Proudhon ve a la sociedad como un organismo productor ya en el conocido ejemplo del obelisco que utiliza en ¿Qué es la propiedad? para ilustrar la idea de la creación social del valor. En este sentido, su ingeniería política apunta a liberar las ca- pacidades productoras de los individuos –en sociedad– de los obstáculos que genera el Estado.
El Principio Federativo comienza con la afi rmación de un primer presupuesto teórico: la coexistencia de los principios de autoridad y de libertad. A pesar de inclinarse por el segundo, Proudhon adopta el mismo criterio que más tarde se impondrá en la Teoría de la Propiedad: se trata siempre de evitar las so- luciones defi nitivas, los principios absolutos. La segunda afi r- mación, fundamental para el resto del texto, es la clasifi cación –teórica– de los gobiernos según el carácter del poder –distri- buido o indiviso–. De este modo surge el principio federativo, que es en realidad una cierta disposición del poder político y económico dentro de la sociedad.
Su crítica de la democracia, que alcanza por elevación a la propuesta de Rousseau, consiste en la indivisión del po- der que resulta común tanto a los regímenes monárquicos como a los democráticos; porque, a pesar de lo que pue- da decirse de la democracia en teoría, ninguna forma de gobierno puede deshacerse completamente de la presencia de los principios fundamentales de la política –autoridad y libertad–. De ahí sus críticas al voto universal en el capítulo
x de El Principio Federativo. La indivisión del poder que impone el régimen democrático –la misma indivisión que sirve a Rousseau de punto arquimédico y que por eso es ardientemente defendida en los primeros dos capítulos del segundo libro del Contrato Social– radica en la idea de so- beranía del pueblo, que es –como menciona Stirner en algún pasaje– demasiado similar a la de soberanía de Dios y del monarca. Se invierten los papeles, y del gobierno para el pueblo se pasa al pueblo19 para el gobierno.
Precisamente por esto el núcleo del modelo de Proudhon pasa por la efectivización de aquello que representa la idea de soberanía popular. Es un camino entre etimológico y ló- gico: soberanía popular = autoridad del pueblo; si el pueblo son los hombres, entonces la autoridad debe ser de ellos y por consiguiente no tiene sentido dar las riendas de la so- ciedad a una idea mitológica como Pueblo –y en este punto se percibe claramente la afinidad entre Proudhon y Stirner–. De todo esto se deduce que un gobierno efectivamente po- pular debe reservar a los hombres de carne y hueso –y no a los fantasmas– el mayor grado de autoridad posible. Por ello el principio arquitectónico de Proudhon es el siguien- te: distribuir la autoridad de tal modo que el individuo –o cabeza de familia o municipio– siempre se reserve un tanto más de la que delega. Así, cuanto mayor sea la competencia de un órgano de gobierno, tanto menor será su autoridad: cada municipio se reserva la competencia judicial y mili- tar. Si bien es poco probable que Proudhon lo aceptara, es posible incluso ir un poco más allá del texto y eliminar la instancia intermedia del municipio, ya que si la justicia es un atributo inalienable del hombre, su delegación en el mu- nicipio requiere por lo menos de una sólida argumentación que, al menos en este texto, falta20. De este modo, la autori-
dad distribuida entre los integrantes de la federación opera como garantía de la libertad del resto: se trata, de hecho, del principio de la división del poder extendido más allá de la esfera del gobierno.
El otro elemento fundamental del modelo del principio federativo, al que se dedica el último capítulo, es la cuestión económica. La federación política sólo tiene sentido acompa- ñada de una federación económica, de hecho es en la distri- bución del presupuesto entre las autoridades federales y las cantonales que se puede ver el carácter nominal o efectivo de la federación21.
4.1. Proudhon y el liberalismo (digresión)
De este modo Proudhon se propone resolver el problema po- lítico de manera diametralmente opuesta a la propuesta en el Contrato Social: el pacto federativo divide el poder en lugar de unirlo. La faja que Rousseau imponía a los intereses particulares desaparece. Después de la experiencia jacobina, Proudhon des- confía del poder unifi cado.
Este temor, que guiará los pasos del francés más allá de la política22, acerca a Proudhon a los teóricos liberales, ya que esta
escuela, de modo similar, va a proponer la liberación simultá- nea de las fuerzas productivas y de las fuerzas políticas como el mejor medio para asegurar la existencia de la sociedad. Has- ta cierto punto puede decirse que Proudhon suscribe algunos de los puntos del liberalismo: la liberación de los intereses y el paralelismo de fuerzas productivas y políticas. Pero, ¿por qué motivo sus frutos son tan diferentes?
Creo que eso puede explicarse a partir de las primeras lecturas que hace Marx respecto de Proudhon23. ¿Qué es la
propiedad? no es un simple estudio económico o político,
mucho menos un mero panfl eto. Se trata, como dice Marx, del primer estudio científi co dentro del ámbito de la economía política. Proudhon es a la economía política lo que Descartes a la escolástica. La propiedad es el fundamento sagrado de la economía, aquel que permanece a pesar de todos los cambios. La intuición genial de Proudhon, lo que lo distingue de sus contemporáneos, es precisamente haber puesto sobre la mesa de disección del científi co este principio. Si bien el modelo es el mismo, Proudhon diverge del liberalismo en este punto. Aun cuando más adelante modere sus ideas respecto de la propiedad, nunca podrá librarse completamente de los efectos de esta pregunta. El altar está quebrado, el ídolo ha muerto: la propiedad es una mera herramienta. La vieja tesis de Locke que asimila la propiedad privada a la libertad –y que signará el desarrollo del liberalismo- se ve invertida: –no se trata de defender la propiedad privada con la libertad, sino, en el mejor de los casos, de defender la libertad con la propiedad privada24. La diferencia es sutil, tan sutil que
pocos anarquistas se atreverán a levantar la voz en contra de la sentencia marxista: ¡Proudhon es un pequeño burgués!25.
Otro elemento que distingue a Proudhon del liberalismo es el carácter social que asigna a la producción: ningún hombre puede atribuirse a sí mismo el producto que sale de sus manos. El valor
de cada mercancía es la resultante de una casi inconmensurable26
red de trabajos individuales interdependientes. De ahí que el valor del producto no pueda ser legítimamente asignado a un solo productor.
5. Algunos rasgos originales del modelo anarquista