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5.3 User Interface Description

5.3.2 Plans and Profiles

15. es .

16. Después de que hacemos el amor, lo que más me gusta es 17. Después de que hacemos el amor, lo que más me molesta es .

18. Espero que cuando mi pareja lea esto __________________ . 19._____________________________________ Temo que cuando mi parej a lea esto__________________________________________. 20. He contribuido a nuestros problemas de química al ___________ 21. Ahora que por fin me he liberado de lo que me atormenta, quisiera

que los dos__________________________________________. (Hay muchas personas que se sienten más relajadas y se les facilita más expresarse utilizando una grabadora que escribiendo. Este método también permite mayor espontaneidad y la posibilidad de expresar ciertos matices con tonos de voz, o haciendo énfasis en algunos puntos. La misma sugerencia sirve para cualquier ejercicio escrito que se proponga en este libro.)

Lean y reaccionen

El paso siguiente es leer y releer lo que acaban de escribir (o escuchar la grabación). Es posible que sus palabras den salida a emociones fuertes. Pueden experimentar tristeza, ira, vergüenza, temor o simplemente dolor. Dense permiso de experimentar los sentimientos que surjan. Los sentimientos negativos que se hacen presentes son como el pus acumulado en el absceso que está infectando su vida amorosa. Es tiempo de drenarlo. Si sienten deseos de llorar, dejen que sus lágrimas corran. Se lo debían hace tiempo. Hay un proverbio que dice que las lágrimas son al alma lo que el jabón al cuerpo. Permitan que esos sentimientos dolorosos los motiven a hacer los cambios necesarios para recuperar la química. No la han perdido por siempre como lo habían temido, simplemente estaba en el lugar equivocado.

Intercambien las respuestas

Ahora están a punto de leer o escuchar los pensamientos y sentimientos del otro. Antes de inicial' el intercambio, asegúrense de haber expresado lo que ustedes quieren que su compañero escuche, nada más ni nada menos. Editen o reescriban si lo consideran necesario.

Del mismo modo en que escribieron sus respuestas espontáneamente, sin edición ni censura, lean las palabras de su pareja sin analizarlas y

tratando de no reaccionar emocionalmente. Traten de pensar en su compañero como si fuese un niño que les ha ocultado secretos durante mucho tiempo, que teme confesarlos pero que se siente muy infeliz manteniéndolos en secreto.

Después de leer las respuestas del otro una vez, léanlas de nuevo lenta y cuidadosamente. Trate de imaginar lo que ha significado guardar dentro esos sentimientos. Si sienten deseos de llorar, está bien. Lo más posible es que sus lágrimas contengan una mezcla de sentimientos, incluso pesar por el dolor del otro y sentimientos de culpa por haber contribuido a él (consciente o inconscientemente). Si, por otra parte, experimentan ira, traten de calmarse y recuerden que lo que está leyendo no es un ataque. Su tarea en este ejercicio no es defenderse, ni convencer al otro de nada. Lo que buscan es comprender lo que el otro está pensando y sintiendo. Traten de no tomar las cosas como una agresión personal. Pregúntense qué será lo mejor para su relación: conservar la ira o echar mano de esa energía para hacer lo necesario para recuperar la química.

Fijen el momento para dialogar

Ahora que han leído lo que el otro escribió, es tiempo de iniciar la conversación. Dispongan al menos de una hora en un lugar tranquilo y confortable donde no los interrumpan. Los dos deben estar descansados y sin preocupaciones que exijan su atención inmediata. Es normal sentir cierta aprehensión y extrañeza. No permitan que éstas interrumpan el procedimiento, a menos que sientan tanta angustia que les sea imposible iniciar un diálogo verdadero. Para algunas parejas, especialmente las que nunca han profundizado en sus emociones, es muy difícil compartir sus sentimientos relacionados con algo tan delicado como la sexualidad. También puede ser tremendamente difícil exponerse a temas que pueden molestar al otro o poner en descubierto sus propios temores, vergüenza o dolor. Si creen que les es imposible realizar este diálogo por su cuenta, les sugiero buscar la ayuda de un consejero calificado que los pueda orientar y apoyar en forma abierta y comprensiva.

También es posible hacer lo siguiente: utilicen los principios de una buena comunicación, hablen de lo difícil que es comunicarse el uno con el otro. Con esto no se va a romper el hielo, pero sí se pondrán de presente ciertos temores y ansiedades ocultos que pueden estar interponiéndose en el camino de un buen diálogo. Édgar y Alicia, por ejemplo, eran muy reservados. Los dos crecieron en familias de clase relativamente alta que valoraban el estoicismo y consideraban que los problemas personales debían mantenerse en privado. En ocho años de matrimonio nunca habían intentado analizar sus problemas a fondo. Pero cuando una capa de hielo emocional cubrió su habitación y amenazó con congelar su vida sexual, decidieron buscarme.

Después de varios intentos fallidos en los que fue imposible lograr que hablaran abiertamente, por fin les pedí que hablaran acerca de las dificultades que tenían para comunicarse entre ellos sincera y honestamente. “Me gustaría hablarle francamente”, dijo Alicia. “Sé que a los dos nos convendría expresar nuestros sentimientos y muchas cosas más. Pero yo no aprendí a hacerlo”. Después se atrevió a mencionar la verdadera razón: “Creo que temo hablar abiertamente porque, si lo hago, él no me va a comprender y se molestará tanto que la situación sólo empeoraría”.

Pude percibir que el corazón de Édgar empezaba a derretirse ante tal demostración de vulnerabilidad. Con un poco de ayuda, por fin se atrevió a seguir los pasos de Alicia y puso en evidencia su propia debilidad. “Las emociones son como una lengua extranjera para mí, no sé cómo hablar de los sentimientos”. Luego demostró que, de hecho, sí podía hablar el lenguaje de las emociones. Se volvió hacia Alicia, y dijo: “Creo que temo perder valor ante tus ojos si demuestro mis sentimientos”.

Este corto y sencillo intercambio era justo lo que necesitaban para iniciar un diálogo más profundo y significativo sobre los temas que estaban interponiéndose entre ellos.

Recuerden cuando la química funcionaba Dios nos dio la memoria para que pudiéramos tener rosas en diciembre.

J. M. BARRI!:

Cuando ya hayan hecho todo lo que necesitan para sentirse a salvo, es hora de empezar el diálogo. Inicien la conversación tratando de elaborar un poco más esa primera oración que completaron “Lo que más disfrutaba de nuestra vida sexual en las primeras épocas de nuestra relación era …………

He podido constatar una y otra vez que no importa qué tan desilusionada esté una pareja, o qué tan pesimistas se sientan los dos frente a las posibilidades de recuperar la química, todo cambia cuando se permiten recordar las épocas en las que las cosas funcionaban bien.

Hablando con Bárbara y Carlos, por ejemplo, todo lo que oí durante los primeros veinte minutos fue: “Es una bruja”, “Es un /estúpido”, “Ella tiene la culpa”, “Nunca va a cambiar, es incapaz de controlarse” y “No hace sino criticarme”. Eran socios en una Oficina de relaciones públicas, llevaban seis años viviendo y trabajando juntos. En los últimos dos años sólo tuvieron una relación sexual y habían bebido muchísimo para tratar de ahogar sus diferencias.

Después de un aluvión de insultos mutuos, les pregunté cómo se habían conocido. El clima cambió de inmediato y empezaron a recordar lo mucho que los había decepcionado la cita a ciegas debido a las tonterías que habían armado sus amigos. Poco a poco fui orientando la conversación para llevarlos a describir cómo se sintieron Ja primera vez que hicieron el amor, las experiencias más apasionadas que tuvieron durante el noviazgo, y esos pequeños detalles románticos y divertidos de su luna de miel y de su vida en común como recién casados. Lo que más recordaban no eran escenas de cama. Carlos empezó a ponerse nostálgico describiendo la forma en la que Bárbara solía hacerle masajes en la espalda cuando llegaba a casa después de un día de trabajo fuerte, y cómo cuando ella iba sintiéndose más y más cariñosa le besaba el cuello y los hombros mientras hacía el masaje. Bárbara se acordó del joven confiado que después de bailar en la sala la tomó en los brazos y la llevó a la alcoba. Cuando terminó la sesión, sus manos estaban entrelazadas.

Aunque habían sucedido demasiadas cosas como para lograr una total recuperación de su vida sexual, los recuerdos inspiraron a Bárbara y Carlos a hablar seriamente de los problemas emocionales que habían contaminado su química. Resueltos los conflictos y calmado el dolor que se habían causado mutuamente, lograron encontrar de nuevo su intimidad sin necesidad de recurrir al alcohol. En nuestro último encuentro pude verificar que no habían recuperado el altísimo voltaje que animaba su química inicial, pero eso los tenía sin cuidado. Estaban felices, habían redescubierto su mutua atracción y la estaban alimentando con la ternura del perdón.

A veces es necesario dar marcha atrás, revivir las primeras etapas y recordar qué fue lo que los unió. Es necesario recordar esos momentos en los que costaba separarse y la ilusión del reencuentro estaba siempre presente. Es importante revivir los momentos en los que el sexo era estupendo. Es posible que los recuerdos abran heridas y den paso a la tristeza y añoranza de lo que ya no se tiene. Pero si usted da un paso adelante después de escudriñar en los rincones y de deshacerse de la basura emocional que ha acumulado con el tiempo, posiblemente descubrirá que dentro de cada uno todavía existen un hombre y una mujer que quisieron estar juntos y no soportaban la idea de la separación.

Por tanto, compartan sus recuerdos más queridos, los detalles. Las viejas historias pueden alegrarlos o entristecerlos. Traten los recuerdos con el mayor respeto. Cuando hablen de los buenos tiempos no caigan en la trampa del “Sí. pero...” Sencillamente, hablen de las cosas que los emocionaban y excitaban, las caricias, los besos, la relación sexual. Tener presente que una vez fue maravilloso puede ser inspirador. Ahora, es muy importante que no intenten revivir la excitación de los viejos tiempos, porque ustedes son mayores y diferentes. Sus cuerpos han cambiado y sus personalidades también. Lo que sí es posible, sin embargo, es crear una química nueva. Tomen los elementos del pasado que todavía puedan

recuperar y mézclenlos con la madurez y la sabiduría de la que ahora disponen. Sirvan la mezcla en la mesa, o llévenla a la cama.

Recuerden cuando la química perdió su fuerza...

Hay algo en mí que detesta las paredes y busca derribarlas.

ROIlFh’ l' FROf T

Ustedes están a punto de escudriñar en los recuerdos menos placenteros. Hablen por tumos y escuchen, sin interrumpir, cómo describe cada uno cuándo y cómo la química empezó a decaer. Esto puede ser incómodo. Pueden sentirse tentados a dejar las cosas ahí. Persistan. “Un clavo saca otro clavo”, dice un proverbio indio. Hablar de los momentos desagradables es como empujar el clavo, pero el clavo más grande es ése que lleva dentro. Sacarlo no sólo es terapéutico sino que también puede abrir horizontes. Es importante, a veces, enfrentar ciertas verdades con el fin de curar heridas del ¡pasado y seguir adelante para buscar un futuro nuevo, i Amparo y Jorge llevaban sólo seis meses de casados cuando finieron a buscarme. “Algo anda mal en nuestra vida sexual, ya no nos divierte. Es como una obligación más”, dijo Jorge. Él percibía Cierta resistencia en Amparo, y consideraba que debía esforzarse mucho más para excitarla que antes. “Ya no disfruta ni se apasiona como antes”, protestó.

“¿Quiere decir que antes era atrevida y apasionada?”, le pregunté. “Vaya que sí lo era”, dijo Jorge. Le pregunté cuándo habían empezado a cambiar las cosas. En sus recuerdos, el cambio había ocurrido por los días de la boda. Antes, su relación sexual era desenfrenada. No sabía qué había producido el cambio.

Amparo prácticamente no abrió la boca. Cuanto más hablábamos del pasado, más retraída parecía, jugando todo el tiempo con su pulsera. Era evidente que estaba conteniéndose. Después de un rato, vio que no íbamos a llegar a ninguna parte si ella no intervenía. Sabía exactamente qué había pasado y cuándo.

Fue en su noche de bodas. Jorge había sido un desastre ese día. Como era más bien tímido quería una boda sencilla, relativamente íntima. Pero la familia de Amparo insistió en una gran fiesta. Para mantener la calma en medio del barullo y el gentío, Jorge bebió mucho más de la cuenta. Ni siquiera el alcohol le ayudó a distensionarse, no logró decir bien lo que le correspondía durante la ceremonia y estuvo tenso todo el tiempo. Una vez solos, en la habitación del hotel, Jorge explotó de forma inusitada; fue algo más que un simple desahogo, violó todas las reglas posibles. Cuando terminó se quedó profundamente dormido. Amparo, claro está, esperaba

otra cosa, algo un poco más romántico. En su borrachera, Jorge la besuqueó y la baboseó e incluso la lastimó porque terminó con un moretón en el pecho y una inflamación en la vagina. Desde entonces, el temor se apoderaba de ella cada vez que empezaban a hacer el amor. Ésa era la resistencia que Jorge percibía.

“¿Por qué no me lo dijiste?”, fue la respuesta de Jorge. Él no recordaba nada de lo que había pasado.

“Fue demasiado duro y temía que traerlo a cuento solamente serviría para empeorar las cosas. Yo tenía la esperanza de que a mí se me pasara esto”. Jorge no lo podía creer. Entonces Amparo dijo algo que lo afectó profundamente. “No creí que te importara”.

Claro que le importaba. Empezó a llorar y a pedir disculpas como si todo hubiera ocurrido la noche anterior. Para Jorge la confesión de Amparo fue tan sorprendente como lo fue para Amparo el hecho de que Jorge no recordara en absoluto el incidente. Ella pensaba que Jorge no se había disculpado porque no le importaba el dolor que le había causado. Por esto esta conversación fue tan importante para los dos, y por esto la suya lo será para ustedes dos. Amparo no tuvo problema alguno para creer en la promesa de Jorge de que algo así nunca volvería a ocurrir, y también le resultó fácil dejar de estar a la defensiva cuando volvieron a hacer el amor.

Como Amparo, ustedes pueden temer que hablar sobre ciertos incidentes dolorosos del pasado haga que el presente sea más difícil aún. De hecho, esto suele mejorar las cosas; limpiar el camino les permite salir del atasco. Cualquier cosa, tenga que ver con la higiene personal, los celos, actitudes inadecuadas o sentimientos lastimados, puede haber contribuido a enfriar la química. Es de vital importancia que hablen de lo que haya lastimado su relación sexual. Si no salen de eso, será algo que se enquistará dentro de ustedes.

Cuando hablen, digan la verdad lo más suavemente posible, teniendo en cuenta que el otro está escuchando malas noticias. Cuando deban escuchar, recuerden que no les están tirando piedra. Contrólense, no respondan ni entablen debate alguno. Traten más bien de comprender al otro. Tampoco intenten acelerar las cosas. De hecho, hagan lo contrario. Hagan preguntas, promuevan una mayor reflexión, traten de llegar al fondo.

Por ejemplo, un hombre llamado Francisco le dijo a Andrea, su esposa, que la primera vez que su vida sexual lo había hecho sentir inseguro fue una ocasión en la que ella no pudo llegar al orgasmo y él se sintió incapaz de satisfacerla. Andrea le preguntó: “¿Cómo te sentiste?”

“Un fracaso”, dijo Francisco.

“¿Te afectó eso la siguiente vez que hicimos el amor? ¿Te preocupó no ser capaz?”

Andrea confesó, cuando le llegó el tumo, que la primera vez que no pudo responder sexualmente fue en un viaje a San Francisco. Su esposo tenía tantos deseos de hacerlo que le rogó insistentemente. “Accedí a pesar de que estaba exhausta, pero lo hice como una autómata, y eso no pareció importarte”.

“¿Cómo te sentiste?” “Usada y sucia”.

“Tenías que estar enfurecida. ¿Por qué no dijiste nada?”

“No quería dañar el paseo. Incluso traté de olvidarlo, pero no pude”. “¿Cómo afectó eso tu actitud frente al sexo?”, continuó Francisco. Bueno, creo que ya tienen la idea. Al ayudar a su compañero a completar los hechos, ustedes están posibilitándose una mayor comprensión y a la vez deshaciendo la muralla que se levanta entre los dos.

Discúlpense y perdónense

No arruinen las bases de la reconstrucción discutiendo por pequeños detalles; eviten acusar y defenderse. El primer punto en la agenda de los dos debe ser pedir disculpas por el dolor y la frustración que han podido causar en el pasado y por no haber comprendido los sentimientos del otro. Un buen comienzo sería lograr compartir cómo se malinterpretaron mutuamente.

Andrea le dijo a Francisco: “Pensé que ya no te atraía. No me di cuenta de que te ponía ansioso no poderme llevar al orgasmo todas las veces. Lamento no haber entendido lo que sentías”.

Francisco, a su tumo, dijo: “Creí que ya no te interesaba el sexo, pero lo que en realidad estaba pasando era que la forma en la que yo me acercaba no te excitaba. De verdad, lo siento. Me encantaría haber sido capaz de comprender lo que estaba pasando”.

Después deben perdonarse uno a otro. Como todas las parejas, ustedes han acumulado una buena carga que va desde traiciones serias

hasta pequeños descuidos. Quizá no es fácil hacerlo, pero sólo si están dispuestos a perdonar, sus corazones se abrirán al calor que necesita la reacción química.

El primer paso para el perdón es dejar de lado la actitud de víctimas. Muy pocas veces una sola persona es culpable de la pérdida de la química. En tanto que ustedes permanezcan en el papel de víctimas van a pensar que se les debe algo, y ese sentimiento

paraliza cualquier actitud positiva. Dos personas con esta misma actitud se estacionan en un punto muerto inmodificable. Los dos deben estar deseosos de revisar en qué forma contribuyeron a que la química entre ustedes se deteriorara y de asumir la responsabilidad de salvar la relación.

Ángela y Alberto siempre habían sido algo más que amantes. Desde que se conocieron en la universidad fueron los mejores amigos y defensores mutuos, formaban un equipo fuerte y creativo. Ella estaba en la escuela de leyes y él estaba haciendo una maestría en administración. Cuando los conocí, llevaban ocho años de casados y habían pasado de ser una pareja amorosa a contrincantes que oscilaban entre el jaque mate y el punto muerto. Estaban estancados, paralizados, demasiado amargados debido a ofensas reales o imaginarias. Nada funcionaba entre ellos, ni siquiera el sexo. Cuando hablaron juntos de su historia, pronto se hizo evidente que su pasión estaba naufragando en las arenas movedizas de la culpa.

Alberto era un banquero cuya capacidad intelectual sólo podía equipararse con su ambición. Era un hombre tímido para los asuntos emocionales, que fue seducido por la energía y encanto de Ángela. Ella era una mujer muy conversadora, tenía un agudo sentido del humor y era capaz de cautivar al grupo más difícil. Alberto iba a las fiestas, que normalmente