos de noso- tros mismos y nuestros sueños nos muestran con metáforas, símbolos y emociones la realidad a la que pertenecemos.