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DATA ANALYSIS AND DISCUSSION 4.1 Introduction

4.2.6 PMDS training programmes

Mariela Fogar y Maximiliano Román (2012)

Durante los siglos XVII y XVIII se desarrollaron en Europa dos corrientes de pensamiento que sintetizaron las ideas de la Ilustración y nutrieron el pensamiento de los siglos posteriores. Aunque se suele presentar los sistemas racionalista y empirista como totalmente opuestos, éstos tienen mucho en común. Ambos reflexionan sobre el mismo problema, aunque las soluciones que proponen son distintas. Se trata de corrientes epistemológicas, es decir, que se ocupan del problema del conocimiento, más específicamente de los orígenes del conocimiento y la cuestión de la verdad. En una etapa histórica caracterizada por el desarrollo del capitalismo industrial, el proyecto político de la burguesía en ascenso requería de la conformación de una nueva cosmovisión, a la que contribuirían estas dos corrientes filosóficas. Por ello, ambas habrán de coincidir en algunos elementos fundamentales.

En primer lugar, Racionalismo y Empirismo comparten la crítica de la filosofía medieval heredera de Platón y Aristóteles, cuya culminación fue la obra de Tomás de Aquino. La creencia en la infalibilidad de los datos de los sentidos y en la existencia de entidades metafísicas fueron los principales blancos de la crítica moderna. En segunda instancia, coinciden en la necesidad de investigar la posibilidad, el fundamento y los límites del conocimiento humano. La Revolución Científico-Técnica, que avanzaba a pasos acelerados, exigía establecer un método correcto para hallar verdades útiles para la ciencia. Racionalismo y Empirismo constituyen dos expresiones de la filosofía burguesa, en cuanto representan los intereses de la burguesía, clase social que aspiraba a ser dominante en el siglo XVII. Comparten un mismo esquema de valores, que hoy está instalado socialmente, pero para ese momento era novedosos: el individualismo, la igualdad por nacimiento de todos los hombres, la misma facultad para razonar y la universalidad del conocimiento. Sobre la base de estas coincidencias, en el siglo XVIII ambos sistemas filosóficos pudieron ser sintetizados en el Idealismo Trascendental de Immanuel Kant, principal exponente de la Ilustración.

Racionalismo y Empirismo repercutieron de manera diferente en el ámbito cultural, y por lo tanto en la filosofía. Tal repercusión estuvo, a la vez, determinada por la particular dinámica económica y social de los países en que surgieron. En la Europa continental, el Racionalismo se desarrolló con fuerza, principalmente Francia y Alemania. Sus principales representantes fueron René Descartes, Gottfried Leibniz y Baruch Spinoza. Inglaterra y las Islas Británicas fueron cuna de la corriente empirista, sostenida por filósofos como David Hume, John Locke y George Berkeley. Antes de adentrarnos en las ideas de estos pensadores, veamos los postulados generales de cada corriente.

Racionalismo

• Confianza en la razón y neutralidad del conocimiento: La razón es capaz de conocer toda la realidad. Es una, porque hay una única forma de razonar correctamente, y universal, puesto que proporciona conocimientos verdaderos y universalmente válidos. En cambio, el conocimiento que proviene de los sentidos es engañoso y relativo. La razón es independiente del devenir histórico, por lo que el conocimiento que proporciona es neutral y objetivo.

• Innatismo cognoscitivo: La razón posee en sí misma la capacidad de conocer porque contiene principios innatos (ideas que el ser humano trae al nacer) que hacen posible el conocimiento de la realidad.

• Método deductivo matemático: El punto de partida para el conocimiento son los principios generales y las evidencias que proceden de la razón, mediante las cuales se explican los hechos individuales. El conocimiento matemático es el modelo de rigurosidad que conduce a un conocimiento universal y verdadero.

• Verdad como correspondencia entre pensamiento y realidad: Cuando razonamos correctamente, las ideas que surgen en nuestra mente se corresponden con la realidad externa. La verdad consiste en esa coincidencia entre el pensamiento y las cosas tal como son “en sí” mismas.

• Recurso a Dios: Dios es la garantía de la verdad racional; por su poder, sabiduría y bondad, Dios no puede querer que el hombre se equivoque en sus razonamientos.

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Empirismo1

• La fuente del conocimiento verdadero es la experiencia sensible. La única tarea de la razón es organizar y sistematizar los conocimientos provenientes de las impresiones sensibles.

• 3o hay ideas innatas: todo conocimiento proviene de la experiencia y no puede superar las condiciones fácticas que ésta le impone.

• Escepticismo: No sabemos nada de la realidad más allá de la experiencia sensible, la cual constituye el único criterio de verdad.

• Fenomenismo y negación de la metafísica: La mente no puede captar la cosa en sí, tal como es independientemente de quién la conozca. Esto se debe a que nuestros sentidos captan únicamente

fenómenos, es decir, aquellos fragmentos del objeto que se manifiestan ante nuestros órganos

sensoriales. Cualquier conocimiento que no se atenga a los fenómenos, es metafísico, y por lo tanto, incomprobable.

• Relativismo: Si la experiencia es el criterio de verdad, y ésta es siempre individual, el conocimiento también lo es. Por ello no hay verdades absolutas; la objetividad en sentido universal no existe. De aquí que la filosofía deba estudiar la validez de nuestras facultades cognoscitivas. Hume afirma que “no podemos estar seguros de nada”. El conocimiento se reduce a ciertos fenómenos y es relativo a una situación y condiciones particulares.

• 3eutralidad del conocimiento científico: Conocimiento experiencial no quiere decir, subjetivo, sino relativo a la situación, no absoluto.

• Crítica del dogmatismo racionalista: Si el conocimiento es relativo, debemos actuar con prudencia y tolerancia, defender la libertad y respetar a los otros.

• Liberalismo político: las ideas de los empiristas se plasmaron en los principios políticos liberales de defensa de la pluralidad y la igualdad y el rechazo al origen divino del poder, proveniente del pueblo a quienes se deben los gobernantes, de aquí la conveniencia de la división de poderes (legislativo, ejecutivo y federal).

El Racionalismo de Descartes. El principio de la subjetividad

Decíamos que en los siglos XVII y XVIII la filosofía se desarrolla como epistemología, más precisamente como gnoseología o teoría del conocimiento. Estamos en la Modernidad, cultura de la época de la burguesía, que protagonizará las revoluciones británica (1688) y francesa (1789)

La Modernidad propiamente dicha se inaugura con Descartes (1596 – 1650) y su filosofía de la conciencia o filosofía del sujeto, de la subjetividad burguesa, sujeto político fundamental en el desarrollo del capitalismo, a cuya legitimación contribuyó la filosofía desde los inicios mismos de la modernidad y, hasta la aparición en escena de Marx.

El centro del pensamiento de Descartes es la duda. A través de ella va a afirmar la subjetividad como principio de la certeza. Para ello necesita desmontar el aparato conceptual a través del cual se explicaba el mundo medieval y renacentista. Qué mejor que la duda, como actitud y como método, como punto de partida para edificar una nueva filosofía que pudiera dar cuenta del mundo en transformación, y legitimar las transformaciones orientadas por la burguesía, nuevo sujeto de la historia.

Descartes es un filósofo burgués. Siente y piensa como burgués; su filosofía es burguesa. La duda le permite poner en cuestión el edificio filosófico sobre el que se había montado el esquema feudal y monáquico.

La puesta en duda de ese sistema de creencias la va a realizar cuestionando los fundamentos sobre los cuales se asentaban las aparentes verdades en las que se apoyaban la economía, la política y la vida cotidiana.

Descartes quiere construir una filosofía que conduzca a conocimientos ciertos y verdaderos. Su formación de matemático lo conduce a aplicar a esa filosofía, el método deductivo. En este esquema, la duda es el camino para llegar a lo indubitable, aquello de lo que no se puede dudar, dado el carácter de evidente con el que se presenta a la conciencia.

En 1637 Descartes publica “Discurso del Método. Reglas para la dirección de la mente”. En esta obra esboza las ideas fundamentales de su pensamiento, que desarrolla en las que le siguen. En ella expone

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Empírico: Relacionado con la experiencia o referido a hechos reales. En Epistemología: que pertenece al conocimiento obtenido a posteriori; aquella parte del método científico en que la referencia a la realidad permite a una hipótesis erigirse en ley o principio general.

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el principio de la subjetividad en su célebre frase “cogito, ergo sum” (pienso, luego, existo). Esta es una obra revolucionaria en dos sentidos. En primer lugar, porque el principio de la subjetividad es un requerimiento para la construcción del mundo simbólico en el contexto de desarrollo burgués, pero además porque es una obra publicada en francés, en lengua “vulgar”, la lengua que habla el pueblo, cosa inusitada en una época en que la lengua “culta” y oficial de la filosofía era el latín. Esta actitud puede considerarse una crítica de la tradición intelectual a la vez que una afirmación de su fe racionalista.

En 1641 publica “Meditaciones Metafísicas”, donde demuestra la existencia de Dios y la inmortalidad del alma. La “Meditación Primera. De las cosas que pueden ponerse en duda”, comienza con un planteo acerca del conocimiento. Para exponerlo, Descartes recurre a la exposición de su situación personal frente al conocimiento legitimado como verdadero, el que se le presenta como dudoso, por lo que se propone investigar a fondo la cuestión, a fin de determinar si hay algo verdadero en el mundo o si lo único cierto es que la certeza no existe, que no existe ninguna verdad.

El método que se propone aplicar se basa en la duda, de modo que considerará falso todo aquello que dé lugar a la duda. No se trata de una actitud escéptica frente al conocimiento. La duda cartesiana es una "duda metódica" (un camino para llegar a la verdad, lo indubitable, criterio de certeza, evidencia) e "hiperbólica" (exagerada o llevada al extremo, dado que pone en duda su propia existencia); es un recurso para dar cuenta de que es posible el conocimiento verdadero, no dudoso. La tarea de indagación que se propone Descartes, no consiste en analizar uno por uno los conocimientos considerados verdaderos, sino en examinar los principios en los que se fundan esos conocimientos.

Por ello, en la primera meditación examina los principales motivos de duda que pueden afectar a todos sus conocimientos. Encuentra como motivos: la falibilidad de los sentidos (como al introducir un palo en el agua parece quebrado o cuando una torre cuadrada parece circular en la lejanía), la confusión entre el sueño y la vigilia (situación en que Descartes extiende la duda de lo sensible a lo inteligible o al pensamiento) y la existencia del Genio maligno y engañador.

Pero hay algo, un hecho, que a Descartes se le presenta como indubitable: el hecho de su propia existencia como sujeto pensante. ¿Cómo lo sabe? Porque duda. La evidencia entonces es evidencia de sí mismo como sujeto que piensa, y se expresa a través del siguiente razonamiento. “Si dudo, pienso y si pienso, existo”, o, tal como lo expresa Descartes: “cógito, sum”

La evidencia del pensamiento es la garantía del conocimiento, de que todo conocimiento que provenga de la razón es verdadero. La subjetividad se convierte así en el principio en el cual se apoya el conocimiento verdadero. "De modo que luego de haberlo pensado y haber examinado cuidadosamente

todas las cosas, hay que concluir, y tener por seguro, que esta proposición: pienso, existo, es necesariamente verdadera, cada vez que la pronuncio o la concibo en mi espíritu" (Descartes, Segunda Meditación)

De este planteo deduce que los únicos conocimientos de los que no puede dudar son los conocimientos matemáticos, pues no provienen de la experiencia, sino de la razón. Sin embargo, es probable que éstos también sean engañosos, que Dios haya podido crear al hombre de tal manera que cuando formula juicios matemáticos, se equivoque. Es probable que, así como de hecho a veces nos equivocamos, nos equivoquemos siempre. Pero, ¿es posible que Dios, que es pura bondad y perfección, quiera que nos equivoquemos siempre? Esto es imposible. Por tanto, debe existir un Genio maligno que, interviniendo en el conocimiento, haga que consideremos verdadero aquello que es en realidad, falso.

Esta concepción de la razón como garantía del conocimiento verdadero se denomina racionalista. Para Descartes el conocimiento proviene de las ideas. Existen tres tipos de ideas unas más perfectas que otras:

1) Ideas innatas: son necesarias y verdaderas porque son evidentes, y son evidentes porque son claras y distintas (el cogito, la idea de infinito, de perfección, de Dios);

2) Ideas adventicias: derivan de la experiencia, se refieren en general a las cosas naturales que captamos a través de los sentidos;

3) Ideas facticias: derivan de otras ideas, son inventadas (centauro, sirena) Estas ideas se unen en la glándula pineal.

Si bien el cogito es cronológicamente la primera idea, la idea de un ser perfecto es la más clara de todas, en relación con la cual la razón concibe los seres finitos y limitados. Esta idea no pudo haber sido puesta en el hombre sino por un ser perfecto, o Dios. Pues si el hombre es un ser imperfecto, la perfección no puede provenir de éste.

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¿Por qué Descartes apela a Dios?

La apelación a Dios parece absurda o impropia en una época en que se está produciendo un proceso de secularización del conocimiento.

Antes de la publicación de “Discurso del Método”, Descartes se encuentra concentrado en su obra “Tratado del Mundo”, en la que expone sus ideas acerca del sistema mundo y del hombre, apoyadas en la física de Galileo. Cuando estaba a punto de publicarla se entera de que el Santo Oficio de la Inquisición había condenado a Galileo por haber postulado el movimiento de la Tierra.

Los brazos de la Inquisición se extendían todavía por Europa. Galileo abjura, pero Descartes teme por su vida y decide renunciar a la publicación y dedicarse a la producción de las Meditaciones Metafísicas2 en las que demuestra la existencia de Dios y del alma, a través de una jerarquización de las ideas de menos a más perfectas. La idea de Dios proviene de la idea de perfección, y de ella deriva la concepción de los seres finitos y limitados.

Para Descartes se tiene conocimiento verdadero cuando algo se presenta a la conciencia como evidente por sí mismo; es decir, como claro y distinto. Claridad y distinción son propiedades de las naturalezas simples que se captan por intuición directa y verdadera del espíritu.

Que algo es evidente por sí mismo quiere decir que se muestra tal como es, independientemente de la tradición y la autoridad (la Iglesia, Aristóteles) y permite deducir (lógicamente) de esa evidencia, las demás verdades.

Toda evidencia por sí misma es una evidencia apodíctica.

El punto de partida de la evidencia es la intuición. Este punto de partida es innato a los hombres, a la razón humana.

La primera verdad que a Descartes se le presenta como evidente, o sea, en forma clara y distinta, es el

cogito.

Dada la centralidad de esta idea de Descartes, nos preguntamos ¿Qué connotaciones tiene este planteo? El ego cogito, el hecho de que el hombre piense, es la garantía del conocimiento, garantía que radica en la conciencia misma, en el yo. Hay algo entonces que queda fuera de toda duda, eso es el yo, el sujeto pensante, el sujeto racional.

¿Por qué entonces el recurso a Dios? Descartes encuentra la evidencia del cogito en sí mismo, pero ¿cómo hace para demostrar la existencia de la realidad externa al sujeto? Aquí radica el problema principal de la filosofía de la conciencia, la que queda encerrada en la conciencia. La subjetividad es el principio que permite afirmar el conocimiento; su limitación es la imposibilidad de salir del sujeto.

Porque fuera del yo no hay nada claro y distinto. Entonces apela a Dios para demostrar la existencia de la realidad exterior.

A esta altura resulta claro que Descartes cae en un círculo vicioso argumentando que, a partir del cogito, como primera evidencia, se demuestra la existencia de Dios. Esto es lo que ha llevado a definir al Dios cartesiano como “Deux ex machina”, introducido a la fuerza en su sistema. La apelación a Dios le sirve a Descartes para dar un salto fuera de la conciencia, pero cuando tiene que dar cuenta de la existencia de Dios vuelve a la conciencia.

El mecanicismo o mecanismo cartesiano

Hay una única idea adventicia que es clara y distinta: la idea de extensión. La extensión es esencial al mundo, constitutiva del mundo, puesto que es la esencia de la materia, única propiedad esencial que se puede predicar del mundo. Las otras (sabor, color, sonido, peso) son secundarias y no puedo tener de ellas una idea clara y distinta, porque no puedo pensar nada sin la extensión, aunque puedo pensar la extensión sin otras propiedades o cualidades.

La extensión es también una propiedad del hombre, que tiene cuerpo. Así, el mecanicismo cartesiano deviene en un dualismo: el hombre es res extensa (cuerpo) y res cogitans (alma). El mundo también.

La res cogitans es el mundo espiritual, de la ciencia; la res extensa es el mundo material. Ambos son distintos e irreductibles entre sí.

El mundo físico, el reino animal y el cuerpo humano ya no se explican por la intervención de Dios en la Tierra, sino a través de los principios de la Mecánica (conservación e inercia), pues son materia y

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En el prólogo de Meditaciones Metafísicas, Descartes pide perdón de antemano a los teólogos de la Sorbona por el hecho de que, de su sistema, no se sigue necesariamente la existencia de Dios.

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movimiento representables gracias a la geometría y la matemática que Descartes sintetiza en la

geometría analítica.3 Mientras tanto, en el sistema cartesiano, Dios va a operar como garantía del conocimiento.

El empirismo de John Locke

Al igual que los racionalistas, los representantes del empirismo intentan hallar el fundamento racional del conocimiento. Sin embargo, no coinciden con los primeros en suponer que el conocimiento verdadero deba ser infalible e indubitable. Por el contrario, los empiristas sostienen que no existe conocimiento infalible. El único conocimiento posible es el conocimiento probable, falible, aquel que aportan los sentidos.

El primer filósofo que sistematizó las ideas empiristas fue John Locke (1632-1704) en su obra “Ensayo sobre el entendimiento humano” de 1690. La obra se inicia con una refutación del innatismo. En contra del racionalismo, Locke afirma que no existe nada que pueda llamarse ideas innatas. Al nacer, la mente humana es una tabula rasa, un papel en blanco sobre el que la experiencia va grabando sus propios caracteres. Todos nuestros conocimientos proceden de la experiencia o derivan, en última instancia, de ella. Esto queda demostrado al comparar las asombrosas diferencias entre supuestas ideas innatas de distintos pueblos, como por ejemplo la idea de Dios, o al probar que los niños no poseen ideas innatas sobre matemáticas, moralidad o religión, sino que las aprenden a lo largo de su vida. Según Locke, lo único innato es la capacidad de la mente para adquirir ideas a partir de dos fuentes: por un lado, la percepción de los sentidos (“experiencia externa”), y por otro, la reflexión de la mente sobre sí misma y sus contenidos (“experiencia interna”). El resultado de la percepción y la reflexión son las ideas más simples que existen, las “impresiones” que la mente recibe de manera pasiva. Pero además, a través de la combinación de distintos tipos de impresiones, la mente puede elaborar ideas complejas.

El conocimiento adquirido por medio de la reflexión no se limita al mundo físico. No obstante, para